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Sección: Bitblioteca
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Perro 16/08/2000 El marido de Clara tiene más de una semana rumiando un rencor profundo. Se siente insultado y su espíritu reclama una venganza. Es que este tipo me dijo perro, me llamó perro, Clara, ¿no lo entiendes?, me dijo perro. Clara dice que no fue así la cosa, que hay un malentendido. Cuenta que el sábado salieron tres parejas a almorzar en el restorancito mediterráneo de la tercera transversal de los Palos Grandes, el Vassil. Pidieron berenjenas, cremas de garbanzo, breves platos griegos y turcos, couscous para seis y varias copas de bardolino. Y en medio de la euforia, el novio nuevo de la prima de Clara, un catire andino que trabaja para una empresa muy grande de contadores dejó caer la frase : Yo tuve un perro que se llamaba Pablo. Se les atragantó el couscous. El ánimo cordial se pegó un frenazo. La atmósfera se llenó de incógnitas. Cambiaron el tema. La conversación comenzó a danzar de un lado a otro buscando un puerto de reencuentro, pero el laberinto de incoherencias los condujo a la política. Instalados allí, terminaron peleando por unos absurdos detalles del plan Bolívar 2000. Fin de la fiesta, despedida fría y rencor en el automóvil. No veo por que este tipo vino a decirme perro. Es un papanatas Días caninos Por más esfuerzo que hizo Pablo para despegarse del episodio, para olvidarse, no ha dejado de tropezarse con perros durante toda la semana. Ese mismo día al llegar a la casa tropezó con los artículos de Ibsen Martínez y Ramón Hernández que evocaban la vieja conseja del perro que muerde la mano del amo. El domingo los abuelos le regalaron un pequeño perro a su hija Claudia. En el Papel Literario se refirieron a "las perras del hortelano" para hablar de los estudios del escritor Manuel Bermúdez. Y en la noche , Clara se pegó, con inocencia, a un programa de Discovery Channel sobre la persecución mundial a los perros salvajes, lobos, hienas, coyotes y chacales. El lunes, en la sección de cartas del periódico, un lector resalta el amor y la lealtad de los Pit Bull y los rootwailer. En la otra página Salvador Garmendia cuenta de un hermano que hablaba con los perros, los caballos y los pájaros. Al mediodía la profesora de italiano le trajo una versión italiana de "El llamado de la Selva", de Jack London, en la que un poderoso husky, un perro lobo del Yukón narra la historia de su propia vida. Un perro narrador que describe la crueldad del hombre, la ambición del oro y la noble lealtad de su verdadero amo. Al final vence el instinto y se reintegra a una manada de lobos, blancos como la nieve de sus bosques. Una manada de perros realengos persiguió a Pablo en su caminata matutina del martes, acicateando su rencor. Y el miércoles Roberto Malaver le exigió que le devolviera sus dos novelas policiales, largamente secuestradas, "El perro amarillo" de Walter Mosley y "Rescate por un perro" de Patricia Higsmith, que removieron sus pulsiones homicidas, pues en ambas novelas magistrales, dos pequeños caniches, Faraón en la primera y Lisa en la segunda , son pretextos y protagonistas para la perpetración de crímenes dulzones y sangrientos. Hasta en la sopa Por ahi se dice que las casualidades no existen. ¿Qué diría Jung, que diría Freud? Es verdad. Esto no puede ser casual. ¿Cómo alguien puede ser perseguido de esta manera por estos portadores de pulgas, que sólo ven el blanco y el negro, por estas húmedas narices superdotadas? ¡Toda la semana perseguido por esa mecha!. Voy a matar al tipo éste que me dijo perro. El jueves en la librería Suma, Pedro Espinoza , maestro del periodismo, sin ton ni son, le contó como fue que entrenaron a Polo, su boxer. Se lo llevaron a Caicaguana y lo convirtieron casi en una persona. El resto lo aprendió viendo a los dueños de la casa, a quienes imita sin piedad. Raúl Betancourt, el librero, terció en el relato y se fueron todos a hablar de Mr. Bones, el perro de Tombuctú, la formidable novela de Paul Auster. Mr.Bones es un perro que, como Buck , el lobo de Jack London, narra, medita, cavila, reflexiona. No como un hombre sino como un perro. Desde sus instintos, desde su animalidad, desde su inmanencia e inmediatez. El paisaje de la mente de este perro es nostálgico, el escritor se asoma a él extrañando su propia naturaleza, extrañando sus propios instintos, su animalidad perdida. El perro, en retribución, añora en el hombre su parte sagrada, su "darse cuenta", su capacidad de invención y se pregunta: ¿habrá un cielo para los perros?, ¿puede un perro entrar en Tombuctú. Tanto perro durante esta semana en la vida de Pablo no hizo más que atizar su furia, su fiero deseo de venganza. Ayer mismo, sábado, a una semana del supuesto insulto, Pablo fue a montarse en el carro nuevo de Argenis Martínez y tuvo que hacerle espacio a Groucho y a Charlie, los dos terrier de Mariana. Es demasiado, pensó, debo actuar ahora mismo. No creo que debas matarlo, le aconsejó Clara dulcemente. Hoy me enteré que lo que te dijo el catire no era un insulto sino una forma de expresarte su afecto. El tuvo una infancia muy difícil, estaba internado y vivía en soledad. Un día, de regreso a su casa, el padre le regaló un perro y él le puso el nombre del único amigo que había tenido durante aquellos años, del único amigo que recordaba: Pablo.
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