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![]() Del libro: Una Oración por Todos LaberintoMaría J. Bustamante Cuenta el mito que PASÍFAE, esposa de MINOS, rey de Creta, le fue infiel con un precioso toro blanco -¿vendrá de entonces la expresión "montarle cuernos"? - y para esconder el vergonzoso producto de aquella infidelidad, bestia mitad hombre y mitad toro - MINOTAURO - Minos lo encerró en el laberinto construido por DÉDALO. Dédalo era un arquitecto considerado el artista completo porque pudo transformar la pasión en arte, se dice que fue el primero en sustituir en las embarcaciones los remos por las velas. La palabra laberinto proviene de una lengua anterior a la griega y el edificio cretense fue inspirado en el fayud egipcio, construcción de DOCE palacios de doce puertas cada uno, seis al norte y seis al sur. Un mismo muro rodeaba toda la edificación de MIL QUINIENTAS habitaciones sobre los cimientos, duplicadas en otras mil quinientas bajo tierra; en los extremos había pirámides altísimas, muy oscuras, llenas de rodeos, encrucijadas, curvas y pasajes que hacían dificilísima la orientación e imposible la salida. Al MINOTAURO se le entregaban anualmente siete jóvenes y siete doncellas atenienses, tributo que la ciudad de Atenas tenía que pagar a Minos por haber perdido ante él una batalla. Entre estos jóvenes llegó una vez al laberinto el héroe TESEO. ARIADNA, hija de Minos, se enamoró de Teseo y antes de que entrara en el laberinto amarró al pie del hombre un HILO de su madeja. TESEO llevaba además ceñida a su cabeza la luminosa diadema de oro que ANFITRITA le había regalado. Ayudado por la luz de su CORONA no se dejó sorprender en la oscuridad por el monstruo y logró matar al MINOTAURO. Gracias al hilo que lo conectaba a ARIADNA pudo encontrar la salida para volver a la claridad.
Otra maraña es el amor imposible. La grande passion, como dicen los franceses. Romance trágico o Amor Brujo que permanece indeleble por ser imposible. Uno se enamora a destiempo, de la persona que no es y en el espacio que tampoco es. Sobrevive en medio de la ansiedad, el calor y la nostalgia del deseo nunca satisfecho. Traiciones, excesos y prohibiciones del amor imposible que puede marcar para siempre la vida sin llegar a realizarse... Pero el amor posible puede ser también laberinto, ya que tiene muchas formas, muchos atuendos e infinitos disfraces. EROS, nos dice Platón en EL BANQUETE, es hijo de PENIA, la escasez y de PORO, la abundancia, por eso siempre necesita más y siempre tiene algo que dar (si nos detenemos en este pensamiento entraríamos en encrucijadas más intelectuales: los lenguajes de la mitología, la filosofía, las ciencias y las artes, pero esto lo dejo para los eruditos). El divorcio. La vida provisional. Los "mientras tanto" que consumen días, horas y noches en eterno esperar ante puertas entrecerradas. La homosexualidad y su enjambre de complicaciones. Las enfermedades crónicas. La amargura feminista con sus muchas veredas y bifurcaciones. La drogadicción, el alcoholismo. El fracaso, el triunfo, la derrota, los reveses de la fortuna, la vehemencia militante y la indolente soberbia. Las relaciones de VAMPIROS, ¿Quién no ha esquivado o atravesado alguna vez alguno de estos laberintos? Esas relaciones donde una persona chupa la esencia de otra, huésped que vive de la sangre del anfitrión y le succiona la vida. Si éste no logra ver luz pronto, cuando caiga en la cuenta lo único que habrá aprendido será también a comerse a otros. No hay laberinto más tupido ni de más profusas ramificaciones. Los vampiros viven en la oscuridad, rechazan la luz y pueden parecer muy amables porque cuelgan juntos de los techos de las cuevas cual afectuosos vecinos. Parecen frugales, pero se alimentan de la sangre de quienes no pueden defenderse. La apariencia es muy importante para estas personas, por eso acechan nocturnos para no dejarse ver y si se les ilumina huyen despavoridos o atacan furiosos. El dinero en sí mismo no es un laberinto, pero vuelve monstruos a quienes lo honran como valor absoluto, esto no tiene nada que ver con ser rico o pobre, el enredo no es tener poco o tener mucho, la desviación comienza cuando no se distinguen las monedas y se confunde a Dios con el Cesar y al Cesar con Dios. El Evangelio, por cierto, está lleno de parábolas que ilustran asuntos pecuniarios: la de los talentos, los denarios, las jornaleros que se disgustan al enterarse de que los que llegaron a trabajar en la tarde les pagan lo mismo que a los que empezaron a trabajar en la mañana, los mercaderes en el templo... Si