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Con la lengua El subjuntivo Publicado en cuatro entregas por El Nacional entre 23 de mayo al 13 de junio de 1999 Un lector pregunta cuándo debe usarse la forma verbal «fuese» y cuándo «sería», y otra indaga sobre la posible diferencia entre «yo fuera» o «quisiera», «dijera», etc. y «yo fuese», «quisiese»... Esto nos da ocasión para hablar acerca del uso del «modo subjuntivo» y del «tiempo condicional» de los verbos. El tema es complejo, difícil de explicar sobre todo por escrito. Pero trataré de hacerlo de la manera más clara posible. Los «modos» son las diversas modalidades o maneras de referirse el verbo a las acciones que ocurren habitualmente, según éstas se den en la realidad objetiva, independiente del ser humano, o sean actos de conciencia de éste, como los deseos, temores, sentimientos, etc. Con bastante precisión, el Esbozo de una nueva gramática de la lengua española dice que «Cuando enunciamos una acción verbal, podemos pensarla como ajustada a la realidad objetiva, o bien como un simple acto anímico nuestro, al cual no le atribuimos existencia fuera de nuestro pensamiento». (Esbozo..., 1° edición. 1973. p.454). Cuando el verbo se refiere a acciones objetivas, se enuncia mediante el «modo indicativo», y cuando se trata de acciones pensadas sólo como meros actos de conciencia, se enuncia mediante el «modo subjuntivo». Si decimos, por ejemplo, «La casa estaba vacía», «El dinero llega hoy», «Mañana iré a tu casa», nos referimos a acciones objetivas, cuya realización está fuera de nuestra conciencia, salvo en lo tocante a que la acción pueda ser percibida por nosotros. Incluso en el tercer ejemplo enunciamos una acción futura cuyo cumplimiento dependerá de nuestra voluntad o disposición anímica, pero en la frase no se hace referencia a esa voluntad o disposición anímica, que son hechos de conciencia, sino a la acción objetiva de ir o trasladarme mañana a determinado lugar. Para que esto se vea mejor, obsérvese la diferencia entre las frases «Mañana iré a tu casa» y «Es posible que mañana vaya a tu casa». En la primera se enuncia el hecho material, objetivo, de trasladarme a determinado sitio, mientras que en la segunda enuncio una posibilidad, que es un hecho de conciencia, como lo demuestra el que en la posibilidad vaya envuelta una noción de duda. En el primer caso empleamos el verbo, «iré», en un tiempo futuro del «modo indicativo», mientras que en el segundo recurrimos al presente del «modo subjuntivo». Lo mismo ocurre con los demás ejemplos. Obsérvese la diferencia entre «La casa estaba vacía» y «No pensé que la casa estuviese vacía». La primera frase enuncia un hecho objetivo, independiente de mi conciencia, y por ello se emplea el verbo, «estaba», en pretérito de «indicativo»: la segunda, en cambio, enuncia un hecho de conciencia, el que yo no hubiese pensado en la posibilidad de que la casa estuviese vacía, situación psíquica que no ocurre fuera de mí, sino en mi conciencia, y por ello empleamos el verbo, «estuviese», en pretérito de «subjuntivo». Asimismo, «El dinero llega hoy» enuncia un hecho objetivo, independiente de la conciencia del hablante, expresado mediante el verbo en presente de «indicativo», mientras que la frase «Ojalá que el dinero llegue hoy» enuncia un hecho de conciencia, el deseo de alguien de que el dinero llegue hoy, deseo que se da, no en el mundo objetivo externo, sino en la conciencia de una persona, para lo cual se emplea el verbo en presente de «subjuntivo». En resumen, tal como lo define el Esbozo..., el «modo indicativo» enuncia una acción verbal pensada como perteneciente a la realidad objetiva circundante del ser humano, mientras que el «subjuntivo» enuncia una acción verbal perteneciente sólo a la conciencia o psiquismo de una persona, que puede ser el hablante, pero también la persona