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"How to explain pictures to a dead hare"
(Cómo explicar imágenes a una liebre muerta)

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Cómo explicar imágenes a una liebre muerta

En 1995 Diana López comenzó un proyecto que se podría entender como un diario de su contacto con la forma artística, un contacto signado por la enseñanza que ha dado y recibido durante estos sus primeros años de actividad. En la simple apariencia de un coWunto impecable y al mismo tiempo amateur de fotografías en blanco y negro, reúne bajo una visión critica varias tradiciones que en el arte contemporáneo se refieren a la relación que como espectadores tenemos con la obra: el aprendizaje, la traducción de nuestras experiencias en representación y la definición del otro. La obra reciente de Diana López, esta publicación hace referencia, tendría su inicio en la serie ". El ojo de Franklyn que consiste en una selección que López realiza con un niño, de las fotos que él mismo ha tomado por encaxgo de la artista. Tanto las sesiones de tomas fotográficas, como las de selección, son dirigidas por ella, pero cada foto ha sido titulada libremente por el niño. Esta experiencia fue continuada entre 1995 y 1996, con tres niñas durante una estadía de López en Nueva York. Las fotos que conforman esta exposición, han sido realizadas en un formato que obedece al canon museográfico de fotografía documental y artística. Son todas blanco y negro y están montadas en un marco bastante convencional.

Hay en la presentación la expresión de un deseo contradictorio: al tiempo que se estandariza al má-ximo su presentación al público, también se les homogeneiza. El mismo recurso que oscurece la presencia de la axtista es el que la pone en evidencia: ocultar es mostrar, así como se muestran estos niños en el uso aparentemente ingenuo de la cámara. En esta serie, así como en sus trabajos anteriores, resulta indisoluble el gesto artístico de incorporax a otro(s) en forma de colaboración en la obra. No podemos aquí analizar la propuesta de la artista sin considerar el objeto. Al igual que en la obra de algunos artistas latinoamericanos como Jesús Soto, Hélio Oiticica, Cildo Meireles o Víctor Grippo, la idea y la forma que la contienen no intentan zafarse una de la otra, si no que por el contrario, mientras más nos adentramos en ella, más se entrelaza el tejido que las constituye. Los planteamientos de López se van cruzando con su traducción material en la medida que la obra avanza, por eso quizás el proceso se ha hecho más lento.

Ahora los ciclos son más largos en el tiempo, una suerte del efecto "cámaxa lenta" que hace que la obra se vuelva más densa. Ya antes la artista había trabajado haciendo énfasis en la colaboración con otros. En esas obras la diferencia más importante con esta nueva serie, es que el otro era siempre un artesano. En Quescultura (1993), ella contrató a un peluquero, esta obra consistía en un video del peinado que el peluquero le hacia a López, quien apa,recia de espaldas, recordando aquellas obras de Lorna Símpson en las que se les niega al espectador la posibilidad de distinguir aquellos rasgos individuales en los que resuelve su identificación con la obra, enfrentándolos con la incertidumbre del anonimato.

Entonces, como ahora con las fotogra.fías de los niños, López se mueve en una zona que no es la de la constitución de la identidad sino de la constitución del ser, ser impreciso, que aparece y desaparece de la superficie de la representación. ¿Cómo incide en el significado de estas obras el que sea un artesano o no el que colabora en la elaboración del objeto? En Quescultura, así como en Muchacha (1994), obra realizada en colaboración con una tejedora, artesana de tapices decorativos, que a pesax de acortar la distancia entre el objeto y el Weto artístico, entre el contenido y la idea, acentuando incluso en la ausencia de una explicación del origen del objeto y de la idea, se mantiene una diferencia entre el artista y el que no lo es, se mantiene, por decirlo así, aquel espacio infinito que abrió la modernidad entre objeto artesanal y objeto artístico.

Se exhibe esa diferencia como quien exhibe una anomalía: se le muestra en el circo, en el centro del escenaxio, para que todos puedan ver las atrofias que el establecímiento de semejante diferencia ha causado. Se le pone por supuesto en entredicho. Aquí resulta prácticamente inevitable recurrir a quien fue uno de los precursores de la revisión de esa diferencia que marca uno de los extremos en donde comienza la modernidad: Joseph Beuys, quien a su vez, situado en uno de los extremos de la idea duchampiana del ready-made, invita a considerar la posibilidad de vernos todos como artistas. Hay un performance de Beuys How to explain pictures to a dead hare (1965), en donde se produce una doble coincidencia con el reciente trabajo de López. En el performance del artista alemán éste le explica su obra a una liebre muerta durante varias horas desde un cuarto bloqueado al paso de los espectadores. En primer lugar, hay una coincidencia en el sentido del arte como comunicación, de acuerdo con el cual Beuys introduce su más célebre eslogan según el cual todos somos artistas. Pero también hay en aquella obra, como en las fotos que López ha hecho en colaboración con niños (no olvidemos que fue un proceso si bien banal, aún así formativo), la presencia de una instrucción artística como un acto de significativa importancia, cuando va más allá de la comprensión puramente estética. Para Beuys se trataba de hacer entrar al público en otros niveles posibles de comunicación, de establecer un principio crítico del cual debe partir cualquier experiencia artística. Para López, se trata simplemente de provocar un espacio para la ínterlocución, hecho ya presente en su obra Beauty and vig Dance (1993). Video en el que ella aparece repitiendo juicios estéticos emitidos por una voz masculina omnipresente.

