Roberto Hernández Montoya, Director
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La oposición es el gobierno
El Universal, domingo 31 de enero de 1999, p. 1-6
Desde que esta cronista llegó de sus vacaciones navideñas ha recibido cientos de llamadas de colegas y amigos en las que preguntan, no sin cierta angustia, «¿Dónde está la oposición?» y, de seguidas, explican las razones por las cuales ellos creen que ni AD, ni Copei, ni Proyecto Venezuela (estos dos últimos menguados en su capacidad crítica por el acuerdo parlamentario con el Polo Patriótico para conformar la directiva del Congreso) tienen posibilidades de ejercer una oposición eficaz. Todas las llamadas, sin excepción, ya sea en forma velada o explícita, constituían un reclamo a esta cronista: «¿Qué te pasa?» «¿Por qué no has empezado a escribir?» «¿Le tienes miedo a Chávez?» «¿No le vas a hacer oposición?»
Como éste es el primer artículo del presente año, bueno sería que explicase a los amables lectores y a los impacientes amigos lo que va constituir mi posición en torno a los difíciles eventos que nos va a tocar vivir a los venezolanos. Se lo explicaba hace unos días a la excelente periodista y amiga, Elizabeth Fuentes, a propósito de una encuesta que realizaba entre colegas sobre el tema de la oposición: La situación del país es demasiado difícil y el apoyo popular a Chávez demasiado grande para que quienes le adversamos en su campaña comencemos a hacer oposición sin darle la legítima y ganada oportunidad de que empiece a gobernar. Quien escribe, siempre ha detestado esa actitud tan extendida entre políticos y articulistas de adversar por adversar, en clara emulación de aquel peculiar invitado que llega tarde a la reunión y lo primero que pregunta es «¿De qué se habla aquí para oponerme?»
Por ejemplo, esta cronista no siente empacho alguno en decir que está feliz con la decisión de la Corte Suprema de Justicia sobre la legitimidad de la convocatoria del Referéndum, sin necesidad de reformar previamente la Constitución. Creo que tal decisión fue oportuna, documentada y evita una confrontación de poderes totalmente indeseable para el país. Conozco, como zuliana, a uno de los ponentes, el doctor Humberto La Roche, jurista y docente universitario respetado por sus paisanos. En la madurez de su vida no va a tomar decisiones contrarias a los principios que ha sostenido durante su larga trayectoria como profesional del Derecho: ni por temor, ni por complacencia, ni por razón política alguna. Sentimiento similar sostengo en relación a la presidenta de la Corte, la magistrada Cecilia Sosa Gómez, mujer capaz, organizada y valiente que está cumpliendo una extraordinaria labor en la modernización de las estructuras y funcionamiento de la Corte que, lamentablemente, poco ha importado a los políticos y medios de comunicación, más interesados en seguir difundiendo el estereotipo de una justicia corrupta y anclada en viejas prácticas que, en efecto, deben ser erradicadas. A propósito de la tendencia muy venezolana de calificar negativamente a las personas e instituciones por actos realizados en el pasado, sin darles así la oportunidad de que se reconozcan los positivos cambios logrados desde entonces, Paulina Gamus escribió un excelente artículo («No tiene quién lo quiera» ) (El Universal, 27-1-99) en el que se quejaba, con razón, de que este Parlamento fue elegido con los mismos votos que los gobernadores y los mismos que recibió el presidente Chávez el 6 de diciembre, y sin embargo es vituperado y juzgado por los partidarios del Polo Patriótico como si fuera el de períodos anteriores. Su legitimidad, entonces, es tan legítima (la tautología es intencional) como la del Presidente de la República o la de los gobernadores del PPT o del MVR.
El desentreno de la cronista causado por las hallacas y la hemorragia constituyente se evidencia en el olvido del tema central del presente artículo «¿Y dónde está la oposición?» . El canciller designado José Vicente Rangel (¡muy positivo nombramiento, por cierto!) nos da la respuesta en la estupenda entrevista de Elizabeth Fuentes: «Hay factores internos que pueden frustar las expectativas de cambio». Tiene razón José Vicente. La oposición no está en Copei (quizá porque Copei ya no está en el sentido de existir), ni en AD (empeñada en exhibir como voceros a las viejas caras de siempre) y tampoco en el Proyecto Venezuela organización que tendrá que definir si es un partido o un mero proyecto electoral. La oposición está en el nuevo gobierno. Basta oír con detenimiento el discurso presidencial en el que hostiga innecesariamente a sus hoy debilitados adversarios; o prestar atención a las trifulcas internas y a los «dossier» que recibe Chávez de sus dirigentes cada vez que asoma un nombre como potencial ministro; o las proclamas de las comisiones de enlace en las que se reedita el viejo Papá-Estado y, sobre todo, rebobinar las escenas que las boinas rojas protagonizaron el pasado 23 de enero a las puertas del Congreso, para saber que ahí está la oposición, «por ahora».
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