a quien se habla o la persona a quien se hace referencia, acción verbal que puede contener una duda, una posibilidad, una necesidad anímica o un deseo. Pero tal diferencia entre «indicativo» y «subjuntivo» no es absoluta. Las acciones que pertenecen a la realidad objetiva siempre se enuncian con el «indicativo», que es el uso más general. Pero las del ámbito de lo subjetivo no siempre se valen del «subjuntivo», y no es raro que se enuncien también con formas del «indicativo». Lo cual significa que el «subjuntivo» no es imprescindible, y de hecho hay lenguas donde no existe. En otras, como el francés, está en franca decadencia y cada día se lo usa menos. Y en castellano es igualmente muy marcada la tendencia a no usarlo, seguramente porque es complicado, en especial cuando va en combinación con el indicativo, como hemos visto, que es lo más frecuente. Su buen uso depende mucho del cuidado que se ponga en la construcción de las frases, y en una época como la actual, en que se vive de prisa, esa atención no es fácil de poner, por lo que se tiende a suprimir todo aquello que lo requiera. En próximos artículos ampliaré estos comentarios. Nota bene Es importante que quienes envíen mensajes por correo electrónico identifiquen el lugar (ciudad y/o país) de procedencia, pues la mayoría de las veces no es posible saberlo con la sola dirección. Como es natural, a uno le gusta saber desde dónde nos escriben. A propósito del artículo de la semana pasada, he recibido varias consultas de casos específicos en el uso del subjuntivo, que serán respondidas oportunamente, siguiendo el orden del esquema elaborado para estos artículos sobre tan importante forma verbal. Resumiendo las observaciones anteriores, debemos recordar que, desde cierto punto de vista hay dos maneras de enunciar la acción verbal: 1) ajustada a la realidad objetiva, es decir, refiriéndonos a una acción que transcurre fuera de nuestra conciencia. En este caso usamos el modo indicativo: Mañana iré a tu casa. 2) Como acto anímico, es decir, como actividad que no ocurre en la realidad objetiva, fuera de nosotros, sino en nuestra propia conciencia, como parte de nuestro pensamiento o de nuestros sentimientos. En este caso usamos el modo subjuntivo. El subjuntivo puede ir en una construcción sintáctica en que el verbo depende de otro verbo. Es lo que se llama una frase subordinada, en que hay un verbo principal, núcleo de una frase principal, y un verbo subordinado, núcleo de una frase subordinada, de donde precisamente viene el nombre de dicha forma verbal: subjuntivo significa subordinado o dependiente (Esbozo...; p. 455). En este caso, «Usamos del modo subjuntivo en la oración subordinada siempre que el verbo principal exprese en la oración subordinada una acción dudosa, posible, necesaria o deseada» (Ibídem: p.455). Si decimos, por ejemplo, «No creo que el testigo haya dicho la verdad», tenemos dos verbos, que forman dos frases, una principal, «No creo», y una subordinada, complementaria de la anterior, «que haya dicho la verdad». La primera se forma con el verbo creer, que en este caso, combinado con el adverbio de negación no, denota duda; la frase subordinada, dependiente de la principal, se construye con el verbo subordinado «haya dicho». El primer verbo (principal o subordinante) va en modo indicativo; el segundo (subordinado) va en modo subjuntivo. Lo mismo ocurre en las siguientes frases: «Puede que haya dicho la verdad», en que el verbo principal («puede», en indicativo), expresa posibilidad; «Es necesario que diga la verdad» (el verbo principal «es», junto con el adjetivo necesario, indica necesidad); «Le ruego que diga la verdad» (el verbo principal, le ruego denota deseo). Ahora bien, esas mismas ideas las podemos expresar también con el verbo en subjuntivo, pero en construcción autónoma, no dependiente de otro verbo principal: «Quizás el testigo no haya dicho la verdad»; en este caso la frase indica duda, pero el verbo, «haya dicho», en subjuntivo, no depende de otro verbo, y la idea de duda se expresa en los adverbios quizás y no. Lo mismo ocurre en las siguientes frases: «Quizás haya dicho la verdad» (obsérvese que en la frsae antrior el adverbio quizás, complementado por la negación no, indica nítidamente duda; en esta otra, en cambio, aún conservando el matiz de duda indica con más fuerza la idea de posibilidad); «¡Que diga la verdad!» (en este caso se prescinde de la frase principal, y la originalmente subordinada actúa de manera autónoma, diferenciándose de la primera más que todo por la entonación, con la cual se enfatiza la idea de necesidad); «Por favor, diga la verdad» (aquí igualmente se prescinde de la frase principal, y la idea de deseo se expresa mediante la expresión «Por favor», auxiliada por la entonación que damos a esta frase). Además, en este último ejemplo, el verbo, diga, aunque está en presente subjuntivo, actúa con un matiz exhortativo, que expresa muy bien la idea de deseo. Incluso podría manifestarse el mismo deseo prescindiendo de la expresión de ruego «Por favor»: basta con decir «Diga la verdad», pero sólo la entonación que pongamos al pronunciar la frase podrá distinguir en ella el carácter imperativo de orden terminante, del exhortativo o de ruego. El que usemos la construcción subordinada o la autónoma o independiente depende de nuestra actitud anímica, del mayor o menor grado de vehemencia con que queramos expresar la duda, la posibilidad, la necesidad o el deseo. Es posible también que, según ese grado de vehemencia de la idea, usemos indistintamente el subjuntivo o el indicativo. Podemos decir, en efecto, «Quizás diga la verdad», o «Quizás dice la verdad». La diferencia entre los verbos, uno en subjuntivo (diga) y el otro en indicativo (dice), es sutil, pero se puede notar que con el subjuntivo la idea de duda es mayor que con el indicativo. Un caso especial de este uso alternativo del subjuntivo y indicativo lo vemos en frases como «Se hará como usted mande» y «Se hará como usted manda». En la primera el que habla no conoce cuál será el mandato que está dispuesto a obedecer, mientras que en la segunda así lo conoce. Siguiendo una norma latina, el Esbozo de una nueva gramática, clasifica estos usos en dos grupos: a) subjuntivo potencial, que comprende los casos en que se denotan acciones dudosas o acciones posibles, y b) subjuntivo optativo, que engloba los que se refieren a acciones necesarias o deseadas. El Rey Grabado El Nacional viene haciendo un magnífico esfuerzo por mejorar el lenguaje de sus periodistas. Yo discrepo de muchas de las cosas de su Manual de Estilo, pero es una buena iniciativa, que puede mejorarse. También los talleres de redacción que se dictan para el personal son muy importantes. Aún así, inevitablemente se incurre a veces en expresiones defectuosas, muchas de ellas carentes de sentido, que confunden al lector, o, lo que es peor, lo inducen a emplear mal el idioma. Recientemente apareció, en la última página del Cuerpo A, el siguiente título: «Condenan a responsable de haber grabado al rey de España». Quizás haya que reconocerle el mérito de despertar la curiosidad del lector, lo cual lo induce a leer el texto, y enterarse de que lo grabado no fue precisamente el rey, sino algunas de sus conversaciones por teléfono. Es muy importante tener claro lo relativo a la alternancia entre el «indicativo» y el «subjuntivo». Cuando se trata de frases independientes o autónomas, en las cuales hay un adverbio que indica duda, el verbo puede emplearse en «indicativo» o en «subjuntivo», según la intensidad de la duda. Si decimos, por ejemplo, «Quizás venga hoy», el contenido dubitativo del adverbio «quizás» se refuerza por el uso del verbo en «subjuntivo». En