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PRIMERA PARTE El arte hacia la búsqueda de lo real "El arte es la dialéctica de toda actividad que aspira u instaurar unos objetos propios para actuar poisu solo aspecto sensible... el arte, dentro de una sociedad dada, es el conjunto de los trabajos que aspiran a satisfacer las necesidades estéticas de esa sociedad..." Éthienne Souriau Durante el Renacimiento, un artista florentino llamado Filippo BrunelIeschi realizó un descubrimiento que dominaría y, transformaría las líneas del arte durante los siglos subsiguientes: la perspectiva lineal. Según Gombrich, ni los griegos ni los pintores helénicos que llegaron a dominar las técnicas para crear la ilusión de profundidad en sus pinturas, pudieron hallar las leyes matemáticas a través de las cuales "los objetos parecen disminuir de tamaño a medida que retroceden hacia el fondo" (1). Sin duda, el descubrimiento de esta técnica, que permitía dibujar un largo camino con casas que retrocedían en la pintura hasta perderse en el horizonte, significó un invalorable hallazgo que revolucionó el arte de aquel tiempo y marcó, definitivamente, los fundamentos que perfilarían la historia de la pintura hasta el siglo XVIII: la carrera por acortar las distancias entre representación y realidad. Todo el desarrollo histórico y técnico de la pintura y la escultura, se centró desde entonces en la necesidad de que " el arte fuera sincero para la vida y fiel a la naturaleza". (2) De esta forma, nos encontramos con siglos de trayectoria dominados por un arte mimético cuya finalidad principal era igualar al mundo, recrearlo. Esta trayectoria implicó, además, la profundización en las formas y las técnicas necesarias para lograr ese electo de realidad tan anhelado, lo que significo un arduo camino plagado de innumerables investigaciones y esquemas que permitiera a los artistas conseguir la veracidad de la figura en el espacio, logrando cine el espectador pudiera introducirse en la ilusión de creer que el acabado de lo que estaba expuesto en un lienzo o en una escultura frente a sus ojos era real, Fue éste el camino que recorrió el arte durante siglos, y, que le arrojó, básicamente, en un único ideal estético que dominaría todos sus pasos: la verosimilitud, la realización y construcción de ese fantástico ilusionismo que Gombrich llarriaría "el milagro de la mímesis".
Sin embargo, a finales del siglo XVIII, con la entrada de la Modernidad y el cambio de mentalidad que supuso para el hombre la Revolución Francesa, comenzaron a gestarse también, aunque lentamente, grandes transformaciones en el arte. Los primeros signos se detectaron en un cambio en las temáticas de las pinturas. Los artistas decidieron comenzar a pintar temas que tenían que ver con algún suceso histórico del momento, con una escena teatral o con algún motivo que estimulara sus intereses y sus fantasías, alejándose de aquellos temas convenidos por la tradición que se centraban en la representación de escenas mitológicas, bíblicas o alegóricas. De esta forma, encontramos artistas que se ocuparon en explorar nuevos temas. Goya, por ejemplo, no sólo se distanció de la ya agotada tradición temática tan fiel a la naturaleza, sino que se adentro en representaciones donde reveló un mundo fantástico lleno de monstruos y apariciones que parecían plasmar sus más terribles pesadillas, utilizando para ello, los medios de una nueva técnica pictórica llamada aguatinta, que permitía grabar las líneas y crear manchas. De igual manera, otro pintor, poeta y, mistico ingles llamado William Blake, rechazaría por completo los principios de creación del electo de realidad que proponía la Academia, para sumirse por entero en la revelación de su mirada interior. Este, artista realizó innumerables grabados que plasmaban un mundo onírico y enigmático, y, aunque fue considerado por sus contemporánecos come) un demente, cimentó (junto a otros artistas como el Paisajista Turner, que plasmó en sus cuadros electos llenos de luz, revelando su dramática visión de una naturaleza en cons-tante movimiento) las bases de una evidente ruptura con la tradición. Ruptura que consistiría, principalmente, en la libertad del artista para plasmar sobre el papel sus visiones, sus espejismos, sus pesadillas, su percepción acerca de una realidad que no era tan solo el encanto de un mundo poblado por ninfas, centauros, santos, pastorcitas, encantadores paisajes y mártires sacrificados, sino también el horror de un mundo plagado de transformaciones, de guerras, de avances, de pasiones y desvaríos. Será ésta, entonces, la nueva tendencia que dominará el arte del siglo XIX y que desembocará en las vanguardias de nuestro siglo XX: la ruptura con la tradición y sus antiguos modelos de imitación de la naturaleza. Para ilustrar parte de este recorrido, encontramos dos movimientos fundamentales que durante el siglo XIX