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Intervención en Congreso Nacional de Directores de Cultura

Manuel Espinoza
Viceministro de Cultura y Presidente del Consejo Nacional de la Cultura de Venezuela

Barquisimeto, 19 de abril de 2001
El debate cultural venezolano en La BitBlioteca

Comandante Luis Reyes Reyes, Gobernador del Estado Lara,
Dr. Henry Falcón, Alcalde del Municipio Iribarren,
Diputado Armando Salazar, Presidente de la Comisión de Educación, Cultura, Deporte y Recreación de la Asamblea Nacional.
Ingeniera Yajaira Briceño, Directora General de Desarrollo Regional del Ministerio de Planificación y Desarrollo,
Ciudadano Alberto García, Presidente de la Comisión Reestructuradora de Fundacultura,
Poeta Gustavo Pereira,
Dr. Luis Fuenmayor Toro,
Dr. Freddy Castillo Castellanos,
Señores Directores de Cultura,
Señores invitados especiales,
Queridos amigos todos,

Ante todo quiero agradecer la gentileza del ciudadano Gobernador del Estado Lara, Comandante Luis Reyes Reyes por la invitación a participar en este importante evento de reflexión sobre Políticas y Legislación Cultural.

Deseo igualmente felicitar y saludar la iniciativa de Benito Irady, Director de Cultura del Gobierno del Estado Bolívar, de estas convocatorias para el diálogo y el intercambio de experiencias y puntos de vista que comenzaron en Ciudad Bolívar y hoy continúan en Barquisimeto bajo la generosa anfitrionía del Gobernador del Estado y el responsable de las políticas culturales públicas de la región, compañero Alberto García.

Estos encuentros forman parte de las numerosas experiencias e iniciativas diversas que debemos promover, todos los organismos públicos y privados, comunidades e individualidades, para encontrar las formas más apropiadas y diversas en la construcción colectiva y plural de un legítimo, sólido y funcional Sistema Nacional de Cultura y sus órganos de representación y acción que garanticen el ejercicio pleno de la voluntad colectiva, la voluntad del pueblo en uso de sus poderes creadores originarios para fundar una nueva sociedad, la República Bolivariana de Venezuela.

La agenda de estas jornadas esta diseñada con temas de vital importancia para nuestras responsabilidades y tareas: la Legislación Cultural, la Descentralización y Autonomía de la Administración, el Patrimonio, las Industrias Culturales y Medios de Comunicación de Masas, la Protección y Seguridad Social del Trabajador Cultural. Temas de alcance nacional sobre los cuales trabajaremos permanentemente en estos y otros encuentros. Hay asuntos que consideramos igualmente relevantes para este preciso momento de construcción de estructuras de gestión, de reestructuración y reorientaciones de la acción cultural pública en tiempos de transición hacia un nuevo sistema socioeconómico y político.

Ante la tarea concreta de construcción de ese nuevo sistema que estamos adelantando es necesario además, conocer los problemas y estructuras que heredamos, la situación sociocultural sobre la cual actuamos, cuál es la concepción de cultura y educación que manejamos y si es la apropiada en cuanto a su connotación política para los nuevos propósitos. Las características del aparato administrativo que debemos construir y las implicaciones legales, teóricas y financieras que debemos enfrentar. Los problemas relativos a la claridad y voluntad política, las debilidades institucionales: capacidad de desempeño, discontinuidad, aislamiento, descoordinación, ineficiencia, lagunas, sistemas incompletos, metodología insuficiente, mal manejo de la incertidumbre y la complejidad, equivocado manejo de conflictos, métodos inadecuados. Pésima praxis, formación insuficiente, falta de estímulos y motivación, frustración funcional, falta de clarificación y calificación profesional, inexistencia de sistemas de remuneración adecuada... A esta situación, por falta de planificación y deficiente cultura gerencial, se agregan las dificultades generadas por la incomprensión de la importancia política estratégica de la cultura como factor indispensable para la construcción social por parte de los poderes regionales y como consecuencia, la grave y delicada insuficiencia de recursos destinados a la acción sociocultural.

  • Voluntad y apoyo político
  • Generación de comprensión, confianza, responsabilidad y compromiso por parte de nosotros, responsables de políticas culturales públicas.
  • Diseño y construcción de artefactos de gestión, administración, planificación, programación y ejecución eficientes.
  • Implantación de dispositivos de negociación político-financieros apropiados para el establecimiento de estrategias de inversión cultural nacional, regional, local e interregional.
  • Obtención de recursos de presupuesto suficientes y permanentes que garanticen la estabilidad y crecimiento orgánico de la acción cultural pública.

Estas son condiciones básicas indispensables para alcanzar un verdadero Sistema Nacional de Cultura para la elaboración concertada y armónica de un Plan nacional de Cultura y un Sistema concertado de Planes Regionales e Interregionales de Cultura.