cambio, en la frase «Quizás viene hoy», el verbo en «indicativo» debilita la noción de duda del adverbio. Quede claro que las dos frases indican duda, pero en la primera el sentido dubitativo es más patente que en la segunda. Cuando se trata de frases subordinadas es distinto. Si la frase indica duda o desconocimiento de algo, se tiende en general el uso del «subjuntivo»: «Dudo que el profesor venga hoy»; «No creo que ella tenga mucho dinero»; «No sabía que ella fuese tan vieja»; «Ignoraba que ella viviese contigo». Es, decía, una tendencia general, pero en algunos de estos casos podría emplearse el «indicativo»: «No sabía que ella es tan vieja»; «Ignoraba que ella vive contigo». En los dos primeros ejemplos no cabría el uso del «indicativo», y de hacerlo nos chocaría al oído: «Dudo que el profesor viene hoy»; «No creo que ella tiene mucho dinero». En cambio, si la frase es afirmativa, aunque contenga un elemento negativo, se impone el «subjuntivo»: «Estoy seguro de que el profesor vendrá hoy»; «Yo sé que el profesor no vendrá hoy». Un caso especial es el de la locución «que yo sepa», con el verbo en «subjuntivo», y que sin ser dubitativa ni negativa agrega a la frase un matiz de duda: «Que yo sepa, nadie ha venido por aquí esta tarde». La frase, en conjunto, indica una negación, pero la locución «Que yo sepa» introduce un matiz de duda, pues es como si dijésemos «Yo no sé que haya venido alguien, pero pudiera ser». Locuciones semejantes son, entre otras, «Que yo recuerde...», «Que yo haya visto...», etc. Con verbos que indican temor en frases compuestas suele usarse el «subjuntivo»: «Tengo miedo de que me raspen en el examen»; «Temo que nos descubran». Pero si se trata de una acción definidamente futura, puede emplearse el «indicativo»: «Temo que llegará (o llegue) el día de rendir cuentas...»; «Me da miedo lo que puede (o pueda) ocurrir». Sin embargo, con el subjuntivo se tiene la noción, aunque no sea real, de un futuro lejano, y con el indicativo de un futuro más cercano. Esta alternancia entre el «indicativo» y el «subjuntivo» en muchos tipos de frase es muy importante, y hay que tener esto muy claro, para poder hacer un buen uso del idioma en este aspecto. Desde luego que ese buen uso del idioma, en éste como en todos los demás casos, no siempre es producto sólo de tal tipo de conocimiento, sino también de la intuición, que en muchas ocasiones permite superar importantes escollos en el uso del lenguaje, aunque no se tenga muchos conocimientos de gramática. Muchas veces he dicho y repetido que para hablar y escribir bien no se necesita saber gramática. Pero algunos conocimientos gramaticales básicos ayudan mucho a expresarse bien. La alternancia en este caso, que a menudo conduce a una vacilación acerca de cuál uso es mejor, pareciera abundar en algo que dije al comienzo de esta serie sobre el «subjuntivo», acerca de lo complejo y difícil que es el buen uso de ese importante modo verbal. Ello seguramente es la razón principal de que el «subjuntivo» se use cada vez menos, y hasta pudiera determinar que, a la larga, desaparezca en el uso cotidiano de los verbos, como dije anteriormente. Esta afirmación motivó a un lector a que nos escribiera una carta muy interesante, llena de observaciones agudas e inteligentes. Sin embargo, hay algo que este lector interpretó mal, seguramente porque no fui suficientemente claro. No se trata de una afirmación rotunda y absoluta. Nos parece que el uso, cada vez más frecuente, del «modo indicativo» en sustitución del «subjuntivo» allí donde ello es posible, demuestra un creciente debilitamiento del «subjuntivo». Pero que éste llegue a desaparecer por desuso no es algo que esté a la vuelta de la esquina. Para que una modificación de ese tipo se produzca en un idioma tiene que transcurrir un largo tiempo, que no se mide ni siquiera en años. El lector