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La
Cruz y sus orígenes
La
cruz constituye uno de los símbolos más
importantes y antiguos de la religión cristiana.
Después del sacrificio y la muerte de Jesús en
el madero, se ha convertido en una de las
imágenes más difundidas en la cultura
universal. De la lectura del Antiguo Testamento
se captan diversas interpretaciones de la cruz,
que se hacen entendibles con la noción de
ignominia y maldición, la cual se mantiene
vigente en la actualidad con la expresión <
hacerle la cruz > En esas mismas páginas
hallamos referencias que asocian a la cruz con el
amor de Dios hacia el hombre, la redención del
género humano, el triunfo de la fe cristiana. Se
concibe también como el puente o la escalera
para que las almas suban a Dios. De acuerdo a los
estudios e investigaciones realizadas por los
historiadores de la religión, su origen se
remonta al siglo IV de nuestra era, período en
el cual es aceptada como imágen oficial del
cristianismo, asignándosele una función clave
en la proyección y fortalecimiento del discurso
religioso. La historia cuenta que en el año 324
la madre del emperador Constantino, Santa Elena,
encontró la cruz donde Jesús fue crucificado;
este hecho impulsa la celebración religiosa en
torno a la cruz en la Roma cristiana. También se
sabe que la acción bélica de Constantino <EI
Grande> logró sus propósitos cuando el
emperador colocó en sus estandartes la imágen
de la Santa Cruz, derrotó a sus rivales y así
integró al Imperio Romano de occidente bajo su
figura y mandato. Estos dos sucesos revelan las
primeras reseñas que se conozcan en torno al
origen de este símbolo y estimulan con el
transcurrir de los años a la configuración del
culto denominado la Invención de la Cruz,
acontecimiento vital que nos habla de la
transformación de ese gran madero que pasa a
representar la grandeza espiritual y de unión en
la fe cristiana. Formas análogas a la cruz las
encontramos en culturas antiguas como la de los
mayas, griegos, fenicios, celtas y los primitivos
esclavos con similares significaciones que
expresan la noción de lo cuaternario, la rueda
del tiempo y la tétrada sagrada.

La interpretación de los
contenidos a los que elude y hace referencia este
símbolo no se agota en estos dos pasajes que
acabamos de mencionar. La cruz evoca y asimila al
culto universal del árbol y de la exuberancia de
la vegetación. Desde los inicios de la
agricultura se realizaban ceremonias en donde se
bailaba y se cantaba tomando como centro a un
árbol cargado de frutas y flores. Se veneraba su
imágen y se le rendía culto, no solo por
proveer alimentos al hombre, sino también por
ser centro de atención y admiración por las
curiosas representaciones que trasmiten sus
raíces enclavadas en la sierra, y por el
sorprendente crecimiento de sus ramas. La imágen
acabada, omnipotente y noble de los árboles
estimulaba la creación de mitologías y
cosmogonías que respondían las interrogantes y
misterios subyacentes en su naturaleza. En la
literatura y los relatos de tradición oral
recopilados en los cinco continentes, encontramos
infinidades de leyendas y mitos que nos hablan de
árboles prodigiosos que tienen facultades
mágicas para curar, alimentar y dirigir el
destino y la acción de los hombres. Entre las
diferentes versiones del culto se destacan los
babilonios con su árbol cósmico denominado
Eridu; la cultura hindú con los árboles de la
muerte, en las culturas africanas ceiba tutelar;
entre los musulmanes, olivo central, árbol de la
sabiduría del Edén que le sirve de refugio a la
serpiente para importar la tentación. Sin ir muy
lejos, en nuestras comunidades indígenas aún se
conservan manifestaciones cosmogónicas las
cuales expresan que el hombre nace de la palma de
moriche. El árbol como arquetipo universal
inunda al mundo y lo invita a producir de manera
paralela y plural, revelaciones mágicas y
mitológicas que secuencialmente alimentan las
vertientes de la creación simbólica de los
pueblos.

