|
Aparentemente,
el mayor de los problemas confrontados por el investigador por el investigador de la obra
y de la trayectoria de Pedro Centeno Vallenilla lo constituye la falta de una
bibliografía cuyos alcances sobrepasan los límites del ensayo de Rafael Delgado,
correspondiente a la serie de los "Pintores Venezolanos" publicado por EDIME en
1971. No existe ningún otro material biográfico ni al parecer, ningún otro texto cuya
consulta facilite un mayor acercamiento susceptible de enriquecer la mirada y profundizar
el análisis. José Nuceti Sardi, le dedicó sólo cuatro líneas en sus Notas sobre la
Pintura y la Escultura en Venezuela"; Alfredo Boulton, otras tantas en tercer tomo de
su "Historia de la Pintura en Venezuela" y Enrique Planchart simple y llanamente
lo ignoró. La obra misma de
Centeno Vallenilla -excepto murales del Congreso Nacional, del Círculo Militar, de
algunos templos y centros bancarios capitalinos - apenas comenzó a figurar en las
colecciones de la Galería de Arte Nacional a partir de 1980 cuando ingresaron las dos
únicas piezas adquiridas hasta hoy por nuestros museos. Por otra parte, desde su regreso
definitivo a Caracas, Pedro jamás mostró el menor interés por evidenciar la vastedad de
su trabajo ni por facilitar ningún tipo de indagación respecto a sí mismo ni de su
largo y bien documentado - aunque celosamente protegido - itinerario vital. No aceptó
condecoraciones ni homenajes oficiales, ni tan siquiera la organización de una
panorámica cuyas imágenes permitiesen situarle, de una vez por todas, en el espacio del
arte venezolano contemporáneo que en justicia le correspondiese. Y pese al disfrute de
una actividad artística y social tan pública como intensa en un obvia y discreta
marginalidad cuya elección fue absolutamente deliberada. 
Por si ello no bastara para desanimar hasta el más persistente, el
mismo se encargó con humor y picardía de tender toda clase de trampas y equívocos
respecto a sus andanzas, sucesos y fechas cuyo desentrañamiento ahora nos toca desvelar:
Pedro Centeno Vallenilla no nació en 1903 - pese a reiterada adulteración de cuanto
documento pudiese desmentirle incluyendo diplomas y boletos de estudio, cédulas,
pasaportes, etc - ni tampoco en 1906 ni en 1908, como él mismo jugó al engaño de
terceros. No obtuvo el título de abogado en 1926, ni llegó a Roma en 1927, ni su primer
retorno a Venezuela ocurrió en 1932 a propósito de su exposición en la Academia de
Bellas Artes, ni su regreso definitivo a Caracas fue en 1944. Pedro no sólo se propuso
esconder su edad reinventando fechas a l paso devastador de los años, cuanto preservar la
imagen de una esplendorosa y dilatada juventud inmune al tiempo, a las enfermedades y al
dolor.
Inevitablemente surgirá la pregunta acerca de la calificación de
la obra de arte y su significación para la contemporaneidad. Porque en este caso un Museo
de Arte Contemporáneo presenta una forma de creación marginada durante casi un siglo:
rechazada violentamente por anacrónica y académica; y sin embargo, es la forma de
creación de un artista que reseñó iconográfica y sociológicamente a ese siglo que
pretendía ignorarlo; un simbolista que produjo los emblemas, la imaginería histórica,
religiosa y popular y las costumbres de la época. 
"Trabajo en un mural que se llamará 'Fecundidad'. Tendrá
siete metros de altura por cuarenta de ancho. Se trata de un síntesis de nuestra
América. Además de esta obra empezaré pronto a pintar una serie de caciques aborígenes
inspirados en la estupenda obra de Antonio Reyes", declaró en una entrevista en 1943
Pedro Centeno Vallenilla.
El intento de aproximación contemporánea a la obra de Pedro
Centeno Vallenilla pretende abrir la discusión a un nivel teórico y sociológico mucho
más complejo con respecto al que utilizó la crítica y la historiografía del Arte
Moderno al esquematizar; con método simplista, patrones de juicio referentes al arte
figurativo académico normalizado por las pautas decimonónicas.

