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Chocolate
" y de cuando en cuando traían una copas de oro fino con cierta bebida hecha del mismo cacao, que decían era para tener acceso con mujeres... " Aquella bebida era el chocolate, preparado con granos de cacao molidos con piedras y cocidos en agua, que se mezclaba con miel de maguey, harina de maíz, onoto u achiote y vainilla. Fernández de Oviedo dice que: Testa almendra, los señores e principales hacen cierto brebaje que se dirá que ellos tienen en mucho, e no lo usan sino los poderosos e los que pueden hacer, porque la gente común no usa ni puede usar con su gula o paladar tal brebaje; porque no es más que empobrecer adrede e tragarse la moneda e echalla en donde se pierda". Porque el cacao era más que un simple alimento. Era un alimento divino: Quetzalcoalt, el rey sagrado de los Toltecas, gran sacerdote y rey de Tula, era el jardinero del paraíso donde vivían los primeros hombres. De allí llevó a Tollan, su país, el cacahuaquehitl, o cacaotero. Pero el mago Titlacauan celoso, le hace beber un brebaje que debería rejuvenecerlo. Y al beberlo, Quetzalcoalt enloquece, y se va a la orilla del mar, donde se embarca en una extraña balsa que desaparece para siempre en dirección del este, donde estaba el país rojo de Tlapallan. Y era, además, moneda. Los antiguos mexicanos tenían tres monedas: el contle, el xiquipil y la carga, que equivalían, respectivamente, a 400, 8.000 y 24.000 almendras. Xoconochco (Soconusco), de donde venía uno de los mejores cacaos del mundo, pagaba un tributo anual de 200 cargas, y Tabasco otro de 2.000 xiquipils. Muchos indígenas eran muy despreocupados y preferían beberse el cacao antes que enriquecerse. Francisco Hernández decía, en 1572, que éstos tenían `vida alegre sin cuidado ninguno de lo venidero.. . , gozando sin contraste de los bienes temporales de la naturaleza, usando de semilla del cacao en lugar de moneda..." Entonces, el chocolate se tomaba al final de las comidas como una bebida fría, y era amarga y picante y roja, pues le añadían chile y achiote. Y lo preparaban de muchas maneras. El padre Bernardino de Sahagún enumeró varias: con mazorcas tiernas; con miel de abejas; con vainilla: "otro colorado, otro bermejo, otro anaranjado, otro negro, otro blanco; sacábanlo en sus jícaras con que se bebía y son de muchas maneras; unas son pintadas con diversas pinturas, sus atapaderos muy ricos y sus cucharas de tortuga para revolver el cacao"
Originario de la zona amazónica, orinoquense y del Magdalena, el cultivo del cacao ya estaba muy difundido por toda América a la hora de la llegada de los españoles. El primer contacto europeo con el cacao ocurrió en 1502, cuando los navíos de Colón, en su cuarto viaje a América, se encontraron con una gran canoa indígena que iba por el mar, con sus 25 remeros, desde Yucatán a Honduras. Aquellos indígenas llevaban almendras de cacao. No obstante, aquel encuentro no tuvo grandes consecuencias. Y no fue sino hasta el famoso banquete ofrecido por Moctezuma a Cortés cuando los españoles se interesan en el cacao y en el chocolate, que el jefe azteca bebía en copas de oro fino. Pedro Mártir de Anglería envió al papa Clemente VII, en 1523, un informe pormenorizado sobre el cacaotero y sus productos. Otro libro que reúne información interesante sobre el nuevo cultivo es el de Girolamo Benzoni, que recorrió entre 1542 y 1556 el Nuevo Mundo. Pero el introductor del cacaotero a España fue Cortés, quien, en 1521, envió algunas semillas a España, de donde nacieron las primera plantas. Otros dicen que fue introducido en 1526 o en 1580, pero antes, desde 1520 ya se habían enviado algunas tabletas de cacao a la corte española... La bebida había mejorado su sabor: los religiosos de Oaxaca le agregaron el azúcar, puesto que ya la caña de azúcar se producía en México, y los de Chiapas le añadieron vainilla (como los antiguos mexicanos), ámbar y almizcle. En las calles de México habían chocolaterías donde se expendía el chocolate perfumado. Carlos V, incitado por Cortés, lo prueba y se aficiona a su gusto, así como la corte española, y establecen el monopolio, prohibiendo la exportación del cacao. Y el chocolate se convirtió en una moda en la España del siglo XVII. Calderón de La Barca (1600-1681) en "Fuego de Dios en el querer bien", dice: Porque tengo una visita y venía a suplicaros que me hicieses chocolate que es