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Marylee Coll

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Adolfo Wilson

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Cómo explicar imágenes a una liebre muerta

"El arte experimental? en las palabras de Bonito Oliva? parte de la conciencia de que el objeto del arte es el lenguaje y de que investigación no significa ya experimentación de nuevas técnicas, sino análisis de los instrumentos linguísticos utilizados". Basándonos en dicha afirmación, con toda propiedad podríamos convenir en que el trabajo reciente de Marylee Coll se halla animado por una decidida voluntad experimental, que se expresa en su enfático interés por desmontar, a través de su establecimiento de asociaciones entre la estructura gramatical del lenguaje escrito y la del lenguaje visual, métodos o procedimientos de valoración del espectador fundamentados mayormente en convenciones. En sus obras, palabras codificadas para designar diferentes niveles de agrado o desagrado son elaboradas a través de relieves que sobresalen en materiales estampadas de manufactura industrial (telas y plásticos).

Mediante el empleo de un gesto esencialmente tautológico, la artista activa en el observador el desarrollo de relaciones semánticas entre un texto determinado y su correspondiente soporte (en cuanto a calidad matérica y diseño se refiere). Dicho procedimiento deviene un ejercicio mental que actúa cuestionando los lugares comunes y poniendo en jaque los prejuicios valorativos del espectador, que resulta ser hábilmente manipulado por medio del recurso de la simulación: tanto los textos como algunas imágenes elaboradas igualmente en relieve (extraídas de la iconografía de la sociedad de consumo y alusivas al discurso amoroso popular) se sustraen de nuestra mirada ocultos en las tramas formadas por los brocados, tejidos y plásticos de estas obras, donde se revaloriza desde el punto de vista artístico la noción de trabajo y se replantea la autonomía del diseño en cuanto práctica arlesanal, Obras que, además, contienen muchos de ¡os elementos que identifican buena parte de la expresión plástica actual: una renuncia a la articulación de contenidos anecdóticos a favor de la explotación de la fuerza de seducción de !os sentidos: la estima por elementos banales y decorativos en procura de la creación de una ruptura de las barreras tradicionalmente establecidas entre arte culto y expresión popular; la apropiación de ¡conos triviales provenientes de la cultura de masas; la recurrencia provocadora al uso de materiales y soportes poco convencionales que subordinan el tema a la sensación visual; la manifestación de una voluntad subversiva al introducir la vulgaridad en el terreno del arte y al elevar los efectos decorativos a la categoría misma de razón de ser conceptual de la obra, Se trata de orientaciones artísticas en las que podemos ver reflejados aspectos esenciales de nuestra realidad epocal; una realidad en ¡a que Marylee posibilita que nos veamos retratados a través de su revelador trabajo plástico.

Frutos en Flor
Ruth Auerbach

A pesar de la persistente crisis de la representación a la cual se enfrenta el arte de nuestro tiempo; a pesar de¡ aparente agotamiento y cuestionamiento del hecho pictórico y; a pesar del enfrentamiento que se establece entre la abstracción, la figuración y la búsqueda de la conceptualidad, la obra de Marylee Coll insiste de manera singular, rara, contínua y coherente en la búsqueda de las posibilidades que le ofrece el lenguaje de la pintura.

Como un proceso secuencial desde sus inicios a mediados de los 80 y como consecuencia del interés generalizado en el retorno a la práctica pictórica y su tradición artesanal, el trabajo de Mayerlee Coll coincide, durante la útima década, con los nuevos lenguajes abstractos, demostrando siempre renovada vitalidad. Sin enfatizar en la nostalgia, su pintura retoma fragmentos de un pasado occidental, dislocando y descontextualizando las imágenes para configurar otro sistema visual. El punto de partida de su trabajo se inicia con una mirada que nace desde la perspectiva de la feminidad. Telas, ricos brocados, piedras preciosas, vitrales, ojivas, arcos que aluden al esplendor de las iglesias italianas y de las catedrales góticas, se desmaterializan en sus lienzos, de manera similar a como se fragmentan la luz y el color en sus recintos. El resultado es una pintura gestual, de fluida espacialidad, en la que círculos y destellos irregulares, densos matéricos y de insospechada intensidad cromática, se estructuran serialmente sobre la monocromía de fondos generalmente oscuros, unas veces planos y otros, rasgados por veladuras. Estas composiciones abordan el espacio pictórico desde una geometría simple y sencilla, desde un ritmo dinamizado por franjas y tramas, patrones o siluetas que, a pesar de contradecir su cualidad abstracta, siempre sugieren formas reconocibles que remiten al universo de la representatividad.

