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El ensayo de interpretación histórica De Obras incompletas, Caracas: Monte Ávila, 1969 Cuando un libro comienza: «Venezuela fue descubierta por Cristóbal Colón en su tercer viaje se llama Historia de Venezuela. Pero cuando comienza: «País de profundos contrastes, Venezuela adviene a la historia conocida en el año de gracia de 1498...», entonces se llama Ensayo de Interpretación Histórica. Salvo escasas y honrosas excepciones, lo que se ha dado en denominar así es una obra cuyo autor repite lo que ya han dicho todos los historiadores agregándole unas cuantas apreciaciones «de su propia cosecha» y algunos detalles curiosos que aquéllos han desechado por insignificantes pero que a él le darán fama de «ratón de biblioteca». Lo que le da carácter de «ensayo» a esa obra y permite al ensayista bautizarla con un nombre más sonoro que el humilde «Historia de Venezuela» es el hecho de que en sus páginas el autor trata más o menos de arrimar la brasa para su sardina ideológica, aunque cuidándose muy bien de revelar su verdadera ideología para confundir a los lectores y hacer sudar tinta a los estudiantes de bachillerato. A veces resulta más fácil adivinar la ubicación política y filosófica de un tratadista de Bioquímica que la de un ensayista histórico. El ensayo histórico por excelencia es el de tipo monográfico, es decir, aquél que no pretende abarcar toda la Historia Patria sino un período o, mejor aún, un episodio particular de ella. La receta más práctica para su correcta elaboración consiste en tomar un libro cualquiera de Historia y copiarse de cabo a rabo el capítulo o capítulos correspondientes; moviendo constantemente para que no se pegue del sartén, la copia así lograda se calienta hasta que forme una pasta homogénea con el lenguaje propio del chef y se deja enfriar. Una vez fría, se va rellenando con citas (¡atención!: La primera obra citada debe ser la copiada, para ponerse a cubierto de las sospechas) de todas clases, chascarrillos y notas explicativas. Las citas deben abarcar la mayor cantidad posible de fuentes, desde el Ramayana hasta la Urbanidad de Carreño y desde Marx hasta Bing Crosby; como ingredientes especiales se recomiendan algunos párrafos de un discurso de un oscuro diputado por el Estado Zamora en el Congreso de 1926, un galerón dedicado a Julián Castro, la Ley de Llanos, algo de la Biblia y, si las hay a mano, esta o aquella frase de Mitre contra el Libertador. El relleno se adorna con un epígrafe de Alfonso X el Sabio o de Clausewitz y se lleva al horno a fuego lento. Se sirve con champán y whisky al gusto. Ésta es la receta venezolana, que con algunas variantes se repite a través de toda la cocina internacional. Insistiendo en la cuestión del lenguaje, éste ha de ser perfectamente serio aunque con pequeños claros folklórico-humorísticos, sentencioso y, sobre todo, ligeramente anticuado. ¿Habéis captado ya la idea? Bien; entonces, con vuestro amable permiso, he aquí el ejemplo: Sociodiagnostico del montonero venezolano(fragmento) Ensayo de Interpretación Histórica, por José R. Tortazo. XVI La Revolución de los Porsiacasos Para conocer en su raíz misma los móviles y circunstancias en que se produce la llamada Revolución de los Porsiacasos iniciada hacia el año 71 por Sebastián Pericoca y sus parciales, se hace indispensable un análisis de la situación reinante en el país para aquellos días. En las postrimerías del año de 70, y por razones que no es del caso desglosar aquí, empezábase a resentir la economía nacional de resultas de las convulsiones intestinas y el aislamiento fortuito de los mercados europeos. Primer exportador mundial de chimó (1) hasta ese momento, Venezuela vio morir esa importante fuente de ingresos al producirse el descubrimiento del chimó sintético por el químico alemán Gottlieb von Bochen. Por otra parte, los incendios en las sabanas habían llevado al borde del exterminio á los alacranes y culebras, lo cual resultó desastroso para nuestras exportaciones de aguardiente de alacrán y cueros de culebra, respectivamente. La Francia, postrada por la guerra contra la Alemania donde había perdido la Alsacia hasta los Vosgos, dejó de importar aceite de tártago venezolano, motivo por el cual languidecieron nuestros tartagales. La Inglaterra, por su parte, se negaba á permitir la recalada de cayucos venezolanos en la Isla de La Trinidad, que á la sazón era la principal fuente de abastecimiento de pábilo para las alpargaterías del país. En lo interno, la pérdida de la cosecha de lairén había convertido los Valles de Turmero en eriales y las colinas de Camatagua en campos de soledad, mustio collado. A este concurso de calamidades se vino a agregar la invasión del país por un pequeño hemíptero, bautizado por el vulgo «Tiña guamera» (2) (Tricophobus rasurans) que