Iconologías Patrias
Ante todo acudamos a las fuentes formales, sociológicas e
iconológicas en la obra de Pedro Centeno Vallenilla y veremos que éstas no se encuentran
claramente definidas, así como tampoco detalles de su cronología, que sólo serán
revelados a partir del estudio sistemático de Francisco Da Antonio. Por el momento la
única referencia a la cual acudir como aproximación al pintor es el folleto publicado
por Rafael Delgado en 1971.
Primeramente, habría que determinar hasta que punto esas fuentes
provienen de influencias cultas o populares. No es secreto que gracias a su posición
social elevada Centeno había recibido una amplia formación que lo ligaba al arte y a la
cultura. Sus largas residencias en Europa lo relacionaron con los mismos grandes maestros
que admiraría por igual cualquier pintor académico francés; también se conoce su
extrema sensibilidad y gran interés por lo popular, personajes corrientes, la imaginería
dulzona que retrata toda una época en el país. En su producción se traspola la
apropiación casi exacta de las obras clásicas de la Antiguedad, el Prerrafaelismo o el
Renacimiento con arbitrarias recreaciones cargadas de simbolismo que pretenden
americanizar la tradición europea y con sobrecargo de referencias localistas. Tintoretto,
Caravaggio, Tiepolo, El Greco, Miguel Angel, Goya, Velázquez o cualquiera: todos y
ninguno, porque a los grandes maestros se añade una sobrecarga del trópico y del país
en un intento de venezolanizar la Iconografía Universal.
Este artista podría haber encontrado en aquellas grandes corrientes
un repertorio temático que hablaba a su sensibilidad y, aplicando a su representación la
normativa tradicional y su excelente dominio de una técnica refinada y compleja, llegó a
sintetizar una propuesta que lograba ennoblecerlas sin desvariarlas del elevado y puro
ideal que él mismo asignaba al arte: "algunos parecen creer que pintando planos y
pegando trozos de papel hacen arte; no es así, tan simple; el arte es mucho más que eso
es una religión" Delgado Rafael. Pedro Centeno Vallenilla, Serie de "Pintores
Venezolanos", Ediciones Edime, 1971, p. 604.
Bastaría comparar, como inicial ejemplo, su Complejo de Equipo con
el Equipo de Ingres; laa Venus de Botticelli con sus indias tropicales; " La
Infidelidad" de Las Cuatro Alegorías de Veronese y La Bacanal de Ticiano con sus
Magnolias; Las Jóvenes a la Orilla del Mar de Puvis de Chavannnes con su Sonata; La
Piedad de Sebastiano del Piombo con su Última Cena; o La Venus Frente al Espejo de
Velázquez con la figura de su Nocturno
,para darnos cuenta de que ellas constituyen,
más que apropiaciones, recreaciones que involucran la tradición clásica, americana y
popular: "Todo comienza con la idea del Cuadro". En un lugar, en un momento
cualquiera , sólo o en medio de la gente se me ocurre de pronto pintar un cuadro, María
Lionza o Júpiter; lo que sea. La idea se fija en mí proceso y ya no me suelta más hasta
la catarsis final, es decir , hasta que le ponga la firma al cuadro terminado. ¿Cómo
pasó de la idea al cuadro? Para mí no hay pintura sin dibujo previo. Así , comienzo por
hacer dibujo; lo más curioso es que a medida de que los voy haciendo se van volviendo
más abstractos
Busco después
trabajo con una minuciosidad completa porque
para mí todo tiene la misma importancia, el brillo de la pupila como el borde del
vestido, eso lo he apreciado de los grandes maestros, que no despreciaban ni un milímetro
cuadrado de sus obras. En un cuadro todo tiene que ser de primera calidad", Delgado
Rafael Op. Cit. P.608.
Aberradamente preciso en el oficio, desbandado en la recepción de
influencias y manejo de las fuentes temáticas. Si tratáramos de medir la significación
contemporánea de Centeno, probablemente interesaría la manera como desquicia el
realismo, generando una forma de perversión narrativa donde ni siquiera el cuerpo humano
obedece a los cánones que imponen la propia realidad, si no a ese mundo de pintura que
invento como suyo. |