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El efecto del MILENIO        LORENZO DÁVALOS

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Como al margen de la emoción con la que la mayoría de la gente programa la celebración de la llegada del año 2000, una heterogénea minoría se ha comenzado a preocupar por "el efecto del milenio" o "Y2K". Temen que éste no sea un problema total y rápidamente superado como algunos han declarado, sino que por el contrario, afecte de manera más profunda, extensa o duradera las instituciones y prácticas políticas, sociales y económicas. El Y2K tiene su origen en la decisión de representar con sólo dos dígitos los años en las fechas de los sistemas de computación. Esto significa que la mayoría del software y hardware es incapaz de discriminar entre el año 1900 y el 2000 a causa de tener campos de seis dígitos (aammdd), De esta manera, la fecha 31 de diciembre de 1999 se representa como 99123. El problema que le plantea a este sistema la llegada del año 2000 es que no tiene manera de expresar una fecha más allá del 31 de diciembre de 1999. Así, el 000101 será interpretado por este sistema como 1 de enero de 1900, lo que nos remitiría a 99 años en el pasado. Los expertos aún no se ponen de acuerdo sobre la magnitud de las consecuencias del Y2K, Esto no ayuda a que lo haga el público.

En general, todo cálculo realizado por computadores que involucre tiempo podría ser afectado por el Y2K. Se estima que el efecto del milenio puede afectar: hardware, firmware, lenguajes y compiladores, sistemas operativos, generadores de números al azar, sistemas manejadores de bases de datos, sistemas de procesamiento de transacciones, sistemas bancarios, sistemas de programación de vuelos, y cualquier otro sistema que implique fechas. De acuerdo con algunos analistas, las fallas en los sistemas mencionados pudieran, a su vez, ocasionar un amplio rango de problemas tales como; crisis en los mercados financieros, devaluación de monedas, escasez de comida, fallas en los sistemas de producción, transmisión y distribución eléctrica; contaminación del agua, disrupciones en el sistema de transporte, fallas en los sistemas de comunicación por satélite, fallas en los sistemas de defensa y seguridad nacional e interrupción en los servicios de emergencia.

Puede dar una idea de la magnitud del efecto del milenio la consideración de que, a nivel global, ochenta y cinco por ciento de las quinientas mil millones de líneas de código de sistemas operativos y programas de computación deberían ser corregidas para evitar el problema. Se estima que esta formidable tarea requerirá una inversión de alrededor de quinientos mil millones de dólares, También se ha estimado que Venezuela necesitaría alrededor de tres mil millones de dólares para adecuar sus sistemas al efecto del milenio.

Las consecuencias del Y2K pueden ser vastas a causa de nuestra generalizada dependencia de microprocesadores. El hogar promedio tiene cincuenta microprocesadores. Los procesos industriales suelen involucrar también un elevado número de procesadores. Así por ejemplo, el típico sistema de perforación petrolero puede contener hasta 10 mil microchips. Para Ed Yourdon, analista de este fenómeno, lo preocupante del Y2K es que en muchos casos, estos chips se encuentran en el suelo del océano, lo que dificulta formidablemente la tarea de repararlos. Las consecuencias de una falla en estos sistemas no son difíciles de preveer. Problemas en los pozos petroleros podrían amenazar la provisión de petróleo y esto obligarla a racionarlo o cortar las plantas eléctricas que dependan de éste para su operación. Aunque este tipo de consideraciones nos hagan creer que en Venezuela estamos eximidos de preocuparnos por eventuales problemas en nuestra industria petrolera, a causa de que ésta opera principalmente en tierra firme, el Departamento de Energía de Estados Unidos ha declarado que está preocupado de que muchos de los principales proveedores de petróleo de ese país están retrasados en sus programas de adecuación para evitar el efecto del milenlo. As¡, Lou Marcoccio, director de investigaciones de The Gartner Group, dice que las refinerías localizadas en los países más rezagados, como es el caso de Venezuela, Arabia Saudita, y otros países del Medio Oriente, plantean riesgos seguros. Por otra parte, el Banco Mundial afirma que el rezago de los paises menos desarrollados era previsible y que el creciente grado de interdependencia de la economía mundial obliga a formular estrategias cooperativas para enfrentar ex¡tosamente este tipo de problemas, El lado positivo de todo esto es que el Y2K confirma la hipótesis de que el mundo actual es complejo e interdependiente y que sólo la cooperación entre naciones permitirá enfrentar y resolver los problemas globales de este mundo, Bien pudiera ocurrir que el Y2K constituya una oportunidad de desarrollo e implementación de soluciones cooperativas a este tipo de problemas.