el preciso agasajo, y Agustín Moreto y Cabana (1618-1669), en su "No puede ser", se queja de "que el chocolate en Madrid/ se usara como el tabaco". Fue asimismo una época de un intenso contrabando del cacao, liderado por los holandeses. En 1728, cuando ya el uso del chocolate se había extendido por Europa, Felipe V vendió el monopolio exclusivo de ese comercio a una compañía de comerciantes: la Compañía Guipuzcoana. A Francia entró en 1615 con el matrimonio de la infanta española Ana de Austria, hija de Felipe II, con Louis XIII. La infanta llevó consigo desde España la moda, y hasta una hábil preparadora de la bebida, apellidada Molina. El hábito de consumirlo se consolidó con la boda de la infanta María Teresa de Austria con Louis XIV. A éste le disgustaba, pero su esposa lo tomaba diariamente, y lo impuso como una norma en la corte. Pero la fórmula de su preparación aún seguía siendo un misterio, pues la reina María e Teresa lo hacía preparar en secreto y lo tomaba casi a escondidas.
Así el chocolate se adueñó del paladar de los franceses. Años más tarde, el célebre gastrónomo Brillat-Savarin pronunció aquella afirmación rotunda: "El chocolate es la salud". Pero el incomprendido chocolate debió superar otra prueba bajo el reinado de Louis XIV, cuando se convirtió en el centro de la discusión de los casuistas. Se trataba de saber si el chocolate era una bebida o un alimento, rompiendo en este último caso el ayuno. La Sorbona, controlada por los dominicos, concluía que era un alimento sólido. Y en España eran de la misma opinión. No obstante, Roma estaba dividida. Los jesuitas lograron conciliar el enfrentamiento, al declarar que tomado con agua el chocolate no rompía el ayuno. El cardenal Brancaccio, de Roma, publicó un tratado en 1664, según el cual, apoyándose en Santo Tomás de Aquino, " liquidum non frangit jejunium" (los líquidos no quebrantan el ayuno), por lo que se autorizaba su consumo hasta en los días de penitencia. Pero, poco a poco, el chocolate se había venido difundiendo por todas partes: en 1606 llegó a Italia de la mano del florentino Francesco Carletti, a su regreso de América, y de miembros de varios conventos franciscanos. A Inglaterra fue introducido en 1657, cuando un francés abrió una tienda en Londres, y se popularizó a raíz del matrimonio de Charles II con Catalina de Braganza, que introdujo la bebida en la corte. A los ingleses se le debe la adición de leche al chocolate, hacia 1700. Sesenta años más tarde funcionaban en Londres varias casas de chocolate. La primera, o al menos la más conocida, fue la White's Chocolate House, del italiano Francesco Bianco, que abrió sus puertas en Londres en 1693, y pronto se convirtió en el lugar de reunión del partido o Tory, aunque otros sostienen que tales casas comenzaron en 1657, al convertirse de Coffee Houses en Chocolate Houses. Alemania, por su parte, lo recibió en 1671 e con muchas reservas: en 1704 había un impuesto para quien lo tomara, en 1747 fue prohibida su venta pública. Poco a poco, las resistencias fueron disminuyendo, y ya en 1765 el príncipe Wilhelm von Schaumburg-Lippese instaló una fábrica de chocolate en Steinhude, y en 1783 su consumo fue promovido por el médico Cornelio Bontekoe. A Austria llegó en 1711, cuando Carlos VI regresó de una visita que hiciera a Madrid. A Suiza, famosa después por sus chocolates, llegó en 1697 llevado desde Bruselas por Heinrich Escher, alcalde de Zurich. El chocolate, como dijera Bauchot en 1684, es un alimento de dioses, lo que más tarde tomaría Linneo para nominarles Theobroma. En efecto, el chocolate es un alimento completo: 100 gramos aportan 500 calorías, más que el pan (250), o que la carne (170), o que la leche (70). Y, además, tiene una composición muy equilibrada: 65 por ciento de glúcidos, 22 de lípidos y 6 de prótidos, y, por si fuera poco, contiene sales minerales, fósforo, calcio, hierro, y vitaminas, como la A, la B y fitósteroles próximos a la provitamina D, y, por último, cuenta con sustancias farmacodinámicas, como la Teobromina (alcaloide descubierto en 1841 por Woskresenky) y el oxalato de calcio. Del chocolate como bebida se pasó tiempo después al consumo de chocolate en barras y en polvo, lo que constituyó una verdadera revolución. Esta otra historia, la de la industrialización, se inauguró en 1819 cuando Francois-Louis Cailler fabricó artesanalmente el primer chocolate en barra en Vevey.