uno no es capaz de percatarse de un enredo emocional que corroe y erosiona por dentro, la situación trasciende y se vuelve destino. Cuando uno se empeña en no reconocer que es un VAMPIRO consigo mismo, se hace más fácil encontrar vampiros en todas partes... También puede pasar lo contrario: el infortunio y los terremotos sociales sacuden y agobian de tal manera que invaden el alma y roban la armonía. Cualquier cosa puede ser un laberinto: las redes familiares o políticas que se vuelven marañas, la agresividad infantil que en forma de furioso vendaval convierte a los papás en muñecos porfiados - constantemente manipulados - incapaces de mantener en el hogar la más elemental disciplina. Las ideologías, la protesta sistemática, las relaciones laborales, la empresa, los combates de poder - ¡siempre! -, las luchas económicas... situaciones que porque adentro carcomen, afuera confunden. Descubrirnos en un laberinto es el motivo más frecuente para buscar ayuda psicológica. El monstruo no puede vencerse desde afuera. TESEO logró su hazaña metiéndose en el laberinto. Hay que advertir la oscuridad, el peligro, el momento, el dolor, la confusión y la necesidad de ayuda. Muchas veces sufrimos por no querer sufrir y nos enredamos por causa de los rodeos, trampas y escondites que inventamos para no tener que admitir una situación difícil, dolorosa e inesperada. Para esquivar la emoción que nos acecha inventamos cascos metálicos, chaquetas de fuerza o protectores aislantes, sin darnos cuenta que la emoción es precisamente nuestro mejor recurso. Por eso, la primera pregunta del psicólogo es, invariablemente: "¿cómo te sientes?". La emoción es la forma más alerta de atención: la rabia advierte agresión, el asco nos aleja de lo corrompido, el deseo reconoce la belleza, el temor avisa peligro, la ternura nos acerca al sentimiento, la compasión responde a la necesidad ajena. Si las admitimos, las consentimos: sentimos con ellas, las emociones pueden encauzar la acción y la energía, pero demasiadas veces su fuerza nos confunde por desconocida y las convertimos en secretos... Los secretos que encerramos en el laberinto se vuelven bestias que comen gente y nos encierran ellos a nosotros. Los secretos que guardamos de nosotros mismos nos hacen rechazar y condenar a cualquier persona que atisbe su existencia. Pueden generar venganzas o rencores enconados que, COMO TIFÓN, son capaces de convertirse en huracanes. El verdadero laberinto humano son los sentimientos, las emociones que nos atrapan y nos cercan. Esas emociones enormes que los antiguos llamaron pecados capitales - capitales porque son cabeza de muchos otros: ira, soberbia, envidia, gula, avaricia, pereza , lujuria -. Estos excesos - pecados - son tan humanos como las virtudes, las cualidades, atributos o bondades. Llamarlos por su nombre y aceptar que muchas veces nos poseen y son más fuertes que nosotros es menos engañoso que utilizar nombres técnicos. La envidia es un deseo de lo que el otro tiene o rabia ante su bienestar. Los celos son temor de que alguien nos quite lo nuestro (pueden convertirse en avaricia si el temor es a que se reduzca el patrimonio). Son sentimientos distintos y ambos son demasiado frecuentes. Carcomen el alma y rigen la conducta. Donde hay celos hay problema de valores, dificultades para descifrar qué es lo que realmente se desea, qué es lo ideal y a qué o a quién se rinde servicio. Los sociólogos definen valor como lo considerado deseable, aquello que nos hace sentir valiosos. La definición de San Pablo es más universal.- "Donde está tu tesoro, allí está tu corazón". El celoso no sabe bien dónde está su tesoro y por eso lo imagina siempre en peligro, siempre amenazado. Ni la envidia ni los celos tienen nada de noble; cualquiera de los dos sentimientos puede hacer sentir muy mal a su dueño, pero, curiosamente, se les tiene un peculiar apego: el celoso obtiene un cierto placer de sus perennes sospechas y el envidioso se alimenta secretamente de lo que codicia, ¡por eso es que son laberintos! porque paralizan y no dejan salida. Luego volveremos a hablar de ellos, pero ahora lo que quiero enfatizar es que también estos sustantivos han sido dispensados del léxico académico. La psicología científica los trata como adjetivos, es decir, como añadidos no necesarios. Se habla de disfunción matrimonial en vez de traición o infidelidad (cuernos). En algunos manuales a la rabia se le llama desadaptación, al robo conducta inapropiada, al egoísmo o la mezquindad inmadurez afectiva, del codicioso se dice que presenta alteraciones conductuales, al orgullo