|
 
|


"Aprovecha que llueve"
(A
modo de carta dirigida a Paloma Navares)
Menene Gras Balaque
"( ) hay un modo de implicación de ambos términos
en el que uno la imagen, el icono-sustituyen por completo al
otro palabra. En este caso, la imagen visiva evoca, en todos
y cada uno de sus términos, al texto ausente, que queda
como contenido -cifrado en los límites de aquella" ,
Femando R. de la Flor, Emblemas. LECTURAS DE LA IMAGEN
SIMBOLICA1
"390. ¿Cómo sé que a un ciego su sentido del
tacto le proporciona información sobre la forma y posición
de las cosas, y a un vidente su vista?
"391. ¿Lo sé sólo a partir de la experiencia
propia, y sólo sospecho en los demás?"
Ludwig WittgenstemULTIMOS ESCRITOS SOBRE LA FILOSOFIA DE
LA PSICOLOGIA2
Cualquier
imagen que no tenga un modelo anterior en el mundo de la
realidad sensible parece rechazar la posibilidad de su ser
palabra, y, por consiguiente, la de tener nombre. Para
decodificarla, es inútil tratar de aproximarse con los
mismos instrumentos que permiten desenredar el enigma del
discurso, es decir, aquel cuyo origen reside en el habla. La
imagen, no obstante, siempre representa, en cuanto se
convierte en forma visible, puesto que busca mostrarse. El
reconocimiento no suele ser inmediato, salvo si hace
alusión a un mundo de formas de nuestro entorno. Su
oscuridad no está tan lejos, sin embargo, del enigma que
encierra la palabra en su relación con aquélla. La
impresión que reciben nuestros sentidos de la imagen es
variable, y esto cabe atribuirlo a la poca fiabilidad de
éstos, aunque los órganos que los configuran no tengan
ninguna disfunción.
La imagen, por mucho que se oponga a la sujeción de la
palabra, tiene en común con ésta, que al aparecer se
muestra, y no necesariamente se piensa desde su significado,
sino desde la sugerencia, cuya inexactitud contribuye a la
disparidad de impresiones que puede provocar. La idea de que
el texto o la palabra quede como contenido, cifrado, en la
imagen se aplica particularmente a aquellas producciones
resultantes de la expresión que caracterizan al lenguaje
plástico, porque hay una intencionalidad esencial que la
mueve a ser.
En
el mundo de Paloma Navares, las figuras representadas son
elementos definidos que se identifican con partes del cuerpo
humano, cuyo aislamiento o separación de los organismos
vivos de los que provienen, les confiere un significado
autónomo. Idéntico efecto se desprende de aquellos
objetos, en los que emplea juegos de combinaciones diversas,
cuyo soporte lo
constituyen simplemente instrumentos de uso doméstico,
como los de carácter culinario o para el arreglo personal,
que ella llama objetos de tocador.
Las imágenes a las que recurre son de ordinario lo más
cercano a nosotros, atañe a nuestro límite físico, el
propio cuerpo,- pero, mediante su desestructuración, impone
una inversión de los conceptos de escala y medida. El
fragmento se convierte en una unidad con vida propia, y por
lo tanto en un signo autónomo. La memoria colecciona, pero
discrimina lo que acumula en su reducto, porque su capacidad
es menor de lo que creemos. El estudio o cocina del artista
puede concebirse como una periferia imaginaria de sí mismo,
una extensión de aquélla, que se convierte en centro,
aunque sólo provisionalmente y sin apenas hacerse visible.
El trabajo de Paloma Navares roza bordes de la vida,
experiencias incontables que se suceden, que se borran por
higiene, pero no sin antes dejar una copia en una memoria
que silenciosamente archiva o almacena. Ella conoce el
vértigo de la existencia, sus límites, lo que carece de
nombre, y de ahí el hábito de practicar el sueño de
vigilia. Es un vicio que procede de los períodos de
convalecencia en los que transitoriamente ha estado privada
de visión, y en los que sus ojos se convertían en dos
noches opacas idénticas, dos agujeros negros sin fondo
aparente, completamente inmóviles, dominados por el miedo.
En su obra no se puede disociar la realidad del existir de
su actividad productiva, porque ésta no lo permite.