Sabemos perfectamente, por nuestra propia experiencia, que el hecho de que no exista todavía suficiente claridad y voluntad política hacia la gestión cultural, tiene su causa original en el concepto mismo de cultura que corrientemente se maneja. En efecto, y esto lo vivimos a diario, cuando se habla de cultura, es como si se ingresara en un terreno ambiguo, nebuloso, impreciso, incierto, el territorio donde habitan los poetas y artistas, entendidos estos a su vez como seres que la sociedad los asume como irremediablemente necesarios pero absolutamente irresponsables y no aptos para enfrentar las tareas serias de construcción política, social y económica. En síntesis, se maneja una definición empobrecida y empobrecedora de cultura como una dimensión ornamental y de entretenimiento, que está causando un daño grave, profundo, inquietante con efectos devastadores en la vida social como, por ejemplo, la calidad de la educación que tenemos, la exclusión, la violencia, la calidad de lo que consumimos a través de los medios masivos de comunicación, las formas y calidad de nuestras relaciones con nosotros mismos, con las cosas, con el entorno, con nuestros semejantes. El efecto devastador manifiesto en la inhibición, bloqueo y/o desviación hacia formas violentas y destructivas de todo nuestro potencial creativo en la medida y proporción en que nos hacen consumidores acríticos de todo el arsenal de desechos, basura cultural de los grandes centros hegemónicos y unificados de manipulación masiva de conciencia, como el resultado patético de ese fenómeno que llamamos hoy globalización. Y ante el cual no poseemos otra arma más poderosa para neutralizar sus efectos negativos y aprovechar sus potencialidades positivas, que la creatividad de nuestro pueblo en toda su vital diversidad como fuerza generativa que caracteriza a lo humano y la cultura como la expresión en toda la extensión de su imaginario.

En este contexto asumimos la enorme importancia política de la Ley Orgánica de la Cultura que, junto a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, constituyen las herramientas fundamentales para la defensa y consolidación del espacio de la cultura como factor base de todo desarrollo, como plataforma de emancipación social, crecimiento económico, bienestar y fortalecimiento político de nuestra presencia en el concierto internacional.

El cambio de la utopía a la realidad, el camino de los propósitos a la realización concreta de una nueva sociedad y la construcción de un nuevo aparato de acción se nos plantea «como un reto a la voluntad y tenacidad de todos los que estamos comprometidos a trabajar en un espacio específico para la transformación profunda de la sociedad», para hacer real, victoriosa y continua la Revolución Cultural Bolivariana, creativa, constructiva y liberadora y no una simple ilusión o retórica vacía propia de un voluntarismo demagógico y palabrero.

En esta etapa de transición se nos plantea un compromiso crucial ¿cómo articular todo el complejo de la acción cultural con la acción que ejerce el aparato político-económico del Estado para pasar desde una sociedad donde prevalece la lógica del capital a otra donde sea la lógica del trabajo y el conocimiento que tenga esa supremacía? Esa nueva lógica del trabajo y del conocimiento puede llevar a construirse en el núcleo estructural de un nuevo modo de producción, cuando se defina una alternativa hegemónica que complete la erradicación del capital del proceso social. El trabajo y el conocimiento debería apropiarse de las funciones vitales del intercambio con la naturaleza y los que se dan entre los miembros de la sociedad a través de la autodeterminación de los mismos individuos. A nuestro entender aquí esta el núcleo central de reflexión a partir del cual podemos elaborar un verdadero discurso cultural revolucionario, transformador. La fuerza creativa del pueblo expresada en el hacer del conocimiento y del trabajo que pueda generar un nuevo sistema de relaciones sociales y un nuevo sistema simbólico más vital, más orgánico, esto es más plenamente humano.

Se trata de propiciar un cambio estructural dentro del sistema socioeconómico para alcanzar otro sistema socioeconómico en donde la acción cultural viene asociada al tránsito de un modo de ser a otro modo de ser, se trata de provocar cambios funcionales, cambios de valores y comportamientos como experiencias de autodescubrimiento, experiencias de desenvolvimiento pleno de las potencialidades individuales y colectivas que permitan configurar sociedades altamente productivas conformadas por ciudadanos solidarios en plenitud de conciencia de sus derechos y deberes y con posibilidad de expresar y alcanzar sus más altas aspiraciones humanas.

Para la organización y la acción cultural, a nuestro entender y siguiendo algunas reflexiones de Jorge Giordani, nuestro Ministro de Planificación y Desarrollo, tres elementos deben ponerse en juego, partiendo, por supuesto, de una nueva concepción de cultura en una perspectiva revolucionaria: el cambio político y las modificaciones relativas al estado que se están adelantando, el tipo de estructura productiva y el rol que seguirá teniendo el petróleo, las condiciones de estabilidad internacional y sus vínculos con las cuestiones de la soberanía independencia nacional, en el marco de las continuidades y discontinuidades propias de la transición. El segundo elemento se refiere a la situación actual de desarticulación, desintegración del tejido social y la fragmentación en el campo de las fuerzas que luchan por la transformación y alcanzar una conciencia colectiva que impulse las bases de un nuevo modelo. El tercer elemento se refiere a cómo será posible lograr una genuina autonomía y descentralización de los poderes en la toma de decisiones, en contraste con la concentración y centralización ligada a las formas burocráticas del Estado.

Para finalizar mi intervención, saludo y felicito nuevamente a los organizadores de este evento anfictiónico y les deseo los mejores resultados ofreciéndoles igualmente en nombre de los organismos del Ejecutivo Nacional que representamos todo el apoyo necesario para que esta experiencia pueda continuar en la búsqueda de las formas más apropiadas de diálogo e intercambio de experiencias para la construcción de un vigoroso Sistema Nacional de Cultura articulando todas las instancias de representación popular e incorporando a los creadores, artesanos, trabajadores culturales, promotores, intelectuales, investigadores en este esfuerzo mancomunado de creación colectiva.

Asumimos plenamente la visión que orienta a estas jornadas:

Crear y desarrollar mecanismos institucionales que dinamicen y expresen el poder creador del pueblo, inspirado en los postulados de la Revolución Cultural Bolivariana, para reafirmar nuestra diversidad cultural, en función de la construcción de la nueva forma de estado concebido en el texto constitucional como instrumento para hacer realidad el ideario de sociedad justa y amante de la paz.

Muchas gracias.


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