López lo explica así: "es un video en el que aparezco en el banquillo de los acusados, escuchando una voz en off que habla de problemas de la belleza en el arte, sobre conceptos muy específicos que repito tratando de conservar el contenido de las ideas de la voz en off, aunque existe una frustración tanto por parte mía como artista, (ya que no logro replicar de manera exacta las ideas) como por parte del espectador que ve cómo la posibilidad de una revelación (en este caso, una explicación de belleza) se convierte simplemente en performance de Beuys How to explam pictures to a dead hare (1965), en donde se produce una doble coincidencia con el reciente trabajo de López. En el performance del artista alemán éste le explica su obra a una liebre muerta durante varias horas desde un cuarto bloqueado al paso de los espectadores.

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En primer lugar, hay una coincidencia en el sentido del arte como comunicación, de acuerdo con el cual Beuys introduce su más célebre eslogan según el cual todos somos artistas. Pero también hay en aquella obra, como en las fotos que López ha hecho en colaboración con niños (no olvidemos que fue un proceso si bien banal, aún así formativo), la presencia de una instrucción artística como un acto de significativa importancia, cuando va más allá de la comprensión puramente estética. Para Beuys se trataba de hacer entrar al público en otros niveles posibles de comunicación, de establecer un principio crítico del cual debe partir cualquier experiencia artística. Para López, se trata simplemente de provocar un espacio para la interlocución, hecho ya presente en su obra Beauty and vi4ance (1993). Video en el que ella aparece repitiendo juicios estéticos emitidos por una voz masculina omnipresente. López lo explica así: "es un video en el que aparezco en el banquillo de los acusados, escuchando una voz en off que habla de problemas de la belleza en el arte, sobre conceptos muy específicos que repito tratando de conservar el contenido de las ideas de la voz en off, aunque existe una frustración tanto por parte mía como artista, (ya que no logro replicar de manera exacta las ideas) como por parte del espectador que ve cómo la posibilidad de una revelación (en este caso, una explicación de belleza) se convierte simplemente en un eco (o remedo) de lo que dice una voz masculina sin rostro, sin identidad". De esta obra podemos rescatar al menos una analogía con la serie de fotos El ojo de... en la incomodidad a la hora de la interpretación que produce López al parodiar al exegeta. Esta analogía se da en la medida en que la artista va sugiriendo al niño una dirección: por una parte el gesto mismo de encargar la obra, luego, mucho más específica y paralelamente a un momento en el arte en el que abundan los ejemplos de artistas que han sustituido el pincel por la cámara -equiparando el espacio fotográfico con el pictórico-, el requisito del medio fotográfico al que hay que agregar las sesiones de edición: la elección de una imagen por otra, así como el privilegio de un formato predeterminado.

El juicio estético parodiado lo hace recaer nuevamente en el artista: ética mediante, como en todos los productos, o gestos contemporáneos, somos al mismo tiempo lo que criticamos. Desde la posición de la artista, estos gestos vienen encubiertos en una forma de la que nosotros (como intérpretes) no podemos disfrutan el intento de establecer una distancia objetiva hacia la obra, disminuyendo el control que la artista ejerce sobre ella. Esta obra, digámoslo de una vez, no es acerca del otro, no hay en ella la necesidad de establecer o de hurgar en una identidad, como en el caso de otros artistas que han utilizado el mismo recurso de compartir la autoría de una obra a través de imágenes captadas con el lente fotográfico, como es el caso de aquella obra de Alfredo Jaar2 realizada y presentada en Caracas. Si hay algún período de nuestra vida en la que no impera la pregunta ¿quién soy?, es justamente aquel que López ha escogido con genuina sutileza. Cuando uno ve las imágenes que han construido los niños de López, uno se conmueve no por la capacidad que ellos tengan de decirnos que son niños de esta edad, de aquel color, o de este determinado grupo étnico, sexual y social. Cualquiera de nosotros puede inmediatamente darse cuenta que esa posibilidad sólo puede existir en nuestra propia perversión, en nuestra propia identidad o más precisamente, en su descalabro. Las imágenes que han captado Franklyn Osorio, Wen-You. Cai, Luey Poe y Gala Delmont, nos emocionan cuando entendemos que están construyendo un mundo o que en último caso están intentando explorar un universo que puede ser suyo. No por casualidad muchas de las imágenes se titulan, a la manera de los conceptualistas, tautológicamente: Este es Lincoln, no es el verdadero Lincoln, Mío, mío sólo mío, Esto no es un martillo o Niña, en mayor o menor grado, cada uno de ellos es un explorador, curioso del mundo que les rodea, dispuestos a conquistarlo, cada uno a su manera.

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1. Aquí, por supuesto, se pretende una lectura de la obra de Simpson que está sugerida en esta de Diana López, en la que estando de espaldas al espectador, ella se mira en un espejo. Su identidad no es entonces un territorio compartido puesto que su reflejo se cierra sobre ella misma, es decir, se transforma en entidad, en un espacio en el que la definición del otro queda excluida.
2. Esta obra fue presentada en la exposición colectiva Cuarta Pared bajo el título Cámara Lucida, en el Museo del Oeste, 1995, Caracas.

Fuente: Sala Mendoza.
Jesús Fuenmayor


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