La primavera: escenarios
para la fiesta
Mayo saluda la entrada de
las lluvias que le devuelven a los campos su
brillo natural. Nuevos aromas y colores se
esparcen sutilmente anunciando un tiempo
silueteado de luz y encaje vital. Y la naturaleza
en su juego teatral sube y baja el telón para
reafirmar en el cosmos su presencia estelar. En
mayo los caminos y moradas de las almas
religiosas se llenan de flores para agradecer en
tiempo sagrado y profano la generosidad de la
sierra, la abundancia de las cosechas, la
fertilidad de los campos. La primavera con sus
tonos multicolores pone a danzar a los hombres y
a las aves en un coro infinito de melodías
salpicadas de luz espiritual. En mayo brotan los
sentimientos más sublimes de la expresión
humana; es como si la naturaleza con su torrente
de cambios se incrustara en el alma de los
hombres para inyectarle toda su energía y su
pasión creadora que estampa la huella ineludible
de un nuevo tiempo, una nueva era. Lluvia,
cosecha, sierra, agua, flores, vegetación, mayo,
fecundidad, riegan el caudal de imaginarios
posibles para abrigar nuevas esperanzas. Tiempo
para cultivar y renacer el amor de los hombres a
sí mismos y a la sierra: su enlace vital. Aura
brillante de colores que deja su estela en el
cosmos e inscribe su rito de renovación. Desde
tiempos inmemoriales, la primavera arma su gran
fiesta para entusiasmar los corazones de las
jóvenes parejas, que acuden subrepticiamente a
colocar adornos en las frondosas ramas de Mayo,
el árbol que le da nombre al mes. La poesía se
derrama libremente en la voz de noveles
trovadores que disputan la atención de las mozas
solitarias que premian con flores y joyas al
conspicuo versador. El baile placentero y
madrugador, incita el contacto y promete
desenlaces amorosos que son esperados
ansiosamente con el cambio de estación.
Recorridos, procesiones y obsequios con figuras
de pequeños y reverdecientes pinos que guindan
en las puertas de los hogares, complementan estas
animadas ceremonias, que reeditan cíclicamente
mensajes de renovación y prosperidad. Los
griegos, insignes delanteros en el goce pleno de
los placeres de la vida, extendían sus
encuentros por tres días, con rituales en
homenaje a la diosa Flora, divinidad agrícola
que propiciaba las floraciones de la primavera en
cereales, frutales y viñedos. Estas ceremonias
incluían de manera entrelazada rituales de
veneración a la vegetación y a la fecundidad
impregnados de erotismo y sensualidad. En
España, a partir del primero de mayo, se
realizaban ceremonias para bendecir los campos,
las aguas y los alimentos. Un rasgo común
presente en casi todas las comunidades rurales en
donde se lleva a cabo esta festividad, es la
elección de una joven soltera para que
represente a Maya, antigua deidad de amplia
popularidad en las celebraciones del Imperio
Romano. La moza que asume el papel de Maya es
presentada públicamente, para luego recibir una
coronación con flores naturales en su cabellera.
Se baila y se canta durante ratos, se entonan
canciones románticas, se recolecta dinero entre
los asistentes para comprar bebidas y obsequiar
comidas. Los irlandeses, promotores del Festival
de Beltane, que se iniciaba con la salida
de la luna del primero de mayo, reactivaban un
antiguo rito asociado con el aumento de la
fertilidad. El evento esperado por toda la
comunidad consistía en el encendido de una
enorme fogata conocida como la hoguera de
Beltane, activada con la chispa producida por dos
maderos. Se encendían ramas de fresno en la
misma hoguera pare luego colocarlas encima de las
chimeneas; esta era una creencia muy antigua que
según los pobladores de esta zona contribuía a
librarlos de los malos espíritus.

La primavera en la Cruz
El
cristianismo, en su afán de crecimiento, en
función de irradiar su doctrina y ganar nuevos
adeptos, incorpora fragmentos y contenidos
religiosos de las culturas del cercano oriente.
