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Hito cultural insoslayable, renovación, revolución discursiva y estética: CAL pertenece a la categoría de los objetos artísticos capaces de estigmatizar una época, y de llenarla con su espíritu y sus signos. No podía ser de otra forma, pues su genesis coincide con el fin de un largo período de oscuridad y represión.

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En sus primeros números ya CAL (1962-1967) dibuja las
coordenadas de su itinerario. Las diferencias frente a las diversas tentativas de publicaciones y movimientos artísticos y literarios de su tiempo, además de evidentes, fueron profundas. Por una parte, CAL marca distancias con grupos precedentes, rompiendo no sólo con el acento surrealista que dominaba las creaciones de estos, sino también con su filiación partidista de tinte marxista o social demócrata. Por la otra, CAL propicia, como una isla, un espacio libre de fidelidades a ultranza para el tránsito desprejuiciado de estéticas, opiniones e ideas. Si el primer paso fue subrayar la autonomía frente a sus contemporáneos, inmediatamente después de culminar esta operación, CAL se transformó en agente de mediación entre la tradición y su propio presente histórico, y así a los pocos números de haber nacido dió hospedaje a algunos de los nombres más sobresalientes de los linajes anteriores.

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Fue algo más. CAL no sólo logró recoger el espíritu de una época, sino que llevó más allá que ninguna otra publicación una visión ética y estética del hecho creativo. Abierta al tiempo y a las contradicciones de su época, CAL representó una generación singular. No tanto por sus divergencias internas de sensibilidades, gustos y opiniones -estos enfrentamientos siempre los hay en cualquier grupo-, como por la propia brecha generacional que separaba a sus protagonistas. E1 paso de Guillermo Meneses, a su regreso de París, por la Página Cultural del diarioLa Esfera y más tarde por Jueves, nombre con el que dirigió el prestigioso Papel Literario de El Nacional, influye de manera profunda a un grupo de jóvenes decididos a tomar la literatura y el arte como su pasión y oficio. Muchos de ellos llevaban también dentro de sí el virus de la libertad y habían formado parte de la disidencia intelectual que en los años 50 se opuso al régimen del déspota Marcos Pérez Jiménez.

Aunque la distancia cronológica entre ellos y Meneses pareciera grande, la comprensión mutua fue uno de los fertilizantes esenciales en el crecimiento de un árbol cuyos frutos diversos y multicolores se verían en CAL. Lo que a simple vista puede juzgarse como un abismo no fue otra cosa que un puente. Muchos de estos jóvenes habían seguido con avidez la trayectoria literaria de Meneses. Las novelas Campeones, y El falso cuaderno de Narciso Espejo, y los relatos "La Balandra Isabel llegó esta tarde" y, sobre todo, "La mano junto al muro", iluminaron con su contemporaneidad y frescura la intensa demanda de nuevas lecturas durante los años de dictadura. Paralelamente, una vez en Venezuela, Meneses, de nuevo en contacto con el quehacer literario de los jóvenes, supo apreciar el resultado de sus primeras letras como poetas y novelistas, críticos y dramaturgos. Fue en esos momentos cuando los nuevos escritores avizoraron por primera vez lo que luego con CAL llegaría a ser -como lo declaró Salvador Garmendia- un canal libre para la expresión y la promesa de una cercana profesionalización económica del trabajo de escribir.

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CAL no sólo logró recoger
el espíritu de una época,
sino que llevó más allá
que ninguna otra publicación
una visión ética y estética
del hecho creativo.

Estas referencias coinciden con el nacimiento de una democracia postergada demasiadas veces en el siglo XX venezolano y, al mismo tiempo, con un nuevo período de profunda revisión al uso del poder.

Se trata de uno de esos extraños momentos en que se juntan elementos aparentemente separados para otorgar
pleno sentido a una renovación profunda y única. No sólo se contaba con buenas voces, tampoco hay que olvidar la participación central de Hans Neumann, visionario indus-
trial que, consciente de que la inte-
gración de las expresiones culturales era una empresa urgente, no una actividad trivial, decidió proveer a
Meneses de la imprescindible plataforma económica que precisaba su proyecto.

¿Vale la pena ser testigo del mundo y protagonista del día a día de los hombres si no se puede contar a los demás lo que se está viendo y sintiendo? No hay una pregunta más cabal para un intelectual. Bajo esas coordenadas Guillermo Meneses se embarcó en la aventura de realizar una revista que reuniera los términos paralelos Crítica, Arte, Literatura: CAL , espacio de confluencia: un río y una desembocadura.