se le coloca entre los mecanismos de defensa y a la envidia se le llama insatisfacción - la definición del catecismo era "dolor del bien ajeno" -. Estas traducciones a definiciones operativas surgen del académico desprecio al lenguaje religioso, ¿Moral? y de la prescripción científica de un léxico neutral, se hacen con el fin de poder medir el progreso en la modificación de la conducta y medir los avances hacia la adecuación de lo que previamente se ha definido como inadecuado; pero son sumamente engañosas porque crean una falsa ilusión de control, de dominio, y porque al despojar al alma de la pasión reducen la energía que es la propia fuente de transformaciones. En el terreno de los sentimientos el lenguaje técnico es muy incompleto, puede volverse una peligrosa distorsión y hasta casi un insulto. El apelativo de variable independiente no define jamás lo que es una familia, es desdén llamar secamente sujeto a un chiquillo travieso; la muerte del papá no es otra estadística, sino una tragedia y a la riqueza y el entusiasmo de una sobremesa no se le hace justicia al describirla como flujo afectivo. A la pereza se le llama cansancio y a los celos comportamiento disociado, celotipia o desequilibrio de la pareja. Todo esto para quitarle fuerza al léxico brutal e inequívoco de la emoción, del instinto y de la irracionalidad que en la persona conviven junto a lo racional y lo sublime, parte también de nuestro equipaje divino. Al quitarle fuerza se reduce la culpa, palabra que asusta - aterra - tanto a la moderna psicología científica, que los psicólogos la convirtieron en complejo de culpa. Vuelvo aquí a acordarme de mi colegio: en aquel entonces el remedio para las culpas y el remordimiento era "examen de consciencia, dolor de corazón, propósito de enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia"... A través de estos escalones se podía acceder al perdón divino y humano, pero ahora se invoca primero el derecho de "vivir la nota", el "proceso", la "energía universal" o lo que está escrito en las estrellas para reducir la responsabilidad personal y se apela luego a los milagrosos tranquilizantes y psicofármacos cuando no a las drogas -. Se entroniza así la pueril fantasía de que todo es curable, adaptable, corregible y se opera dentro del espejismo de que los vicios pueden sanarse, eliminarse o adecuarse. Es importante recordar aquí que los únicos que tienen algo de éxito en el control del alcoholismo son los Alcohólicos Anónimos, quienes empiezan por admitir que el alcoholismo es una enfermedad incurable. La tarea del psicólogo es descubrir la fuerza y el trayecto de la pasión que nos posee, atreverse a acercarse a ella, aceptar su irracionalidad y su desproporción, ver todas sus facetas - hacer exactamente lo que quien consulta no ha podido hacer consigo mismo - para invitar entonces al control, buscar la manera de rodear y burlar al monstruo. Para hacer esto se requiere, desde luego, no ignorar ni negar las propias pasiones y acercarse a las fallas o los excesos del otro con la compasión que sólo puede sentir quien se sabe también presa segura de las mismas pasiones. Y el asunto del lenguaje sigue siendo crucial para facilitar o entorpecer el acercamiento: ante la envidia o la traición o el desprecio yo puedo sentir rabia, dolor, asombro... y desde allí reaccionar con mi propia emoción y mi disposición a entender o compartir y respetar o ayudar; pero ante el comportamiento inadecuado o la familia disfuncional o las policarencias... sólo puedo quedarme en la luna, y si acaso atreverme a preguntar: ¿Y eso qué es?... o retirarme en sigilosa reserva. Es precisamente en el esfuerzo de ignorar o disfrazar de tecnicismo lo que incomoda, maltrata o avergüenza donde se tuerce la energía y surge la perversión - palabra que literalmente quiere decir poner a un lado nos llega del griego para que significa al lado de, alrededor (mismo prefijo de paradoja y de parábola), pasa a través del per latino y allí se junta con verter: girar, dar vueltas, cambiar Esta palabra perversión, tan imagen que su propia etimología es un curioso giro, se usa cada vez menos en los textos técnicos y tiende a desaparecer de los manuales diagnósticos de la psicología científica. Las definiciones operativas son útiles desde el punto de vista técnico , a modo de jerga taquigráfica entre expertos cuando se trata de modificar la conducta, pero cuando se trata de cuidar el alma y querer ser mejores nos hace falta mirar más a la mitología - psicología antigua - para descubrir que en aquel ámbito de los orígenes del lenguaje no había