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El Complejo del Dinero
Capitulo III
La materialización de lo abstracto

Axel Capriles

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El grueso de la construcción teórica de la ciencia económica ha sido levantado partiendo del principio de racionalidad. Bajo este axioma, se supone que en el ser humano predomina el pensamiento lógico y por ende el principio de la no contradicción. El psicoanálisis y la teoría de la disonancia cognoscitiva, entre otras, nos han enseñado que el hombre se mueve constantemente entre pulsiones opuestas y abriga al mismo tiempo ideas y conceptos enfrentados sin percibir su contradicción. Ello se hace evidente en el área de las ideas económicas porque a pesar de que, como señaláramos en el párrafo anterior, el dinero electrónico es la más patente evidencia de la irrealidad metafórica del dinero, para la mayor parte de la humanidad el dinero conlleva un valor de realidad. Este es su principal soporte.

El dinero es parte inseparable del mundo profano de todos los días donde la gente se levanta, compra su comida, trabaja, alquila un apartamento, paga la educación de sus hijos, se opera en hospitales y sale a divertirse. Y aunque el valor de realidad actúa como una placa de fundación macisa sobre la que se levanta el resto de la estructura de ese proteico símbolo fiduciario, la moneda conforma de inmediato una amalgama repleta de proyecciones muy difíciles de distinguir. Todos necesitamos dinero para vivir y cubrir nuestras necesidades ordinarias. Ese es un nivel innegable de la realidad. Pero con la afluencia económica de las sociedades occidentales modernas, las necesidades básicas del ser humano tienden a ser, por lo menos, parcialmente satisfechas, para desplazarse y crear otros tipos de aspiraciones. Abraham Maslow imagina las motivaciones humanas en forma de pirámide con diversas categorías y niveles jerárquicos. A medida que se satisfacen las necesidades de la base aparecen las del nivel superior (1).

Las prebendas y comodidades que aseguran la supervivencia, proveen seguridad, mitigan el dolor o eliminan la incomodidad, tienen un límite a partir del cual normalmente se sacian. Siempre hay excepciones, así como hay individuos particularmente sofisticados u obsesivos, pero por lo general las necesidades alimenticias son satisfechas a partir de cierto margen y una póliza de seguro puede apaciguar la aprehensión por una enfermedad futura.

Los bienes de primera necesidad constituyen el más elemental ejemplo de este fenómeno, siendo la elasticidad-ingreso de su demanda menor que uno. Es decir, constituyen aquel grupo de productos cuya demanda es inelástica con respecto al ingreso porque al elevarse este último no aumenta significativamente el consumo. Llega un momento en que no necesitarnos más. La satisfacción del consumidor es supuestamente la meta de la actividad económica. Pero esta actividad olvida con frecuencia que existen necesidades insaciables, que las aspiraciones de los consumidores se desplazan sin bóveda ni techo alguno.

 De hecho, como muestra Tibor Scitovsky (2), los impulsos para evitar el dolor o aliviar la incomodidad y la tensión actúan, desde el punto de vista psicológico, en una dimensión diferente de los que buscan el placer o la estimulación. Evitar el displacer no es lo mismo que buscar la estimulación placentera. Son principios que se mueven en planos diferentes. Por ejemplo, la excitación requerida para huir de] aburrimiento, con el subsecuente placer que ello causa, implica el sacrificio de la comodidad y el aumento de la tensión producida por la misma estimulación. La huida del displacer y la evasión de la incomodidad pueden ser saciadas más fácilmente que la búsqueda de novedad o de excitación placentera cuya satisfacción implica, con frecuencia, la insatisfacción del primer grupo de motivos. La literatura puede ser muy elocuente en este aspecto. Una joven de humilde procedencia y amargo pasado busca seguridad, abundancia y comodidad en un matrimonio de altura. Cumplida la meta pronto se siente desencantada y aburrida. La necesidad de una vida más estimulante y placentera la lleva al adulterio y a un desarrollo dramático que además de destruir la seguridad material del matrimonio termina en fatalidad.

La satisfacción de nuestros impulsos y necesidades pasa a menudo por el mercado y adquiere de facto un valor de mercado. El sistema económico regula la reciprocidad en la prestación e indemnización de esas necesidades, siendo el dinero el factor de cambio a través del cual, quien haya contribuido a la satisfacción de las necesidades de los otros miembros de una sociedad, puede, a su vez, tener la seguridad de recibir un bien o servicio a cambio para satisfacer sus propias aspiraciones pagando el precio del mercado.