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CRITICA, ARTE, LITERATURA

Escenario de cambios, la revista no sólo canalizó la energía reprimida durante lod diez años de dictadura, sino que también dio puerta franca a escritores y artistas provenientes de facciones enfrentadas en la vida política. Fue el lugar de encuentro de los viejos y los nuevos , los blancos y los rojos. De esta manera, miembros del declinante Sardio, de Tabla Redonda, brazo editorial del Partido Comunista, y de El Techo de la Ballena, encontraron en CAL el vaso comunicante en el cual las tensiones ideológicas cedían espacio a las discusiones sobre nuevas tendencias filosóficas y críticas, artísticas y literarias. En consecuencia, CAL recibió a los escritores, intelectuales y artistas que encabezaron, desde distintas trincheras, la vanguardia renovadora del panorama de las artes y las letras. Una vanguardia cuyo influjo proyecta una sombra tan larga como definitiva sobre el resto del siglo XX en Venezuela y cuyos nombres siguen siendo una referencia de actualidad cotidiana en cada uno de sus dominios.

Nada de esto quiere decir que CAL no asumiera posiciones definidas. Aunque novedad e izquierda no siempre son sinónimos, por su crítica al ejercicio autoritario de la democracia que tuvo lugar en esos años, por su acento en lo nuevo, CAL puede ser identificada con cierta izquierda, cuya beligerancia fue asociada con dos extremos en lo político y lo cultural. En lo primero, con el proceso que condujo al movimiento subversivo. En lo segundo, con el radicalismo intelectual que durante los 60 originó importantes cambios en los modos de hacer y pensar las prácticas culturales.

Nedo M. F.,
artífice de la imagen de CAL,
comprendió temprano
cómo el diseño infiltraría
progresivamente al arte
hasta hacerse parte de él.

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COLORES UNIDOS

Desde el punto de vista de esta renovación, los rasgos más sobresalientes del momento inaugurado por CAL son dos. E1 primero, es la política de la no política. Me explico: CAL fue un grupo sin sectarismos, cuyo aspecto más notable fue la inclusión de facciones contrarias en una época marcada por el combate de bandos irreconciliables.

Grupo sin grupo, esta tal vez es la característica que la define a contracorriente de precedentes y sucesivas generaciones de vanguardia en Venezuela.

 

CAL abrió el concepto de revista para incluir en el todas las variantes posibles del diálogo. No sólo entre personajes del pasado, del presente y del futuro, sino entre puntos de vista opuestos y estéticas contrarias que de otra manera no hubieran podido tratar como iguales, ni conversar el uno con el otro, este con aquel: conocerse. Esta integración se traduce en un cuantioso inventario de lecturas ineditas de la cultura que va de la imaginería popular de la brujería, abordada desde la mirada antropológica de Alfredo Chacón, hasta el surgimiento de corrientes nuevas de las artes plásticas como el informalismo, documentado con prolijidad y competencia.

Este aspecto convierte a CAL en una revisión polifónica, en el mismo sentido -aunque salvando las distancias del género- en que el crítico ruso Mijail Bajtin aplicó el termino polifonía a las novelas de Dostoievski. Quiero decir: convivencia simultánea de voces y visiones del mundo sin el predominio de una sobre otra. Pero un poco más allá de este punto, CAL también dió cabida a otro diálogo no menos fundamental: el diálogo con la actualidad, con el día a día de las cosas que pasan.

El abundante material sobre exposiciones de arte, reseñas de libros de todos los géneros, críticas de cine, crónicas que reconciliaron al reportero con el escritor e innumerables expresiones culturales, que por su carácter periférico antes no habían sido tomadas en cuenta, puede hoy apreciarse como un trabajo sistemático de periodismo cultural. Sin duda, uno de los de más amplia envergadura hasta nuestros días. Mediante esta operación también se logró en poco tiempo la actualización del mundo intelectual venezolano con las referencias más importantes a nivel internacional.

Es cierto, CAL, además, encarnó un ardiente cosmopolitismo. En sus páginas no sólo son frecuentes las citas a corrientes europeas, también aparecen por primera vez de manera periódica las tendencias centrales de un nuevo polo magnético: Norteamérica y su Cultura Pop. En diversas crónicas y reportajes CAL rastrea los avatares de la Generación Beat, reseña el nacimiento de la música electrónica, da noticias de los primeros pasos del Pop Art. En otro extremo volvió los ojos hacia lo más cercano. Así, movimientos como el Nadaismo colombiano y los nombres de Julio Cortazar y Mario Vargas Llosa, protagonistas del incipiente Boom latinoamericano, encontraron el eco necesario para convertirnos en testigos y protagonistas de nuestra propia contemporaneidad.

No es difícil emparentar
a Nedo y a CAL,
su máxima obra,
con el eclecticismo.

