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Manuel Alvar se equivoca
Noviembre de 1999 Si hay algún lingüista que me merezca respeto, ese es el profesor Manuel Alvar. Maestro de maestros, sus estudios sobre Dialectología son referente ineludible para todo el que se interese por la materia. Ex director de la Real Academia, catedrático en varias universidades... Manuel Alvar es un hombre docto, prolífico y prolijo. Su Manual de dialectología hispánica y sus Atlas lingüísticos sobre hablas peninsulares y americanas le colocan en un lugar de honor dentro la Lingüística Hispana. Manuel Alvar es, en definitiva, un científico. Y con eso creo que ya queda todo dicho. Por eso escribo este artículo con incredulidad y hasta con pesadumbre. Por eso me cuesta decir, aunque lo digo, que Manuel Alvar se equivoca. Y lo hago después de leer una entrevista que ha concedido a la sección de Andalucía del diario El País. En ella el profesor hace varios comentarios sobre el dialecto andaluz en los que muestra una clara falta de perspectiva. Un mal tan característico entre los lingüistas como el mal de altura entre los montañeros. Un mal al que don Manuel parecía inmune. Nos dice el profesor Alvar que la idea de que presentadores y locutores de televisión utilicen el dialecto andaluz le merece rechazo: «No estoy de acuerdo con eso. Eso no demuestra más que un espíritu de pueblo. Pero vamos a ver, ¿qué andaluz deberían emplear estos locutores y presentadores? ¿El de Ayamonte (Huelva) o el de Pulpí (Almería)? Buscar presentadores que hablen en andaluz para contar los partes de guerra de Kosovo es una idea que me parece una sandez supina». Me duele decirlo, pero se contradice Alvar. Sobre todo porque hace tan sólo una semana, durante una visita que realizó a Jaén, él mismo desveló cuál era, en su opinión, el principal mal del andaluz: que los mismos andaluces se avergüencen de hablarlo... Si se quiere dignificar el dialecto es necesario que a los andaluces no les pese hablar con su acento, estén donde estén, ya sea Sevilla o Madrid. ¿En qué quedamos pues? No debemos avergonzarnos de hablar con nuestro acento, pero es una «sandez supina» que los presentadores andaluces hablen en andaluz. Se equivoca Manuel Alvar. Y lo hace cuando cree que para hablar andaluz hay que elegir entre el acento de Pulpí y el de Ayamonte. Él que tan bien sabe lo diverso de los dialectos parece olvidar que la educación lingüística consiste en poder, y en saber, cambiar de registro. Y cualquier periodista andaluz es capaz de hacerlo. Capaz de mantener muchos rasgos dialectales en su discurso familiar y de realizar muchos menos en su discurso más elevado; pero capaz, en definitiva, de hablar en ambos casos con acento andaluz. ¿O acaso cree el profesor Alvar que no existe un andaluz prestigioso? No, me imagino que no cree eso. Sobre todo porque negar la existencia de un «andaluz culto» implicaría negar la existencia de un «venezolano culto», o de un «argentino culto». Y ningún dialectólogo por muy mal observador que sea es capaz de afirmar semejante despropósito. Si tan sólo una persona instruida utilizara su acento andaluz para elaborar su discurso de más alto nivel esta teoría quedaría desmontada... como efectivamente sucede. La diversidad de las hablas andaluzas, su falta de nivelación es una de las grandes críticas que los lingüistas esgrimen contra el uso del andaluz en los medios de comunicación. Es como si dijésemos: No es apropiado que presentadores negros aparezcan en pantalla porque ¿qué tipo de negro debe aparecer, negro africano, cuarterón u ochavón? Perdonen que utilicen este vocabulario que quizás sea despectivo para algunos, no es mi intención ofender a nadie. Pero la comparación me parece procedente. Al parecer ya no basta con que utilicemos un discurso congruente y apropiado, fiel a la estructura de la lengua común, también es necesario que utilicemos un acento determinado. Se equivoca