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Una una Oración por Todos

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Qué maravilla es la voz humana.
Ella es sin duda el órgano del alma.
El intelecto del hombre se asienta visiblemente
entronizado sobre la frente y en sus ojos;
y el corazón del hombre se inscribe en su semblante.
Pero el alma se revela solamente en la voz,
como se reveló Dios al viejo profeta
"En la tranquila y pequenna voz"
y en la voz de la zarza ardiente.
El alma del hombre es audible, no visible.
Solamente el sonido revela el flujo de la fuente eterna,
invisible al hombre.

Henry David Longfellow
Citado en Elbert Hubbard´s Scrapbook
1923 Soul, an Archaelogy.

DIOS

-Papá, ¿quién es aquí el profesor de Religión? os, me contestó escuetamente.

-No tenemos, me contestó escuetamente.

-Entonces, ¿en tu colegio no les enseñan a los alumnos quién es Dios?

-Sí, claro, aquí les enseñamos a encontrarlo en la exactitud de la aritmética, en la precisión de la geometría, en el respeto por la cosmologia, en la belleza de la geografía. Dios es invisible hasta en las iglesias; pero está en el entusiasmo de los jóvenes y el fútbol, en la nobleza y el compañerismo de las luchas deportivas, en el cariño por los animales, en la satisfacción del deber cumplido.

Acuérdate que jesucristo dijo El que tenga oídos para oír que oiga, y dijo también que a las personas, como a los árboles, Por sus  frutos los conoceréis.

No sabía lo que era Cosmología y no me atreví a preguntar. Pero aunque la respuesta no me dejó del todo feliz, me gustó comprobar que papá sabía citar el Evangelio y que sí le interesaba Dios. Hasta el día de hoy creo que me dijo lo de la aritmética y la geometría para que yo me aplicara más en matemáticas (además de ser homenaje a su profesión de ingeniero) y me quedé pensando que en mi colegio no conocían esas relaciones entre Dios Y los estudios que para él eran tan obvias; pero mucho me cuidé de decírselo a las monjas, pues vivía con el temor constante de que papá se condenara, ya que no comulgaba sino cuando sus hijos hacían la primera comunión. Si comentaba en el colegio esas ideas tan "ateas", a lo mejor lo mandaban al infierno antes de que se muriera.

No fue sino muchos años más tarde que supe la etimología de la palabra entusiasmo: viene de theos, Dios en griego y quiere decir lleno de Dios. Con el tiempo la contradicción entre lo humano y lo divino, lo espiritual y lo profano, se fue desvaneciendo en mi interior, pero en el exterior todo contribuía a distanciar esos mundos. Cuando llegué a la universidad, Psicología y Religión eran términos contradictorios, o por lo menos ajenos. Aquélla era una ciencia que nada tenía que ver con Dios, y ver la Religión desde una perspectiva psicológica podía ser blasfemia o herejía. Hoy, con mucho más claridad que entonces, pienso que a la mayoría de las religiones les gustaría deshacerse de las psicologías, y a casi todas las psicologías les gustaría que no existieran las religiones. Sin embargo, para mí ese conflicto es completamente superfluo, innecesario. La psicología tiene que ver con el alma y el alma tiene una dimensión religiosa, una dimensión divina que trasciende lo humano y va, desde luego, mucho más allá de lo científico. Recuerdo con gran admiración y respeto al Dr. José Luis Vethencourt, mi profesor de Clínica en cuarto año. En los apuntes de clase, que todavía conservo, tengo varias veces subrayada una frase suya: "La ciencia es siempre lo penúltimo, nunca es lo último". Siendo ya profesora, en una clase de psicología social definí valores como todo lo considerado deseable, y hablé de la religión como un valor esencial en muchas sociedades. Uno de los estudiantes, joven seminarista, se sintió tan ofendido que no pudo contenerse y replicó iracundo: "Profesora, Ud. acribilla y desprecia mi religión al tildarla de valor". Vanos fueron todos mis esfuerzos para explicarle que no había habido la menor intención de ofender a su Dios - el mismo mío - sino simplemente un uso retórico del lenguaje de la sociología. Poco después aquel estudiante abandonó la carrera, no sin dejar en mi espíritu un vago sentimiento de derrota. Ojalá no haya sido aquella ofensa sin dueño lo que lo alejó de la psicología, disciplina sumamente útil para un pastor de almas.

