Aun cuando se dice pronto, en estos días se cumplirían cuarenta años de uno de los episodios más tensos, difíciles y heroicos de la Venezuela contemporánea: el nacimiento y pasión del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria). Quienes llegaron al país desde el exilio -me refiero con ello a los altos dirigentes, los «tiburones» que terminarían, vía Pacto de Punto Fijo adueñándose de todo- se organizaron a fin de borrar lo que había sido la democracia «plebeya», llena de ilusiones y grandes consignas del año 58.
La vía estuvo, tras el mecanismo electoral, en una nueva institucionalización que de hecho cumplía dos papeles: reducir la participación popular activa y aplazar, traicionando, las promesas y esperanzas iniciales que rodean la caída del perezjimenismo. Para ello hacía falta aislar a un Partido Comunista de prestigio, nacido de sus aciertos en la lucha antidictatorial. Y lo consiguieron. Cuando parecían logrados los que podemos llamar sus «propósitos estratégicos», un sector (dirigentes juveniles y sindicales) abandona el Gobierno y AD, encabezando un nuevo Partido: el MIR.
Con ello adquiría un desenlace una vieja disputa presuntamente abstracta, teórica. Pero fue rodeado por masas que iniciaban la expresión de su descontento activo y se convirtió en un caudaloso movimiento. Al MIR se le persiguió nomás aparecer. Y ello, unido a la experiencia naciente de Cuba, donde una revolución resistía todas las asechanzas y amenazas, lo condujo a lo que en Venezuela llamamos «lucha armada». Parece mentira que una fuerza que logró pronosticar con bastante acierto hacia dónde llevarían al país adecos y copeyanos, cometiera semejante error de apreciación. El resultado fue la derrota: desaparecidos y muertos, torturados, casi el fin del partido. Pero supo rehacerse, recuperar fuerzas con un desatentado esfuerzo, y volvió a ser un dato significativo de la política nacional.
Luego una injustificable división llevó al sector que la ganara a fusionarse con el MAS, en ejercicio de la pasión unitaria que animaba al MIR. El MAS era y es un fraude. Por esa vía se extinguió un heroico esfuerzo por un país distinto y un futuro diferente.