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EL REVES DE LA LETRA

El segundo punto es la introducción de un desarrollo gráfico que ha sido hito y ejemplo irrepetible de las posibilidades visuales del papel. Nedo M. F., artífice de la imagen de CAL, comprendió temprano cómo el diseño infiltraría progresivamente al arte hasta hacerse parte de él. Y al revés. En las maquetas preliminares de CAL ya insinua lo que sería un quiebre radical y sistemático de todo lo antes visto en el ámbito del diseño gráfico.

Junto a Gerd Leufert y Larry June, Nedo forma parte de la triada de personalidades que revolucionó las artes gráficas en Venezuela. Leufert y Nedo habían llegado de Europa influidos por los aportes y renovaciones de las escuelas de Milán y Ulm, a su vez herederos de la Bauhaus. Los dos habían asimilado las lecciones de Goerhinger y el uso de los recursos de la tradición modernista europea. Pero lo que en Leufert, discípulo de Ehmcke, se puede ver como una economía de medios, donde el fundamento es la razón aplicada a la función -no por eso menos sensible-, en Nedo es desbordamiento pasional de la gráfica. Cada uno por vías contrarias y extremas irrumpe trayendo aire fresco: Leufert acude a la razón y la geometría, Nedo a la efervescencia y la pasión.

No es difícil emparentar a Nedo y a CAL, su máxima obra, con el eclecticismo. En el desarrollo gráfico de CAL se dan cita desde el informalismo europeo y la nueva figuración; los giros del Grupo 63 de Italia y los altos contrastes del expresionismo, hasta el uso de dibujos y viñetas sacadas de otras revistas, y grafismos primitivos e imaginerias de las etnias de la América anterior al encuentro de 1492.

Algunas de las mejores páginas de CAL pueden ser leídas como un tributo del diseñador a los autores del texto, al tema tratado o al protagonista de esta o aquella crónica. Para comprenderlo basta echar una rápida mirada a las inolvidables páginas de Marilyn Monroe, Marisol Escobar, el Jazz, las películas del espía 007, el estallido del arte abstraccionista geométrico venezolano o las colaboraciones firmadas por Samuel Beckett. Otras son un testimonio del poder de Nedo para crear imagenes y desarrollar invenciones. Sus numerosos trucos publicitarios, exploraciones caligráficas e imposibilias, son más que evidencias. En realidad, CAL es hija de la modernidad llevada al límite. Una modernidad -hay que subrayar la contradicción- artesanal.

Nedo procesaba la imagen de CAL como un minucioso hacedor de joyas. Los linotipistas y obreros de la Tipografía Vargas le temían pues en su afán de perfección era capaz de frenar las prensas en plena madrugada para girar un título, acomodar una letra, modificar el detalle microscópico que lo obsesionaba. Es verdad que muchas veces la aplicación del ingenio tuvo características hiperbó1icas. Numerosas ediciones de CAL fueron acusadas de sacrificar la lectura en favor de la estética. "Había que ir dándole vuelta a la revista para poder leerla", dicen algunos. A veces suele confundirse calidad con cantidad, originalidad con extravagancia, lo democrático con lo mediocrático. Por eso, conviene no errar al creer que fue una revista críptica. No lo fue. En cambio, sí puede decirse que fue un espacio lúdico y como tal, solicitaba al lector su participación en el juego. En el fondo, CAL nunca fue una revista hecha con aspiraciones de best-seller. Por el contrario, su carácter era marcadamente elitista, aunque sus procedimientos, fueran, paradójicamente, los más democráticos.

Al detallar la combinación entre texto y gráfica, las páginas de CAL -reconociendo lo arbitrario de esta analogía-, pueden ser comparadas en rupturas y disonancias, con el caos ordenado de La consagración de la primavera de Igor Stravinski o con las babelicas tipografías de los carteles de Müller Brockmann. CAL fue la cristalización de ese extraño momento en el que la palabra y la imagen se acoplan para producir un instante de incandescencia. Aun después de 30 años, la revista mantiene intactos sus poderes seductores: no sólo estimula nuestra inteligencia, también atrapa nuestra mirada.

Un arco se tiende entre finales de los años 60 y mediados de los 90. De La Gaveta Ilustrada a los recordados Guaire y Tráfico hasta, entrada la década del noventa, el Grupo Eclepsidra, el panorama literario y artístico venezolano ha sido testigo de la insurgencia de grupos conformados por jóvenes contemporáneos en edad, con los mismos intereses estéticos y morales que, de frente a la historia o de espaldas a ella, nos dejan poemas, ensayos, relatos y novelas; pinturas, instalaciones, performances y esculturas que, así fuera por un instante, hacen valer su existencia. ',Han sido una generación, una vanguardia? Poco importa. Para las secretas leyes del Universo, ¿es más importante una constelación que un átomo? .

En realidad, CAL es hija de la
modernidad llevada a límite.
Una modernidad -hay que
subrayar la contradicción-
artesanal.

Boris Muñoz. Periodista

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