terminaron de perfilar los nuevos fines del arte. En primer lugar, el Realismo, con pintores como MilIet y, Courbet, que se dedicaron a profundizar en la representación de una realidad que plasmara la vida y el que hacer cotidiano de campesinos y trabajadores en sus arduas faenas, y aunque esto pueda parecer un retorno al efecto de realidad que buscara el arte del pasado, la diferencia fundamental radica en que las representaciones del realismo no revelan un mundo de trabajadores sublimes y encantadores, sino un mundo tal cual es, con sus miserias y probrezas, con campesinos doblegados por el del duro trabajo (4). En segundo lugar, el Imprcsionismo, que con pintores como Manet y , Monet, exploro las posibilidades de la luz intentando atrapar la fugacidad de instante cuya iluminación varía constan mente por diversos factores (el paso de una nube e) el recorrido del sol). Para ello, los impresionistas utilizaron rápidas pinceladas que no se detenían en la perfección del detalle y, que intentaban atrapar el efecto general de un momento específico. Con esta nueva técnica, los impresionistas no solo plasmaron la veloz transformación de la luz en sus paisajes, sino también en momentos de la vida cotidiana, como una carrera de caballos o la partida de un tren. Ahora bien, lo importante de estos ejemplos es destacar el cambio en las funciones del arte y el desarrollo de nuevos fines. Evidentemente, al entrar el siglo XX, ya la pintura había trasladado sus ideales estéticos de una copia fiel de la realidad a representaciones que dejaron de resaltar el objeto artístico como tal, para preocuparse no por el acabado y la forma, sino por el proceso, por la visión del artista, por una obra que revelara la percepción de un mundo que no se encontrara signado y limitado por pautas temáticas y, antiguos cánones de belleza; colocando el acento en un proceso artístico que fuera capaz de desmantelar una realidad penetrada por el movimiento, por el horror, por el cambio y por la transformación constante. Y es precisamente en este recorrido, donde aquella vieja idea de que el arte debía ser fiel a la naturaleza comenzó a resquebrajarse, encontrando su máxima expresión en las vanguardias de nuestro siglo, que irrumpieron con paso firme en la historia del arte, ocupándose en deconstruir, es decir, en desvanecer paso a paso, las estructuras de los principios de ilusión de realidad y los parámetros de verosimilitud que habían acompañado al arte durante miles de años.
A la par de estos movimientos os que con una postura crítica confrontaron los esquemas de su tiempo, otras tendencias trabajaban de igual manera en encontrar nuevas formas de representación que permitieran expresar la atomizada y convulsa realidad a la que se enfrentaba el hombre del siglo XX. El se preocupo por transformar el objeto de su representación a merced de resaltar los estados de animo que el artista tuviera en su percepción de una deteminada realidad o durante ¡a realización de sus pinturas, de esta forma, artistas como Van Gogh y Edvard Munch, revelaron con ardor en sus cuadros el sufrimiento humano, a través de figuras y paisajes deformados por la pobreza, la tristeza, la pasión y la violencia. Por otro lado, el Abstraccionismo, reaccionando tambien ante la dominante histórica de la representación objetiva (le la realidad, presenta en la primera acuarela abstracta hecha por el] 1910, una Pintura con ritmos rotativos a Partir de manchas, colores y elementos gráficos de valor emocional, con la que intenta encontrar un lenguaje expresivo que se acercara a la emotividad y el sentir de las masas, Por la misma época, el Cubismo, de la mano de Braque y Pablo Picasso, se planteaba revelar los problemas de interpretación del objeto de representación artistica: simultaneidad de puntos de vista y recomposición geometrica en nuevos ordenes nuevos ramos sucesivos. Lo cierto es que, aunque las tendencias de la primera mitad de nuestro Siglo variaran en sus formas y estrategias, todas convergían en un mismo punto. Cubismo, Futurismo, Expresionismo, Dadaísmo y son tan solo las diversas calles de una avenida que atraviesa imparable todo el arte del siglo XX, y que no es otra que la ruptura definitiva con la tradición artística del pasado, materializada en la lucha perenne contra el uso de los medios de expresión convencionales, en la deconstrucción del objeto artístico considerado más allá de su finalidad última, y en la intención clara de revelar la continuidad heterogénea y fragmentada de un inundo desintegrado. Las nuevas funciones de la obra de arte acabarían de perfilarse en los años sesenta. A la luz de las experiencias vividas durante cincuenta anos de rupturas, se terminaría de dar el último paso, y dejando de un lado los contenidos emotivos y, la necesidad de transmitir deformantes estados de ánimo, los ¡mes últimos de la reptesentación artística serán trasladados