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 Caracas, Viernes, 25 de mayo de 2012
 

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De la dictadura del proletariado a la dictadura del militarado

El Universal, domingo 20 de setiembre de 1998, p. 1-6

Hay algo que resulta interesante observar en la historia de la intelligentsia venezolana y su relación con el poder: desde la muerte de Gómez, ni un solo intelectual digno de tal nombre se ha manifestado partidario ni mucho menos ha teorizado acerca de la necesidad de un régimen autoritario. Eso llama tanto más la atención cuanto que en Venezuela hubo un régimen dictatorial entre 1948 y 1958, de los cuales los cinco últimos años fueron de tiranía abierta. Porque nadie medianamente sensato va a considerar intelectuales a un Vitelio Reyes, a un Laureanito et alii.

Difícilmente pueda acusarse

Pero lo más importante es que hayan pasado cuarenta años desde 1958, con todas las frustraciones que ha sufrido la población, y entre ella unos intelectuales a quienes difícilmente pueda acusarse de servilismo ni obsecuencia ante un poder al cual una buena parte de ellos ha enfrentado y a veces en forma muy abierta y hasta riesgosa. Pues bien, nadie entre éstos ha optado por sostener la idea corriente de que este país lo que necesita es una mano de hierro, una dictadura militar.

De igual manera, en el movimiento dictatorialista que hoy se propone en las venideras elecciones, no hay un solo escritor o artista digno de tal nombre que le haya manifestado públicamente su adhesión. No negamos que alguno sienta simpatía por esa opción, pero hasta ahora se trata de una escogencia in pectore. No es aventurado inferir que si no lo hacen sea por la más simple y elemental vergüenza: los simplismos con que recubre Chávez su ambición de poder omnímodo son en efecto vergonzosos. No hay sino que leer las cogitaciones de su «director de ideología» para saber que el de la inteligencia no es un ejercicio muy habitual entre quienes siguen al Héroe del Museo Militar.

Por los caminos del idioma

En efecto, su poco andar por los caminos del idioma hace escribir al pomposo «director de ideología y alianzas» una hilarante tautología: para él, quien no está de acuerdo con su candidato sufre de «decrepitud senil» (sic). Pero en verdad, no es eso lo más importante, sino el lenguaje que nos da un abreboca de lo que sería el destino de la inteligencia bajo una dictadura militar populista.

No hay la menor argumentación, porque no hay intención de discutir nada. Sencillamente se limita a hacer afirmaciones en la famosa «lengua de madera» de los informes al Comité Central, lengua en la cual brillaba Su Majestad el Querido Líder Mariscal Kim Il Sung.

Un lindo ejemplo de lo que decimos está en la repetición de esta muestra de una lógica absolutamente circular: la candidatura de Chávez «es objetiva». ¿Por qué?: porque no es subjetiva». Y de ahí no lo saca nadie, dando vueltas en torno a la misma frase como un perro que se muerde la cola: yo lo digo porque es verdad y es verdad porque yo lo digo.

En su momento se propuso liberar

Se comprende entonces lo que decíamos al inicio: por qué la intelligentsia le saca el cuerpo al chavismo. Pero queda un problema: cómo es posible que una ideología que en su momento se propuso liberar entre otras cosas la fuerza de la inteligencia humana haya podido dar estos frutos que combinan el irracionalismo con una falta tan evidente de la más elemental inteligencia? ¿Cómo un Marx que con tan afilados dientes desgarraba la figura de Luis Napoleón Bonaparte, («Napoleón el Pequeño», como lo llamaba Víctor Hugo), haya podido derivar en este populismo militar bonapartista y peor que eso, monocrático?

Durante muchos años, toda su acción y su pensamiento políticos se centraban en la idea de que para transformar la sociedad capitalista en su contrario, había que implantar «la dictadura del proletariado». Eso atrajo a muchos intelectuales, incluso entre quienes abiertamente o so capa adversaban los regímenes autoritarios. Era que, en la fórmula, ellos leían la última palabra y desdeñaban la primera.

Pero en verdad, lo más importante para sus más fanáticos partidarios nunca fue un proletariado que sólo han conocido de oídas. Lo fundamental era la idea de dictadura. Las andanzas actuales de la antigua izquierda, a la cola del populismo militar, revelan cómo era ese el núcleo de su acción; y explican por qué pasaron tan fácilmente de la dictadura del proletariado a la dictadura del militarado.


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