 La saciabilidad o insaciabilidad de los diferentes tipos de impulsos, y la forma como los individuos asignan un valor de utilidad a la transacción de bienes y servicios en el sistema económico según su aporte a la satisfacción de sus necesidades, determinan el contenido y tono emocional del complejo monetario. El dinero, además de contener la promesa de un cambio seguro, es decir, su valor de cambio o permuta, incorpora rápidamente muchos otros significados y valores, como la honra y el prestigio ligados a la propiedad o el éxito personal como medida del ingreso.

Hemos insistido en que la substancia del dinero es su irrealidad, su inmaterialidad, su existencia abstracta y limítrofe como un espacio metafórico, como un símbolo etéreo y polimorfo en el sentido más amplio de la palabra. Existe suficiente consenso en la visión de la moneda como un símbolo general que expresa muchos significados, una alegoría material abierta a simbolizaciones múltiples. Los psicólogos conductuales lo consideran nada más que un refuerzo condicionado generalizado, es decir, un signo cualquiera que a través del aprendizaje ha sido asociado no sólo con la alimentación y el sustento material, sino con un sin número de bienes de consumo.

 Para los economistas es cualquier medio de intercambio generalizado. Se repite su condición de signo abstracto carente de substancia o significado intrínseco. Sin embargo, ¿qué logramos con esta definición? Insistir en ella es llover sobre mojado sin agregar algo nuevo a la discusión. A fin de cuentas, afirmar que el dinero tiene muchos significados no nos sirve de mucho si no especificamos cuáles son y cómo actúan esos significados. Para salir de este punto muerto podemos acudir a la Psicología Analítica de C.G. Jung (3), donde una reformulación de la vieja ley de las polaridades y del principio de enantiodromia de Heráclito tiene aplicación práctica para el entendimiento de los fenómenos psíquicos.

El principio de enantiodromia señala que todo opuesto se convierte en su contrario y que toda función cuando llega a un extremo se revierte para convertirse en su polo opuesto. Lo que este principio puede explicar en nuestro caso, es que el dinero, por ser precisamente un extremo de la capacidad de abstracción del ser humano, por ser un símbolo sin contenido alguno, se convierte en su contrario materializando las aspiraciones anímicas más diversas en las formas más concretas. Deja de ser una forma vacía para ser un contenido.

En la Grecia Heroica el impacto psíquico de los fenómenos inconscientes se duplicaba en una extensa maquinaria divina que en forma de imágenes pictóricas concretas se volvían perceptibles y reales para la consciencia del creyente. Los personajes homéricos, atribuyendo a la intervención de dioses y demonios multitud de eventos mentales, lograban plasmar en el mundo de lo real la subjetividad del inconsciente.

 Los dioses, que desde una visión moderna definen el espacio más abstracto que podamos imaginar, el reino del espíritu, aparecían como un reflejo tangible de las mismas pasiones y anhelos que sentían los héroes mortales. Traspasando el evento psíquico de adentro hacia afuera, se eliminaba su ambigüedad e imprecisión. Y al igual que el hombre de la antigüedad adjudicó una personalidad concreta a la experiencia irracional y abstracta de lo divino, el hombre moderno, dudoso de la maquinaria divina, materializó sobre la unidad de cambio económico una miríada de anhelos y transacciones anímicas. Es un símbolo polivalente, sí, pero acarrea significados muy concretos.

En la interpretación analítica de los sueños el dinero es frecuentemente interpretado como un símbolo de la energía psíquica. La energía es un concepto cuantitativo abstracto referido a la relación de intensidades de cuerpos en movimiento.

El uso vulgar del concepto, sin embargo, confunde la energía con la fuerza en que se manifiesta, sea esta eléctrica, térmica o mecánica. El pensamiento concreto crea una unión hipostática entre la noción de energía psíquica y el concepto aplica o, entre la idea de libido y las fuerzas en que ella se manifiesta, como la sexualidad o la agresión. La teoría energética permite diferenciar un factor de extensión del factor de intensidad de la energía. Si la intensidad puede pasar de una estructura a la otra libremente, la extensidad representa aquel aspecto de la energía que permanece atado a la estructura y que no puede ser transferido a otro lado sin acarrear partes de la estructura previa.