Manuel Alvar. Y lo hace cuando cree que hablar un «andaluz culto», alejado de los vulgarismos, pero manteniendo una fonética andaluza, es una perspectiva poco alentadora: «Eso se llama español. Yo no llegué a conocer a don Antonio Machado. Unos me han dicho que hablaba un sevillano cerradísimo. Otros me han comentado que hablaba un español medio. ¿Por qué hay opiniones tan diferentes sobre cómo hablaba Machado? Porque lo mismo les daba que hablara en sevillano que en español medio, debido a que lo entendían perfectamente. Federico García Lorca escribía en lengua culta común a nosotros. Lo que es lógico es que hablara con una entonación granadina.» En otras palabras que el sevillano «cerradísimo» de Machado no era ni más ni menos que español, y que la entonación granadina de Lorca no era ni más ni menos que español. Sin embargo, y según Alvar, ni Lorca ni Machado habrían podido presentar en televisión. Se equivoca también el admirado profesor Alvar cuando dice que él ha podido trabajar en universidades de todo el mundo porque hablaba una «lengua de cultura». ¿Hablar con acento andaluz significa que hablamos una «lengua de incultura»? Se mezclan así churras y merinas. Se mezcla pronunciación con léxico y gramática. Y el andaluz es, básicamente, una manera de pronunciar el español. ¿Acaso un andaluz seseante, yeísta, que aspira las s finales y las j no habla buen español? Quizás el eminente filólogo aún piensa que todos los andaluces hablamos como hace 100 años, cuando el universo lingüístico se circunscribía al terruño de cada uno. O bien el periodista no interpretó bien sus palabras o bien sufre el estimado profesor del mal del academicista. Un mal que provoca en los lingüistas la creencia de que la necesaria uniformidad de la escritura debe verse refrendada por la misma uniformidad en los acentos. También critica el querido filólogo la idea de crear cátedras de Lingüística Andaluza, algo que califica de «aberración». Opinión que argumenta de la siguiente manera: «Hace unos años estaba en un Congreso en Aragón. Entonces se levantó un bárbaro y me espetó: ¿Por qué habla usted de Aragón sin ser aragonés?» A lo que don Manuel contestó parafraseando a Valle Inclán: «De acuerdo con su opinión, de los elefantes sólo podrían hablar los paquidermos». Una contestación genial, sin duda, pero vacía de contenido. Porque no creo que ningún andaluz le dijera a Alvar lo que le dijo aquel ignorante. Yo, por mi parte, lo que haría es rogarle que hablara aún más de andaluz, ya que siempre suele hacerlo con gran amplitud de miras. Aunque no en esta ocasión. Es imposible defender que el andaluz no es más que español y negar al mismo tiempo la posibilidad de estudiar el dialecto en la misma Universidad. ¿Acaso no describimos los lingüistas la manera en que habla la gente? Y si es así ¿por qué es tan malo crear una Cátedra de Lingüística Andaluza? La razón que argumenta Alvar es cómica, pero no es convincente. Cuanto más sepamos del andaluz, más sabremos del español. Si decimos que el andaluz carece de nivelación no puede parecernos malo que intentemos nivelarlo. Desde que el profesor Alvar elaboró su increíble obra Atlas lingüístico y etnográfico de Andalucía han pasado ya casi 50 años. Mucho ha cambiado la comunidad desde entonces. Antes había muchos analfabetos, ahora hay muchos universitarios. Y muchos son estudiantes de periodismo. ¿Conviene aconsejarles a estos últimos que abandonaran su acento andaluz a la hora de hablar ante un micrófono? Yo creo que no, por eso digo, y muy a mi pesar, que don Manuel Alvar se equivoca. Por cierto, desde la Radio Televisión Pública de Andalucía algunos compañeros narraron la Guerra de Kosovo con su acento andaluz y otros lo hicieron con su acento castellano, y que yo sepa a nadie le pareció que ninguno de ellos estuviera cometiendo esa «sandez supina» de la que habla el eminente profesor.
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