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Sección: Bitblioteca
ENVIAR A UN AMIGO | ENVIAR AL DIRECTOR | ENVIAR AL EDITOR Del Bolívar para todos al Bolívar para Chávez El Nacional, 28 de noviembre de 1999
A partir de allí no hubo más enfrentamientos en torno a su actuación. Bolívar era devuelto a la patria y en el mismo acto se sancionaba la reconciliación de la nación alrededor de su héroe máximo. Cuatro décadas más tarde Guzmán Blanco preside el centenario de su nacimiento. La ocasión es propicia para reforzar el proyecto de la unidad nacional, junto con el Himno y los símbolos patrios, la figura de Bolívar permite convocar a los venezolanos al proyecto de orden y progreso del «Ilustre Americano». Una nueva conmemoración, esta vez el centenario de su muerte en 1930, es el pretexto que permite a Juan Vicente Gómez apoderarse del héroe y asociarlo a los logros del régimen. La cancelación de la deuda externa es el hecho que pone término a la obra de los libertadores, si Bolívar la liberó políticamente, Gómez lograba su independencia económica. López Contreras inventó las Cívicas Bolivarianas para mantener vivo el recuerdo del Libertador. Marcos Pérez Jiménez construyó el paseo de Los Próceres y con la Semana de la Patria revivía todos los años la hazaña iniciada en 1810. Carlos Andrés Pérez recorrió el mundo promoviendo un nuevo orden económico internacional, pretendía dar visibilidad y cumplimiento a la vocación integracionista del Libertador. Luis Herrera Campíns presidió la apoteosis del bicentenario en 1983. La inauguración del Metro de Caracas y los Juegos Panamericanos constituyeron la máxima ofrenda al prócer de la patria. El culto a Bolívar es, pues, un hecho consumado entre nosotros. Todos los mandatarios han hecho uso de Bolívar. Todos los 24 de julio, invariablemente, hay sesión solemne en el Congreso, visita al Panteón, ofrenda floral, misa en la Catedral y exégesis a su obra. Los gremios, las instituciones públicas y privadas, los partidos políticos, las organizaciones sindicales y empresariales, en sus aniversarios, acuden a la plaza Bolívar a dejar testimonio de admiración y respeto al creador de la nacionalidad. De los variadísimos contenidos de su correspondencia, discursos, decretos y proclamas se ha hecho el más disímil uso. Bolívar ha sido útil para la promoción del turismo, campañas conservacionistas, la lucha contra la corrupción. Se le ha vendido como periodista, promotor de la industria textil, pionero de la zona franca y el libre comercio y figura emblemática de la campaña nacional de sustitución de importaciones en la que, con el ceño fruncido y conminatorio, decía a los venezolanos «...¡consume lo que tu Venezuela produce!!!». No es, pues, un hecho novedoso ni alarmante la utilización indiscriminada de Bolívar para los fines más diversos. Es más, podría afirmarse que los venezolanos nos hemos acostumbrado a vivir con ello. Las advertencias que desde el mundo académico se han realizado para desnudar las infaustas consecuencias que entraña el culto al héroe, no han tenido eco. Tampoco han sido atendidas las denuncias que pretenden desenmascarar la funesta tergiversación de los postulados del Libertador para adecuarlos, de manera anacrónica, a circunstancias que no se corresponden con las de su tiempo. Las alusiones de Chávez al discurso del Libertador, sus frecuentes citas al ideario bolivariano, el llamado «Plan Bolívar 2000», no constituyen, por tanto, una práctica inédita, ni se distancia de lo que los venezolanos hemos vivido desde 1842. Sin embargo, no sucede lo mismo con la oferta constitucional de cambiarle el nombre al país por el de República Bolivariana de Venezuela, sencillamente porque desde el mismo momento en que el bolivarianismo se convierte en postulado de obligatorio cumplimiento, cuando por capricho del jefe del Estado y con la anuencia de unos acólitos constituyentes a todos los venezolanos se nos transmuta en apóstoles de una determinada liturgia bolivariana, se nos enajena y se nos priva de lo que ha sido el principal atributo del bolivarianismo que ha imperado entre nosotros: su carácter voluntario, versátil, creativo y realengo. Un Bolívar capaz de ajustarse a la medida de cada venezolano, de acuerdo a su propia visión del héroe y no a los designios de este o cualquier jefe de Estado.
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