|
|
|
|
![]() Biblioteca electrónica. Caracas, Venezuela Home Contáctenos Comentarios a La BitBlioteca
Buscador
|
|
Elogio de la cordura Horror vacui Óscar Reyes Una de las razones por las cuales las personas tienden a no cambiar sus hábitos es por el horror vacui, el miedo al caos, al vacío. El homo sapiens basa su supervivencia no en instintos como las abejas, que están programadas para todas las actividades de su corta vida, sino en su capacidad para ordenar el cosmos que lo rodea, para fabricarse instintos. Estudiar las cosechas, las lluvias, los hábitos de las presas, nos ha permitido ser casi tan exitosos como los virus o las cucarachas, que todavía nos ganan en supervivencia. Quítennos eso y volveremos a andar en cuatro patas, y seremos presa de predadores que antaño derrotamos. Por otra parte, el orbe del hombre incluye árboles, ríos, tierras, pero sobre todo constructos humanos: edificios, carreteras, lenguajes, instituciones. Hace tiempo que el hombre dejó de ser «natural», por lo que son una estupidez esos llamados a volver a «lo natural». El cosmos del hombre en su gran mayoría se lo ha hecho él mismo, es una acumulación del trabajo de miles de generaciones, y por lo tanto «artificial», o mejor dicho, social: en eso nos diferenciamos de los demás animales. Por supuesto, cuando se nos propone un cambio en este cosmos político-social, como es el caso de un nuevo ordenamiento constitucional, el miedo al caos renace. Es por eso que surgen grupos conservadores en cruzada contra los cambios. Tal conservadurismo no es exclusivo de los que tienen bienes económicos que defender: en las manifestaciones de la iglesia contra el aborto había chiquillas de los colegios católicos, pero también curtidas madres de Catia, portando el retrato de la Virgen de la Coromoto. El único argumento que se puede ofrecer es que el cambio va a ser para mejor, que luego de la nueva Constitución nos espera un arranque luminoso de nuestra economía y nuestra calidad de vida, de la educación, la salud y la seguridad en las calles. Pero quien desea convencer, debe tener credibilidad. Y una de las maneras más sencillas de hacerlo es manteniendo la coherencia y la unidad del discurso. Si hoy digo que soy maoísta, mañana soy liberal y luego soy un émulo de la pobreza cubana, pierdo credibilidad en picada, independientemente del carisma que tenga. Los ricos nunca han querido a Chávez, ni han creído en él. La gran mayoría pobre sí, pero los disparates del discurso los han puesto alerta. ¿Es este caos lo que se llama la Quinta República? ¿Hacia dónde vamos? ¿Queremos ser unos canallas ricos como los norteamericanos o unos «puros» muertos de hambre como el pueblo cubano? El gran enemigo de Chávez son los medios internacionales. No porque hablen mal de él, sino porque muestran la opulencia de otros países, y en el contraste salimos perdiendo. Tal vez los ciudadanos venezolanos hace tiempo que perdieron los ideales (in strictu sensu) que impulsan a hombres soñadores como Chávez. Tal vez los ciudadanos sólo quieren un bistec y media docena de cervezas en la nevera, un hijo estudiando en la universidad, y que no los abaleen en la esquina. Tal vez la cultura del consumo y el confort nos han penetrado tanto, que nos parece bonito pero ingenuo eso de un ejército bolivariano subiendo Los Andes con la pata en el suelo para exportar la libertad. Desordenar el cosmos de la nevera con el bistec y las birras, no poder evitar que te abaleen en las esquinas, no poder evitar que el sueño de un hijo en la universidad se aleje cada vez más de la realidad, va a generar rechazo aun en los desheredados que votaron en aluvión por los constituyentes del Polo Patriótico. ¿Qué pueden ganar con una nueva constitución? ¿Dignidad? La dignidad se mide en valores materiales: bienestar, trabajo, dinero, salud, viajes, ropa. Esa concepción materialista generalizada entre los venezolanos es la que está acabando con el embrujo de Chávez, y no precisamente la prosa de Vargas Llosa.
Es curioso que un marxista como Chávez no ponga énfasis en la economía, que según el viejo filósofo alemán, es la clave. Es curioso que la lucha del chavismo sea tan a la norteamericana: derechos sociales como la información veraz, el aborto, no a la eutanasia. Mientras tanto, la inmoralidad y la injusticia más grande, la pobreza extrema de millones de venezolanos, permanece en pie, intacta, robusta, porque la agenda económica está en quinto plano. Al igual que Bolívar o Don Quijote, Chávez es un botarate que confunde un molino con un gigante y a quien no le importa morir con sólo dos camisas luego de dilapidar su fortuna en aventuras irreales o libertarias. A Bolívar le agradecemos la libertad, a Páez que nos fundara como nación: no se olvide que somos Venezuela y no una provincia de Bogotá porque Páez se hizo antibolivariano. Páez fue el Sancho Panza previsor, que pensaba en las camisas y los dineros, como la mayoría de los venezolanos, que agradecen el bistec y la cerveza fría. ¿Es necesario acaso concluir que el horror vacui le va a restar muchos votos al Sí, y que el unanimismo se acabó muy rápidamente, en un año? Culpa de estos tiempos materialistas tan vilipendiados.
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela |
|||||||||||||||||||||||||
|
||
|
Copyright © 2000 - 2005 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas. |
|
|