En ese proceso de acercamiento a nuevos
territorios hace suya expresiones rituales,
festival y mitológicas de los pueblos europeos
con los cuales establece contacto. La veneración
ancestral por el árbol vigente en la época es
sustituida por la veneración a Cristo y a la
Cruz; contenidos mágicos religiosos de
innumerables celebraciones populares son
readaptados y puestos al servicio de la fe
cristiana. El árbol de Mayo es convertido en
cruz y las diosas de la agricultura ( Flora,
Venus, Pomona y Feronia), deidades agrícolas que
encarnaban prácticas amatorias, ritos eróticos
y propiciaban la fecundidad, fueron sustituidas
igualmente por la Virgen María. Sobre el árbol
de la cruz ya no figuran los cráneos de los
vencidos sino la sangre de Cristo, quien fue
crucificado en ella en su escena de pasión y
muerte que concluye en la resurrección, la
primavera, es decir, mayo; yace en la cruz el
amor humano convertido en amor divino, las
ofrendas del árbol son para la cruz. La iglesia,
con la instauración de esa política, asimila
una serie de rituales y creencias antiguas de
carácter pagano, reelaborando sus contenidos en
torno a las imágenes de los santos católicos, y
de las festividades más importantes registradas
oficialmente. Este hecho permite entender la
presencia mezclada de elementos sagrados y
profanos existentes en las manifestaciones
culturales de carácter popular en la actualidad
y, en particular, en los Velorios de Cruz de
Mayo, tema que ocupa nuestra atención.

Primavera tropical:
Velorios de Cruz de Mayo en Venezuela En
nuestro país, desde la época colonial se venera
y se le rinde culto a la cruz en veladas cantadas
y rezadas denominadas Velorios de Cruz de Mayo.
La iglesia católica estableció la celebración
de la Santa Cruz el 3 de Mayo, prolongándose
durante todo el mes. Don Juan de Ampies, vecino
de la Madre Patria, curtido en su interés por
fundar pueblos y misiones, implanta por los lados
de Coro, a comienzos del siglo XVI la Santa Cruz.
Con esta acción, su grito de guerra, que no es
otro que el de propagar las misiones y levantar
calvarios, se hace sentir, gracias a la mano
solidaria de los << hermanos de la cruz
>>. Caseríos y poblados, esquinas y
caminos, encrucijadas y plazas se llenarán de
cruces como signo de continuidad y logro de esa
incesante empresa evangelizadora. Esta
manifestación, al igual que la mayoría de las
fiestas más importantes del calendario festivo
popular venezolano, se conforma por el aporte y
la fusión combinada de elementos hispánicos,
negros e indígenas presentes en el proceso de
conformación de nuestra cultura. Una
circunstancia muy especial contribuyó a la
configuración y posterior desarrollo de esta
manifestación en el país, y es el hecho de que
en el hemisferio norte coincidan el inicio de la
primavera, en el Mediterráneo, con la entrada de
las lluvias en el trópico. Esta incidencia
climática y geográfica crea condiciones
propicias para que el ritual ampliamente
cultivado en España pueda aflorar y readaptarse
en el territorio. Las representaciones
mitológicas y rituales autóctonos asociados a
la entrada de las lluvias, calzaron perfectamente
con la matriz religiosa que en torno a la Virgen
María pregonaba la religión cristiana. Es así,
como el rito crece y se fortalece en casi toda la
geografía nacional con las variantes
específicas que le aportan las diferentes
culturas regionales en el país. El Velorio de
Cruz de Mayo es un ritual de carácter colectivo,
enmarcado en un tiempo y espacio sagrados. La
cruz constituye un centro; es para los pobladores
lo vital de sus acciones; es a través de su
imagen y su celebración que el colectivo actúa
y se unifica en intereses comunes. Los devotos de
esta manifestación mágico religiosa sienten la
necesidad de sumergirse periódicamente en este
tiempo sagrado e indestructible.
