

La
poesía de Alfredo Silva Estrada, inscrita dentro de la
estética desarrollada por Mallarmé y otros poetas de la
contemporaneidad, ha sido en el ámbito latinoamericano y
venezolano una de las más consecuentes en la indagación
formal y en el hallazgo lüdico que han expresado sus
anteriores libros. Se trata de una poética que circunscribe
su voz en una elusiva reiteración -de la imagen, de la
palabra, de la sonoridad- que se torna a veces laberíntica,
balbuceante, pero cuya virtud es tejer en ese vaivén y en
esa búsqueda una franja de belleza y vitalidad. Estos dos
últimos libros constituyen una rica muestra de los aspectos
más significativos de la obra de este autor venezolano, una
poesía que oscila entre la dinámica espacial y compositiva
del poema, y la búsqueda incesante de sentido en una
percepción esencial sobre la existencia.
Alfredo Silva Estrada (Caracas, 1933) ha
publicado una extensa obra poética, a la vez que se ha
destacado como traductor de poesía en lengua francesa. De
la casa arraigada (1953), Literales (1963), Los moradores
(1975), Los quintetos del círculo (1982), De bichos
exaltado (1990), son algunos de sus tîtulos más
destacados. Recibe en 1997 el Premio Nacional de Literatura.
Monte Ávila Editores Latinoamericana.
He aquí una muestra de lo que se puede
apreciar en este libro de Monte Ávila Editores
Latinoamericana, llamado "Por los
respiraderos del dîa (1980-1992), En un momento dado
(1989-1993)", de Alfredo Silva Estrada.
Por los respiraderos del día (1989-1993)
Tonnerre et rubis
aux moyeux
MALLARMÉ
Garlicand sapphires in the mud
Clot the bedded axle-tree
T.S.ELIOT.
Va libre de mí mismo y de sí mismo
Va libre de mí mismo y de sí mismo
Y me ilumina y canta
Juntos sobrevivimos
Sobre el tropel de la ciudad ahogada en su inmundicia
Entre andrajos el tiempo es aire libre
Descubriendo la inocencia de un rostro
Y el instante
Cuarteado de estampidos
Es la huella continua
La pisada desnuda que se afirma junto a los sumideros de la
nada
Los tajos del olvido
Las fracturas de ausencia
En mi insomnio respira su escritura
Desde ruinas de sueños hacia futuros horizontes olvidados
En la erguida constancia de la sangre
Sostenido feliz a flor de horario
Horas hechas de humus
De estrellas que se hunden con la rueda atascada
Y vuelven con el eje el diamamte y el ajo
Horno a plena intemperie su latencia de fuego
Vertiente y lactescencia de un ritmo constelado
Cuerpo
Transpiración de la página
El ser en su comienzo sin nombre sin imagen
Y la meditación
Un halo apenas sobre las mieses
Las sienes en las cumbres
Las voces subterráneas.
En
los umbrales
En los umbrales
Ante puertas erectas
No hay desgaste
apenas plenitud
Ni barniz cuarteado ni leño carcomido
Ni rostro oculto tras el rostro
Serenidad apenas
Nadie insinúa en la noche
Los relieves del día no vivido
Nadie graba en lo oscuro
Borrosos frutos
Estás allí erguido como nunca
Bajo las vetustas arcadas
Y los puentes de un antes que se esfuma
Estás allí
En todos los lugares comunes rezumantes
Los sexos
En recios extravíos y entre los surcos suavizados
¿Quién lo afirma junto al ciprés más hendido y tanta
hierba inquebrantable?
Frente a frente posible
Por este día en vislumbres que se arriesga en el júbilo.

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