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Bambi Terminator Carolina Espada Sábado, 21 de julio de 2001 ![]()
A Rosita le había llegado la hora de la revancha. Habían sido demasiados años de hombres haciéndola sentir como Roger Rabbit, como una comiquita, como un dibujito animado. Pero la venganza era acaramelada y lo que es igual es una delicia. Ahora, cada vez que veía a un grupo de caballeros conocidos y totalmente incautos, Rosita les caía con su cara de tinita de mantecado y le decía al más buen mozo: «¡Coye, David, ¿a ti nunca te han dicho que estás buenísimo?!» David, por supuesto, se ruborizaba, no por el elogio (porque él sabe que está como le da la gana y porque Rosita siempre se lo ha dicho en privado), sino por la obvia incomodidad de sus amigos allí presentes. Unos metían la lipa, otros intentaban sacar los pectorales, y el buena gente de Crispín se acomodaba el bisoñé que se le había rodado del desconcierto. «Yesssssss!!! Los agarré desprevenidos. A ver si les gusta», pensaba Rosita mientras ajustaba cuentas. ¡Pero es que cuántas veces no la hicieron sentir como Andy Panda o Pluto o Perla Pura (la novia de Súper Ratón)! Hasta dejó de salir con su gran amiga Cristina (tan hermosa por fuera como por dentro), porque aquello era puro tipo cayendo a sus pies boquiabierto y arrobado: "¡Cristi! ¿¡Cómo te soportas de lo bella que eres!? ¿Tú sabes que pareces una walkiria? ¿Que uno te ve y pierde el aliento? ¡Tú eres una diosa, mi amor!" Y Rosita ahí al lado, totalmente de acuerdo, pero esperando a que le dijeran algún piropito. Lo que fuera: «Que bonitos tus lentecitos, mija; ay, que cuchis tus medias con ovejitas y zanahorias; vaca pequeña siempre es becerra...» Rosita esperaba cualquier cosa, una galantería, una gentileza, una mentirita blanca copetico azul... pero nada. Ella ahí, con su broma y su dignidad, batiendo sus pestañotas a ver si se daban cuenta de que ella era también una preciosurita bien femenina, y esos señores siempre obligándola a sentirse como el coyote con hambre de correcaminos. Pero valieron la pena las décadas de marginación tan carentes de acoso sexual y de caballerosidades. Hoy en día, Rosita está gozando un ovario y se está desquitando bueno y sabroso. No ve la hora de cruzarse con su vecino Fernando y su grupo de trotadores, allá en el Parque del Este, para gritarle: «¡Usssu, papi! ¡Esos muslitosssss, mi rey!»
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