Todo este complejo ritual
está ligado al vivir de una cosmogonía, en la
que el proceso de cosecha y el inicio de las
lluvias son indicadores claves en su
configuración, ya que remite al final de un
ciclo y el principio de otro, de allí que el
colectivo sienta la necesidad de renovarse a
través del ritual. Los Velorios Cruz de Mayo en
Venezuela, al igual que en el pasado, se realizan
para ofrecer una acción de gracia, por la
abundancia de las cosechas, por motivos de salud.
Forma parte de la celebración del ritual la
preparación de un altar en un espacio público o
en casas de familia, que reciben a los miembros
de la comunidad para participar ya sea a través
de rezos, cantos, versos y ejecución de
instrumentos. El altar consiste en una mesa
vestida con manteles o cortinas, se coloca en el
extremo de una sala, siempre contra la pared.
Sobre ella reposan varias cruces de diferentes
tamaños, hechas en madera y adornadas con
papeles de colores. Alrededor de la cruz o las
cruces se ubican flores naturales y artificiales,
acompañadas de velas encendidas, platos,
limosnas, frutos, y recipientes para colocar
flores.
Los altares suelen
adornarse con arcos diseñados con hojas de
palma. Se colocan en el fondo del altar telas
estampadas de colores llamativos que realzan su
imagen; en la parte superior de las telas se
incrustan cromos y estampas de santos. Es común
ver en los altares frutos propios de la
localidad. La organización de la ceremonia recae
en los devotos de la Santa Cruz o por sociedades
religiosas que se reúnen y organizan previamente
todos los detalles relacionados con la
celebración de la Cruz: ornato de esta, compra y
preparación de comidas y bebidas, corte de
palmas.
Las expresiones literarias
que intervienen en los Velorios en forma de
décimas, se refieren a temas divinos y profanos.
Las décimas a lo divina son aquellas que tienen
como tema la historia litúrgica de Dios, las
vírgenes y los santos; a lo profano son aquellas
que se refieren a los héroes de la historia
nacional, o asuntos mundanos y cotidianos a
manera de crítica y sátira a la sociedad.
Los Velorios en Oriente:
contrapunteo y diversión. El galerón se
impone como expresión musical de la región
oriental en la celebración de los Velorios de
Cruz en el mes de mayo y en los antiguos
alumbrados a la Virgen del Valle que se
acostumbraban a realizar la víspera de las
propias festividades, del 8 al 15 de septiembre.
Ambas festividades marcaban el inicio y el final
de la temporada de lluvias, respectivamente. El
Diccionario de venezolanismos, define al galerón
como <<una composición musical de ritmo
lento y acompasado, no bailable, con acompañamiento
de cuatro, guitarra y bandolín, y cantan en
forma alterna varios cantadores, llevando a cabo
un reto o contrapunteo. La letra se elabora bajo
la forma de décimas y se refiere a temas
patrióticos, religiosos, de ocasión y hasta
filosóficos o bíblicos >> Los recios
cantadores de antaño, pescadores y agricultores
abnegados, hacían un alto en sus faenas y en sus
compromisos familiares, prolongando la festividad
hasta por diez días consecutivos, dedicándose a
cantar a cuanta cruz encontraran por los caminos.
En esas extendidas parrandas, se deslizaban
versos dedicados a la Virgen en el cual expresan
sus ruegos y pedimentos, como este que nos sirve
de ilustración:

Sacrantísima
señora,
Virgen del Carmen Divina,
no sumerjas en la ruina
a la plebe que te adore,
pon tu mano protectora
sobre la arcana región
fertiliza la estación dile
al agua que deslice
ve que hay tantos infelices
esperando deseosos.
Padre de lo
celestial
sagrada naturaleza,
pon término a la tristeza
con la lluvia torrencial
no abandones lo terral
alivia tantos temores
de la fronda sus verdores
afligidos y penosos
rogando con devoción
están los agricultores.
