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La conspiración de la galletica Carolina Espada Jueves, 9 de noviembre de 2000
Ada, que te vengas para acá que vamos a dar un golpe. Tal cual. Así que cuando regreses del supermercado y oigas la contestadora esta, le dices a Carlos que te desempaquete las bolsas y te vienes para acá. Es que aquí estamos merendando café con leche condensada las de siempre: Trina, Carmen Alicia, las Lilas, Titi, Emecé, la señora Serrano y yo, y, agárrate, nos vamos a sublevar completicas. Pero faltas tú para... Bip-bip-bip. ¡Qué broma con esta contestadora tuya que no dura! Mira, que faltas tú. Vente porque ya no soportamos esto más. Yo tengo casi 78 años —desde Gómez hasta esta cosa bolivariana— y aquí nos hemos calado presidentes ladrones, presidentes borrachos, presidentes embarraganados, presidentes de ultratumba... pero esta es la primera vez en la historia que estamos atragantadas con un presidente con incontinencia ver... Bip-bip-bip. Verbal. Incontinencia verbal, mi amor. ¿¡Y qué culpa tiene uno!? ¿¡Ah!? ¿¡Tú sabes lo que es que ese señor —tú sí lo sabes— nos interrumpa la novelita para encadenarnos con una de esas cadenas perpetuas suyas en televisión!? Porque este relajo ya es todos los días. ¡Es que no nos da un respirito, Ada! ¡Y uno sin canales de esos de animalitos y cables con películas! ¡Y es que si por lo menos fuera para decir algo importante, pero... Bip-bip-bip. Algo importante, Ada, como: «Le acabamos de declarar la guerra a Cuba y a los Estados Unidos para que no digan» o «Un venezolano descubrió la vacuna contra el sida», pero no, aquello es pura anécdota aguada. Y uno con la novelita ahí en suspenso, porque Rodolfo Luis le estaba diciendo a Lucerito: «Vida mía, lo nuestro es un imposible, tú eres la única heredera del archimillonario Augusto Monterroso, y yo... yo... he de decirte toda la verdad...»
Bip-bip-bip. Ay, Ada, ¡qué fastidio con esta contestadora!... Total, que Rodolfo Luis no le pudo decir a Lucerito que él es el hijo bastardo de Martín Carvajal, el enemigo acérrimo de Don Augusto, cosa que todo el mundo sabemos, pero que Lucerito, no. Y uno, meeeses, esperando el día. Y entonces, Rodolfo Luis le va a espepitar la terrible verdad y ¿¡qué pasa?!... Zasss: la cadena. Cuelgo y te vuelvo a llamar. Click. Y entonces nos encadenan y uno se queda viendo a ese señor en la pantalla -sin volumen, con morisquetas y con la niña sordomuda en las mismas- y uno se pone a pensar en otra cosa. Que uno tiene demasiados problemas, demasiadas angustias, demasiada tristeza, desesperanza y amargura... y lo único que lo distrae a uno, un ratico, es la novelita... y vienen nos la cortan. Una hora... dos horas... tres.... No hay derecho, Ada, y esto... Bip-bip-bip. Esto así no puede seguir. Que se coja el canal 8 —¡el 5 no, que está buenísimo!— y hasta el 33, que es pura noticia. Pero que nos respete la novelita. Mira que en este país no habrá oposición; ni quien le dé buenos consejos al Presidente y le diga que se contenga y dosifique; ni quien se queje, asuma y represente; pero somos una cantidad de amas de casa hartas —haaartaaas— y dispuestas a darle un sar... Bip-bip-bip. Un sartenazo. Ada, es en serio, vente para acá. Click.
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