El factor de extensión impide que la energía pase a una nueva función mental sin llevar consigo características de la organización anterior de la que formaba parte. La libido o energía psíquica no puede transferirse de una función a otra como pura intensidad; transporta inevitablemente rasgos de la vieja actitud. Así parece suceder en la experiencia mística. A pesar de que las prácticas ascéticas buscan canalizar la libido instintiva hacia nuevas formas espirituales, éstas aparecen con la peculiaridad de su previa aplicación. Así, en buena parte de la literatura mística, la devoción espiritual a Dios se expresa mediante una evidente imaginería sexual. El concepto abstracto de intensidad de un dinamismo energético acarrea consigo contenidos concretos.

El dinero se comporta de la misma forma y a pesar de ser un concepto abstracto y cuantitativo para designar relaciones de intercambio (en vez de relaciones de fuerza) su uso aplicado lo convierte en una unión hipostática con las características concretas de la naturaleza humana. Tiene substancia. Para la visión cuantitativa un capital de 100 millones de dólares son simplemente 100 millones de dólares, provengan de una herencia repartida a través de generaciones y tradición familiar o hayan sido acumulados recientemente por un pujante empresario surgido de la nada. Sin embargo, no hay duda que el dinero viejo es totalmente diferente de] dinero nuevo.

No sólo acarrean connotaciones dispares y la interpretación social es distinta, sino que su comportamiento se rige por mitologías discrepantes y sus patrones de uso, inversión y consumo son también divergentes.

Podemos refutar la definición económica de la moneda como un medio de uso generalizado de intercambio y denominador común de valor con las características de homogeneidad, transportabilidad y divisibilidad. Tal definición representa un concepto ideal. La moneda real, como la usamos en la vida cotidiana, no se comporta regularmente como unidad de uso generalizado. Es, más bien, un medio limitado de intercambio con propiedades particulares.

 Muchas personas distinguen y utilizan de manera muy diferente el ingreso generado con su trabajo de¡ recibido de sus padres o ganado por azar en la lotería. La propensión marginal al consumo es muy superior en caso de ingreso por ganancia fortuita o inesperada que en el de] ingreso ordinario. Pareciera que el bien pecuniario producto de una o de otra forma de ingreso tuviera distintas marcas o contraseñas. Este fenómeno se denomina pignoración del dinero, es decir, su aplicación en un uso particular depende de la fuente específica de donde proviene.

Este es un aspecto importante para el tono afectivo del complejo de representaciones mentales de cada quien. Una amiga perteneciente a una familia poderosa y acaudalada se había separado totalmente de sus padres como consecuencia de los repetidos enfrentamientos con ellos y una profunda crisis de identidad personal. Con la fantasía de abrirse camino por ella misma logró desarrollar, sin el apoyo de su familia, una carrera artística cuyo mediano éxito le permitía llevar una vida económicamente holgada.

A pesar de la separación y de su negativa a recibir la ayuda económica directa que le ofrecían sus padres, mi amiga no tenía el mayor empacho en recibir los dividendos que anualmente repartían las empresas familiares donde tenía participación accionaria. Estos ingresos, sin embargo, no intervenían para nada en su vida cotidiana, en el pago de la renta, sus lujos o sus viajes, sino que regularmente los aplicaba al financiamiento de actividades, instituciones o fundaciones artísticas.

La moneda no sólo representa el producto adquirido sino también la fuente y la forma en que se obtiene. Funciona como un medio específico, no general. Esto hace que el dinero robado o ganado mediante negocios turbios tienda a ser aplicado al consumo o gastado con mayor rapidez que el proveniente de otras fuentes. El lavado de dinero no es solamente un mecanismo de ocultamiento y evasión fiscal. Tiene también la función psicológica de obliterar su origen para convertirlo en un medio abstracto utilizable para todo fin.

La pignoración monetaria no es sólo un problema individual sino también colectivo. Algunas prácticas gubernamentales de control presupuestario son ejemplos del uso limitado del medio de intercambio. Los recursos provenientes de ciertas fuentes deben ser utilizados en partidas o sectores específicos y solamente en ellos. Si el costo de una partida en el presupuesto fue sobrestimado por error y los fondos asignados para su ejecución no son utilizados en su totalidad, a pesar de que teóricamente se trata de un medio generalizado de intercambio, la suma excedentaria no puede ser aplicada inmediatamente a otra partida o sector necesitado de mayores recursos sino que debe ser reconducido para el año siguiente o reasignado mediante un presupuesto especial.