En la antigüedad los
velorios orientales se hacían al aire libre; con
los años esta costumbre fue desplazada al
interior de las casas. La ceremonia estaba
profundamente vinculada a los cambios climáticos
y a la actividad agrícola y marina. En el altar
destaca la Virgen del Valle, como divinidad
suprema que acompaña la cruz. Los devotos se
esforzaban en adornar y retocar la imagen de la
Virgen.
En el pasado era usual que
se organizaran galerones en cualquier período
del año, ya que el pago de promesas suponía
gastos elevados para los campesinos. Una vez que
se reunía suficiente dinero se iniciaban los
preparativos de la fiesta. Con el paso de los
años, tanto los alumbrados como los galerones se
realizan para pagar promesas a otras imágenes
religiosas como la Virgen del Carmen.
Anteriormente, también se acostumbraba a darle
la vuelta a la Virgen o a cubrirla con un manto,
una vez que culminaban las décimas a lo divino.
Las expectativas de los participantes se
centraban en el lado humano de la celebración,
porque se producía un intenso contrapunteo donde
los cantantes hacían alarde de su versatilidad,
imaginación y capacidad de improvisación, al
compás de los instrumentos de cuerda: bandolina,
guitarra y cuatro. La décima, forma poética del
galerón, reunía en el pasado una gama de temas
que abarcaban desde la gramática, pasando por la
historia universal y la filosofía. Alrededor de
los avezados y elocuentes decimistas se
concentraban de manera entusiasta e interesada
los pobladores de la localidad para escuchar y
aprender los disímiles conocimientos que
disparaba la ronda de trovadores. Ios decimistas,
de esta manera, se convertían en unos excelentes
difusores de cultura con una metodología
silvestre con sabor a costa ancestral.
Velorios en
Centro-Occidente: entre tonos y salves. En la
región centro-occidental ubicamos la
celebración de velorios, principalmente, en los
estados Falcón, Yaracuy y Lara. En
contraposición a la región oriental,
encontramos una inclinación por los contenidos y
evocaciones a los temas que aluden a la
divinidad. Un dúo, y a veces tríos de voces, al
galope del conjunto de cuatros característicos
de la región, nos regala una fascinante
polirítmia que impregna de misticismo el aire
que golpea las delicadas maderas que acompañan
los tonos de velorio.
Una curiosa, compleja e
improvisada asociación musical, entrena los
conocidos tonos de velorio que nos hacen
recordaar la polifonía popular de origen
ibérico. Tres voces identificadas como: "el
que va alante " el false o farsa y el tenor
se conjugan armónicamente produciendo una
emocionante interpretación. Ampliamente
conocidos
son los Tonos de Velorio de Lara, los Llanos
y Trujillo, donde también se cantan en tonos los
rosarios, las salves y las letanías.
En algunas comunidades de Lara ocurre que los
cantadores de velorio
no conocen las letras de las melodías que
van a interpretar. Una especie de guía
musical, llamado, " Maestro de
Canturia" tiene como misión transmitir los
versos que los cantadores inmediatamente asimilan
y enriquecen con su infinita devoción y
misticismo. Otras formas literarias diferentes a
las décimas intervienen en la celebración de
las veladas cantadas por estos lados.
Acompañadas por los instrumentos de cuerda, se
afinan en son de tonos salves, romances,rosarios
y letanías. De la zona de
Falcón traemos esta salve devocional:
I
Vengo a
cantar esta salve
en nombre de Jesús
para rendirle alabanzas
a la Santísima Cruz.
II
Todo el que
fuere cristiano
ha de tener presente
usar de la Santa Cruz
principiando por la frente.
III
Principiando
por la frente
llevando la mano al vientre
llevando la mano al pecho
del hombro izquierdo al derecho.
IV
La primera
señal
la forma de la boca
y siempre digo, nos libre Dios
de los nuestros enemigos.