en referencia también señala que en Venezuela es muy frecuente el uso de un tipo de frase en que el «subjuntivo» aparece con fuerza definitoria, por el estilo de expresiones como «si yo fuera...», «si yo tuviera...»; «si nosotros hubiéramos...», etc. Tiene razón el remitente en cuanto a la frecuencia de este tipo de frase. Pero se trata de un caso muy especial, de uso del «subjuntivo» con función de «condicional», tema que trataremos ampliamente en el próximo artículo. Una observación final de este lector, que confieso no entender muy bien, es la de que los problemas que confrontan actualmente los venezolanos no les permiten detenerse a pensar sobre qué tipo de frase o expresión les resulta difícil, hasta el punto de dejar de usarla. Sobre esto también diré algo el domingo que viene. Isostasia En relación con una de las cartas que recientemente dirigiera el presidente Chávez a no sé qué destinatario, varios lectores me han consultado acerca del significado de la palabra «isostasia». Uno de ellos me señalaba que no había encontrado ese vocablo en ningún diccionario. Efectivamente, no aparece en la última edición del DRAE, ni en otros que consulté. Pero sí se encuentra en el magnífico Diccionario Clave, que no me canso de recomendar por sus muchas virtudes, hasta el punto de considerarlo casi perfecto. Allí leemos: «Isostasia: f. Teoría que defiende la tendencia al equilibrio entre la parte exterior de la Tierra y el material que subyace en el interior de ella: La `isostasia' explica que la pérdida de masa por erosión se compensa con la elevación de esa zona de la corteza terrestre. Etimol. De iso- (igual) y el griego stásis (estabilidad)». En este último artículo sobre el «subjuntivo» comentaré un aspecto muy importante del tema, como es la función condicional de ese importante modo del verbo, y de paso responderé algunas consultas de lectores que tienen que ver con ese punto. Tal como lo vimos en el segundo artículo de esta serie, es muy común un tipo de frase en que el subjuntivo actúa como condicional. (Conviene advertir que el «condicional», que en las viejas gramáticas es uno de los «modos del verbo», en el «Esbozo...» deja de existir como tal, y se convierte en un «tiempo» del «modo indicativo»). Es el caso de frases como «si yo pudiera...», «si ustedes quisieran...», «si ellos vinieran temprano...», «si tú sintieras algo por mí...», «si no fuera por usted...», etc. Lo más importante en estas frases es que, en ellas, el verbo se emplea en pretérito imperfecto de subjuntivo, que en nuestro idioma tiene dos formas equivalentes, sustituibles una por otra, una terminada en «-ra» (ama-ra) y otra terminada en «-se» (ama-se). Son, pues, formas del pretérito, es decir, tiempo pasado, pero absorben, por decirlo así, el sentido condicional del adverbio «si», y forman de ese modo frases condicionales, que, por definición, indican acciones futuras, puesto que se trata de acciones que sólo pueden ocurrir más adelante, si se da una condición determinada: «Si tú sintieras por mí lo que dices, yo sería muy feliz»: la acción de «ser feliz» se daría en el futuro, si se cumpliera la condición de que «tú sintieras por mí lo que dices». «Si yo tuviera bastante dinero, me compraría una buena casa»; la acción futura de «comprarme una buena casa» depende de la condición de «tener bastante dinero». «Si de verdad ustedes quisieran ayudarme, lo harían»; la acción futura de «ayudarme» depende de que se dé la condición de que «quisieran hacerlo». En estos tres ejemplos la acción condicionada («ser feliz», «comprar una buena casa», «ayudarme») es, por definición, futura, puesto que si depende de una condición que aún no se ha cumplido, no se ha producido todavía. El que con un verbo en pretérito se pueda construir una frase que denote acción futura, demuestra una vez más que los llamados «tiempos verbales» no