Aunque ella tienda a no hacer manifestaciones que puedan
siquiera sugerirlo para proteger su intimidad, las imágenes
a las que da un soporte material están extraídas de un
abismo profundo, al que no solemos asomarnos, por la fuerte
atracción que puede tener para nosotros insospechadamente
algún día.
Estas vivencias la sitúan en el límite, y son causa de
una tensión que inclina su producción artística hacia una
deriva que se propone como un estar haciéndose con ayuda de
imágenes autorreferenciales, cuyo modelo es siempre el
cuerpo4: La primera forma que reconocemos, y cuya
propiedad identificamos como lo único que poseemos y nos
posee. Esta experiencia se produce en primer lugar a través
del tacto: la primera experiencia sensible del ser humano,
aunque paradójicamente la más abstracta.
El
cuerpo de la mujer y el cuerpo del recién nacido
constituyen los arquetipos de este trabajo que siempre
necesita crearse sus propios entornos. La imagen de la
primera ha dominado en buena parte convertida en espejo
discursivo de una figura del lenguaje, actualizada en cada
aparición. El recién nacido, ahora, la reemplaza
devolviéndonos al origen del ser y al proceso mediante el
que éste se forma, comparándose con el modo de formarse de
todas las cosas. Su obra, por otra parte, requiere una
puesta en escena, que no puede eludir la concepción de
escenarios propicios que se adaptan a estas figuras que
pueblan su mundo.
Como el infierno del artista, cualesquiera que sean sus
herramientas, o del escritor, que es un lugar común, el
mundo de la soledad invencible y obligada, desplegándose
sobre todas y cada una de las figuras u objetos sin
traducción, en el universo significo dominado por la
palabra y por un sistema lingüístico.
Las figuras de Paloma Navares responden a una estética
del fragmento, procedente de esta desconstrucción
originaria que se identifica con la autonegación. No existe
la totalidad, como sostiene Claudio Magris, la disolución
del individuo5 ha conducido, aunque sea por un
deseo secreto suyo, a una situación de marginalidad, en la
que se ha hecho imposible la reunificación del hombre,
escindido desde la inauguración de la modernidad, que se
hace coincidir con el advenimiento de las manifestaciones
inclasificables del primer Romanticismo.
La memoria del sueño interviene en la obra de Paloma
Navares, convirtiendo la división entre éste y la razón,
en elemento constitutivo de la identidad de su trabajo.
Aquélla en el proceso de realización, parece imponerse con
insistencia, como si en la ejecución formal consiguiera
revelarse. La improvisación, por otra parte, es escasa,
porque la fijación de la imagen es muy anterior, y por
consiguiente es difícil introducir cambios gratuitos o
aleatorios que la casualidad puede favorecen La acción
está subordinada al trabajo de la imaginación desde la
quietud, y a la reflexión que ésta última impone. La
fragilidad de sus ojos es un hecho que influye en cualquier
decisión, y por el que siempre se siente interrogada.
Pero este dato biográfico explica tal vez algunas cosas
que de otro modo no se entenderían. Desde el uso de la
imagen impresa sobre película de diapositiva y recortada
como si se tratara de una forma tridimensional hasta la
imagen en movimiento para sus vídeo instalaciones, una de
las cuales se presenta en esta exposición, SOMBRAS DEL
SUEÑO POFUNDO (1986-1996). El propio soporte material de
sus obras, es decir, la transparencia hecha visible mediante
el material adecuado, es resultado de una mirada acechada
por el peligro de su oscurecimiento imprevisible. Todo lo
demás también, aunque con mayor complejidad, se podría
ver como consecuencia de una dolencia, cuyo síntoma no se
comunica a través del dolor sino de una tristeza
melancólica que tiende a ocultarse.
Las
panteras que deambulan en la aula del zoo responden a una
imagen onírica que se representa fantasmagóricamente en
blanco y negro, como evas embauladas por algún hechizo, la
culpa de ser mujer. Panteras que pasan y vuelven a pasar sin
descanso vigilando el paso y sin dejar que nadie pueda
atravesar el cerco que ellas crean a su alrededor para
protegerse del cazador furtivo. No saben que son miradas,
pero nos miran, el juego de miradas potencia un estado de
cosas en el que es posible distinguir la existencia de la
fascinación de Paloma Navares por los animales feroces, que
atraen irresistiblemente por su belleza, como la mujer que
ella rescata de los archivos de la historia.
