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¡Huele a tigre!

Roberto Malaver
romal@facilnet.com

Caracas, viernes 8 de noviembre de 2002

Documentos sobre los sucesos de abril de 2002 en Venezuela

Confieso que he vivido de susto en susto. Y el lunes 4, al leer la primera página de El Nacional, tuve uno de esos sustos que te hacen gritar: «Alumbra lumbre de alumbre esta incertidumbre». Porque sucede que allí, al ladito izquierdo, estaba la noticia del día: Eduardo Fernández elegido presidente de Copei».

Provocaba decir: «Boto tierrita y no juego más». Pero eso no basta. Allí hay que detenerse con más tiempo. Más meditación.

Y después de haberlo pensado mucho, he arribado a varias conclusiones: 1. Eduardo Fernández es mejor candidato que todos los miembros caídos de Primero Justicia. Me explico: el señor Fernández en plena campaña, para demostrar que él era un hombre que amaba al pueblo —ese sustantivo gastado— decidió pasar una noche tan linda como aquella en un rancho caraqueño. Eso, hasta ahora, no lo ha hecho ningún otro candidato, y de los que están en la oposición yo creo que ni Carlos Ortega se atreve a subir cerro.

Y, una vez que Eduardo Fernández bajó de la cima, perdón del cerro, llegó diciendo que los habitantes de las barriadas caraqueñas —cinturones de miseria, dicen otros— se alimentaban con Perrarina y Kool Aid. Hasta allá llegó el candidato para arribar a esa miserable conclusión. Pero llegó.

2. Eduardo Fernández derrotó en estas elecciones al cura Calderón, ese que se confesó golpista desde el mismo 11 de abril y que llegó a la plaza de Altamira montándose en la tarima porque él pensaba que una palabra suya bastaría para sanar de todo mal al país.

Esa derrota que le aplicó Fernández al Cura —que definitivamente ya no tiene cura— es una lección para el presidente Chávez, puesto que todos sabemos que hasta el momento el Presidente no ha podido derrotar a ningún cura.

3. Eduardo Fernández —en 1992— cuando el presidente Carlos Andrés Pérez Matos —como lo llamaba un periodista— salió corriendo rumbo a Venevisión, dejando en el camino al glorioso líder del partido blanco, Alfaro Ucero, porque un grupo de militares quería llenar un vacío de poder, se presentó en el canal para darle apoyo, no a Pérez Matos, como lo dijo después, sino a la democracia. Esa es una demostración de que el hombre era verdaderamente amante de ese sistema que se hundía y uno hacía peso.

Esa aparición en el canal de la colina, dicen los analistas de voz almidonada, que acabó con las pretensiones presidenciales del candidato Fernández. Sin embargo, hasta el momento nadie ha visto a Fernández bailando en la Plaza Altamira ni firmando banderas o senos desesperados.

4. Eduardo Fernández dio también una demostración democrática cuando llamó a todo el mundo —no importa que no sea copeyano— a votar por el candidato verde de su predilección para ser Presidente. Fue en ese momento, un 25 de abril —ese mes tan cruel—, cuando el niño mimado de aquel banquero latino, Gómez López, es decir, Oswaldo Álvarez Paz —que ahora anda en guerra—, ganó prácticamente las elecciones del país.

Aquí recuerdo la denuncia de un tal Pablo Medina, quien dijo que Álvarez Paz tenía una tarjeta de crédito otorgada por las autoridades del Banco Latino —el banco de hoy— para gastar lo que le diera la gana —qué tiempos aquellos.

Y en aquel tiempo dijo Eduardo a sus militantes: «Ahora me llamarán el Tigre, y seré su candidato».

Ahora, entre toda esa fauna política—militar, este hombre está roncando como el mejor candidato, porque recuerden que, donde ronca tigre no hay burro con reumatismo, como diría el ex presidente Luis Herrera Campins.

Mientras tanto, yo sigo aquí, asustadísimo con esa presidencia de Eduardo Fernández, porque eso de los militares en Altamira no le mete miedo a nadie, pero una nueva candidatura de este hombre es como para salir corriendo.

PS: El día de los muertos —2 de noviembre— vi una manifestación de «cadáveres insepultos» que iban rumbo al cementerio. Ojalá se hayan quedado por esos lados.


Roberto Malaver en La BitBlioteca



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