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Vistiendo al movimiento
José Antonio Blasco
Vestir al cuerpo no es una diligencia fortuita. La sensible
naturaleza precisó de una ayuda exterior ante las inclemencias climáticas y
orgánicas, a la cual pronto un sentido ornamental se sumaría como requisito
condicionado por creencias, poder y fantasía. Pero, ¿cómo cubrir a un cuerpo
cuya premisa fundamental de acción es el exacerbado movimiento?
Durante la Edad
Media, el cuerpo fue sinónimo del pecado, estancia demoníaca de la cual el
hombre escaparía a través de la plegaria y la flagelación. El Renacimiento
llegó para despertar al ser humano de tan espinoso letargo, ganando el placer
terreno a la culpa. Las danzas de corte y populares concedieron pautas para que
el ballet clásico levantara el largo de las faldas con la intención de mostrar
pies y tobillos. La zapatilla de punta del siglo XIX exigió un recorte mayor
hasta llegar al tutú romántico y clásico para la bailarina, y ajustados
pantalones para el danzarín. Diaghilev y sus innovadores Ballets Russes fueron
más allá de la historia romántica tradicional para arrojar lujuriosos faunos,
muñecos con vida y mortales jugadores de tenis, permitiendo una singular mezcla
de fantasía y realidad.
Desde la revolución artística impuesta por lsadora Duncan en
este centenario que finaliza, la danza contemporánea aplica una nueva
concepción del espectáculo. Duncan rechazaría un cuerpo cubierto por fatuas
necesidades estéticas; reclamaba libertad absoluta para aquella materia móvil,
donde la belleza corporal brillara sin rivales como en la antigua Grecia,
referencia que la llevó a utilizar túnicas helénicas. Loie Fuller
impresionaría con volátiles telas, agitadas por extensiones artificiales en
sus brazos para crear alucinantes efectos visuales. Martha Graham, genio
indiscutible de la danza moderna, concibió el espectáculo como una reunión
afortunada de propuestas, y para sus emblemáticas obras, el gran Halston, padre
del estilo americano, crearía piezas únicas e irrepetibles, añadiéndole un
glorioso toque de glamour y belleza a las ideas expresivas de la célebre
coreógrafa.
Así el diseño del vestuario y accesorios adquirió una
importancia independiente pero íntimamente conectada al resto de ingredientes
que forman la receta escénica: escenografía, iluminación, música y
maquillaje entre otros. La historia continúa arrojando afortunados ejemplos de
esta conjunción; según las pautas de la moda y las exigencias artísticas, la
gama de opciones se extiende en una longitud sólo comparable a la imaginación
misma.
Venezuela no escapa de la fértil actividad dancística; hoy es
una de las plazas más fructíferas debido a la variedad de sus opciones,
liderizando la vanguardia creativa latinoamericana. Angel Sánchez, Efrén
Rojas, Armando Piquer, Pavel Mieses y Christina Giannini destacan en la recia
labor creativa que significa (des)cubrir un cuerpo en movimiento. Cinco
experiencias personales que en conjunto construyen una reveladora tarea
artística, cargada de ensoñación y funcionalidad.
Arquitecto y afecto a la moda desde la infancia, Angel Sánchez
comienza en 1986 su carrera como diseñador. Su oferta habla de sutiles
detalles, delicada elaboración y discreta elegancia, preocupación que no le
desvía de intereses más esenciales como su inclinación por la danza. Junto a
la compañía Danzahoy, ha realizado un trabajo fundado en la limpieza de trazo
y utilidad de los materiales. "Diseñar un vestuario que va a ser expuesto
a mucho movimiento es un reto atractivo y peligroso. Aprendí datos sobre la
distancia de la escena pues algo que se ve muy bien cerca, de lejos puede perder
su efecto, o entender que para teatro, el diseño sufre alteraciones, positivas
o negativas, en su realización. Trato de no imponer mi estilo de manera
estricta: propongo, sugiero y escucho lo que el coreógrafo desea, lo que
lentamente ha ampliado mi concepción de lo que es diseñar para danza.
Fémina
fue mi primer ensayo con Danzahoy, un trabajo más conceptual que no tenía nada
que ver con mi couture; en Travesía vestí las historias de sus maravillosos
personajes, y en Perfecto Amor sentí la influencia de lo que producía en ese
momento, una colección basada en el hechizo y la seducción". Angel
Sánchez confiesa las circunstancias de este oficio. "Retratar una época
de la historia no me interesa; me gusta probar algo completamente nuevo. Puede
ser que mi propuesta haya influido en el sentido de la contemporaneidad de la
escena, aunque es muy pronto para saberlo. El diseñador puede ayudar con la
publicidad del espectáculo, aunque también este trabajo hizo más popular mi
trabajo en otros ámbitos fuera de la moda. El público cuando ve una obra debe
saber que es el trabajo de un equipo ".