Animales que pueden dañar, herir ingenua o
deliberadamente a otros animales o al ser humano en general,
de no hallarse en cautiverio. Su procedencia siempre nos
parece irreal, por situarse en tierras que se suelen
desconocer y que no constituyen el lugar en el que residimos
habitualmente. No obstante, el reconocimiento se produce
como si se identificaran con nuestro instinto, con una parte
de nosotros mismos ensombrecida, valga la redundancia, que
no dominamos y que tenemos. Sólo las dejamos en libertad
durante el sueño, porque el peligro ya no existe, aunque
virtualmente podamos concebir escenarios en los que aquel
las f figuras y nosotros somos idénticos y podemos
comunicarnos de igual a igual con el mismo lenguaje. O, por
el contrario, imaginar escenas en las que aquéllas nos
atacan, nos devoran y terminan aplastándonos.
Esta vídeo instalación que Paloma Navares trae al Museo
Alejandro Otero es una de las más simbólicas de las que
hizo entre 1985 y 1986, junto con PAISAJES DE LA MEMORIA
(1985), CIRCUITO CERRADO (1986), PARISO CIRCULAR (1986) y
DEL INTERIOR CON FIGURA (1987), que son los trabajos más
relevantes.6 Sus habitantes son panteras, como
las citadas, tigres y serpientes, que ocupan escenarios
construidos por ella en los que el espectador se convierte
en un invasor no deseado, por la sensación de opresión que
a menudo se le hace sentir. La atmósfera que se respira en
estos espacios se hace agobiante a causa del encierro:
paisajes de una memoria vencida por el sueño de infiernos
revisitados de un mundo interior.
Cada una de estas especies sugiere una analítica
específica capaz de esclarecer la simbiosis entre estas
figuras y el sujeto que las sueña, convertido en su objeto,
como si fueran éstas las que lo hicieran aparecer. La
agresividad de estos animales no se manifiesta más que en
potencia, sin que se vea ninguna escena de violencia real:
sólo se percibe la amenaza, porque estamos habituados a
asociar su aspecto con determinados movimientos y su fuerza,
superior a la del hombre. Su visión en la oscuridad del
sueño diurno o nocturno siempre es un presagio, o el
resultado de una puesta en escena de ciertas vivencias
particulares que se transforman en cuadros alegóricos, cuyo
significado no siempre se logra descifrar.
En
el mismo título SOMBRAS DE UN SUEÑO PROFUNDO sugiere
ciertas indicaciones a propósito de la visión que
contiene, idílica en apariencia por cuanto a la belleza de
la naturaleza salvaje que se manifiesta en cada una de estas
figuras animales. Lo sublime se identifica con la
monstruosidad que éstos representan y es asumida por quien
los fabrica, sin tocarlos realmente. Aunque sean sólo
sombras, destellos de algo más que no se manifiesta y que
se encuentran en una profundidad inalcanzable, donde se
origina el trasfondo narrativo.
El impacto visual que causa la proyección de estas
figuras sobre los pliegues de la cortina de plástico, que
hace las veces de pantalla o telón, no se debe a las
imágenes que se reproducen sino a los motivos que conducen
a su concepción. Inicialmente, este trabajo fue realizado
en 1986, y al cabo de diez años Paloma Navares recupera
estas imágenes de archivo para una nueva vidéinstalación,
porque siguen vigentes, y probablemente esto no puede pasar
desapercibido. ¿Porqué estas figuras en lugar de otras? La
frecuencia con la que se repiten en el mundo de Paloma
Navares revela la existencia de un temor cuyas
manifestaciones no son unívocas, sino complementarlas entre
sí.
Las panteras pertenecen al zoo de Madrid, y, por
consiguiente, están en cautividad como lo están sus Evas,
sus Venus o sus Ninfas de ALMACEN DE SILENCIOS (1994) y
LUCES DE HIBERNACION (1994-1996), por citar alguno de estos
ejemplos, con sus cuerpos fragmentados y prisioneros en
contenedores diversos, o como aparecen los recién nacidos
en las bolsas de plástico, los bidones o las cajas del
mismo material. Pero, en su condición de seres vivos,
introducidos en envases opresivos y cerrados
herméticamente. Las impresiones ópticas que se derivan de
la contemplación de estas ficciones repercuten en los
restantes sentidos, motivando sensaciones de diversa índole
íntimamente relacionadas con la intención que las
promueve. De ahí que parezca Interrogar la función
individual y particular de aquéllos, que no puede reducirse
a una certeza transitoria ni banal, sino a su
correspondencia antes de generalizarse como sentimiento
estético particular.
