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Los bandos no son homogéneos

Milagros Socorro
msocorro@facilnet.com

Diciembre de 1999
Por qué y por qué no

Una mirada superficial haría pensar que el próximo referéndum ha dividido al país en dos bandos claramente discernibles: el SÍ y el NO. Fallido parecer que encuentra su explicación en el estilo cerril del gobierno, y el discurso portuario del presidente Chávez, manifestaciones de arrabal cuya natural consecuencia debería ser la discordia de la nación y su cortadura en dos gajos.

Si del centro del poder emanan mensajes propios de la periferia de las galleras, lo natural sería que la nación, encrespada por mandatos de odio hormonal, se escindiera en dos facciones compactas azuzadas por las consignas botiquineras que enuncia el sector oficial. No ha sido así, sin embargo. La verdad es que los dos bloques que hoy demuestran su pugnacidad no son tales: no son monolíticos. Y no estamos ante la presencia de dos voluntades políticas e ideológicas, sino de muchas. Muchas posiciones, muchos matices, mucho sí pero no y mucho no pero sí.

Los diferentes sectores que integran la intención de voto por las dos perspectivas frente al proyecto de Carta Magna son eso: sectores diferentes. Los grupos que apoyan el SÍ, por ejemplo, no son todos idénticos ni están movidos por las mismas pulsiones, pasiones e intenciones. Una prueba sencilla: de todos los que votarán al SÍ, solamente una persona apoya el cambio de nombre del país; esa gran estulticia, innecesaria, costosa y francamente hilarante si no fuera por la dolorosa vergüenza que nos produce.

En las huestes del SÍ hay muchos que no ocultan sus reservas frente a este o aquel artículo del borrador de Constitución, pero la aprueban porque valoran su adelanto en materia de derechos humanos con respecto al documento del 61. Algunos lo hacen como un gesto de apoyo al presidente Chávez, a quien siguen percibiendo como la contrafigura del elenco que despanzurró al país. Otros llenarán el óvalo del SÍ porque no entienden un carajo pero tienen la vaga fantasía de que una vez aprobada la Constitución de Chávez el Guarataro se convertirá en un Club Méditerranée. El SÍ tiene, asimismo, gente sensata y bienintencionada que actúa en la convicción de que la nueva Constitución elevará el nivel de vida de la nación y recuperará sus instituciones.

En el SÍ están, pues, los que andan lambuceando un carguito después del 15; están los gritones del centro de Caracas cuya exclusiva ocupación consiste en darle la vuelta al cassette de Alí Primera (y/o de Los Guaraguao); están los bocones que ofrecen plomo grueso y exterminio a la disensión; y están también los choferes de los carritos por puesto de Cabimas que circulan muy orondos, sin agredir a nadie, con un cartel en su carro que reza: de bolas que YES.

Y lo mismo ocurre con la mesnada del NO. Entre los reacios a suscribir la propuesta de la ANC hay opositores a la unicameralidad; venezolanos del interior del país que recelan del tufo centralista que exhala el librito; demócratas negados a entregarle al Estado la potestad de decidir qué información es veraz y cuál es espuria; legiones horrorizadas ante la posibilidad de tener a Chávez por doce años disfrazado de pelotero, de mariachi, de chofer del carrito horrible ése que alguien diseñó para los pobres; y también están los comités de Damas Caritativas; fachos de toda laya; reaccionarios que siguen existiendo, listos para arremeter contra cualquier avance de la sociedad. Y todos mezclados en el NO.

Eso es muy difícil. Aquí votaremos juntos —unos por el SÍ, otros por el NO— pero no estaremos revueltos en ninguna de las dos alternativas. Es que hay gente con la que no se puede. Ni ayer ni hoy.


Por qué y por qué no
Milagros Socorro en La BitBlioteca



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