En diferentes caseríos y
comunidades del estado Lara, acostumbran en el
mismo día de la Cruz a realizar una procesión
que culmina en el cerro más alto, donde se halla
la cruz. Una vez que arriba la procesión al
lugar, se reza el rosario para finalizar con
los tradicionales disparos de cohetes. En los
Llanos interviene la bandola junto con el cuatro
para crear una polifonía de tres voces con sus
tonos que posteriormente le den la bienvenida al
baile de joropos.
Velorios de la Costa
Central: palma, cuero, y fulía. En los
velorios de Cruz de Mayo de la Costa Central, y
en particular los de la Costa del estado Aragua,
se aprecia con mayor intensidad los aportes de la
cultura africana. En esta extensa región que
abarca los poblados de Ocumare de la Costa, Cata,
Cuyagua, Chuao, Turiamo, Cumboto, San Andrés,
Choroní, Cepe, Puerto Maya y Puerto Cruz
presentan similares características, como
consecuencia de un proceso económico y social
que delinea una identidad cultural propia. En
esta zona resaltan diversas manifestaciones
culturales: Velorios de Cruz de Mayo, Fiesta de
San Juan, Diablos danzantes, Parrandas de
Navidad, Celebración de Pastores, Despedida del
año Viejo y Bienvenida del Año Nuevo, Llegada
de Los Reyes. La mayoría de sus habitantes
subsisten del cultivo de conucos, cría de
animales domésticos, de la actividad pesquera y
como jornaleros en las antiguas haciendas de
cacao y café de la zona. La gestualidad rítmica
y corporal es un rasgo característico de los
habitantes de estas comunidades, que se hace
sentir plenamente en el desarrollo de las
festividades de la Cruz. A diferencia de las
otras regiones la ritmicidad a través de los
instrumentos de percusión como las tamboritas,
le dan un toque característico a estos velorios.
Pocas diferencias suelen apreciarse en el montaje
de los altares de las comunidades y regiones
ubicadas en la costa central, con respecto a las
otras ya descritas. Al igual que en las otras
zonas, se viste la cruz con flores naturales o de
papel de seda, alumbrada con velas y con los ya
conocidos adornos y accesorios que hemos
mencionado. El velorio se desarrolla en períodos
de toque, canto y recitación de décimas. Los
músicos inician la ejecución y enseguida surge
el canto por turnos con versos inspirados en
temáticas de corte divino y profano. Cuando
termina el ciclo de versos cantados, algunos de
los trovadores para la música para dar paso a la
décima, que son recitadas en momentos definidos
dentro del acto: al inicio como saludo, en la
conmemoración festiva y al final.
DECIMISTA
1
Saludo
a la concurrencia
en la presente ocasión
mi humilde composición
de mi ruda inteligencia.
Soy el
Cáliz,
soy la esencia
soy la rosa Margarita,
soy de moral exquisita
y de fina educación
y digo sin dilación
buenas noches señorita
DECIMISTA 2
Sigo
cantando mi nombre
cójale la puntuación
la M a continuación
la I, la M a continuación
la I, la M, y la O
así se lo digo yo
como lo dijo Rufino
mi nombre que es Benarmino
asi como lo escuchó
Las fulías son cantos
de origen hispánico que se entonan
exclusivamente en las celebraciones de Cruz de
Mayo. Por respeto a la cruz durante el acto no se
baila, se realizan pausados movimientos rítmicos
y balanceos corporales con levantamiento de
brazos.
BIBLIOGRAFíA
CARO BAROJA, JULIO
El Estio Festivo:
Fiestas Populares de Verano
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Editorial Taurus, Madrid, 1980
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La Rama Dorada
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SANCHEZ, MARIA DE LOS
ANGELES
Guía de Fiestas Populares de España
Editorial Tania, 1981
VILA, MARCO AURELIO
Antecedentes Coloniales
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Coedición de la Dirección
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V., Caracas
Revista Blgott
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Revista Bigott
No.14, Caracas, 1988
Historia de las
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Editorial Siglo XXI, 1979
Venezuela Tierra Mágica
Ediciones Corpoven, Caracas, 1992
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