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Julia Márquez

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Cuando uno conversa con Patricia Márquez sorprende su dinamismo y la naturalidad con que relata sus experiencias académicas, su trabajo y los éxitos que ha cosechado; como si hacer bien las cosas fuera la única manera de llevarlas a cabo, por difíciles que luzcan los retos. Recientemente la Universidad de Stanford en California (Stanford University Press) publicó The street is my home: youth and violence in Caracas, la primera etnografía que se ha hecho en Venezuela sobre los niños de la calle. La autora espera que este libro sea una contribución a nuestro entendimiento sobre esta cruda problemática que afecta a tantos países.

Ella cuenta en una conversación con quien suscribe, que su interés por descubrir la diversidad cultural nace en su infancia en la que el hábito de la lectura le permitió viajar a mundos desconocidos y legendarios de la mano de autores como Julio Verne y Emilio Salgari. Hoy en día Patricia es profesora asociada del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) donde realiza labores de investigación y docencia buscando siempre la excelencia.

¿Cómo empieza tú interés por aprender sobre culturas diferentes?

Haga click para ampliarDespués de terminar el bachillerato en el colegio Santiago de León me fui a Boston a aprender inglés. Así en un colegio llamado Phillips Andover tuve mi primera experiencia intensiva con personas norteamericanas y de muchas otras partes del mundo. Al terminar ese primer año decidí que quería continuar estudiando en los Estados Unidos y mi mamá me brindó la oportunidad de ir a una pequeña universidad de artes liberales en Maine llamada Bowdoin College. Mi mejor amiga de Andover era de ese estado y estaba convencida de que era lo mas distinto a Venezuela en todos los Estados Unidos. Cuando llegué a Bowdoin quería ser arqueólogo porque desde pequeña había estado interesada en el descubrimiento de ciudades antiguas como Troya y en viejas civilizaciones como la de los griegos y los hititas, entre otros. Sin embargo, me especialicé en matemáticas hasta que llegué al último año de la carrera y decidí que no quería hacer un doctorado en matemáticas. Me gustaba mucho más aprender sobre las personas y comparar los distintos contextos culturales. En ese último año tomé un curso llamado "antropología de América Latina" y no sólo me encantó sino que me di cuenta de que existen muchísimas cosas que uno puede descubrir sobre su país cuando se establecen comparaciones con otras sociedades. Yo no estuve de acuerdo con muchísimas de las interpretaciones de los antropólogos que leímos en ese curso, tenían un enfoque muy gringo y eso me despertaba más el interés por esa ciencia social. Desde ese entonces me dediqué a buscar programas de posgrado en todos los Estados Unidos.

Finalmente me aceptaron en el programa de antropología de la Universidad de California en Berkeley y Fundayacucho me dio una beca. Cuando llegué a Berkeley tenía 23 años y estaba entre las tres personas más jóvenes en el programa de doctorado. Peor aún era una de las pocas personas que no tenía una formación en ciencias sociales sino en matemática. Sin embargo, mi tutora Laura Nader fue un gran apoyo desde el comienzo. Ella es especialista en antropología del derecho y ha realizado trabajo de campo con grupos tan diversos como los zapotecas de México, sociedades pastoralistas en el Líbano y corporaciones en los Estados Unidos.

Al comienzo de mi posgrado estaba muy interesada en estudiar temas relacionados al ambiente y al desarrollo sostenible. Un año antes había vivido nueve meses en la isla de Margarita trabajando en un proyecto de educación ambiental. Era un programa financiado por la Sociedad Zoológica de Nueva York para proteger a la cotorra margariteña (Amazona barbadensis) y tenía dos componentes: uno era el estudio ecológico de esta ave en peligro de extinción, de la cual se encargaba mi compañera de Bowdoin Kirsten Silvius; el otro aspecto era el trabajo con las personas que de una forma u otra afectan la ecología de estas aves como los dueños de las areneras que se excavan los cerros que habitan, los locales que capturan los pichones para después venderlos a los turistas, entre otros. Yo me encargué del trabajo con la gente y la experiencia me enseñó la influencia de lo cultural sobre la relación de las personas con el medio ambiente así como la forma en que se diseñan políticas que la mayoría de las veces son incoherentes y poco viables. Un par de años más tarde durante las vacaciones de verano pasé dos semanas en la región del río Caura para estudiar la relación entre conservacionistas, "criollos" y poblaciones indígenas. Pensaba que podría ser el tema para mi tesis doctoral, pero finalmente decidí que no quería estar en un lugar tan remoto por tanto tiempo.

¿Cómo surgió la idea de investigar la problemática de los niños de la calle?

Haga click para ampliarEn mi tercer año en Berkeley tomé un curso con la profesora Nancy Scheper-Hughes sobre la construcción cultural de la infancia y la maternidad, donde se cuestionaba la idea de lo natural de ser niño y de ser madre. Comparando distintas sociedades surgía la interrogante sobre el carácter cultural de lo llamado natural. Ella estaba terminando un libro sobre las madres de un barrio en el Noreste del Brasil (Death Without Weeping: The Violence Of Everyday Life In Brazil) y su trabajo comenzó a darme ideas para un estudio similar en Caracas, pero más enfocado hacia la infancia y la adolescencia. En ese curso me familiaricé mucho con la literatura sobre niños de la calle y niños que en general crecen en contextos llenos de violencia. Realicé un trabajo escrito discutiendo distintos enfoques y la profesora Scheper-Hughes me entusiasmó para que pasara el verano en las calles de Caracas. En el año 1992 conocí a los integrantes de la Asociación Muchachos de la Calle y les planteé mi interés en trabajar con un grupo de muchachos por espacio de un año. Con ellos comencé a visitar distintas zonas donde se encuentran grupos de niños y adolescentes con los que compartían en las mismas calles. Se reunían a conversar y yo simplemente observaba a medida que pensaba en el tipo de etnografía que podía realizar el año siguiente. En ese verano empecé a escuchar historias de vida y a comparar con los inmensos vacíos en la literatura académica sobre la vida de estos muchachos.