miedo de llamar las fuerzas y pasiones por su nombre propio; en vez de normas morales había entonces lealtades inviolables, fuerzas naturales; allí todos los actos tenían consecuencias siempre visibles para dioses y mortales. Lo que llamaríamos hoy "inmoral" era lo que se hacía a destiempo y la armonía era el concurso de todos los dioses en constante vigilancia de las fuerzas titánicas. Por eso entre los griegos no había culpa. El MINOTAURO es la consecuencia de un simulacro, en él concurren la belleza, la pasión, la mentira, la soberbia, la ingenuidad, los celos, la fuerza animal, la astucia, el sentimiento y el intelecto humano, los apetitos, la salud, el poder, lo desatado y lo contenido. Su genealogía es la misma de nuestros propios monstruos interiores. Para vencerlo hace falta un héroe: ser a un tiempo divino y humano y es necesaria la oración: hablar, hacer discurso, rezar, rogar, solicitar, reconocer a viva voz lo que tenemos y lo que necesitamos. Oración como el ruego de ARIADNA, la solicitud oral de los recursos invisibles que uno descubre en la conversación íntima, la invocación de lo divino que pueda guiarnos en los oscuros pasajes subterráneos sin evadir el riesgo que implica cualquier lucha. Nunca me olvido de la respuesta de una joven colega cuando le pregunté acerca de su internado rural en medicina: después de un silencio y en tono de conmovedora sencillez, me contestó ,,aprendí a rezar"... Jung también dijo: Para bien o para mal, el doctor tiene que enfrentarse al sufrimiento inmediato y en última instancia no tiene nada en qué apoyarse sino el misterio de la Divina Providencia (CW 18, § 1578). Silencio y oración quieren ser aquí mensaje y amuleto para tener siempre a mano. Ante las puertas de nuestros laberintos la solución no está en pasar de largo ni en ir más lejos, sino más adentro. TESEO venció al monstruo con su fuerza, la luz de la diadema de ANFITRITA y la oración que el amor de ARIADNA convirtió en mágica ayuda vuelta hilo que lo condujo ala salida. Sin una conexión, por lo menos una relación, no se puede salir del laberinto. Esto es verdad siempre- la conexión es absolutamente indispensable, es ella la que ayuda a transformar la culpa en guía. Tengo un amigo maestro que suele decir "nunca digas nunca y nunca digas siempre, sabia máxima; sin embargo del laberinto nunca se puede salir sin una conexión de la memoria, del alma o de la imaginación - esto es verdad siempre - y no son suficientes los elementos racionales o intelectuales por brillantes que puedan ser (la corona), hace falta un nexo emocional sólido. Para facilitar esta conexión a veces servimos los psicólogos. TESEO le había dicho a ARIADNA que se casaría con ella cuando ésta prendió el hilo de su tobillo, pero la abandonó en la isla de KNAXOS para ir tras EGLÉ, otra mujer a quien amaba. Así es la pasión de los héroes, ellos dicen que los besos no son promesas, están siempre anticipando nuevas hazañas y no creen que la gratitud sea moneda para corresponder al amor. Su amor propio (otra expresión anticuada) tiene pocos límites y nos muestra cuántas veces las fuerzas de la vida trascienden todas las promesas. El reto es lo que mueve al héroe, la ilusión de triunfo, de control, de libertad y omnipotencia: el poder. Por eso sus amores son a menudo pasajeros. EROS es conexión, relación, mientras que el poder es dominio e independencia. El amor se rinde y el poder reta, juntos no pueden convivir. TESEO en la embriaguez del glorioso regreso, olvidó la contraseña que había acordado antes de partir: cambiar las velas negras de su barco por velas rojas. Al divisar de lejos la nave con las velas negras EGEO, su padre, creyó que TESEO no volvía, se mató por equivocación y desde entonces el mar tomó su nombre. ARIADNA se unió a DIONISO, hijo de SEMELE y de ZEUS. DIONISO es el dios del vino y de la emoción (BACO para los romanos) el último en entrar al Olimpo, único dios hijo de una mujer mortal y también el único de los Olímpicos que toda su vida fue fiel a una sola mujer. Los psiquiatras dirían que esta inaudita fidelidad tiene su génesis en la frustrada relación con su madre, a quien le unió siempre eternanostalgia, pues el dios nunca la conoció; pero estas interpretaciones contemporáneas son harina de otro costal, ¿mitopsicología?.. No hay que olvidar que a veces son justamente las interpretaciones génesis inadvertida de nuevos laberintos. Fuente: Libro "Una Oración por Todos, materia muy confidencial", de María J. Bustamante, Fundación Polar, Laberintos, pag 107-119.
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