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[Sobre el proyecto de Ley de Sistema Nacional de Inteligencia] Desarmar una bomba de tiempo Eliécer Otaiza El Nacional, domingo 16 de julio de 2000
Actualmente, varios cuerpos secretos con decenas de miles de soplones y un aparato formidable de espionaje y represión, se encuentra en poder de un solo hombre que a discreción y en secreto (presupuestario y técnico) puede decidir el destino o la vida de cualquier ciudadano común, sin que nadie, nunca pueda tan siquiera traspasar las blindadas paredes del Helicoide o la DIM. Surge entonces la idea de transformar este inmenso aparato violento, en información y sobre todo ponerle un freno a las 10 policías secretas que hoy operan en Venezuela. La idea principal de la ley consiste en crear una comunidad de servicios de información, en la que cada organismo se encargue de buscar, recopilar, analizar y difundir la información necesaria para afrontar las verdaderas amenazas del siglo XXI, el crimen que nos está matando en las calles, el narcotráfico o la desaparición de los ecosistemas son hoy nuestros verdaderos problemas. Si el lector pudiera visitar la CIA, lo primero que notaría es que ninguno de los miles de empleados está armado. Cosa contraria ocurre si visita la Disip o la DIM, donde decenas de miles de hombres están armados y entrenados en las artes de la «Guerra Fría», ansiosos a la espera de que surja el «enemigo interno». La Ley de Inteligencia, simplemente desarma una bomba de tiempo, elimina el secreto y pone (artículo 9) a toda la comunidad al servicio y control de las cuatro cabezas del poder público, es decir, el Presidente comparte con ellos la facultad de solicitar información y controlar al sistema. Parece que a algunos de la oposición no les ha llegado el memo, de que se cayó el muro de Berlín y que llegó la globalización, y esto hizo que se repensaran en Latinoamérica los atávicos conceptos de seguridad y defensa. Estos sucesos políticos, dieron al traste con las condiciones imperantes en el hemisferio, los golpes de Estado o las dictaduras, son insostenibles junto con las viejas hipótesis de «control social» y «policía política». Cualquier gobierno que pretendiera esto caería en el ostracismo total y sería ignorado en los procesos de integración. Es por ello que muchos países han propuesto cambios importantes. El primero, la separación del concepto de «seguridad» de la noción de «defensa». Seguridad será entonces desarrollo y búsqueda del bienestar social, es decir, temas eminentemente civiles, y el término de defensa será el mecanismo para garantizar la integridad del territorio nacional, ligado al instrumento militar, cuando han fallado esos mecanismos civiles. Si subordináramos nuevamente la seguridad al Consejo de Defensa, estaríamos incurriendo en una trampa conceptual, porque si definimos la defensa como un todo que engloba a la seguridad, y la seguridad es desarrollo en los ámbitos civiles, lo que estaríamos admitiendo es que lo militar prevalecerá sobre la estructura civil y no viceversa. El otro gran cambio proviene del desmantelamiento de las policías políticas y su transición a servicios de información con lo cual, lograría integrarse inteligentemente al proceso de globalización. Las naciones están proponiendo crear por ley, sistemas de inteligencia como es el caso de Chile, Brasil, Singapur o Italia. El caso argentino es necesario revisarlo pues fueron ellos los primeros en acudir, a través de iniciativa legislativa en 1992, al tema del Sistema Nacional de Inteligencia. Hoy, han generado un debate enriquecedor sobre sociología militar, seguridad y medidas de transparencia. Temas en los que paradójicamente, el tan mencionado (por la oposición) Norberto Ceresole no ha aportado otra cosa que no sean ideas retrógradas e inviables en el contexto del nuevo siglo y de un mundo globalizado. Tenemos pues dos opciones, quedarnos con un inmenso aparato represivo concebido para «buscar y destruir» o crear un sistema de información, desmantelando lo policial, para convertirnos en una nación inteligente como lo han hecho ya nuestros vecinos. Lo paradójico es que parte de la oposición pide a gritos conservar a la policía política, sus armas, sus secretos, sus redes antena y sus partidas inauditables. Hoy tiene usted la palabra, amigo lector.
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