A estos avances habría que agregar los esfuerzos de Henri Nestlé, Philipp Suchard, Kohler, Lindt, Peter, Tobler, etc., que tanto hicieron progresar a la industria chocolatera. Daniel Peter, por ejemplo, añadió leche en polvo al cacao para elaborar el chocolate de leche en 1876, valiéndose de un método de condensación de la leche aplicado por Henri Nestlé, o Rudolf Lindt, que hizo al chocolate más suave y sedoso en 1902, volviéndolo una pasta casi líquida que tomaba la forma del recipiente al enfriarse y endurecerse, moliéndolo y batiéndolo constantemente por más de 72 horas y agregándole un 25 por ciento más de manteca de cacao. El cacao había sido una bendición para Venezuela desde el siglo XVII hasta el primer tercio del siglo XIX, cuando reinó casi solitario en la economía venezolana. Hacia 1670 nuestro país se convirtió en el mayor proveedor de cacao a la Nueva España, y, desde allí, a España. Esa fue la época de las prohibiciones establecidas por el monopolio comercial español, pero también el tiempo del contrabando y de la esclavitud asociada a su cultivo. A mediados del siglo XVIII Venezuela llegó a ser el mayor productor de cacao del mundo, exportando unas 10.000 t.m., y los cacaos venezolanos, el "Caraca" o "caraque", pequeño y grande, producido en la provincia de Caracas, y los de Maracaibo y de Puerto Cabello, eran conocidos y muy estimados en los grandes centros de consumo del incipiente capitalismo mundial. Junto con el de Soconusco (cultivado en México, a partir del Theobroma angustifolium), desaparecido del mercado,, y el de Madeleine, los cacaos de Maracaibo (inexistentes en los mercados a finales del siglo XIX) y de Caracas, especialmente el de Chuao, gozaban de la más alta reputación por su extraordinaria calidad. Brillat-Savarin escribió en su Fisiología del gusto, que "se está de acuerdo en que los árboles que dan el mejor fruto son los que crecen sobre las orillas del lago de Maracaibo, en los valles de Caracas y en la rica provincia de Soconusco".
Esta práctica, conocida como "pintado", o, en francés, á terre, le daba al cacao venezolano una cualidad de excelencia, le quitaba su sabor acre e impedía el rápido enmohecimiento de sus cotiledones. La práctica era necesaria, ya que la cáscara de la almendra de nuestro cacao seco era muy frágil, debido a la costumbre de limpiarlas con pisoteo y frotando las almendras entre sí. Pero se abusó del procedimiento, y se agregó arcilla de más en más, hasta que un informe de la Asociación de Manufactureros de Cacao de América alertó sobre la práctica abusiva: de un total de 118.000 sacos examinados, un 20 % del peso de cada saco era barro. Ya se anunciaba la decadencia por otras razones:
En Caracas se consumía mucho chocolate. Los caballeros, muchos de ellos con largos bigotes, como era la moda, lo tomaban en una taza llamada "bigotero", que tenía en el borde una amplia abertura en forma de medialuna, donde los bigotudos encajaban sus mostachos para que no se les embadurnara del espeso chocolate. El chocolate, como el café, se convirtieron en elementos socializadores, junto con el helado (recordemos la famosa polémica entre Luis Sanojo y Cecilio Acosta en torno a esa innovación y sus efectos sociales).
