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Después de la calma: ¿hasta cuándo la mujer?

Nelly Lejter
nlejter@iesa.edu.ve

El Nacional, agosto de 1998

Es una ley que una entrevista a una exitosa mujer gerente incluirá la pregunta sobre cómo es que esta mujer ha logrado combinar sus roles de madre, hija, esposa, y gerente. Como corolario, casi inevitablemente la respuesta de la mujer será que es muy difícil, por no decir imposible. La conclusión que se deriva de esta premisa es que las mujeres exitosas en lo profesional lo son a costa de su rol como madres o esposas. ¿Por qué no se pregunta a los hombres de éxito cómo se las han arreglado con sus vidas familiares, con el nacimiento de sus hijos o su educación, o con la enfermedad de sus padres? ¿Cuáles son los factores condicionantes del éxito en los hombres y en las mujeres? ¿Hasta qué punto son distintos y a qué responden estas diferencias? ¿Son, en verdad, en la práctica, tan distintas las mujeres de los hombres en su estilo de trabajo o de gerencia?

En su edición de abril de 1998, la revista Gerente anunciaba el eterno tema de las dificultades que deben enfrentar las mujeres que buscan combinar su rol de madres y esposas con una carrera profesional. El título «Empresas vs. Familias» venía acompañado, en la portada, de una foto de un bebé, emblema de la opinión generalizada: la dificultad que las mujeres enfrentan para combinar eficazmente los diferentes roles que ha escogido para su vida. Resulta curioso que en su edición de 1992, el título principal de la revista fue el mismo, pero con una diferencia: la portada decía «¿Empresas vs. Familias?», con una foto familiar como background. Lo que para 1992 era una pregunta, en 1998 se transformó en un hecho: el deseo de la mujer de desarrollar una carrera exitosa colide con su condición de madre y esposa, en suma: con su rol fundamental, en tanto que mujer.

¿Y los hombres, no tienen dificultades para combinar sus roles de padre, hijo, esposo, y gerente? ¿No deben, tanto como la mujer, negociar su dedicación a las distintas actividades que desarrollan en lo cotidiano? Tal vez lo que se tiene como cierto: que la mujer gerente tendrá problemas para negociar entre sus diferentes ocupaciones, vale también para los hombres. Sólo que nunca se plantea de esa manera. Y si no vale igual, habría que averiguar en qué se basan estas diferencias. ¿Se trata, por ejemplo, de diversos mecanismos de negociación adoptados por hombres y mujeres? Porque los dos negocian, de hecho. Por ejemplo, dudo que una gerente de hoy en día que sea madre se resigne a ser la única que cambia pañales, cocina, o lleva los niños al colegio. Todos, hombres y mujeres, somos hijos, padres, hermanos, y profesionales que buscan el éxito. Todos nos vemos en la situación de negociar entre nuestros diferentes roles todos los días. Más aún, hoy en día no son pocos los padres y madres que por una razón u otra enfrentan solos estos dilemas. ¿Cómo funciona para ellos la ecuación de combinar distintos roles?

En vista lo mucho que se ha hablado sobre el tema de «la mujer», decidí esperar pacientemente que los medios de comunicación hicieran su papel y nos hablaran sobre el significado actual del llamado «Día de la Madre». Los resultados fueron muy predecibles. El «Día de la Madre» fue un día de calma anunciada. Claro: se habló de la mujer gerente, de la mujer profesional, de la mujer «del mundo de hoy». Se nos recordó a las madres que todo eso está muy bien, sin olvidar que mantenernos bonitas y deseables es nuestra principal obligación. Se comentó, a veces, en las líneas finales de algunos reportajes, que los hombres deberían ayudar «un poco más» en las labores del hogar, y principalmente en el cuidado de los hijos. Algunos hasta nos repitieron que las mujeres tenemos cualidades «especiales», exclusivas a nuestra condición, que nos hacen buenas gerentes y que nos harían buenas dirigentes, porque somos tan distintas a los hombres.

Estas «cualidades especiales», ¿responden más a un estereotipo que a la realidad? Si son reales, cómo se canalizan? ¿Hasta qué punto son valoradas en tanto que distintivas de la mujer? No es casual que en las calles de Bogotá las paredes muestren el slogan «Noemí es el hombre», a propósito de la candidatura de Noemí Sanín. El problema fundamental es de paradigmas, de culturas, de maneras de pensar que tenemos insertados en nuestro modo de vida. Tal vez sea necesario dejar de plantearse el tema de «la mujer» como separado por definición del hombre. Un nuevo paradigma debe emerger, en el que las diferencias fundamentales entre el hombre y la mujer, en cuanto a su capacidad de trabajo, de gerencia, de inteligencia, o de combinar roles, no sean un axioma, sino una pregunta.

En el Centro de Desarrollo Humano y de Organizaciones del IESA estamos comenzando a desarrollar esta idea. La profesora Patricia Márquez y quien suscribe estamos trabajando en el proyecto «Qué hace falta para llegar a la cima: factores individuales y sociales que influyen en la definición, caminos y prácticas de la alta gerencia en Venezuela.» Queremos buscar nuevos modos de pensar e investigar sobre estos temas. Los mantendremos informados.


Email: nlejter@iesa.edu.ve



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