Regresé a Berkeley y diseñé una propuesta de investigación que fue aprobada y financiada parcialmente. Mi pregunta general era: "¿Qué significa ser niño o adolescente para alguien cuya vida transcurre principalmente en las calles de Caracas en un contexto de violencia cotidiana?". A veces tenemos unas ideas tan clase media y occidental sobre lo que es ser niño o adolescente que quería entender cómo era ese ciclo de vida para personas en situación de pobreza extrema. Entre las preguntas que me hacía están: ¿Cómo los jóvenes que viven en la calle desarrollan un sentido de familia o de comunidad?, ¿cuáles son las instituciones que socializan y controlan sus vidas, cómo son afectados por las distintas políticas del Estado?

¿ Cómo fue tu experiencia con los niños?

Haga click para ampliarLa situación de los niños de la calle es terrible. Todos sabemos que están rodeados de violencia y grandes carencia afectivas. Sin embargo, no podía creer que solo hubiera tragedia en la vida de estos jóvenes. Eso es lo que siempre sale en las películas o en las vallas publicitarias para captar fondos. Aunque no quería presentar sus vidas con un romanticismo ingenuo me importaba que ellos mismos contaran las cosas positivas: de cómo se divierten, cuáles son sus sueños, quiénes son sus amigos, qué esperaban del futuro, etc. Traté de presentar sus voces y mostrar que, a pesar de toda la tragedia que sufren con la violencia policial, la violencia entre ellos mismos y el abandono familiar, son capaces de soñar, de reírse, de gozar. Muchos de ellos tienen una gran creatividad de la cual nunca se habla. Son insólitas las cosas que inventan para sobrevivir. Por supuesto que hay de todo, hablar de niños de la calle no es hablar de un grupo homogéneo.

Además, quería mostrar cómo es su vida cotidiana tanto a un nivel micro como a nivel macro. Mostrar cómo las políticas del Estado a través de las políticas de institucionalización afectan su vida, cómo es esa dinámica y en qué consiste. Saber cómo es la vida de ellos en un centro de reclusión del Instituto Nacional del Menor (INAM) o en una división policial y cómo lo ven los psicólogos que trabajan en estas instituciones. De esta manera, poder armar algo más profundo que las cosas simplistas que publican en los periódicos.

La Universidad de Standford en California (Stanford University Press) publicó The Street Is My Home: Youth And Violence In Caracas, en inglés y ahora tengo la esperanza de traducirlo al español. El libro se basa en el tema de estudio para mi tesis doctoral y espero sirva para generar más debate y orientar a quienes tienen intenciones de hacer actividades sociales o diseñar políticas públicas. Esta es la primera etnografía que se hace en Venezuela de niños de la calle.

Hay pocas personas que han trabajado con los niños de la calle; hay quienes tienen mucha experiencia empírica y hay quienes hablan de los niños de la calle y no tienen ni idea de lo que están hablando y hay muchas personas en los entes gubernamentales que hablan de las políticas que van a diseñar y uno observa que no tienen ni pie, ni cabeza. No tienen ni pie, ni cabeza, porque no tienen ni idea de lo que es un niño de la calle. No tienen idea de lo que es su vida, ni de lo que son los problemas de esa gente. Estos problemas no se resuelven con crear un centro, ni con darles sardinas tres veces al día. Sino que tienen que ver con problemas estructurales más profundos de la sociedad venezolana, con los niveles de pobreza, con la crisis económica social y política que estamos viviendo.

4. ¿Cómo definirías tu vocación profesional?

Haga click para ampliarMe gusta analizar situaciones, entender situaciones, problemas. Ver distintos matices de la complejidad del mundo en que vivimos, con una metodología que brinda la antropología, que es la etnografía. Yo estoy completamente convencida de que esta es una perspectiva poco comprendida, porque muchas veces queremos entender y diagnosticar con métodos, rápidos; mateamos con estos métodos, con números y realmente no nos dejan nada. Porque no entendemos la complejidad y profundidad de los asuntos.

Apenas terminé el doctorado me contrataron en el IESA, primero en el Centro de Políticas Públicas y ahora coordino el Centro de Desarrollo Humano y Organizaciones. Soy profesora de comportamiento organizacional. Trato de utilizar el método etnográfico para entender nuestras organizaciones y el comportamiento dentro de las mismas. En este momento estoy llevando a cabo un proyecto de investigación que se llama "¿Qué hace falta para llegar a la cima? El objetivo es determinar los factores sociales e individuales que facilitan el éxito gerencial de hombres y mujeres. Estamos haciendo entrevistas en profundidad e historias de vida de gerentes venezolanos. Es el método antropológico aplicado a un grupo social muy distinto al de mi tesis, pero es un grupo que también ha sido poco estudiado en el contexto venezolano. Hay mucho por hacer.


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