Y todo a pesar de que en Venezuela se habían establecido algunas fábricas de chocolate, como la del "Café Español", en 1857, la de "El Indio", fundada, según El Cojo Ilustrado de 1912, en 1859, y la de "La India", fundada en Caracas en 1861 por los hermanos Fullié, de nacionalidad suiza. Poco a poco, las tabletas de chocolate elaboradas industrialmente sustituyeron el consumo de chocolate "en bola", hecho domésticamente con cacao molido grueso. Haciendo alusión a estos esfuerzos de industrialización chocolatera, y en una parodia evidente del estilo de Andrés Bello, el poeta Rafael Díaz Hernández, alias "Rodopis", decía en un verso de una de sus "Odas": de la babosa almendra que a los calientes rayos del sol seca don Raimundo Fonseca, la industria humana el chocolate engendra.
Despidámonos, pues, del apetitoso chocolate, y de algunos de sus hijos más estimados, como el mousse o la carne con chocolate, con los versos iluminados del gran Bello, quien, en el brumoso Londres de 1829, le cantó a la exuberancia magnífica de la naturaleza americana: Salve, fecunda zona, que al sol enamorado circunscribes, el vago curso, i cuanto ser se anima en cada vario clima, acariciado de su luz, concibes!. tú, en urnas de coral, cuajas la almendra que en la espumante jícara rebosa. CHOCOLATE EN BOLA Se tuestan los granos de cacao y se les agrega papelón, y luego canela o cilantro, clavos de especia o semillas de malagueta. Mezclado todo bien, se hacen pequeñas bolas que se dejan endurecer para guardarlas en recipientes cerrados. Al preparar la bebida, se disuelve el cacao en suficiente agua, a la cual se le agrega leche, dejándolo hervir. Algunos le agregan huevos batidos para hacerlo espumoso. Fuente: R. D. León. Geografía gastronómica de Venezuela, p. 135. CHOCOLATE EN TAZA Ingredientes para 5 ó 6 porciones: 5 tazas de leche; 200 gramos de chocolate semidulce en pedacitos, 40 gramos por cada taza de leche; 1/2 cucharadita de sal; 5 cucharadas de azúcar. Preparación: En una olla grande sobre el fuego se ponen todos los ingredientes. Revolviendo se lleva a un hervor, y batiendo con molinillo de madera, se cocina por unos 5 minutos. Fuente: A. Scannone. Mi cocina, p. 28. V ERSIÓN MODERNA DE UNA RECETA DEL SIGLO XVII Ingredientes: 700 gramos de cacao amargo; azúcar para endulzar; 2 onzas de canela; 14 gramos de pimienta de México o Chile; 1/2 onza de clavos de especia o 2 onzas de anís; onoto (achiote) para colorear. Preparación: Se hierven todos los ingredientes en una olla mientras se bate mucho con un molinete hasta producir abundante espuma. Puede agregarse también agua de azahar, nuez moscada o polvo de escolopendra.Fuente: A. García Ponce. la de, N.' 97, junio de 1992. C ARNE CON CHOCOLATE Se cuece la carne hasta que quede bien blanda, se desmenuza, se fríe en manteca con sal, cebolla y perejil picados, y un poquito de pimienta. Cuando se esté friendo, se le agregan unas dos bolas de chocolate molidas y un poquito de azúcar o papelón raspado. Fuente: Tulio Febres Cordero. Cocina criolla, 1899, p. 38.M OUSSE DE CHOCOLATE Ingredientes: 2 tazas de leche; 1/4 de taza de azúcar; 100 gramos de chocolate rallado; 4 yemas de huevo; 3/4 de taza de crema de leche; 1 cucharadita de vainilla; 2 cucharadas de brandy. Preparación: Se mezclan a fuego lento el chocolate, la leche y el azúcar. Se baten las yemas de huevo y se añaden a la mezcla anterior. Se cocina a fuego lento hasta que tome consistencia de crema espesa y se mantiene fría, colocando el recipiente sobre un plato con agua. Se bate la crema de leche hasta endurecerla. Se añade la vainilla y el brandy. Se mezclan con la preparación de chocolate y crema. Se sirve en vasos y se pone a enfriar en la nevera. Fuente: C.I. Olaya. Frutas de América tropical y subtropical, p. 108.
Fuente: Libro "El Pan Nuestro de cada día", Rafael Carrtay, fundación Bigott, página 66-73.
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