 

Por aquel entonces leí The Varieties of Religious Experíence de William James - en opinión de algunos el único psicólogo norteamericano verdaderamente original (antes de Hillman, dice Robert Bly), pero mi profesor de Psicología General decía que ese libro tenía solamente valor histórico y ninguna vigencia. También leí algunas cosas de Teilhard de Chardin: El medio divino, El fenómeno humano, El himno del universo, religioso jesuita, quien aborda la evolución del hombre con una intensidad emocional conmovedora y traza su inmersión en los caminos del espíritu y de la paleontología a partir de su fascinación infantil con el hierro, pero los científicos lo consideraban demasiado cristiano y los cristianos demasiado científico (hasta el Vaticano promulgó un Monitum [ admonición ] advirtiendo que no se podía leer libremente a Teilhard) - ¿habrá acaso otra manera de leer que no sea libremente? -. Esas lecturas no- se considerában materia, era lectura extra-curricular.

 

En los estudios de psicología se sacralizaba el lenguaje técnico: la medida de la inteligencia, personalidad, autoestima, psicopatías, tests, ego, superego, proyección, neurosis, estímulo y respuesta, complejo de culpa, condensación... y se execraba el lenguaje religioso: era inapropiado - algo así como irreverente en el ambiente aséptico de una casa de estudios - hablar de pecados capitales, expiación, culpa, penitencia, gracia, examen de consciencia, sacríficio, virtud, vicio, perdón, bendiciones, salvación.. . Alma era uno de los sustantivos que, por arcaico, religioso y acientífico, había caído en desuso, se hablaba de PSIQUE, que por griego sonaba más científico. Nadie notaba que también por griego era más arcaico que el latino alma = anima o aliento, ni tampoco notaban que era igualmente religioso pues traía un equipaje netamente mitológico. Como sinónimos modernos, científicos -"actualizados" -de alma se usaban energía psíquica, flujo vital, bio-energía, entre otros.

 

Entre tanto yo pensaba, casi en secreto, que dependencia patológica e idolatría querían decir exactamente lo mismo y sin lograrlo trataba de encontrar diferencias esenciales o límites claros entre lo que en mi colegio llamaban vida espiritual, sufrimientos morales, y lo que en la universidad se denominaba hechos emocionales o acontecer psicológico (¿?). Una tarde al salir de una clase de modificación de conducta, le hablé a mi abuela de introyección de la recompensa, y por la cara que puso debió pensar que le estaba diciendo una grosería en otro idioma; pero aquella viejita sabia, noble y generosa, que jamás conoció esas palabras, supo enseñarme a disfrutar desde muy pequeña de la satisfacción del deber cumplido y, pese a sí misma, en algunos momentos de la vida hizo honor a aquello de "letra con sangre entra", sin que nunca hubiese oído hablar de cosas como condicionamiento aversivo o desensíbilízación sistemática.

 

Muchas veces me divertí en silencio durante más de una clase aburridísima cuando, escuchando a algún profesor de esos que les gusta hablar en difícil o solamente conocen términos técnicos, los interrumpía en el clímax de su discurso, con mal disimulada picardía, para preguntar el significado de una palabra o de una frase muy complicada; luego me reía sola al comprobar que tantos eruditos pierden el hilo al verse forzados a hablar en términos sencillos y no pueden traducir su lenguaje de iniciados al castellano de los legos. El recuerdo todavía me hace gracia y la traducción sigue siendo uno de mis intereses personales y profesionales; la considero una destreza indispensable para toda persona que pretenda asomarse a los recovecos y escondites de su propia alma, o quiera ayudar a otros a hacer lo mismo.

 

Yo estudié en la Universidad Católica, no era que allí se excluyese a Dios de la vida humana; al igual que en el ambiente católico donde crecí, las prácticas y preceptos religiosos se respetaban mucho, pero se hacía demasiado énfasis en el precepto y no suficiente en el concepto. Jamás se nos hacía notar la imaginativa poesía de las ceremonias ni la sensualidad de los rituales. En el hecho psicológico no tenía cabida nada religioso y por eso el lenguaje espiritual quedaba fuera del discurso académico y del razonamiento científico, tampoco valían las metáforas y las aproximaciones espirituales... ¡claro!, no podían tener espacio entre las teorías de la personalidad, ni en el análisis experimental de la conducta, ni en la concepción psicoanalítica - arte que Freud quiso forzar a la categoría de ciencia empírica. Esto me parecía muy aceptable para la física, la química o la ingeniería electrónica, cuyo objeto de estudio no es la persona misma; pero si la dimensión religiosa es una de las dimensiones de la persona ¿por qué excluirla de la ciencia que estudia el alma? Siempre me pareció insuficiente el argumento de que la ciencia nada tiene que ver con la religión porque la idea o la imagen de Dios, la relación con lo invisible, lo numinoso, lo sobrenatural, son asuntos cruciales, realidades esenciales de la psicología humana, y si la psicología pretende estar a la altura de la persona humana tiene que tomarlas en cuenta, no puede simplemente esquivarlas en nombre de la precisión científica o la pureza del método. La ciencia, como el dinero, es un valiosísimo servidor, pero un dueño opresor. Ciertamente mucho de la ciencia sirve a la psicología; pero la psicología clínica no es solamente del dominio de la ciencia ni el alma es exclusivamente de la religión. Es el alma la que contiene la ciencia y no al revés. En aquel ambiente también se ignoraba el lenguaje mitológico, a pesar de que el origen mismo de la palabra psicología arranca de PSYCHE: doncella mitológica de tanta belleza que cautivó al AMOR.