En el universo formal de Paloma Navares se manifiesta una
preocupación reiterativa por la experiencia estética,
camuflada en toda acción que presupone una percepción
sensible relacionada con la producción y contenidos del
arte, como se desprende de algunas de las reacciones a las
que puede inducir su trabajo. Las dificultades de su propia
visión, no pueden dejar de Influir en la concepción de un
mundo, sin duda subjetivo, pero que intenta liberándose en
su exteriorización.
Ignorar esta circunstancia podría perjudicar más que
favorecer la recepción de su trabajo. De hecho, la
conciencia de esta posibilidad acrecienta su sensibilidad en
todos los órganos de los sentidos, y por supuesto su
trabajo no puede mantenerse al margen de esta coyuntura. La
cita de Wittgenstein que encabeza esta introducción se
completa con otras afirmaciones o interrogantes de este
autor, que sirven de eslabón para anudar respectivamente
consideraciones dispersas a propósito de cómo describir un
sentimiento, de si color, sonido, sabor, temperatura tiene
un lado subjetivo y otro objetivo, y de si podemos o no
señalar el lugar del sentimiento. Ninguna de ellas se
resuelve, pero al menos se exponen como problema casi
gramatical, que también puede expresarse como certidumbre.
Así sería, cuando sostiene: Un sentimiento tiene para
nosotros un interés muy determinado. Y a esto pertenece,
por ejemplo, el grado del sentimiento, la capacidad de
acallar un sentimiento mediante otro7 . La
relatividad de los sentidos permite su correspondencia y
sustitución, sin que las sensaciones deban variar tan
sustancialmente.
Ninguno de sus trabajos resulta concebible a no ser en
espacios que permitan concentrar la atención sobre los
objetos que ella sitúa en lugares destinados a este fin,
aunque sea sólo temporalmente. Se requiere, por lo tanto,
una puesta en escena acorde con los motivos, y con el relato
que decide contar. Es imprescindible que el espacio pueda
disponerse en base a las condiciones que debe reunir la
colocación de su obra; de ordinario, el lugar de
exhibición no puede ser cualquier lugar sin pensar en su
transformación, que no implica ninguna actuación agresiva,
pero sí su adecuación que impone la presencia de elementos
externos.
Ella instala la iluminación partiendo de una supuesta
oscuridad total del recinto donde ha de mostrar su trabajo,
porque es una exigencia ineludible por considerar que su
obra se ha de ver y se ha de mirar de un determinado modo, y
por consiguiente ha de mostrar ciertas propiedades que sólo
la luz puede descubrir. Esta intervención llama la
atención, porque requiere un acondicionamiento previo de
cualquier espacio, para su apropiación, antes de depositar
los elementos que conforman la existencia real de una pieza,
de un conjunto o de una instalación. La luz suele estar en
el interior de las partes que integran una composición,
nunca parece proceder del exterior. Cada pieza tiene su
propia iluminación, es portadora de luz; luz que es su
primera forma, sin la cual no existiría nada de lo que
constituye su coseidad, al igual que sin lenguaje no hay
hechos, como postula el positivismo.
Aunque no es fácil descubrir que el suyo es un ojo
esencialmente pictórico, a pesar de su ambigüedad que se
inclina por un claroscurismo manierista, de reminiscencias
varias, ante cuyos efectos no se puede permanecer
indiferente, por afectar a todas las superficies sobre las
que se proyecta y, obviamente, al sujeto de la visión. La
oscuridad siempre es, para ella, expresión de la nada que
precede a la posibilidad de ser alguna cosa, con todas las
implicaciones que esto tiene al concebir la luz como materia
que se ha de incorporar necesariamente para que el resto de
las formas puedan aparecer.
