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El Día Del No Cumpleaños El El Nacional, sábado 27 de enero de 2001 En la escuela primaria tuve una condiscípula se llamaba Rebeca muy adicta a proponer acertijos disparatados durante el recreo. Aunque era muy bonita, todos le sacábamos el cuerpo a Rebeca por necia, majadera, redicha y fastidiosa. Mi manera de sacarle el cuerpo era someterme dócilmente a la prueba, declararme sin más trámite sumamente sobrepasado por el acertijo y sacudírmela ipso facto. Uno de sus acertijos se quedó grabado en mi memoria de párvulo como un trauma de escenario primordial. Decía así: «¿En qué se parece una vaca a un triángulo rectángulo?» ¿Una vaca a un triángulo rectángulo? Me rindo. Pero si es muy fácil, anda, chico, Ibsen, vale, trata, piensa. Me rindo, Rebeca, me rindo: es muy difícil; eres demasiado para mí. ¿En qué se parecen, a ver? Fíjate, gafo: una vaca es un animal, un animal es un bruto, Bruto mató a César, de César no queda nada, el que nada no se ahoga, el que no se ahoga flota, una flota es una escuadra y una escuadra es un triángulo rectángulo. La lógica de aquel disparate de quinto grado «A» ha regresado intacta a mí desde el fondo de mi infancia por obra de los «argumentos» de William Lara, Tarek Williams Saab y Leopoldo Puchi, entre otros, en favor de la idea de que conmemoremos el 23 de enero de 1958 todos los 4 de febrero. La propuesta chavista entraña la misma extravagante «lógica» que tiene la cadena de asociaciones arbitrarias que nos infligía Rebeca a sus compañeritos del salón durante el recreo. Mis lectores convendrán conmigo en que para que un sofisma sea eficaz es preciso que sea, ante todo, fascinante, debe embobecernos, encandilarnos por unos instantes siquiera. Justamente porque se trata de un artificio de argumentación, de una descaminadora apariencia con empaque lógico. Pero la verdad es que ver en los noticiarios al fallido sofista Leopoldo Puchi tartajeando torpes martingalas «históricas», tendiendo imaginarias líneas de tensión y continuidad entre aquella resplandeciente mañana del 23 de enero del 58 y la sangrienta chambonada a medio brazo que, estrictamente hablando, fue el 4 de febrero del 92 habría sido un espectáculo regocijante por lo que tiene de picaresca criolla y de marrullería intelectual, si no hubiese sido también patéticamente lambucia y servil, como todo lo del MAS, compañero de viaje de Chávez ignorado sistemáticamente por Chávez. Servil a una intención que, no por ingenua es menos totalitaria: establecer por vía administrativa lo que ha de conmemorar una sociedad y lo que no. La nuez digámoslo así de la adulante argumentación de estos obsecuentes pretende que entre el vuelo de «La Vaca Sagrada» y la noche de los morteros del 92, no hubo sino un largo hiato de corrupción política y de frustración popular. En consecuencia, se nos propone homologar la fecha remota con la fecha más próxima: economía de la conmemoración, traslación del sentido de una efeméride indiscutible de nuestra historia contemporánea hacia la brasa sectaria de una muy debatible ocasión partidista. Con los mismos razonamientos de Lara y Puchi respaldándola, la redacción final del acuerdo para la solemne sesión conmemorativa bien podría ser la que sigue: La Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, considerando que el 14 de julio de 1789, el valeroso pueblo de París, conducido por sus líderes naturales, de entre quienes destacó el compañerito Camilo Desmoulins, asaltó la fortaleza de La Bastilla, bastión del absolutismo autocrático de los Borbones, hasta esa fecha inexpugnable. que el asalto a la fortaleza-prisión de La Bastilla catalizó un proceso que condujo a la cristalización para siempre jamás en el mundo moderno del ideal liberal republicano, enunciado cabalmente en la fórmula «Libertad, Igualdad, Fraternidad». que dichos ideales alentaron las primeras tentativas libertarias y justicieras que, andando el tiempo, habrían de mover la voluntad y el desprendimiento de gente cojonuda y resteada con el pueblo soberano como lo fueron Pedro Gual y José María España. que de Gual y España para abajo otros muchos venezolanos y venezolanas insignes, en