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Ciberestética

Pablo Antillano
pabloa@viptel.com

El paisaje que se ofrece al ojo está lleno de electrónica. No solamente el paisaje exterior sino también el interior, el que describe profundidades sicológicas, secretos del alma y del cerebro, tanto del hombre como de la computadora. La fantasía futurista, muy comprometida con la alta tecnología de nuestra época ha traspasado la frontera que separa el mundo externo del mundo interior, ha intentado dar forma de objeto a lo que en otras épocas era inmaterial e inasible. La sinápsis, los procesos de asociaciones, los flujos afectivos, la memoria, los misterios del sueño ahora son representados con el aspecto de torbellinos magnéticos, de corrientes electrónicas, de ríos eléctricos, de cyberespacio con sus hipertextos y computers frames.

En la película Días Extraños de Kathrin Biguelow, se exhibe la posibilidad del robo de los sueños, como si los sueños fuesen digitalizables, portátiles y transferibles en cajas electrónicas. Los personajes graban escenas de la vida real, pero estas escenas están cargadas con las emociones y pasiones del observador. Cuando otra persona se coloca el visor puede reproducir en su interior las imágenes y las emociones idénticas a las que movieron al filmador. Puede disfrutar el placer sexual del otro, el sufrimiento de una mujer violada o reproducir, en si mismo, el momento final de un moribundo.

En Fugitivo al futuro de Robert Longo, el protagonista, Keanu Reeves, porta en su cerebro un chip de alta capacidad de almacenaje que le permite contrabandear memoria. Su propia memoria biológica es alterada para recibir y guardar otras memorias. La película está basada en una novela de William Gibson, el escritor que creó el término Cyberspace en 1980 cuando se inició en la ciencia ficción esta estética que asocia alta tecnología con el pop uderground.

En Hackers, de Iain Sofley, un grupo de jóvenes de la Generación X, para quienes la televisión y las computadoras son parte de su entorno natural, se introducen en el interior de la computadora de una supercorporación. Vemos el primer ataque masivo por Internet. El trabajo gráfico de la interioridad de las computadoras, iniciado hace muchos años en Tron de Disney ofrece el catálogo más amplio de la nueva iconografía del universo virtual. Virtuosismo de los diseñadores de videojuegos y grandes creadores del comic y el dibujo animado. Aquí vemos a la mente, y su representación, introducida en el cerebro de la computadora, a diferencia de la película anterior, en la que la computadora se introduce en la mente de Johny Mnemonic.

En esta línea se encuentra en las tiendas de video la película The Net con Sandra Bullock, con capacidad de introducirse en el corazón de una computadora que ha sido puesta al servicio de una conspiración universal.

Sexo virtual

Un clásico del género nació en 1992, inspirado en una novela de Stephen King y llamado The Lawnmower Man ( en las tiendas de video la llaman "Proyecto Fetal"). Está dirigida por Brett Leonar y protagonizan Jeff Fahey y el engominado Pierce Borsman. Un jardinero con retraso mental es expuesto a los juegos de realidad virtual por un científico excéntrico. De esta combinación entre cerebro atrofiado y computadora surge una suerte de hombre sobrehumano que sólo se realiza en conexión con la máquina.

Con el prodigio de el cine animado por computadoras y la fantasía gráfica de los artistas del diseño se celebra en esta película el primer encuentro sexual cibernético. Los cuerpos se transforman en volúmenes plásticos que se interpenetran, se amalgaman y se separan una y otra vez en una ceremonia electrónica.

Una combinación similar, menos erótica y más violenta, se celebra en Virtuosity, también de Brett Leonard, que en las tiendas de video se consigue como Sid 6.7 la Máquina Asesina, con Denzel Washington. Otro científico loco y ambicioso crea un ser humano abolutamente virtual, sólo existe en la computadora pero es perverso, violento y cruel como los villanos no virtuales. La película se las arregla para introducir a Denzel Hamilton en el interior del cyberespacio y librar la consabida persecusión y batalla final con el mal. Una vez más vemos al hombre introducido en el computador.

Los antecedentes

Quienes vienen siguiendo este género de la ciencia ficción, recuerdan con afecto la serie de Max Hedrom (1988) que relataba las historias del reportero Elison Carter del Canal 23. Su espíritu tenía un duplicado electrónico que habitaba las redes de la trasmisión. Su rostro dibujado en pixels expresaba astucias y sabidurías adicionales del periodista. En su época sembró desconcierto y profundo interés.

Sin embargo el sueño de la simbiosis entre hombre y máquina ya había tenido otras expresiones en el paisaje visual y novelesco de nuestra época. La idea del la máquina que invade el cuerpo del hombre ya se había expresado en la serie del Hombre Biónico que a mediados de los ochenta protagonizaban Lee Majors y Lindsay Wagner, y mas tarde en Robocop. En forma de ciberpunk habitaba las novelas anglosajonas de los movimientos que se difundían como los Neuromantics, Eighties Group o el Mirroshade Group. Sus visiones más románticas llegaron a ver un mundo pos-tecnológico y destruido que se consagró en Mad Max 2.

Sus temas fundamentales giraban en torno a la invasión tecnológica del cuerpo y la mente, los implantes quirúrgicos, las alteraciones genéticas, la inteligencia artificial,la neuroquímica. La acción implicaba religiosamente la existencia de redes electrónicas globales y maquinaciones perversas de corporaciones multinacionales.

Pero el clásico sigue siendo Blade Runner, de Ridley Scott, basada en la novela del maestro Phillip K. Dick. Aquí es el alma del hombre la que invade la imperfección del androide para torturarle con los privilegios del amor, la memoria y la muerte.

   


Pablo Antillano en La BitBlioteca



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