En el nuevo escenario propiciado por esta exposición,
desaparecen las Venus, Evas y Ninfas, paradigmas del deseo
pervertido, modelos, que han habitado en su obra durante un
largo período. Aunque estas figuras paganas no han sido
sustituidas por otros arquetipos, sino por los hijos
anónimos de sus descendientes imaginarios, cuya presencia
cabe recordar ya EN EL UMBRAL DEL LIMBO 8 . Se
trata de recién nacidos que se mantienen a resguardo de las
inclemencias del mundo exterior en bolsas de plástico,
bidones o cajas, a la espera de ser asignados a algún padre
adoptivo. Su presencia desconcierta, porque estas figuras
alegóricas invocan la gestación y el origen del ser humano
en la penumbra de úteros artificiales, donde conocen la
soledad de su destino hasta la muerte. Es como si
naciéramos muertos, como si este estado fuese el que
definiera la vida.
Paloma Navares ha recurrido a figuras de niños de madres
desconocidas que acaban de dar a luz, a los que reproduce
preferentemente en posturas fetales y une al mundo con
cordones umbilicales ficticios, cánulas utilizadas
usualmente para introducir el suero a los pacientes que
están entre la vida y la muerte. El mundo hospitalario, por
otra parte, constituye, en los trabajos que se presentan en
el laboratorio en el lugar donde ha puesto a prueba la
mayoría de sus reflexiones.
Los recién nacidos se almacenan en diferentes
contenedores, para dos de las instalaciones que comprende
esta exposición: en CASA-CUNA OVAL y en CUNAS DE ENSUEÑO.
El procedimiento técnico para conseguir la representación
material de sus simulacros consiste en la fotografía
revelada sobre película de diapositiva, previa
manipulación por ordenador. La impresión óptica de su
tridimensionalidad se acusa, cuando estas formas orgánicas
sólo se perciben detrás de las paredes de una bolsa o de
una caja traslúcida.
En GASA~CUNA OVAL, que también recibe el nombre de
MEMORIA DE UN LLANTO PERDIDO, un recinto del formato que se
indica en el título, cerrado por una pared continua con un
Ingreso, a base de una cortina de plástico, contiene bolsas
colgadas del techo, del mismo material que la precedente,
con los recién nacidos en postura fetal. La luz es cálida
y se corresponde con un sonido que simula el llanto de un
niño, confuso y lejano, dice Navares, cuya composición ha
hecho Barbara Held9, a base de mezclas de ruidos
grabados según la simultaneidad real sugerida por el modo
de producirse en el lugar de origen.
Las CUNAS DE ENSUEÑO son unas cajas rectangulares de
plástico traslúcido en las que se ha depositado otra serie
de estas fotografías recortadas, previamente manipuladas y
reveladas sobre película de diapositiva, de idénticos
recién nacidos, cuyas formas parecen reales en virtud de la
iluminación. Las cajas permanecen en unas estanterías,
olvidadas como los huérfanos que están en el interior de
los respectivos contenedores. La serie fotográfica que
reproduce estas mismas imágenes sobre papel es un trabajo
que ha sido realizado por ella y Tino Muñoz, cuya
colaboración se ha hecho indispensable con el tiempo. Su
inclusión muestra el carácter paradójico de la
repetición deliberada, sea cual sea el lenguaje empleado, y
las sugerencias que se desprenden de la diversidad de lo
aparentemente indiferenciable. Constituyen un registro
multiplicador de efectos, que no obstante evitan la
redundancia gratuita.
Encima de otro estante, y a una cierta distancia, una
hilera de botes transparentes, en cuyo interior se pueden
ver manos y pies separados de los cuerpos a los que
pertenecen, utilizando el mismo procedimiento. Cuerpos
adultos a diferencia de los anteriores, que no han podido
evitar el aislamiento de sus partes constitutivas, y cuyo
resultado es el cuerpo sin órganos deleuziano, como una
consecuencia de esta defensa del conocimiento sensible y de
la autonomía de los sentidos, cuya materialidad se
convierte en el único dato fiable, pese a contribuir a la
escisión del hombre moderno que deja de aspirar a la
unidad.
Los cuerpos de los recién nacidos todavía no conocen
esta división que se produce, desde que son arrojados al
mundo. Mientras permanecen en el interior de las bolsas,
cajas o frascos, como en CUBIL, un objeto de mesa de comedor
con seis saleros, en cuyo interior se han introducido diez
imágenes de recién nacidos, elaboradas con el
procedimiento mencionado anteriormente y de tamaño muy
reducido, en postura fetal, están a resguardo de la herida
del tiempo y de sus accidentes.
