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Carta a Tiger Wood Carolina Espada Jueves, 15 de marzo de 2001 ![]()
Dear Tiger: Tengo semanas que no te veo en pantalla. Te busco y te espero, cada sábado y cada domingo de PGA Tour, pero nada que sales. Ni en el hoyo 3, ni en el 16. No apareces, Tiger, porque ya no estás entre los “top ten”. Los de adelante van con 19 bajo par, y tú te me quedaste en un 12 bajo par, con tu camisa roja y una frustración que te devora. Quisiera estar allí, atravesar a toda carrera el fairway, meterme en el Bunker de arena casi movediza en donde caíste, tomarte por los hombros, verte fijamente a los ojos y cantarte aquello que Palito Ortega le cantó a Rocío Durcal en la película Amor en el Aire. Yo te cantaría: «A mí me pasa lo mismo que a usted, me siento solo, lo mismo que usted, paso las noches soñando, paso la noche esperando, lo mismo que usted». Me pasa lo mismo, salvando las distancias y los millones de dólares, campeón. Es que la presión es muy grande, Tiger. A ti te acosan los periodistas, los fotógrafos, las cámaras de televisión. A ti te persiguen tus admiradores y tus patrocinantes. Todos quieren más. Eagles, birdies, varios hoyos en uno. ¡Más, más, más! Y ya tú no puedes. No puedes, Tiger. Del infortunio y la tensión estás a tirito de pasar a la rabia. Vas a botar los palos al rough y vas agarrar la pelotica con la mano, vas a ir directamente al hoyo 18 y vas meterla ahí de un solo trancazo... e, incluso, vas a martillarla para que no la puedan sacar jamás. Y, ante el estupor de todos, te vas a meter en la lagunita artificial, te vas a sentar en el medio y ahí, con el agua hasta el pecho, vas a esperar a que pase un pato para estrangularlo. Te entiendo porque a mí me piden humor y no me acuerdo cuándo fue la última vez que alguien me dio una buena noticia. Me cuentan cómo mataron al sobrino de la compañera de trabajo para robarle el carrito y me piden humor. Me dicen lo que les pasó cuando el ascensor en donde estaban se desprendió del piso 9 y me siguen pidiendo humor. Me hablan de despidos, miseria, angustia, desempleo, enfermedades, inseguridad, miedos, dolores, hambre, huelgas, manifestaciones, incendios, amenazas de bomba, secuestros, injusticia y siguen insistiendo en pedirme humor. Veo los rostros desencajados de la gente en la calle. Me veo al espejo y me aterro: hay en ese rictus algo que recuerda al 27 de Febrero . «¡Pero escribe humor, chica, escribe humor que eso es lo que nos hace falta!» Entonces, Tiger, a mí me provoca contar dos chistes malísimos: el del perrito que se comió una goma y se borró, y el del otro perrito que cayó la tarde y lo aplastó. Y luego meterme contigo en la laguna. ¿Quedará otro pato para estrangular? ¿Cómo hacemos Tiger? No nos podemos eternizar en el laguito matando patos. ¿Y si intentamos algo a manera de terapia y renacimiento? Tú ponte a escribir cualquier cosita; yo voy a aprender a jugar golf.
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