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Dáger
Esto de Dáger, declarando en el Congreso, que Jatar "se burló de mi amistad", me resulta de esas cosas que se te quedan dentro de la boca, que no se te convierten en palabras sino en malicia de general montonero, de zorro desconfiado que en lugar de decir "no creo" terminan por murmurar.. ¡Um!, quién sabe, si por demasiado malditos o por demasiado sabidos. A la hora de evocar el origen de esa amistad burlada, Douglas Dáger la ubica en el amargo exilio del perezjimenismo, cuando el señor Jatar, padre, y el señor Dáger, Jorge, aquel que gustaba de llamarse "el dialéctico", se vieron obligados a abandonar este país con sus respectivas familias, rumbo a lo incierto, pero solidarios en la amargura. Tendría el joven Douglas unos ocho años y Jatarcito otros tantos, al momento de vivirse estas penurias que con el correr del tiempo, desembocarían en el nombramiento de Jatar nada menos que como Asesor Jurídico de la Comisión de Contraloría. Lástima el desenlace. Hasta allí se trata de un episodio nacional de uso frecuente en un país de costumbres masónicas, donde mi hermano del alma va adelante. Lo extraño, es que Dáger, no hubiese percibido los cambios que se habían efectuado en el tierno compañero del exilio, porque a menos que se trate de una versión aumentada de Doctor Jekill y Mr. Hyde, el servidor que escribe esto, jamás habría nombrado a Braulio, en nada que tuviese que ver con asuntos de Contraloría ni de vaina. Quien haya visto el video, quien haya escuchado las palabras y presenciado la gestualidad de Jatar a la hora de ponérsele duro a Lamaletto, no podrá entender ni aceptar jamás que ese personaje que se desplaza por la oficina de un rico y que pone las cartas sobre la mesa, a calzón quitado, o cuánto hay pa eso, con una franqueza verbal de esas que hielan, que uno la oye y dice para sus adentros, ¡no puede ser lo que estoy oyendo!, y resulta que sí puede ser y te quedas corto, como te has quedado corto toda tu vida, creyendo de pendejo que la gente no habla así, que el robo, la corrupción, la extorsión no pueden ser tan de librito, sea capaz de ejercer una función contralora, en el Congreso. Allí no hay cobro de honorarios que valga,, porque cuando el canario Rodríguez viene a mi casa y me repara la nevera, no me amenaza antes de pasarme el recibo. Allí hay un tipo diciendo que nosotros en la Comisión te arreglarnos esa vaina. Así de simple y así de trágico. Amigos somos todos. Amigo soy yo, de lbsen Martínez, por ejemplo, pero jamás se me ocurriría, en una hipótesis de poder, nombrarlo Embajador ante la Santa Sede, porque estoy seguro de que en menos de quince días tendría una protesta del Papa por alteraciones en el protocolo y comentarios hirientes sobre la vida sexual de Clemente VII. Amigo soy yo de Estanislao Cabrera, el dueño del taller mecánico El Entone, pero jamás se me ocurriría designarlo presidente del IVIC, porque mucho me temo que no entendería por qué demonios un compatriota tiene que estarle averiguando los procesos digestivos a un calamar de Güiria. Ver a Jatar, a ese del video, y no me venga nadie con el cuento del montaje y de que me doblaron la voz, es entender que ahí no puede haber contraloría por ninguna parte, puesto que el primero que no se controla es él. Tal vez, yo lo entendería como Jefe de Mantenimiento de la Alcabala de San Antonio, o como Director de Parques y Jardines o como Revisor de Tuberías Medianas en Las Tunitas, pero contralor, ni a palos. Puede ser el cargo del hombre, pero no es el hombre del cargo. Y eso tendría que haberlo sabido, intuido, entendido, el joven Douglas, a la hora de rememorar los años cincuenta. Nos habría ahorrado un bochorno y se habría economizado un sambenito. Lástima porque en el fondo, casi todos habíamos esperado un momento estelar de Dáger, el martes 7 de mayo, cuando se nos había anunciado que el presidente de la Comisión de Contraloría, iba a decir la verdad ante el Congreso y a revelar los pormenores de una infamia urdida por Pastor Heydra a quien supongo capaz de cualquier cosa, hundir a Dáger, echarle sal a los cascos de guayaba de su tía Leoncia, o recortarle los tacones a Sánchez Bueno o regalarle un tabaco explosivo al cardenal Lebrún. La mismísima Alicia Alamo Bartolomé, a quien tengo por emblema de la honradez cristiana, una dama víctima del machismo que impera en el Vaticano, porque de lo contrario habría sido un obispo excepcional, abogó por Dáger en un artículo memorable que verdaderamente logró aplacar mi natural pesimismo. Destacaba allí, doña Alicia, que a Dáger se le tiene envidia por buenmozo y por completo, y que la razón terminaría imponiéndose, dejando al joven congresante, libre de máculas, altivo y sereno, en paz con su conciencia como el quinto acto de una obra de lbsen. Digamos que fue así, a medias y en honor a doña Alicia. Dáger contó una escena, donde Jatar, su amigo del alma, compañerito del banco, de esos a los que se les regala un bolígrafo el 31 de diciembre, se calló la boca y no le dijo ni una palabra de la extorsión a Lamaletto; Dáger precisó que en ningún momento había autorizado a Fernández Concheso para que pasara el rastrillo en