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Conversando en el nidito Carolina Espada Jueves, 9 de noviembre de 2000 ![]() José Ignacio Cabrujas en La BitBlioteca
Prima, cánteme a Juan Gabriel... «Queridaaa-aa-ah, venamí questoy muriendooo-oo-oh»... No, más adelantico, la parte que dice: «¡Ah-ah!»... «Dimecuandotú, dimecuandotú, dimecuandotú vasavolver ah-ah»... Mire, primo, por ahí salió un cucarachón, otro de esos que no tienen con qué sentarse, diciendo que él y que oía ópera con usted y quique usted preparaba divino los fettuccini alle vóngole... Pues sí los preparo divino. Pero no se los ha hecho nunca a ese rebullón. ¡Ay, sí: «el Maestro y el bel canto»! ¡«El Maestro y la cucina italiana»! ¡Si lo vieran como usted se atraca todos los días de empanaditas de carnita de perro, allá abajo en la taguara «Mi Grasita»! Prima... ¿y a usted qué le pasó en el pelo? Que me hice la permanente... Pero... ¿por qué? Porque quería cambiar... ¡Cambió... kñ, cambió! Es que yo quería verme bonita... Usted no puede, prima... Tenga, échese este shampucito que me compré en Porlamar y me costó carísimo. También traje esta crema mentolada para masajes y oiga lo que dice aquí: For external use, only. Keep out of the reach of children. Do not swallow... ¿Qué es «swallow», prima? Que no se lo trague. ¡Ah...! Do not swallow, stupid! Y usted no me ha dicho nada de este cenicero de cristal purito-purito, ultrachiqui, finísimo e importadísimo que le regalé. ¡No hombre, prima, si eso usted lo compró en la ferretería «La Tuerquita Feliz»! Yeah, sure... Mire, primo... ¿y esa bicicleta? Mía... que me la regalaron... ¡Pero si usted no puede montarse en eso! ¡Usted tiene un fémur operado y el otro, también! ¡Eso segurito son cosas de alguna admiradora descerebrada que vino y se la regaló! Bueno, pero yo me la voy a llevar para Margarita... ¿A la bicicleta o a la admiradora? A la bicicleta, prima... ¡Ay, sí, ya lo veo a usted, encaramado en esa broma montañera, pedaleando por allá por las Tetas de María Guevara! ¡Juiiiii, juiiiii! Hjjmmm... Óigame, más tarde se hace pasar por mi secretaria... ¿cómo es el nombre que usted se inventó? Ajá... entonces va y llama a «Le Petit Bistrot de Jacques» y me hace una reservación, pero en francés... Pour deux personnes, absolument romantique, à huit heures, ce soir?
Oui... ¿¡Y qué es eso que tiene pegado en los lentes, primo!?... ¡¡¡Aaassscooo, una tirita de chorizo!!! Y después no quiere que le diga que usted es un cochinón. Prima, cállese y siéntese ahí en su butaquita verde para contarle todo lo que estoy escribiendo. Ya voy a terminar mi novela «Camaleón» y comencé dos más: una de un detective haitiano que se llama Paul Éluard... ¿¡Paul Éluard!? ¡Jajajajaja! Y otra, sobre la saga de la familia Cabruja. ¡Ya empecé! ¿Y empecé lo va a escribir con «ce» o va a seguir poniendo «empezé» como siempre, zzzorro?... Cállese y oiga. Ya usted y yo escribimos «Emperatriz», «Las Dos Dianas» y «El Paseo de la Gracia de Dios»... y ahora vamos para la cuarta telenovela: «Nosotros que nos queremos tanto...» ¿Y quién dijo que yo lo quería a usted? Hjjmmm... Venga para que vea lo que puse en esta carta personal, pero léase sólo este pedacito, que todo lo demás no es asunto suyo: «Cariño, afecto, el que da mi prima Carolina de una manera tan diáfana». ¡Ay, tan bello que es usted, vale!... Vamos a darle un rasquito en la espalda... ¿Usted sabe que a los cochinos les encanta que los rasquen? Rásqueme, prima, y vuélvame a cantar a Juan Gabriel...
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