Artista plástico y diseñador gráfico, Efrén Rojas llega a la
danza para imponer un giro suscrito a los rasgos que le identifican como
artista: amante del equilibrio y la discreción, su estilo concilia el deseo
expresivo del artista con la noción práctica de esta disciplina, valiosa
cualidad que lo ha hecho merecedor del reconocimiento unánime de público y
creadores. Memorables son sus diseños para Luis Viana, Miguel Issa (Caricato en
Pena y Espuma de Champagne) y Claudia Capriles (Expulsada del Paraíso). Nada
escapa de su riguroso criterio, producto de una investigación que signa una
constante vital. Cada uno de los elementos que componen su misión, integran un
producto minucioso y en armonía con la propuesta artística, añadiéndole
según el caso ligeros toques dramáticos, líricos o anecdóticos.
Armando Piquer, luego de estudiar diseño en Caracas y realizar
una significativa pasantía en España, regresaría a Venezuela finalizando los
ochenta en medio de una crisis económica que abriría posibilidades laborales a
la industria local. En un reducido ámbito dominado por los legendarios Clement
y Meliet, Piquer comenzó a experimentar con piezas básicas del guardarropa
femenino, tentativas no exentas de equívocos que propiciaron futuros logros.
Hace casi dos años trabaja con Angel Sánchez como asistente creativo, y
presenta anualmente su línea personal, lo que le ha ganado un elocuente lugar
en la moda nacional. Con la reserva que lo caracteriza, explica como a través
de Rajatabladanza, el Ballet Nuevo Mundo de Caracas y Danzahoy, se arriesga a
diseñar para el movimiento.
"Desde siempre la danza puede conmoverme hasta
las lágrimas por su pasión y sensibilidad; recuerdo que de niño hubiera
querido ser bailarín. Por esto, y por apreciar el trabajo de la gente de arte,
fundado en la mística a pesar del poco apoyo económico, cuando me proponen
diseñar algo para un espectáculo, acepto encantado. Trato de vestir en escena
un concepto global, que puede ser abstracto aunque sigue las pautas del
director, del argumento y la psicología de los personajes. Mi obra parte de la
fantasía, aún cuando se concreta en la realidad. Esto lo hace más
divertido."
El nombre de Pavel Mieses comienza a sonar con insistencia entre
los devotos de la moda. Sus creaciones están presentes en diferentes puntos de
la ciudad, abarcando la heterogénea demanda de su clientela. Graduado en artes
plásticas y con inclinación hacia la pintura y escultura, Mieses concibe una
mujer de toques clásicos pero vigilante de lo actual, uniendo incisiones
asimétricas y cortes rectos, corpiños, drapeados y plisados con pinceladas
artesanales. En 1998 concibe para Noches de Saloon del Taller de Danza de
Caracas, una de las agrupaciones dancísticas con mayor tradición en el país,
un vestuario que profesa su calidad nocturna, interpretando la fascinación de
un tiempo de sombras. De igual manera, realiza para Yuri Cavalieri, codirectora
del Taller, un ligero atuendo para su solo Ave Rosa, túnica que semeja un
capullo en crecimiento. En ambos trabajos, Mieses tuvo como inferencia respetar
el trazo pronunciado en el espacio por los activos cuerpos de los danzarines,
sin que esto atentara con su impecable presentación. Telas como el poliester,
jersey, crepé, licra y muselina resultaron ideales para el fino acabado que
solicitaba.
Christina Giannini cierra nuestra selección por simbolizar la
fábula de los cuentos. Antigua colaboradora del Ballet Nacional de Caracas, es
la encargada de llenar las espigadas siluetas de sus integrantes con fabulosas
estelas de lo irreal. Príncipes o brujos, doncellas, reinas, seres
sobrenaturales o mitológicos, cada uno de los personajes de estas leyendas
estimulan su inagotable ilusión, esculpiendo con gracia y maestría la utópica
existencia de los sueños. Enumerar sus conquistas en esta gesta sería un
cometido de forzosa magnitud, pues Giannini, de origen italiano y radicada en
Nueva York, acoge de manera análoga el género clásico y moderno del ballet.
Tras años de oficio, conoce con exactitud los secretos del escenario,
aprendiendo a competir en efectividad con lo irrepetible y frágil de la danza.
Fuente: Complot magazine oct-nov
1999

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