Roberto Hernández Montoya, Director
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Compartir con los otros animales
Los seres humanos pertenecemos al reino animal y representamos el más reciente y elevado nivel de desarrollo, en el largo y complejo proceso evolutivo que ha tenido lugar en nuestro globo terráqueo por espacio de cuatro mil millones de años. Luego del enfriamiento y endurecimiento de la delgada capa superficial del planeta, la denominada corteza terrestre, complicados fenómenos hicieron posible la aparición de una mezcla de oxígeno e hidrógeno, el agua, líquido fundamental que en grandes cantidades constituyó mares y océanos.
En cierto modo, las aguas conformaron el útero en que la madre naturaleza gestó las primeras formas de vida, a partir de organismos microscópicos unicelulares, que se produjeron espontáneamente en esa sopa primigenia. Gradualmente, los microorganismos fueron evolucionando, para adaptarse mejor al medio y poder sobrevivir, por lo que hicieron cada vez más complejas sus estructuras, formas, tamaños y funciones, logrando diferenciarse unos grupos de otros hasta conformar especies diferentes e independientes, en creciente número.
La rica variedad de la fauna marina pudo a su vez generar individuos que se aventuraron fuera del agua, en principio por breves lapsos, hasta surgir los seres anfibios, capaces de sobrevivir tanto en tierra como en el agua. La necesidad de colonizar nuevos espacios y vencer los obstáculos que hacían difícil la supervivencia, obligó a muchas especies a seguir experimentando cambios evolutivos, proceso en el cual algunas no tuvieron éxito y se extinguieron, pero otras se transformaron de tal forma que no sólo pudieron conquistar los territorios continentales e insulares, sus ríos y lagos, sino que fueron capaces de dominar el espacio aéreo, dando lugar todo ello a la más increíble, extensa, compleja y variada fauna, en correspondencia con la también compleja y variada vegetación que ocupa las porciones sumergidas y emergidas de la superficie terrestre.
Prácticamente la especie más joven es la del Homo Sapiens, el animal de más reciente aparición sobre el planeta. Apenas siete millones de años de proceso evolutivo separado de nuestros más cercanos antecesores, los simios. Muy poco, si se piensa que la Vida lleva cuatro mil millones de años formándose, y que existimos gracias a la experimentación y el sacrificio que tantos individuos llevaron a cabo, mediante el permanente proceso de evolución del cual provenimos.
En la actualidad, la fauna integra individuos tan distintos como el camarón y el oso, el carite y la lechuza, el ornitorrinco y el caballo, el delfín y el murciélago, el pulpo y el chimpancé, el sapo y la golondrina, el elefante y la serpiente, la ballena y el ratón, el rabipelado y el tigre, la mariposa y el perro, el canguro y el gato, el gorila y la foca, el grillo y el mono, el camello y el conejo, el panda y el manatí, la tortuga y la garza, el guppy y el rinoceronte, el loro y el hipopótamo, el hamster y la chicharra, y una lista infinita. Seamos al menos tolerantes con ellos, que han estado en el planeta por más tiempo que nosotros. Hay espacio suficiente, y amor, para compartir.
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