al ámbito de las ideas, las teorías y, los conceptos, Tres movimientos fundamentales marcarán la pauta de esta nueva relación. En principio, el Op Art, corriente artística surgida en 1965 con la exposición The Responsive Eye, celebrada en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde participaron Victor Vasarely, Carlos Cruz-Diez, y A. Reinhart, entre otros. Estos artistas se especializaron en un hecho tan genérico como el problema óptico y la manera en que los fenómenos ópticos podían producir variados impactos en la percepción visual del espectador, modificándolo y desestructurando su campo de visualización cotidiana de la realidad. Tenemos también el Pop Art. que se conoce como movimiento desde 1902 y cuyo máximo representante fue el reconocido Andy Warhol. Este movimiento se encargó de presentar irónica y sarcásticamente una realidad cotidiana dentro de los mitos consumistas de la cultura de masas, incluyendo en sus representaciones aquello que algunos de sus integrantes consideraban "objetos hostiles imbuidos de poder" como afiches publicitarios, hamburguesas, camisas, desnudos, secadores de peluquería, etiquetas, el rostro de Marilyn Monroe o latas de conservas. Finalmente, tenemos el Arte Conceptual, desarrollado en la década de los setenta, entre cuyos representantes encontramos al artista norteamericano Joseph Kosuth. El arte conceptual fue un movimiento que se fundamentó en delinear el desplazamiento del objeto hacia el concepto, hacia la idea o, por lo menos, hacia la concepción de la obra. Revolucionó el acto creativo al transformarlo en el resultado de un proceso de distanciamiento de la inmediatez de las percepciones sensibles y de las representaciones particulares, elevando sus significados a una elaboración universal. Sus manifestaciones fueron muy variadas e incluyó metodologías de análisis y estudios de la percepción del espectador. Mezcló y utilizó diversas disciplinas artísticas en sus representaciones. Con el arte conceptual culmina el proceso de desmaterialización del objeto artístico. Lo importante de ahora en adelante no será la obra como copia fiel de la realidad, sino como medio de expresión, como proceso de revelación de entidades del pensamiento, del razonamiento y del sentir. De esta manera, la concepción de la obra de arte, tal y como era definida anteriormente, desaparece. No tardaron en sucederse las reacciones contra los procesos deconstructivos que había sufrido la estética de nuestro siglo, y la mirada apocalíptica de críticos, investigadores y artistas proclamaron la "muerte del arte" y catalogaron a los nuevos movimientos como zonas donde se regodeaba una creatividad pasmosa e infértil. Sin embargo, si nos detenemos cuidadosamente en el desarrollo del arte a través de los siglos, comprenderemos que la historia, el devenir humano y la estética son puntos inseparables de un mismo camino Si el hombre modifica su concepción del mundo, sus fines y su entramado social e intelectual, inevitablemente se modifican sus prioridades, su percepción, su dirección al observar, sus funciones y perspectivas con respecto al universo de relaciones y cosas que le rodean, lo cual modifica, por ende, sus herramientas y técnicas para decir, plasmar y revelar lo que las necesidades de su entorno le exigen. Por ello, lo que algunos llamaron la "muerte del arte", fue en realidad el punto primigenio a partir del cual se generaron nuevos niveles de significación estética, que redimensionaron y dieron nueva vida a las estructuras del arte en general; permitiéndole, de este modo, dibujar un nuevo entramado de relaciones que la obra, a través de la confrontación en la cual la colocaron los artistas de este siglo, desarrollaría y ampliaría, no sólo en su complejo diálogo con nuestro tiempo, sino también en un diálogo que se dirige al espectador, y que incluso plantea un enfrentamiento de la obra consigo misma, con su propia identidad y con su verdadera función. (1) Gombrich, Ernst H. Historia del arte, Madrid, Alianza Editorial, pág. 171. (2) Hauser, Arnold. Historia social de la literatura y el arte. Tomo III, Editorial Labor, S.A., pág 269. (3) Gombrich, Ernst H. Op. cit., Madrid, pág. 376. (4 ) A propósito del Realismo, Gombrich en Historia del arte expone que aunque pueda parecer extraño que este movimiento sea considerado como una revolución en la historia del arte, es importante tomar en cuenta que en la mayoria de las Academias prevalecía la idea de que los cuadros importantes debían representar figuras solemnes y relevantes, y que los campesinos y los obreros estaban destinados a formar parte de escenas menores poco dignas. taban destinados a formar parte de escenas menores poco dignas. Fuente: Guía de estudio 18, El recorrido de la obra hacia el arte digital, Fundación Museo Alejandro Otero.Investigación y texto Lorena González
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