pueden tomarse al pie de la letra como nociones cronológicas, sino como simples referencias temporales, de tal naturaleza, que de hecho todos los «tiempos verbales» sirven para expresar acciones correspondientes a todos los «tiempos reales». Sobre esto ya hemos escrito en esta columna, sin perjuicio de que volvamos a hacerlo en el futuro. Como lo dije en el artículo anterior ya mencionado, este tipo de frases condicionadas basadas en un «pretérito imperfecto de subjuntivo» son muy frecuentes, lo cual, según también vimos, dio ocasión para que el acucioso lector a que antes me referí pusiese en duda mi observación de que el subjuntivo, por las dificultades que su uso plantea, tiende a usarse cada vez menos, y por ello podría desaparecer por desuso en nuestro idioma, tal como de hecho ha ocurrido en otras lenguas modernas. En realidad, mi observación no fue tan radical como pareciera haberla interpretado este buen lector. Es decir, no se trata de que la desaparición del «subjuntivo» sea inminente. Ya dije en otro artículo que tales cambios son muy lentos, y se van produciendo casi imperceptiblemente a lo largo de siglos y milenios. Pero hay un caso evidente, como es la virtual desaparición de nuestro «futuro de subjuntivo», tanto simple (amare), como compuesto (hubiere amado). ¿Quién dice hoy «Si yo dijere todo lo que sé, sólo Dios sabe lo que pasaría». Y lo curioso es que esa forma del «futuro de subjuntivo» comúnmente es reemplazada por el «pretérito simple de subjuntivo»: «Si yo dijera (o dijese) todo lo que sé...», sin que la frase pierda o atenúe su carácter hipotético y condicional, y por tanto futuro. Hay un uso muy común del pretérito de subjuntivo, frecuente en las notas necrológicas, bastante criticado como impropio del castellano: «Ha muerto la señora fulana de tal, quien en vida fuera (o fuese) madre de nuestros amigos xx y nn». Este empleo de las formas en «-ra» y «-se», en el ejemplo dado, es criticable y debe evitarse, entre otras razones porque puede dar la impresión de que la difunta fue madre de sus hijos, y dejó de serlo. Sin embargo, la misma forma verbal podría ser válida, como en la siguiente frase: «Ha muerto don fulano de tal, quien en vida fuera Presidente del Club de Leones...». Ocurre que la forma en «-ra» del pretérito de subjuntivo proviene del pluscuamperfecto de indicativo latino (amaveram), y por tanto equivale a nuestro moderno pretérito pluscuamperfecto de indicativo. De modo que cuando decimos «quien en vida fuera Presidente del Club de Leones», lo que queremos decir es que «había sido presidente del Club de Leones», pero antes de morir había dejado de serlo. En este caso, pues, el uso de esa forma es válido. Sin embargo, para evitar confusiones es preferible usar una fórmula más sencilla y explícita: «Fulano de tal, ex Presidente del Club de Leones», por ejemplo. Con la lengua premiada Entre las múltiples satisfacciones que me ha dado esta columna, durante sus casi 14 años de existencia ininterrumpida (se cumplirán en octubre), la máxima, hasta el presente, es el reciente otorgamiento a mi persona, por ella, del honroso Premio Nacional de Periodismo en la modalidad de Opinión. Honroso por lo menos por dos razones. Una, por la solvencia moral y profesional del jurado que tuvo a bien concedérmelo. Otra, por la también solvencia moral y profesional de los colegas, algunos de ellos mis antiguos alumnos en la escuela de Periodismo de la UCV, en cuya feliz compañía recibo el comprometedor galardón. Porque si bien éste representa un merecido reconocimiento no me ruboriza jactarme de ello a una labor de tantos años, paciente, difícil, indudablemente útil, más que como eso lo recibo como un estímulo y un compromiso para ser cada vez mejor, o al menos para tratar de serlo.
Alexis Márquez en La BitBlioteca |
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