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Lenelina Delgado

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Quienes hemos seguido el grabado en Venezuela notamos con preocupación cómo en los últimos años se ha ido debilitando la especificidad de su lenguaje. Ha sido un tiempo signado por la prisa, apoyado por el trabajo de impresores que resuelven al artista la necesidad de multiplicar su imagen. Hoy es frecuente que una pintura o un dibujo que para nada tuvieron que ver en su creación con la lengua o el habla del grabado- se conviertan en un tiraje de 10, 50 o 100 estampas. Y es ésta, la necesidad multiplicativa, la que parece haberse ido jerarquizando, en riesgo de tan necesaria disponibilidad creativa e investigativa del artista.

Haga lcick aquí para ampliarLa estampa final, así, se aplana y pierde calidades, aquellas que sólo la acuciosa mano del artista artífice puede hacer emerger el lenguaje específico del grabado. Así, cuando vemos la obra de algunos buenos artistas grabadores, nos alegramos doblemente, ya sea por la riqueza misma que la obra nos ofrece y por lo que ella tiene de señal de una indagación amorosa, de lento seguimiento del alma en la superficie de las cosas; por lo que tiene de querer saber, de querer hacer, de saber hacer…

Alirio Palacios muestra ahora sus grabados en cemento, en planchas de concreto armado o en sus grabados de madera en grandes formatos, en el Museo de Bellas Artes de Caracas. Indaga en las maderas y las presenta en un país como el nuestro, rico en variedad de árboles en nuestras selvas y campos, pero donde no se ha hecho xilografía, donde ha habido, fundamentalmente, tradición de grabado en metal o piedra litográfica.

Alirio había estudiado en los años 60 xilografía en Oriente y retoma, en 1995, la madera grande, del tamaño y la forma de las puertas, en la ciudad de Nueva York, y aborda ahora múltiples posibilidades:

  • Que el país de los jóvenes artistas sea estimulado a la indagación en las maderas, a conocerlas por sus fibras y superficies, a llamarlas por sus nombres, a integrarse en el oportuno movimiento de sus cortes y en el ritmo de sus ciclos.
  • Que el país de los jóvenes grabadores vuelva la tiempo anterior, al del tiraje y a la multiplicación; que goce con la materia prima del árbol y con la materia segunda de la xilografía; que sepa del grabado y del grabador; que pueda sostenerse, enfocar, seguir la veta del árbol en el taco tallado; que quiera tallar, precisamente, el estadio interior al producto final de la estampa xilográfica

Haga lcick aquí para ampliarAlirio Palacios está actuando aquí, como es lo usual en su vida, como un maestro. Y eso en un doble sentido: maestro-artista, aquél que ha llegado a un cierto ser, a un cierto lugar, a un momento de la vida y, por otra parte, maestros de otros, el que pasa, el que traspasa, transmite la formación y la información que él mismo ha recibido (esa lengua del grabado que recibió en Oriente y en Polonia y, reunida luego con su habla propia y personal, va a ser entregada a los demás como este lenguaje del grabado a la manera de Palacios). Historia… Y mano. Tradición… Y persona. El saber de los siglos… Y el saber del instante. Toda la cultura del grabado… Y esta precisa línea.

Pero más que un maestro de otros, Palacios ha sido un maestro de sí mismo, intuía desde muy joven cuáles son las zonas donde muere el artista, la zona de la técnica-sola, de la imaginación-sola; y supo sortearlas enfrentando sus distintas amenazas.

La técnica-sola fue el mal de algunos de nuestros grabadores buena técnica y poca imaginación. La imaginación-sola es una de las más frecuentes desgracias, no sólo de algunos de nuestros artistas, sino de un modo de ser generalizado en el país. Si la primera implica un saber específico que se cierra al resto de saberes y pasiones, la segunda parece conllevar a un no-querer-saber más allá de lo que emerge espontáneo de la propia experiencia e imaginario personal. La primera muere de razón; la segunda, de sinrazón. La primera muere de exterioridad; la segunda, de ignorancia.

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Alirio Palacios, que teme dejarse ir por la sola imaginación, va a China, a Suiza y a Polonia en busca de lengua, de disciplina, de razón, de orden. Si un artista requiere la academia, un artista del grabado la requiere doblemente, pues para grabar hay que saber dibujar, pero también hay que asemejarse a los tallistas y a los orfebres. Y hay que aprender de esa cocina posterior al acto de incidir sobre el taco o la plancha, esa cocina que va a ir convirtiendo con los tintes y el tiempo, la presión y el azar un taco o una plancha grabada en una- y muchas finas hojas: estampas.

Pero Palacios sabe del peligro de incorporarse tan fuertemente a una tradición artística como la oriental, la suiza o la polaca, que puede resultar, en sus palabras, "aplastantes", y no quiere dejarse arrasar por ellas. Así, la vida de adulto artista ha sido para él una intensa incorporación de saberes de oficio, de tradiciones de siglos pasados, manteniendo siempre abierta la puerta a su libertad. Y su libertad tiene aquí dos aspectos: es esa más general que todo artista requiere, la capacidad de dejar oír la propia voz, y por otra parte, es esa que se vincula con el origen personal: las tradiciones de la vida, la familia, la cultura de su pueblo, las leyendas que acompañaron a los niños, el sentirse nativo de un lugar del mundo. Así, terminan reuniéndose en esa obra imaginación y tradición; la mano y el alma; la percepción y la memoria; el acto intelectual de la voluntad creadora y la historia colectiva (incluso aquella otra historia sin límites ni fechas, basada en la oscura y móvil región de los mitos de los pueblos).

Haga lcick aquí para ampliarPalacios, así, ha ido tejiendo una estrecha trama entre técnica e imagen, entre un taller y un universo. Rigurosa y dúctil a la vez, su obra se mueve en una zona suficientemente amplia entre lo que se va aprendiendo y lo que se es. Pero también habita en una zona suficientemente -y conscientemente- contenida. Pues otro de los aprendizajes del artista a lo largo de su vida es que una vida sola no alcanza para dar muchos cambios. Dice Palacios: "Reverón no pudo más nunca escapar del panorama, de lo que estaba fuera de ese rancho, de esa luz, de ese mar abierto, prisionero hasta la muerte. Entonces es mejor ser prisionero y no estar uno dando saltos sin encontrar ni definir cosas profundas. Los pintores chinos se dedican a una forma interesante, pintan flores y pájaros. Está el que pinta montaña y hombre, el que pinta flores y ya. Él escoge un medio y se dedica toda la vida hacer, y el tiempo no alcanza. Como dicen ellos: ‘el arte es largo y la vida es corta‘. Entonces no alcanza ni para llegar a definir bien la estructura de esa montaña, porque mientras más ve, más hay que ver. ¿Para qué dar entonces tantos saltos si el tiempo no alcanza? Si das saltos, te quedas dando saltos".

Haga lcick aquí para ampliarY en esta otra relación, esta vez entre el rigor de las técnicas, las libertades del imaginario y la contención de un campo de posibilidades (suficientemente cerrado, aunque suficientemente abierto) parece fundarse una de las fuerzas mayores de la obra de este maestro venezolano que reúne un arte tan antiguo con una fuerza siempre joven, de este dibujante-pintor que se cree siempre en el acto único de producir el grabado, antes de la multiplicación final de cierto número de estampas.


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