 

La expresión poética en este ámbito de los estudios de la ciencia del alma no sólo era desconocida, sino despreciada: no hay ni una sola asignatura en toda la carrera de psicología en nuestro país, ni en pregrado ni en postgrado, donde se estudie El Quijote, ni Shakespeare, ni Calderón de la Barca, ni Dante, ni Tagore. Tampoco se estudiaba el discurso como instrumento, ni las dimensiones o el alcance de la palabra oral, a pesar de que ella es nuestra herramienta fundamental. La crítica más severa que los tecnólogos de la conducta le hacen a Freud es calificarlo de literato, ¡como si eso fuera un vicio!, acaso sin saber que a él le agradaba considerarse a sí mismo "artista u hombre de letras, bajo la apariencia exterior de médico" y que recibió el premio Goethe de literatura. Esos tecnólogos delatan su desconocimiento de Sócrates, para quien el alma es lo que hay de divino en el hombre al proclamar que la psicología de Jung no es psicología sino teología porque habla de la vida del espíritu y del instinto religioso: Llegará el día cuando el biólogo y hasta elfisiólogo puedan darle la mano al psicólogo en el punto donde se encuentren después de subir por lados opuestos la montaña de lo desconocido. Mientras tanto tenemos que ser más modestos ante los hechos psicológicos. En vez de pretender saber exactamente que algunas cosas no son nada más que sexo reprimido, deberíamos ver esas cosas en su valor frontal... Consideremos la experiencia religiosa: ¿Puede la ciencia asegurar que no existe el instinto religioso? ¿Podemos realmente suponer que el fenómeno religioso no es nada más que una función secundaria basada en la represión sexual?... Si nadie puede señalar una raza, ni siquiera una tribu libre de religión, entonces yo realmente no veo cómo puede sostenerse el argumento de que los fenómenos religiosos no son genuinos, sino meras expresiones de una sexualidad reprimida. Más aún, ¿no nos muestra la historia con innumerables ejemplos que la sexualidad es de hecho parte integral de la experiencia religiosa? Lo mismo es cierto del arte, que también algunos ven como el resultado de represiones sexuales, aunque hasta los animales tienen instintos artísticos y estéticos. (CW, vol.17, §157).

 

Encoger el vocabulario y reducirlo a los límites estrechos del microscopio científico es, por una parte, suponer que la vida de las emociones, del alma y del espíritu puede ser contenida exclusivamente por la ciencia, y por Otra parte desconocer la realidad del lenguaje. El lenguaje no es una mera colección de símbolos organizados que sirve para expresar u ocultar lo que intencionalmente decidimos, no*, el lenguaje es una manera de ver la vida, una manera de asir el universo, por eso cuando no existe una palabra es porque no existe la idea, o el concepto (en inglés, por ejemplo, no hay siesta ni sobremesa porque no existe la idea ni la costumbre de reposar a mediodía, ni de quedarse conversando después de comer. .. y en chino los colores son verbos). El lenguaje es también una faceta de nuestra singular manera de ser. Una faceta que como espejo refleja el fondo-, a veces refleja un fondo muchísimo más profundo del que quisiéramos dejar ver -o muchísimo más superficial. El vocabulario podría compararse a una máscara (voz etimológicamente asociada al término persona, palabra de origen etrusco que en el teatro griego quería decir "máscara de actor"). La máscara no tiene reverso, si logramos atravesarla nos encontramos con el propio rostro de quien habla. El lenguaje es el zaguán del alma y como la psicología científica no puede contener el alma, demasiadas veces la oscuridad o el vacío se ocultan tras un léxico falsamente preciso que hace imposible la comunicación. No hay nada malo en el lenguaje técnico per se; cualquier nuevo florecimiento, tanto en lo personal como en lo colectivo, genera un vocabulario propio que va dando carácter diferente y abriendo espacio en la vida a esa nueva realidad. Nos dice la Biblia que después que Dios formó todos los animales de la tierra y todas las aves del campo los llevó ante el hombre para que les pusiera nombre. Y cada ser viviente habría de llamarse como el hombre lo había llamado (Génesis 2:19). Lo primero que hacemos ante un recién nacido es darle nombre (¡y sobrenombre!), la invasión de la semántica de la computación en nuestro léxico cotidiano (meter en el disco duro, desprogramarse, entrar en el sistema, giga, etc.) es un buen ejemplo de cómo la cultura va asimilando todo lo que se inventa a través de la retórica. Otro ejemplo es la jerga de los grupos juveniles que, para diferenciarse. adoptan una terminología impenetrable y exclusiva: chamo, bro, enchavarse, choro, cargar leyenda, cruzar letra, enrollarse, volarse, aplique, pana, etc; pero lo que sí es malo, por reductivo, es dar más importancia a la etiqueta docta que a la realidad que ella designa o ta-ra-re-ar la canción sin saber lo que quiere decir la letra. "El lenguaje es primeramente un poder mágico que reside precisamente en su construcción semántica", dijo Izusu. Si la semántica de las psicologías tecnologizadas no sirve para acercarse a la psique y acoger todas sus dimensiones, sino para encerrarla en tubos de ensayo, entonces no sirve para nada; más vale mantener la semántica universal del castellano común y buscar una retórica que no prive al alma de su discurso ni al discurso de su alma.