diversas épocas de nuestra historia, hicieron suyas las banderas de la libertad, la igualdad y la justicia, notablemente el Padre de la Patria y Libertador Simón Bolívar. que la prematura muerte del Héroe y la disolución de la Gran Colombia en 1830 nos dejó a todos desamparados y en manos de una punta de coños de madre manchesterianos y neoliberales al servicio de las oligarquías usureras y las cúpulas partidistas clientelares y podridas, representadas cabalmente por José Antonio Páez y Carlos Andrés Pérez y sus ministros Santos Michelena, la mal llamada «Sociedad Económica de Amigos del País», el apátrida doctor Miguel Peña, cerebro del congreso secesionista de Valencia, el igualmente apátrida Moisés Naím, los hermanos José Gregorio y José Tadeo Monagas, el IESA, Max Valladares y Luis Giusti, el monaguero Ángel Quintero, Miguel «Paquetico» Rodríguez y todos los Diego Bautista Urbaneja que registra el Diccionario de historia de la Fundación Polar hasta la hora y punto en que a medianoche del 4 de febrero de 1992 un puñado de desprendidos herederos de la honrosa tradición humanista que se desprende de la toma de La Bastilla decidió poner fin a la larga noche de ignominia que deshonraba a los hijos de Bolívar. Acuerda: Artículo Primero: Conmemorar cada año todas las efemérides de connotación libertaria, justiciera, antiimperialista y de afirmación del orgullo patrio acaecidas entre el 14 de julio de 1789 y el 4 de febrero de 1992, tales como el martirio generoso del cacique Tamanaco, despedazado entre las fauces de los rabiosos mastines del «conquistador» Garci González de Silva y la acción de Los Cerritos (ocurrida en los Altos Mirandinos, por ahí por donde hoy están los Golfeados de Los Teques ), en la que ofrendara la vida el compañero Guaicaipuro, la heroica cimarronera de José Leonardo Chirinos, la rebelión de Andresote y Juan Francisco de León contra el protoimperialismo de la compañía guipuzcoana, el 19 de abril de 1811, el 5 de julio de 1810 (¿o es al revés?, ¿abril del 10, julio del 11?), la Campaña Admirable y la Expedición de Los Cayos, el sacrificio de Ricaurte en San Mateo, el asalto al cuartel Moncada, la emigración a oriente y el paso de los Andes, la Comuna de París, la corona del Miss Mundo alcanzada por la buenamoza ciudadana Susana Duijm en 1955, la medalla de oro de «Morochito» Rodríguez en 1967, la victoria del seleccionado nacional de beisbol amateur en La Habana en 1941, la fundación de la OPEP en 1960, la ejecución de los mártires de Chicago, el asesinato de Jorge Elíecer Gaitán, acaecido en Bogotá el 9 de abril de 1948, las batallas de Carabobo, Ayacucho, Boyacá, Junín y Pichincha, la toma y secuestro de los ministros de la OPEP por el injustamente desacreditado compatriota Carlos Ilich Ramírez, los natalicios de Simón Rodríguez, Francisco de Miranda, José Martí, Karl Marx, Ahmed Ben Bella, John Maynard Keynes, Juan Barreto, Rigoberta Menchú, Manuelita Sáenz, Ernesto «Che» Guevara, «Maisanta», Luis Miquilena, Walt Whitman, Patrice Lumumba, el «Látigo» Chávez, Alí Primera y Ezequiel Zamora. Artículo Segundo: asimilar todas esas efemérides al 4 de febrero de cada año. Artículo Tercero: compilar y hacer publicar, con los recursos que la Asamblea destina a estos fines, los documentos, testimonios, cartas, crónicas, anales y biografías de todos esos fastos y personajes históricos en una colección popular de libros que se ofrecerá al pueblo soberano a precios solidarios. Se encomienda al historiador Ernesto Alvarenga, diputado ante esta Asamblea, diligenciar tan plausible iniciativa editorial. Artículo Cuarto: se designa orador de orden vitalicio de cada conmemoración, en sesión solemne y a cámara plena, al diputado Tarek Williams Saab. Artículo Quinto: en aras de un clima de convivencia parlamentaria, y a solicitud de la bancada del MRV en pleno, se podrá invocar el contenido del antedicho artículo tercero como motivo justificado de inasistencia de los ciudadanos diputados a la sesión solemne. Artículo Sexto: hacer público este acuerdo. En el Palacio Legislativo de Caracas, a 27 de enero de 2001, años 190 de la Independencia y 9 de la Revolución.
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