Esto significa la intrusión de una escala cualitativa nominal en la escala de intervalos o razón donde funciona supuestamente el dinero. En los negocios de construcción este fenómeno se convierte en un verdadero rompecabezas y fuente de obstáculos cuya rigidez introduce un alto grado de ineficiencia en la industria. Todo proyecto y presupuesto de obra difiere de la realidad. Unas partidas aumentan y otras disminuyen.

Cuando por necesidades prácticas de la obra un contratista se sobrepasa en la ejecución de una partida, el máximo que puede relacionar en su valuación a efectos de cobro es la cantidad presupuestada, a pesar de que los fondos de las otras partidas disminuidas pudieran aplicarse para compensar el aumento. Por lo general, es necesario crear nuevos presupuestos de aumentos y disminuciones o de obras extras, los cuales se manejan en forma aparte. En muchos casos, a pesar de ser una misma contratante, una misma contratista y una misma obra, el pago saldrá dividido o desglosado en cuatro o cinco cheques.

Si el dinero de fuentes distintas es asignado a diferentes destinos, debemos suponer que, a pesar de constituir un medio generalizado de intercambio económico, las variantes en su origen y destino lo hacen pertenecer a categorías psicológicas diferentes. Es decir, si la forma particular en que se obtuvo lo condiciona para un uso especial, ello significa que hay limitaciones en el funcionamiento del dinero como un medio abstracto de intercambio. No es una estructura vacía, sino algo que lleva consigo un contenido y un valor concreto. En la economía de las transacciones sociales el dinero es un tipo de recurso o medio particular de intercambio. No es una regla o yarda de medición que podamos utilizar para todo.

Tiene restricciones en su uso y funciona sólo para cierta clase de recursos con los que se refuerza los actos humanos. Si por un lado es eficiente como medio para ser intercambiado por productos, por prestigio y por fama, o hasta por conocimientos y honor, no es tan efectivo para transarlo por amistad o amor. La irracionalidad es parte inherente a nuestro tema. Si una suma de dinero equivalente al precio de un regalo es, desde el punto de vista práctico, de mucha más utilidad, ya que el regalo puede no adaptarse a las necesidades o gustos de quien lo recibe, el dinero es, por lo común, considerado como un regalo inapropiado. La comercialización de cierto tipo de actividades humanas se interpreta como una muestra de disparidad en la jerarquía social.

 Cuando un amigo nos ayuda o nos hace una atención, podemos darle un obsequio en señal de agradecimiento. La conducta es interpretada como buena educación. Si en cambio le damos una suma de dinero equivalente al costo o valor del regalo, la muestra de agradecimiento se trastoca en un acto humillante. La reciprocidad depende de los atributos de significado del medio empleado para expresarla. Y aunque pareciera obvio que muchas necesidades humanas quedan insatisfechas al tomar valor de mercado, demasiadas patologías familiares tienen como centro y origen las transacciones de amor por dinero.

La proliferación de estudios sobre el sector informal de la economía ha llevado en las últimas décadas a un análisis detallado de las redes de intercambio informal que existen también en las organizaciones formales. Son transacciones sociales con una lógica simbólico-cultural propia que compensa las ineficiencias de los sistemas formales. Los modos informales de intercambio comprenden un conjunto de reglas de reciprocidad, mecanismos de sociabilidad y relaciones clientelares que rigen la satisfacción de necesidades de un amplio sector de la sociedad. Son intercambios informales la distribución de favores con base en los vínculos de parentesco y amistad, el cabildeo y el uso de conexiones, la venta de influencias, las comisiones, el soborno y las formas de corrupción, el clientelismo y los sistemas paralelos de producción o negociación.

Según Larissa Lomnitz (4), cuando los favores se dan entre iguales sociales se omite la remuneración. Y aunque una de las reglas no escritas de sociabilidad obliga a no hacer explícito el requerimiento de reciprocidad, la exigencia de una contraprestación queda latente como un compromiso implícito. Este es uno de los aspectos más interesantes de la estructura del don (regalo, donación) estudiado por Marcel Mauss (5) en su célebre ensayo del mismo nombre. El don implica el establecimiento de una relación interpersonal que obliga a la reciprocidad.

 El soborno o uso de dinero como pago a cambio de un favor certifica la ausencia de relación personal entre las partes y la diferencia social. Es decir, el dinero es un índice de la distancia social. El conjunto de reglas que regulan las redes de intercambio informal emergen de estructuras simbólicas relacionadas con la solidaridad primaria de los grupos sociales.