En otras ocasiones lo hemos afirmado, enfrentamos una era de inéditas e ilimitadas opciones; un tiempo que proclama constantemente la dispersión de la información y de la tecnologia a través de todos los sectores; un momento que promueve la ruptura con las dogmáticas categorías artísticas, como consecuencia de la incorporación y legalización de la más extrema diversidad de medios expresivos. Ante esta situación, la generación de artistas de hoy se aferra solitariamente y sin manifiestos a su realidad, a su presente, a la experiencia vivida, para ejercer la práctica artística expresándose en un discurso sensible, ambiguo y metafórico que nace de estas nuevas y complejas narrativas de la cultura contemporánea.

Dentro de este contexto es que podríamos ubicar la actual propuesta de Marylee ColL Como una forma de avanzar sobre su propio trabajo, subvierte el supuesto "carácter culto de la pintura abstracta" al coincidir la experiencia de la realidad con la intertextualidad de signos apropiados a lo cotidiano. Para ello, introduce un elemento banal y popular como recurso plástico: la calcomanía -a manera de ready made-, se ensambla a lo pictórico como un elemento impuro y bizarro, desafiando así un inédito universo de signos cuya representación invoca híbridas creaciones en las que o narrativo dialoga con lo abstracto. En efecto, un repertorio de frutas, flores y legumbres -naturalezas muertas-, sustituyen las formas abstractas y persisten serialmente sobre la estructura cuadricular como soporte. Una estructura que recuerda ahora, las baldosas decoradas de cocinas de otros tiempos, el "kisch" de la iconografía doméstica, la remembranza de épocas de bonanza. Lo que podría parece "pintura de pantry" no es más que una trampa visual, un engaño para cubrir la idea, Paradójicamente, lo que parecer, una necesidad agresiva de transvertir la imagen y su estereotipada relación con el discurso femenino, no es más que la intención auténtica, fresca y renovada de insistir en el hecho pictórico.

Sin Título
Juan Carlos Palenzuela

Desde la perspectiva de la monocromía, el interés por la materia y sus texturas, los climas del color y el plano y su ritmo, se desenvuelve el capitulo actual de la pintura de Marylee Coll. Su obra siempre ha estado enmarcada en el amplio campo de la abstracción contemporánea, y en una cierta paradoja que es referir una idea figurativa sin nombrarla. Antes fueron arcos, ojivas, ventanales y vitrales - lo cual en todo caso, no son más que elementos de un lenguaje geométrico- ; luego fueron franjas y rejillas y ahora hallamos siluetas, posibles cuerpos, vientres, corazones y hojas. En todos esos momentos, ha sido la geometría del espacio el interés del artista. Esas eventuales figuras, en ocasiones perfectamente reconocibles, importan como factores de un fraseo plástico y abstracto. Lo figurativo no es concomitante a discurso alguno, ni constituye el centro de la obra. Apenas es una sugerencia, un contorno. Lo figurativo está supeditado al impulso del color, a sus gradaciones, a la monocromía de cada obra, a un mínimo trazo en el gran espacio de cada cuadro. Así, esta pintura se debate entre la materia informal el color único, su unitario y sobrecogedor mar visual, y la angustia por referir un último dato del mundo exterior. La noción de la esfera, el círculo irregular, los globos de materia abierta y en expansión, son la esencia de estas composiciones. Tales círculos varían en sus líneas, dimensiones, giros y relaciofies entre sí. Pero todos ellos hacen de sostén de la obra, en rol que comparten con la monocromía de la misma. Esta es, además, su característica principal. El color en el plano se transforma en la sensación de color como espeso volumen. El color con presencia caótica. Las tonalidades en estado mínimo. El color de estos cuadros de Coll es intenso, primario, oscuro y a veces incluso producto de mezclas. Color etéreo, color inmenso. Color para una pintura en libertad y gestación.

 


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