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Sección: Bitblioteca
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Buhonera 22 de noviembre de 2000 La ciudad se ha vuelto intransitable. Y como si fuese poco, Rosario se ha incorporado a la marea de ciudadanos que sale a bloquear las aceras y las avenidas con su mercancía. Rosario, como mucha gente de la clase media, hace esto todos los años por esta época. Durante una cuantas semanas entra en trance, parece apartar la vista de si misma, y se dedica a la confección de extrañas manualidades y algunos comestibles. Durante esas semanas abandona el gimnasio, los masajes, la peluquería, el flamenco, las clases de francés y sus dos novios para entregarse al trabajo puro de producción y comercio. La hemos visto hacer torta negra, tortas de zanahoria, de naranja y de yogur, pan casero y pan de jamón, buñuelos de yuca, arepitas y empanadas, pudines, hallacas y dulce de lechoza. Aunque es difícil de creerlo hace figuras de papier mâché, esmalte sobre cobre, libretas, cojines, colchas de retazos y muñecas de trapo, pinta frascos y cajas de lata, enlaza collares y pulseras, recopila libros viejos, sillas viejas, ropa vieja, juguetes viejos y se lanza a la calle todos los días. El pequeño Daewoo se le ha vuelto elástico. Le cabe de todo, hasta los muebles viejos. Sus lugares preferidos son los bazares de Santa Marta y El Cafetal, pero también se le ve por la carretera de La Guairita, en La Trinidad, El Hatillo, en Macaracuay, Las Mercedes y ¡hasta en Sabana Grande! Allí ha aprendido todo lo que se debe saber sobre la buhonería. Trabajar sin jefeRosario hace su platica. Después del 25 de diciembre acostumbra a irse de viaje. Unos años va a México o a Miami y otros a Nueva York, sus destinos preferidos. Pero cuando le va muy bien, como hace tres años, se lanza una gira por varias ciudades de Europa. Y todavía le queda plata para defenderse durante el año. Ella dice que lo mejor que tiene la buhonería es la libertad. No hay jefes, no hay horarios, no hay empleados. Se puede faltar cuando se tiene flojera. No hay impuestos, no se paga alquiler por el local, se conoce gente y se gana plata. Por lo menos ella gana. La semana pasada se le escucho decir que toda esa gente de la llamada economía informal no volverá jamas a la economía formal. Los miles de desempleados de la construcción, las muchachas de las fábricas textiles, los electricistas, plomeros y jardineros, los mesoneros, los conductores, los obreros de la industria automotriz, los muchachos del Táchira que dejaron los campos, los pescadores de Vargas y de Pampatar, todos esos que han saboreado la rutina del comercio informal, dice Rosario, no volverán a levantarse temprano, no aceptarán órdenes de nadie, no volverán al trabajo formal ni que les paguen en oro. Ciudadanos de primeraQuienes escuchaban a Rosario armaron una sampablera. Se les notaba descorazonados e indignados. Como casi todos los que trabajan diariamente en la economía no informal, los que sufren el agobio de la buhonería en el centro de las ciudades o en el chiquero de Sabana Grande, no se conforman con la idea de que la buhonería pueda tener carácter de eternidad. Mientras amasaban los ingredientes de pan de jamón, Rosario y sus amigos discutieron hasta tarde en busca de una salida. Hay que convertirlos en ciudadanos, decía ella. El asunto no está entre reprimirlos o tolerarlos, sino en tratarlos como ciudadanos que tienen derechos y también deberes. Desde el punto de vista de esta buhonera de clase media, las autoridades y la gente no tratan a los buhoneros como ciudadanos sino como una tribu molesta a la que hay que soportar. Se les trata con tolerancia, y la tolerancia ofende, dice. Se les tiene paciencia, se les soporta, se les sufre, pero no se les quiere. Se les da todo, se les permite usar los espacios públicos, ensuciar las calles, bloquear las zonas comerciales, pero no se les pide nada a cambio. Se les trata con lástima y con odio. Esto ha envilecido la relación con la economía informal. Hay que comenzar a tratarlos como ciudadanos, porque son ciudadanos y tienen derecho a trabajar, pero si son ciudadanos también tienen deberes y tienen que cumplir con las leyes -- dice Rosario no pide que los repriman y los desalojen sino que les hagan cumplir las leyes y que no se les permita vulnerar los derechos del resto de los ciudadanos. Solo así se puede ser feliz, como ella, la buhonera navideña.
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