La exposición también reúne objetos de diversa
índole, cuya procedencia doméstica les da el carácter de
poesía visual y a la vez constituye una demostración del
acercamiento intencional del arte a la vida, recurriendo a
lo más trivial, utensilios de cocina, las espumaderas con
las cascadas de ojos anudados en las cánulas que pasan por
los agujeros como una cabellera de tubos de plástico, o el
par de saleros, con sus ojos de mirada fija en lugar del
ingrediente para el que están hechos, además de los botes
de conserva, con pies y manos, u otros objetos similares. La
misma tendencia a estas inversiones de significado se
percibe en los objetos de tocador, como las pinzas para
sujetar el pelo, que en su lugar sujetan ojos anónimos,
susceptibles de reproducirse, como si tuvieran vida propia,
por partenogénesis. Ojos extraviados en su cautiverio,
separados de sus cuerpos como los pies, las manos, las
orejas y los restantes órganos de los sentidos, y que se
maquillan con una celosa tristeza sobre el olvido del ser
como lo más esencial.10
- Fernando R de la Flor: Emblemas. Lecturas de la imagen
simbolica. Alianza Forma 132, Alianza Madrid, 1993.
- Ludwig Wittgenstein: Ultimos escritos sobre la
filosofía de la psicología. Ed. Tecnos, Madrid, 1987.
- Jean Marie Echaeffer en Les celibataires de l´art (Ed.
Gallimard, París 1996), alianza en el determinismo que
impone ciertos contenidos intencionales en la obra de arte,
cuay necesidad, no obstante, es indiscutible para que esta
se produzca.
- La historia del aste del siglo XX es tambien una
historia del cuerpo y de sus representaciones. Con mayor o
menor acierto, Lean Calir quiso hacer la demostración de
que esto era posible en la Bienal de Venecia de 1995,
mediante un recorrido (identidad y alteridad) que se
iniciaba con el homenaje a Cezanne de Maurice Denis (1900) y
culminaba con el registro fotográfico del ritual de la
automutilación de Rudolf Schwarzkogler y Arnulf Rainer, de
las imágenes de cuerpos adulterados de Ines van Lansweerde
o Cindy Sherman, las deformaciones corporales de los niños
de Nancy Burston, las manos de Bruce Nauman o el interior
oscuro de los órganos más ocultos, de Jeanne Dunning.
- Claudio Magris alude explícitamente a la tendencia de
suprimir el abismo que separa la razón y el sentimiento,
concluyendo que la conciencia tiende a delibitarse y a
perder poder; a aflojar su estructura compacta y a
sumergirse en la corriente vital antes que a dominarla (EL
anillo de Clarisse, Ed. Península, Barcelona, 1993)
- Esta cuatro videoinstalacioens contribuyen a concebir la
complejidad de la obra de Paloma Narvares, son
impresindibles en cualquier inventario que se haha de ésta.
En el aparcen multiples referencias que explican su obra
actual. (Ver catálgo "En el abismo interior".
Para Paloma Navares. Comunidad de Madrid, 1997)
- Ludwig Wittgenstein, ob. Cit. En el af. 397, simula la
pregunta con caracter de negativo, ¿No podemos describir un
sentimiento? Claro que podemos. Los hacemos todos los días.
Pero ¿cómo? Bien, tenemos que reflexionar sobre casos
particulares.
- En esta obra, se anticipa a los contenidos que aquí ya
no son marginales sino que adoptan una presencia, cuyo
impacto nos reconduce a la fragilidad de nuestro origen.
- Barbara Held, flautista y compositora norteamericana,
recidente en Barcelona desde hace años, ha trabajado
anteriormente con artistas como Francese Abad, Eugenia
Balcells, Francesca Llopis y Pere Noguera , por citar
algunos ejemplos, integrando el lenguaje musical entre los
demás lenguajes del arte contemporáneo.
- La cita procede de "La ideología como
lenguaje" de Th. Adorno, y el contexto al que
pertenece, un análisis crítico sobre el existencialismo de
Karl Jaspers, partiendo de la situación espiritual de
nuestro tiempo.
Fuente Preludio de un jardin artificial -
Museo Alejandro Otero

Este site fue
diseñado por Venezuela Analítica Editores. 1999
|