|
|
|
|
![]() Biblioteca electrónica. Caracas, Venezuela Home Contáctenos Comentarios a La BitBlioteca
Buscador
|
|
El Viejo de la Montaña El Universal, domingo 23 de setiembre de 2001 A cualquier persona medianamente culta le es familiar el nombre de Omar Khayam (usamos la transliteración inglesa de su nombre persa, la más conocida). En cambio, es poco probable que le diga algo el nombre de Hassan al-Sabbah. Sin embargo, ciertas historias, o la leyenda, pretenden que fueron amigos en su juventud, cuando ambos se encontraron en Ispahan, capital de imperio; y se encaminaron luego a la no menos maravillosa Samarcanda. Corría entonces el año 1070. Eran dos personas extremadamente diferentes. El primero era el gran poeta que hace mil años, escribiera los famosos versos cuyo conjunto es conocido como Rubayat. Hombre alegre, que cantaba el vino y los placeres y que en sus primeros veinte años era ya conocido como uno de los más grandes sabios de su época, aborrecía la violencia y siendo como todo el mundo creyente, nada tenía de un fanático. LA CIUDAD SAGRADA. Su amigo de juventud, ese Hassan al-Sabbah que había nacido en Kom (la que hoy es la ciudad sagrada de Irán, el asiento del difunto Ayatolá Jomeini) era exactamente lo contrario. Pertenecía al ala más fanática e intolerante de la secta ismailita (a la que hoy pertenece el Aga Khan); y concibió la formación de una especie de ejército de las sombras, destinado a sembrar el terror en todo el Oriente (y también entre los representantes del Occidente, en ese entonces los cruzados) gracias a la acción de fanáticos suicidas que mataban a quienes se consideraban enemigos de la Verdadera Fe, fuesen sultanes, militares, políticos o simples gentes. Cometían sus crímenes a plena luz del día y por lo general, eran inmolados de inmediato, sin la menor queja de su parte. En el año 1090, su jefe, ese Hassan al-Sabbah del que venimos hablando, adquirió por varios miles de dinars una fortaleza, llamada Alamut, de dificilísimo acceso en la montañas, cerca del Mar Caspio. La fortificó hasta hacerla inconquistable y durante los próximos treinta años, hasta su muerte, y durante 130 años más después de ella, esparció el terror, como se ha dicho, en Oriente y Occidente. A Hassan al-Sabbah se le conocía como «el Viejo de la Montaña». UN ERROR DE MARCO POLO. A los fanáticos miembros de ese ejército secreto se les conoció en occidente como «los asesinos». Marco Polo se confundió (al oírlos llamar los haschischins), que su cruel fanatismo era estimulado por el consumo de haschís, lo que hoy conocemos como marihuana. De allí se deriva, en varias lenguas romances, la palabra «asesino». Pero la verdad parece ser otra. Si hemos de creer al gran escritor de origen libanés Amin Maalouf, en su magistral libro Samarcande, la palabra proviene de la forma como Hassan al-Sabbah acostumbraba llamarlos: Assasiyoum, o sea, fieles al Assa, es decir, al Fundamento de la Fe. Eran también llamados los fidai, o sea «los que se sacrifican». Pero lo más interesante, para que esto no sea una crónica más o menos erudita, es la manera como eran entrenados esos fidai, esos «asesinos» Y que se nos perdone la larga cita, aquí daremos la palabra a Maalouf: «Aprender a disimular su puñal»... «familiarizarse con las palomas mensajeras, memorizar los alfabetos en código, instrumentos de comunicación rápida y discreta con [el Viejo de la Montaña]». SER UN CAMALEÓN. «Aprender» continúa Maalouf, «a veces un dialecto, un acento regional, saber insertarse en un medio extranjero, hostil, fundirse durante semanas, meses, adormecer todas las desconfianzas esperando el momento propio para la ejecución; saber seguir la presa como un cazador, estudiar con precisión sus desplazamientos, sus vestidos, sus hábitos»... «Se cuenta que para ejecutar una de sus víctimas, dos asesinos debieron vivir durante dos años en un convento cristiano haciéndose pasar por monjes... ¡Semejante capacidad de camaleonismo no puede ser acompañado del uso de haschisch!» , concluye Maalouf. Cierto: el fanatismo y el odio son drogas más poderosas. ¿No suena esto familiar a mis desocupados lectores? El presidente Bush ha dicho que la que viene es la primera guerra del siglo XXI. En verdad es una guerra de hace mil años. Tal vez no sea ocioso recordar que las sectas de los «asesinos» siguió matando durante 166 años, hasta que la arrasó un descendiente de Gengis Khan.
|
|||||||||||||||||||||||||
|
||
|
Copyright © 2000 - 2005 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas. |
|
|