 Según Lomnitz, cuando no hay referentes sociales para la reciprocidad, el intercambio bilateral se convierte en transacción de mercado. La secularización y comercialización de la reciprocidad suple la ausencia de solidaridad grupal, de confianza y lealtad; denota poder y distancia social. En Chile, por ejemplo, el uso del soborno como pago por la obtención de un permiso gubernamental evita la relación personal y enfatiza la asimetría entre el status social del empresario y el del funcionario administrativo.

La antropología cultural muestra numerosas instancias que contradicen la definición del dinero como un medio impersonal para todo propósito de intercambio. En muchas de las sociedades primitivas se le da un uso monetario distinto a diferentes objetos, algunos de los cuales quedan restringidos a circuitos particulares de intercambio. Las funciones básicas que supuestamente cumple la moneda como medio de cambio, unidad de cuenta o acumulador de valor, son asignadas a diferentes objetos.

Entre los Peul del Sahel, las vacas constituyen el signo de riqueza por excelencia. A pesar de las horribles hambrunas que azotan esa zona del desierto africano, los peules nunca venden sus famélicas vacas. Los círculos de piedras gigantescas de aragonita de los Yap de la Micronesia tienen varios metros de diámetro y pesan una cuantas toneladas. A pesar de ser monedas de uso, casi nunca se las intercambia o se las lleva a otro lugar. Son símbolos de riqueza que permanecen inmóviles en las tierras del propietario o a kilómetros de distancia si son demasiado pesadas para moverlas. Su valor es tan alto que no pueden ser utilizadas para el comercio cotidiano donde predomina la permuta.

Entonces, con todas estas restricciones en su uso, si no sirven como medio de pago, si no son divisibles y tampoco transportables, difícilmente podemos considerarlas un medio de intercambio o llamarlas dinero. Las preciadas piedras de los Yaps son, sin embargo, un medio de atesoramiento, un símbolo de riqueza y un estandar de valor. Pero ¿qué tipo de valor? Concluida la segunda guerra mundial, algunos directores de museos norteamericanos quisieron adquirir algunas piedras.

El precio asignado en dólares fue tan alto que las hicieron incosteables. Lo más interesante es que la posesión de las valiosas piedras no implicaba diferencias en los signos exteriores del nivel de vida de los acaudalados propietarios con respecto al de sus desposeídos vecinos.

Aunque las modalidades económicas de las sociedades sin escritura pueden parecernos alejadas de nuestra realidad presente, ellas ofrecen una perspectiva antropológica para entender algunos comportamientos del hombre moderno. En los países con economías inestables abunda lo que podríamos denominar una psicología financiera de comportamientos estancos: una cultura donde los actores económicos han trazado una clara e infranqueable frontera entre sus bienes en el extranjero y sus activos en el país de origen.

Los depósitos de divisas en el exterior tienen un objetivo distinto y son manejados de manera muy diferente al de los ingresos en moneda nacional. Son, de hecho, tratados como si pertenecieran a otra persona totalmente desligada de las vicisitudes financieras del sujeto en el país de origen. Estudiando en Suiza recibí la visita de un amigo venezolano. A pesar del total hermetismo con que habitualmente maneja sus asuntos financieros, me enteré por azar que él y su familia mantenían desde hacía muchos años en Zürich depósitos a plazo fijo por el orden de los 8 millones de francos suizos.

El dinero no había sido tocado sino para incrementarlo y era apenas la tercera vez que él viajaba a Zürich para atender personalmente algunos detalles de su inversión. En Venezuela mi amigo mantenía un alto nivel de vida pero de ninguna manera representativo de la magnitud de su fortuna. Vivía en un apartamento lujoso, pero alquilado, tenía una ]ancha, pero no un yate, y sus negocios eran prósperos aunque no particularmente pujantes.

En una época de crisis aguda con serios apuros económicos en que una pequeña inyección de capital hubiera sacado exitosamente a flote uno de sus negocios, mi amigo jamás se detuvo a considerar la posibilidad de utilizar una ínfima parte de sus depósitos en el extranjero, prefiriendo el fracaso y la quiebra de la empresa afectada. Una suma de dinero mantenida en secreto, oculta y distante, que no se utiliza para el intercambio y adquisición de bienes y servicios, que no altera los signos exteriores del nivel de vida, que no se usa para obtener prestigio, éxito o poder, que permanece inmóvil en un lejano país que su poseedor apenas visita, ¿no es, acaso, un símil occidental de los círculos de piedra de los yaps?

