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Proyecto de inserción profesional para egresados y estudiantes del último bienio
Con esas premisas, sugiero un plan a ser realizado por las Facultades de Ingeniería Agronómica y Medicina Veterinaria y la Escuela de Biología, a iniciarse en un ensayo de tres años. Ha de crearse una Junta Directiva formada por un representante de cada una de las entidades mencionadas, un representante de los egresados y un estudiante de los posibles elegidos para los proyectos. Si este proceso ha de tener feliz término, ha de estar alejado de toda actividad política partidista, religiosa, intereses de grupos y de todo aquello que pueda causar trabas y perjuicios en el proceso directo en el desarrollo que deseamos emprender. La ubicación de esta Junta Directiva podría establecerse en la ciudad de Maracay, donde existen las dos facultades mencionadas o en Caracas, si su carácter funcional resulta más práctico. En cuanto a su funcionamiento, esta junta estará sujeta a una reglamentación producida por los interesados y será quien ejerza todo el control de la proyección general con el visto bueno de las autoridades universitarias. Durará tres años en sus funciones y su elección se hará por los interesados, incluyendo a la Universidad. Dado su costo, este proyecto deberá contar con el respaldo de la Universidad, así como de algunos organismos oficiales y privados, nacionales e internacionales. Entre esos organismos podrían señalarse el Instituto Agrario Nacional, el Ministerio de Agricultura y Cría, el Fondo de Crédito Agropecuario, gobernaciones de estados, Banco Interamericano de Desarrollo, Programas de Naciones Unidas, FAO, etc. Las tierras que sean adjudicadas por el IAN o de otras entidades deberán llenar todos los requisitos para que cada explotación, individual o colectiva, tenga el mayor éxito posible. Esas tierras deberían estar lo más cerca posible del centro de estudios, de manera que la atención directa sea casi permanente durante sus estudios. Los futuros productores para este primer ensayo habrían de escogerse de la siguiente manera:
Cada uno de ellos se convertirá en el eje responsable de su proyecto cuando fuere individual y colectivo si lo amerita el caso. Deben evitarse proyectos que desborden los límites profesionales o que colidan con otras disciplinas. El estudiante elegido deberá tener hasta el final de la carrera la asesoría de un profesional especializado o de un profesor de la misma rama de la futura actividad de producción. Esos profesionales deberán recibir un emolumento según se acuerde. La Junta Directiva del proyecto deberá establecer las normas de selección tanto de estudiantes como de egresados, pues de ello depende en sumo grado el éxito de esta ambiciosa empresa. Todo fracaso afectaría a las personas individuales que participen en el proceso y repercutiría en el ente universitario si fueran masivo. Se escogerán estudiantes del último bienio de la carrera, quienes deberán tener el 100% de las materias anteriores aprobadas, con inclinación conocida sobre el ramo agrícola o animal a emprender y pasantías en la misma materia, buena conducta, buenas condiciones físicas. Esta actividad deberá realizarse en horarios que no perturben los estudios ni el trabajo ordinario del egresado. Antes de acometer la dirección de un proyecto se podrían establecer cursos de refrescamiento, sobre todo en ramas que estarían vinculadas al proceso productivo en cuestión. La Junta Directiva estudiará a fondo los déficits fundamentales en agricultura, ganadería y vida animal y una vez que haya seleccionado al grupo le explicará lo más ampliamente posible los pormenores del plan. Los proyectos no deberán presentar contradicciones ni superposiciones entre sí. Toda la proyección general sería llevada a las más altas autoridades universitarias para su estudio y aprobación y darle el visto bueno para el financiamiento del respectivo organismo, nacional o internacional. Como todo proyecto pioneros, la primera será la etapa más difícil, aunque no imposible. Tenemos la ciencia y la voluntad en nosotros. Un resultado exitoso abriría las puertas hacia el futuro y Venezuela obtendría un éxito importante. La Universidad, por su parte, daría un paso crucial hacia el año 2000, que iniciaría una cadena de continuidad en su enseñanza y seguridad de empleo que repercutiría en el bien de la juventud y contribuiría a la independencia de Venezuela en el siglo XXI. Igualmente se convertiría en un estímulo poderoso para el rendimiento académico de los estudiantes. Creo ha llegado la hora de que algunas carreras universitarias no giren en el vacío, pues cuando culminan los estudios el profesional se encuentra con un arma muy valiosa para su defensa futura, pero hay tantos caminos que no sabe cuál escoger. Con este proyecto se enlaza a los alumnos por graduarse y a los egresados para que aborden directamente los graves déficits actuales en los campos de la agricultura, la ganadería, la cría y el área forestal.
Julio Manuel Montoya es profesor de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Central de Venezuela. |
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