nombre de la Comisión de Contraloría y en general salió del asunto, si no como Miranda cuando fue acusado de girondino, por lo menos con cierto aire de muchachón ultrajado que es mucho decir en estos tiempos y en semejante escenario. De haber sido un examen de matemáticas en el viejo liceo Fermín Toro, la profesora Mendoza le habría puesto catorce. Se trata pues, de una amistad traicionada, como la de El Conde de Montecristo en el primer capítulo, y el asunto habría que lamentarlo e inscribirlo en el catálogo de las miserias humanas. Pero la angustia que a uno le queda, es eso que llama Dáger, una amistad burlada, ya no por parte de Jatar a secas a quien Dáger pudo haber sorprendido alguna vez, abriéndole la cartera o cortejándole a la novia o haciéndole cualquier cochinada, sino por Jatar integrante de la Comisión de Contraloría, Jatar empleado de los venezolanos, Jatar juramentado en la lucha contra el delito, Jatar instrumento de justicia. Dice la Biblia en Sirácida 6: "Aléjate de tus enemigos, pero sobre todo, guárdate de tus amigos". No estaría mal montarlo en un marquito. Celebro esta inocencia de Dáger, entre otras razones, porque nos ahorra un episodio deprimente. Muy bien lo dijo Teodoro Petkoff, a quien, para seguir con las designaciones me encantaría nombrar presidente de la República, pero no director del Ballet del Teresa Carreño, cuando comparó el episodio del video con el argumento de La ópera de tres centavos de Brecht-Weill. Se relata allí una historia donde el jefe de la Policía de Londres, es amigote y cómplice del principal ladrón de Londres. El ejemplo es pertinente, puesto que por un momento, muchos en este país, sentimos la sensación de haber alcanzado el llegadero. Lo digo, porque es normal y paisaje que el Gobierno robe y a eso estamos acostumbrados desde la primera presidencia del general Páez. Lo que sí es raro, es que la oposición también robe puesto que esto significaría que la honradez es ilegítima y hasta delictiva. Tendríamos entonces que agregarle un artículo a la Constitución consignando la novedad y expresando que hemos constituido una nación de ladrones, lo cual no dejaría de ser turístico. Menos mal. Dáger no roba. Dáger ha sido víctima de un amigo y ésta es la única inocencia que le celebro. La otra no. La de no haber entendido a Jatar después de tantos años de mi hermanazo del alma, la de haber sido un incauto, no es inocencia. Inocente era San Tarcisio mártir Lo otro se llama pendejada. Pero lo que no termino de entender, en la declaración del joven diputado socialcristiano, a pesar de tan auspicioso desenlace, es este insólito episodio mediante el cual, Noliberto, el de los jeeps, otra de las víctimas de la fraternidad venezolana, es según declaración de Dáger, prácticamente el gestor, el agente representante de la Comisión de Contraloría del Congreso de Venezuela en Miami. Dáger va a Miami a entrevistarse con el señor Mogna, implicado en el affaire rústico, y quien se ofrece de cicerone, quien concierta el diálogo es nada menos que Noliberto, un ciudadano investigado y acusado por la Comisión de Contraloría y solicitado por los organismos competentes. Tiene toda la razón el periodista Freddy Torres a la hora de redactar esta noticia cuando dice textualmente: "En relación a esta última investigación (Dáger) confesó que había sido el ex ministro de Relaciones Interiores, José Ángel Ciliberto, quien le había conseguido la entrevista en Miami". Que Dáger se pasee por Disneyworld, supongamos, y encuentre a Noliberto al lado de Mickey Mouse, comiendo cotufas, no tiene nada de particular. Que lo salude y le diga, qué hubo hermano, ¿cómo está la cosa?, habla mucho y bien de la condición humana, pero no de la dignidad de su cargo. Dáger no es comisario de la PTJ, Dáger no es investigador privado ni agente del DIM, ni cuerda floja de la DISIP. Dáger es presidente de la Comisión de la Contraloría, y el presidente de la Comisión de Contraloría no tiene que confesar, que Noliberto le arregla entrevistas. Si Dáger quiere hablar con Mogna, tendría que presentarse en el aeropuerto de Miami y decirle al primer policía que encuentre, Señor yo quiero hablar con Mogna, yo quiero oficializar una entrevista con Mogna, para que nos aclare una cosa a mí y a los venezolanos que me eligieron como diputado. Noliberto sobra. Noliberto es no tomarnos en serio la representación que asumimos. Noliberto sigue siendo la farsa, mediante la cual nos dividimos en privados y públicos, en procedimiento y veredita, en pose y aquí entre nos, en verdad y la verdad de la vaina. El único diálogo posible entre Ciliberto prófugo (por culpa de un bribón, pero en todo caso, prófugo) y el presidente de la Comisión de Contraloría de un Congreso que aspira a representamos a todo es: Ciliberto, entrégate, mijo. Después, pueden haber cervecitas e hidalguía latina. Pero al final de las cervecitas, hay que volver a repetir: Ciliberto, entrégate, mijo. *** Viéndolo bien, yo creo que la profesora Mendoza, no le habría puesto catorce. Le habría puesto once, con el consabido consejo: Para la próxima, hazme el favor y estudia.
Dos piezas de teatro del mismo autor: |
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