 

El uso de la moneda se rige por muchos patrones, sean estos hereditarios, sexuales o rituales. Los habitantes de la isla Rossel en el Pacífico tienen dos tipos de moneda, el ndap y el nko, que se diferencian entre sí por el número de conchas de moluscos que contienen. El ndap es dinero de hombres. El nko es femenino. Los circuitos de intercambio son parcialmente definidos por el sexo y están rodeados de un aparato ceremonial. Los sistemas monetarios de las sociedades sin escritura parecen muy alejados de nuestra realidad occidental, pero cuando el ama de casa moderna, saturada de maternidad, comienza a ejercer su profesión y decide que el ingreso producto de su nuevo trabajo es para comprarse ropa y satisfacer sus propios gustos y caprichos, mientras que los ingresos del esposo son los destinados al funcionamiento habitual de la casa y la familia, ¿no estamos frente a un circuito monetario definido por el sexo?

Los habitantes de las islas Trobiand tienen una estructura monetaria regida por la ceremonia de intercambio denominada Kula. El mwali, brazalete de conchas, y el soulava, collares de concha, conforman sus dos tipos de moneda. No hay diferencia numérica de valor entre ellas y el intercambio de uno por otro se rige por patrones hereditarios. La ceremonia del Kula no tiene fines económicos, no hay regateo comercial.

 El intercambio con los vecinos funciona de manera continua durante años en un circuito donde los brazaletes van en el sentido del reloj y los collares en sentido contrario. Al margen de la dignidad de la ceremonia, en la periferia, se instala el mercado para la permuta de mercancía. Por ello Malinowski, siguiendo la ortodoxia económica, consideraba que los objetos transados en los rituales Kula no son dinero. Son, sin embargo, bienes altamente valuados y en continuo intercambio. En Nueva Caledonia existían diferentes signos monetarios aunque el comercio se llevaba acabo básicamente por medio del trueque. Algunas de esas monedas eran conocidas por un limitado número de personas.

La más valiosa de todas, el miu bwarre, dinero negro, es una concha utilizada exclusivamente para regalar a los jefes o pagar las multas. Es altamente apreciado, a pesar de que muchas personas jamás lo han llegado a ver. El dinero blanco, o miu me, servía para comprar algunos bienes como esposas o canoas y era el usado en transacciones comerciales. Existían diversos tipos de dinero blanco. Entre los habitantes de las islas Palaos, las más occidentales de las Carolinas en el Pacífico Sur, el valor de la moneda depende de su historia, calidad y tamaño.

 La moneda más valiosa es el ba'al, poseída sólo por las familias de abolengo y más alto rango. El ba'al no se emplea en las transacciones de cada día sino que está reservada para ciertas ceremonias importantes como el pago a la familia de la esposa en ocasión de su muerte. Es un indicador de prestigio y rango social y el esfuerzo por mantenerlo en la familia da lugar a denodadas negociaciones e intrigas.

En síntesis, los registros antropológicos demuestran que en las sociedades ágrafas no es unitario el concepto de una moneda legal generalizada y existe, en su lugar, un conjunto de bienes valuables usados con objetivos específicos y significados diversos, sean éstos económicos, religiosos, ceremoniales, rituales, sociales o mágicos.

1 MASLOW, Abraham H. Motivation and Personaliy. Harper, New York, 1954.

2 SCITOVSKY, Tibor. Frustraciones de la riqueza. La satisfacción humana y la insatisfacción del consumidor. Fondo de Cultura Económica, México, 1986.

3 JUNG, Carl Gustav. Collected Works. Bollingen Series XX. Princeton University Press. Princeton, N.J. Vol. I-XX.

4 LOMNITZ, Larissa Adier. "Informal exchange networks in formal systems: A theoretical model". American Anthropologist. Nº 90, 1982, Pp. 42-55.

5 MAUSS, Marcel. The Gift. Forms And Fundons Of Exchange In Archaic Societies. Cohen and West Ltd., London, 1954.

Fuente: Libro el Complejo del dinero, 2º Edición, Axel Capriles, Ediciones BXEL, Capítulo III, La materialización de lo abstracto, pag.43-57.

 

 

 


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