A pesar de las promesas de que el efecto 2000 va a ser controlado, parece difícil lograr que la gente abandone el temor de que la magnitud y complejidad del problema propicie los errores. Que por ejemplo ciertos aspectos no sean atendidos y que las consecuencias de ello sean impredecibles. Algunos intérpretes de nuestros tiempos consideran que el efecto 2000 no hace sino legitimar las actitudes de una diversidad de milenaristas. Algunos ejemplos de esta colección en Estados Unidos los ha documentado Alex Heard en "Apocalypse pretty soon: Travel in end-time America". Heard construye una lista de milenaristas que incluye las fraternidades celestes benevolentos, las milicias texanas de extrema derecha, los fundamentalistas libertarios, los new agers y los cristianos carismáticos entre otros. Para Heard, los milenaristas, antes que atemorizarnos deberían despertar nuestra compasión a causa de sus inocuas fantasías apocalípticas. Sin embargo, pudiera no ser tan inocua la combinación de milenarismo y Y2K. Ambos podrían obrar de maneras impredecibles en la determinación de la conducta de la gente. Por ejemplo, pudiera ocurrir que ambos se potencien mutuamente y la mezcla de ambos desencadene procesos de liberación colectiva, y progresiva, de pasiones y emociones. Pudiera también ocurrir que los más razonables, precisamente a causa de su temor a verse contagiados de lo que considerarían un clima de histeria colectiva, se abstengan de adoptar conductas o tomar decisiones alarmistas. Lo dramático es que en cualquiera de los dos casos los resultados pudieran ser catastróficos. En el primero, por el probable caos social ocasionado por los brotes de histeria colectiva o, alternativamente, por las limitaciones a la libertad asociadas a las no menos probables decisiones de los gobiernos de adoptar estrategias autoritaristas para controlar el caos social. En el segundo caso, la subestimación de las consecuencias del efecto 2000 podría resultar en una incapacidad para enfrentar contingencias e imprevistos ocasionados por fallas en los diversos sistemas automatizados sobre los que se sustenta el orden social.

Otro camino argumental a la fantasía apocalíptica es la de los tecnófobos radicales que desconfían de casi todas las formas modernas de tecnología. Vinculados muchos de ellos al ambientalismo radical, los tecnófobos comparten la creencia de que nuestra creciente dependencia tecnológica mostrará tarde o temprano sus efectos perversos. Para éstos, el efecto 2000 sería sólo una expresión localizada del mito de aprendiz de brujo, mito en el que la conjura de poderes mágicos por parte del iniciado los libera anárquicamente y, lejos de hacerle la vida más grata, lo conducen a su perdición.

En muchas partes del mundo, el efecto 2000 ha constituido una excusa para reforzar los argumentos sobre las bondades de la cooperación local y la organización comunitaria. Algunos expertos alegan que sólo con estas estrategias se puede lograr la autosufiencia que permitirá combatir exitosamente las eventuales consecuencias negativas, temporales o permanentes, del Y2K. Así, previendo fallas temporales en la economía y algunos servicios públicos, mucha gente ha comenzado a acumular comida y agua potable, y adquirir lámparas de kerosén y cocinas a gas, Por lo general estas prácticas están asociadas a programas de organización comunitaria. Los más radicales, pensando que las consecuencias del Y2K pueden ser más duraderas, han modificado profundamente su vida. Se han dedicado al desarrollo de cultivos orgánicos en hogares, jardines o invernaderos: la producción de energía sustentable basada en fuentes solares o eólicas, y la reinstitución del trueque como mecanismo de intercambio económico. Un caso ejemplar es el condado de Floyd, lugar que, ubicado al suroeste de Richmond, Estados Unidos, había sido albergue de hippies en los años 60 y new agers en los 90. En la actualidad, el bajo costo y la alta fertilidad de sus tierras, sus bajos impuestos y baja criminalidad, lo han convertido en destino de miles de refugiados del Y2K. Mucha de la gente que habita este lugar vive de lo que produce. Hay por lo menos una docena de pequeñas comunas cuyos miembros comparten su trabajo y sus ganancias. La mayoría de esas comunas cultivan su propia comida, no están conectadas al sistema eléctrico comercial, y han institutido un sistema de trueque para cubrir sus necesidades. Una comunidad semejante podría haber inspirado libros como "Utopía" de Thomas Moro o, "La Ciudad del Sol" de Tomasso Campanella. Está claro no obstante, que subyace a estas prácticas un rechazo a los modos de vida modernos en los que la tecnología, el consumismo y el individualismo se combinan para sustentar sistemas políticos perversos.

Las fantasías apocalípticas del Y2K parecen venirnos como anillo al dedo para apoyar nuestras expectativas de que el actual orden social se termine de desmoronar, y podamos iniciar la reconstrucción de uno nuevo. Creo más bien que nuestras escasas destrezas en la imaginación del futuro, nos pueden hacer ciegos a las consecuencias del Y2K hasta muy avanzado el presente año. El lado positivo de esto es que puede que, por omisión, nos ahorremos los recursos que otros más precavidos ya han asignado a la solución del Y2K. El lado negativo es que súbitamente pudieran asaltarnos el pánico y la histeria colectiva poco antes de que llegue el día fatídico. El caos social, en exceso del actual, que pueden originar estas emociones sería una prueba muy dura a la estabilidad de nuestro orden social. Además, nuestros ahorros en temores, angustias y recursos económicos los podríamos perder en pocas horas si esto ocurre. No obstante, me consuela pensar que gran parte de nuestro orden social no depende de estos sistemas automáticos que confunden el 2000 con el 1900 sino, más bien, de seres humanos que, luego de matar el ratón de la noche vieja con una ducha fría y un café caliente podrían, a lo sumo, incurrir en errores de segundos, minutos u horas, pero que sin duda estarían concientes del lento paso de 100 años.

Fuente: Revista Complot magazine, quinta edición, julio 1999, pagina 124- 126.

 

 

 


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