 

Tiempo después de ser psicóloga, curiosidad y casualidad me llevaron a conocer a Carl Jung. Desde entonces imagino a Freud como viajero errante sin tierra prometida. Tótem y Tabú. Lo arcaico, lo primitivo, la Ley del Talión, lo inescapable, el Paraíso Perdido. Represión personificada y hecha dogma en la figura apolínea para quien la música era fruta prohibida en los mismísimos predios de Mozart y en la Viena de la familia Strauss... Fue genial y valiente al atreverse a explorar terrenos desconocidos; pero cediendo a las presiones de su época quiso forzar la psicología al rango de ciencia empírica y para lograrlo pretendió transformar opiniones en dogmas. Le interesaba más la autoridad que la verdad. En sus comienzos llamó al psicoanálisis "Ia cura hablada", luego enmudeció y colocó de espaldas a su interlocutor. Convirtió en adversarios a todos los que le desafiaron. Así nos enseñó, sin proponer: selo, a ser muy cautelosos en el momento de analizar sus aportes y su propio ejemplo personal.

 

Para mí, en la psicología de Jung se encontraron la plenitud de la ley, la redención del lenguaje y el Nuevo Testamento. Su teoría es una perspectiva global que no excluye dimensión alguna: espíritu científico, expresión mítica y poética, emoción estética. Conciliación de los opuestos. Femenino y masculino sin envidias ni subordinaciones. Trascendencia y universalidad. La obra del psicólogo de Zurich es una ecología del alma, donde lo científico no excluye lo religioso ni desecha lo misterioso. Para él la relación terapéutica tiene éxito solamente cuando hay progreso y aprendizaje en ambos participantes. La salud, la adaptación y la enfermedad son grados de armonía y de coherencia ética.

 

Sobre el dintel de su casa en Küsnacht hay una oración grabada en piedra, Vocatus atque non vocatus Deus aderit: Llamado o no llamado, Dios estará allí. La frase latina traduce la respuesta del oráculo de Delfos a una consulta de los espartanos antes de la batalla. En ella se conjugan la angustia vuelta oración que invoca e interroga en un momento crítico, la palabra, el sentido de lo invisible y el reconocimiento de la intervención divina en los asuntos humanos.

 

Llamados o no llamados, invitados o no, los dioses están allí. El reconocimiento de lo invisible es el corazón de la ciencia psicológica y el misterio central de¡ arte de la psicoterapia. Dar voz a lo oculto y dar oídos a lo secreto, a lo inaccesible - inconsciente - es el acto psicológico por excelencia. Volvemos la vista hacia el psicólogo en un momento crítico, ante una situación que no sabemos entender, en busca de ARIADNA y del hilo conector que nos saque del LABERINTO. La psicología ofrece entonces un panorama de las fuerzas que intervienen en el momento e intenta dar acceso a las causalidades lógicas y a las casualidades significativas, a lo que parece escondido, subyacente, sombrío y se revela en las pequeñas e inadvertidas tonterías de la vida diaria, fantasías, signos, sueños, síntomas, símbolos -todo esto por medio de la palabra, la oración, la voz oral, el discurso, el lenguaje. Palabra que oye, refleja, guarda, ilumina, alivia, significa y llama la atención hacia las imágenes esenciales que conducen y transforman el curso de la vida. En la angustia de la consciencia y las brechas de la memoria, la invitación es a interrogar la imaginación. Hillman habla por eso del valor transubstantivo de la poesía para transformar la realidad. Y la Biblia dice que el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros...

 

Fuente: Libro "Una Oración para Todos, Materia muy confidencial", María J. Bustamante, Fundación POLAR, paginas 35-47.

 

 

 

 

 


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