atacaba las guamas dejándolas completamente calvas, lo cual hizo desaparecer de los mercados este importante renglón de la alimentación de nuestra población. Este es el panorama de la Nación para el momento en que el fogoso caudillo de Peñoncito se declara en armas contra el Gobierno y lanza su famoso Programa de Agua Sucia. Pericoca era el típico representante de los pequeños criadores de acures del Bajo Tripigua hombre cazurro, poco dado á los placeres de la mesa aunque sí á los de la carne, enemigo de la ganadería moderna y fuertemente individualista y por eso no va á mantener por mucho tiempo su pacto de alianza con el general Servideo D'Astier; éste, aristócrata de estirpe francesa, éralo sólo de casta porque de ideas las tenía muy extremadas debido a su amistad con Gambetta durante su permanencia en París. A poco de producirse la toma de Machurucutico por las tropas de Pericoca, D'Astier reclama a éste airadamente el haberse apoderado de 100 fanegas de ají dulce, 20 cuentas de casabe y 44 bestias que legítimamente no le pertenecían. «Devuelva todo eso a la Revolución, que es su dueña», le increpa el general galo-venezolano, á lo cual responde el caudillo montañero: «La Revolución soy yo, mi General, no sea p...» Allí se produjo la ruptura, que cambió de signo aquella Revolución y la vida toda de la Nación. Un punto decisivo, que Gil Fortoul omite acaso por su comunidad de intereses con ciertas escuelas federales del Viejo Mundo, y que González Guinán interpreta equivocadamente al atribuirle motivaciones puramente emocionales, es el incidente ocurrido en Caracas entre el diputado por Cazorla Nicéforo Andara y el jefe político del cantón de Pardillal, coronel Primitivo Cachaza, quien había sido llamado á la Capital con motivo de ciertos abusos que se venían cometiendo en la Aduana de El Betún: estaba el coronel Cachaza amarrando su burro en la ventana de la familia Morrállez, en la esquina de Los Mercaderes, cuando atinó á pasar Andara acompañado de don Eulogio Poncherúa, propietario de la afamada talabartería de El Maderero. «¿A que no sabe, don Eulogio dijo Andara mirando de reojo al coronel cuál es el animal que anda derecho en cuatro patas y chueco en dos?» El coronel, que era hombre despierto, entendió rápidamente la alusión que hacía Andara a su manera de andar y al buen paso del burro, pues él cojeaba notablemente a raíz de un tiro que recibió en la acción de Mata Jedionda, cuando peleaba a las órdenes del general Monagas. Lívido de la ira, pero dominando muy bien sus impulsos, el militar pardillalense se volvió hacia el irrespetuoso y le respondió, todo coraje: «Si usted no andara con una persona de respeto como don Eulogio, ya le diría yo cuál es ese animal. Usted es un infeliz, Andara; y si andara como yo, no sería por haber guerreado sino por andar metiendo la pata». En el próximo capítulo analizaremos las consecuencias que trajo para el régimen federal la Revolución de los Porsiacasos y su influencia en el Decreto aprobado por el Congreso en la turbulenta sesión del 9 de marzo, estableciendo un parangón histórico-filosófico entre este movimiento venezolano y los acontecimientos paraguayos de 1866, así como también haremos un estudio comparativo que creemos indispensable para la correcta comprensión del problema de nuestra Ley de Agarre y Suelte de 15 de junio de 1873 y el Decreto-Ley de Tumbe y Recoja de Napoleón III. 1. Chimó: según dos Lisandro Alvarado (Glosario de Voces Indígenas de Venezuela). «Extracto blando de tabaco alcalinizado». Según nosotros, pasta de tabaco que, de haber sido descubierta por los norteamericanos, ya se habría popularizado entre las jovencitas de sociedad a quienes sus padres no les permiten mascar tabaco pero sí chicle. Algunos turistas demasiado ambiciosos que han visitado la región centro-occidental de Venezuela, después de ver a los campesinos masticando chimó han llegado a Texas contando que por aquí los campesinos escupen petróleo. El error se debe tal y vez al hecho de que dichos turistas han visto a los campesinos escupiendo sin haber mascado tabaco en rama al uso civilizado de lús Estados Unidos. 2. Guama: fruto del guamo (Inga punctata Wild), árbol mimosáceo corpulento que da unas legumbres cuyas semillas vienen envueltas en una pulpa algodonosa comestible. Hay dos tipos de guama (es decir, de vaina), la glabra y la velluda. El ensayista se refiere, por supuesto, a ésta última. En otra parte de esta obra (El Cuento) se hace referencia al peloeguama: como no queríamos estropear un cuento agregándole un antiestética llamada, aprovechamos esta oportunidad para ofrecer a los lectores la definición del peloeguama: Peloeguama: sombrero típico venezolano fabricado en Checoeslovaquia con un material que imita piel de la guama en su variedad peluda. |
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