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El bello espíritu integrador de Bello

José Manrrike Arenas Merino

Cuernavaca, Morelos, México, agosto de 1998
El debate sobre la ortografía
El lenguaje en La BitBlioteca

Durante los trabajos del Primer Congreso Internacional de la Lengua Española, me permití la libertad (la osadía, dirían más de uno), de hacer el planteamiento que enseguida transcribo, la que coincidió en cierta medida, felizmente, con la propuesta de simplificación de Gabriel García Márquez, leída por él mismo durante la ceremonia de apertura de los trabajos del citado congreso.

Cuando Alfaguara pregunta cuál es el futuro de la literatura en Español, yo me atrevo a sugerir, una vez más, lanzar la iniciativa de un acuerdo internacional entre los países hispanoablantes para hacer de nuestro idioma el verdadero idioma mundial (‘universal’ me parece demasiado pretensioso).

Nos resultará muy difícil explicar a las generaciones venideras, porqué nos llevó tanto tiempo simplificar nuestra escritura, cuando la inteligencia artificial, la realidad virtual y los viajes por el Cosmos serán (son ya) la cotidianidad. ¿Cómo justificar ante nuestros bisnietos la existencia de una letra sin sonido, o una letra con más de uno, o tres letras que suenan igual, cuando ya hay hornos de microondas o teléfonos celulares, o Internet, para decir lo menos a propósito del progreso?.

Durante el congreso referido, varios colegas periodistas y lingüistas me expresaron su interés y hasta me enteraron de que hay sugerencias similares.

Espero que encuentren interesante, al menos, esta propuesta que hoy les hago llegar por la vía del faks, o fax, como haya de decirse en el futuro. Y que conste que no estoy refiriéndome a la gramática: ese es otro cantar.

Me gustaría, eso sí, recibir al menos un cortés saludo con el acuse de recibo de este documento, o mejor, una propuesta para hacer un documento más elaborado que incluya entrevistas a los doctos (a favor y en contra, claro), y otros elementos atractivos como por ejemplo una convocatoria a los cibernéticos para programar el software que permita la «traducción» de libros y documentos en general, de la versión actual a la nueva, con sólo apretar unas teclas de la CP. Y de ahí a publicar un libro, hay unos cuantos pasos...

Reciban un saludo afectuoso.

Cordialmente,

José Manrrike Arenas Merino

¡Ah!, si le fuera dada la ocasión a don Andrés Bello de presentarse en esta misma ciudad de Zacatecas, en este mismo acto y ante esta mismísima, selecta audiencia para insistir a nombre de todos los que, a través de muchas generaciones nos hemos atrevido a sugerir la simplificación y flexibilización de las normas que rigen el ejercicio de la comunicación en el bello idioma español, tal como él lo propuso hace 174 años en la revista Biblioteca Americana según el artículo «Indicaciones sobre la conveniencia de simplificar y uniformar la ortografía de América», en coautoría con don Juan García del Río. Si sólo pudiera revivir para asombrarse con los adelantos en la comunicación que nos permiten ser vistos y oídos en este instante en otro continente...

Cobijado en ese espíritu sugiero hoy, no sin cierta humildad, aprovechar esta oportunidad para que todos los hispanohablantes hagamos juntos un ejercicio que nos llevaría a un cambio histórico: ponernos de acuerdo para simplificar y uniformar la ortografía del idioma español. Así: eliminemos 8 letras para conservar sólo 21, cada una con un sonido único. De ese modo, el idioma español podría ser, quizá, el más sencillo de aprender tanto como idioma materno, como para los extranjeros –sin olvidar a las comunidades indígenas de América.

Como principio de esa simplificación, se propone modificar el alfabeto en estos términos: A, B, C (suena «cha», «che»), D, E, F, G (suena «ga», «gue»), I, J, K (suena «ka», «ke»), L, M, N, Ñ, O, P, R (se escribe y suena doble al inicio o en medio de una palabra, cuando se «rrekiere»), S, T, U, Y (suena «ya», «ye», «yubia»).

Juntos, ahora mismo, imaginemos cuántos beneficios sociales, culturales, económicos y políticos (¿por qué no?) derivarían de este simple, sencillo y práctico acuerdo. Así, la obra magna del magno don Miguel iniciaría:

En un lugar de La Manca, de kuyo nombre no kiero akordarme, no a muco tiempo ke bibía un idalgo de los de lansa en astiyero, adarga antigua, rosín flako i galgo korredor...

De nosotros depende la berdadera integrasión ispanoamerikana –inkluídos, desde luego sus indíjenas– i su promisorio futuro, de kara al siglo XXI i los ke sigen...

Atentamente,

José Manrrike Arenas Merino



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