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Eeeeeh…
Carolina Espada

Viernes, 16 de julio de 2004

Carolina Espada

Nuestro canciller, Jesús Pérez, no tiene la exclusiva de la vocal «E». No obstante, gracias a él, somos muchos los que hemos caído en cuenta de la eificación del discurso del venezolano de hoy.

Ejemplifiquemos con nuestro Ministro de Relaciones Exteriores. Él tiene la firme intención de emitir un concepto sumamente simple y concreto. Monsieur Pérez quiere decir: «La casa es blanca». Eso nada más. « La maison est blanche », pero en español. ¿Y qué es lo que le sale?… «Eeeh… la blancura… eeeh… la claridad… eeeh… del hogar… eeeh… el sol… eeeh… en la fachada… eeeh». ¡Y ahí mismo aparecen los caza gazapos y empiezan con la rochelita —eeeh— y uno se ríe!

¡Pero que lance el primer diccionarazo quien no haya dicho eeeh de un tiempo para acá! Póngase a oír a los locutores de radio y a sus invitados; a los entrevistadores y reporteros de televisión; a los oradores que dan ruedas de prensa; a la gente en la calle procurando explicar una dirección. El «eeeh» no perdona a ninguno. Ni edad, ni sexo, ni religión, ni colorcito, ni tendencia política. ¡Es un mismo eeeh unificador! ¡¡¡Eeeh Venezuela!!!

¿Y de dónde proviene esta enorme dificultad para hilar sujeto, verbo, predicado y complementos sin titubear, gaguear y apoyarse en los eeeh-eeeh como si se tuviera la lengua entre plomiza y gelatinosa? ¿Será una traducción directa del inglés? Desde siempre en los EEUU, dicen «ammm». No eeeh, sino ammm. «Ammm, my name is Jenny… ammm… I live in New York… ammm… I am a ballerina… ammm». ¿Será que los estamos imitando —ammm-eeeh— y juramos que estamos quedando divinos y súper chiquis? ¿O acaso es algo mucho peor? ¿¡Será que ya no podemos pensar bien?! ¿Pensar y decir?… ¡Auxilio! El cerebro se nos ha amelcochado y estamos haciendo ruiditos: umm, ahhh, iiigh, mu.

La cojerita lingüística del eeeh, sumada a la retahíla de neologismos que proliferan, conducen a que el venezolano intente comunicarse con un: «Eeeh… para accesar… eeeh… y para aperturar… eeeh… e intentar disulidar… eeeh… es que Mipersona… eeeh…». Y, la guinda: dada nuestra actual incapacidad para cerrar una frase —concluir una idea— hemos acuñado el término «noséquécosa» a manera de «etcétera». ¿A que usted ha oído algo así?: «Y ella me dijo que no, que no quería venir, que era muy tarde, que noséquécosa…»; o «Él me lo contó: que habían tenido una filtración, que se habían peleado con la loca que vive arriba, que el abogado de ella les dijo noséquécosa…». ¿A que sí le suena? ¿A que sí?

Si usted no quiere terminar balbuceando de este modo: «Eeeh… es que la entendización… eeeh… de una colectividad venida a menos… eeeh… menismizada… eeeh… menismización oral y neurónica del cerebro y noséquécosa… eeeh…», por favor, ponga de su parte. Comience a escuchar a los demás —«El infierno son los otros» como dijo Jean-Paul— y píllelos cada vez que digan oposicionismo, eeeh y noséquécosa. Tan pronto sus oídos se conviertan en radares, prívese, usted se descubrirá diciendo sus propios disparates. (Confieso haber estado adicta al «noséquécosa», pero ya me lo quité). La toma de conciencia (porque la palabra «concientización» no existe y el verbo «concientizar», tampoco), es el primer paso para volver a hablar correctamente. Ahora bien… ¿usted antes hablaba con corrección?


Carolina Espada en La BitBlioteca

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