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250

Roberto Hernández Montoya

Domingo 23 de agosto de 1998

Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o fuere derogada por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone. En tal eventualidad, todo ciudadano, investido o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia. Serán juzgados según esta misma Constitución y las leyes expedidas en conformidad con ella, los que aparecieren responsables de los hechos señalados en la primera parte del inciso anterior y asimismo los principales funcionarios de los gobiernos que se organicen subsecuentemente, si no han contribuido a restablecer el imperio de esta Constitución. El Congreso podrá decretar, mediante acuerdo aprobado por la mayoría absoluta de sus miembros, la incautación de todo o parte de los bienes de esas mismas personas y de quienes se hayan enriquecido ilícitamente al amparo de la usurpación, para resarcir a la República de los perjuicios que se le hayan causado (artículo 250 de la Constitución).

El nombre de Prometeo significa ‘el que lo piensa primero’; el de su hermano Epimeteo quiere decir ‘el que lo piensa después’. Fue Epimeteo el que repartió a la loca las dotes naturales entre los seres vivientes. A los humanos no les tocaron garras ni colmillos ni pieles protectoras. Esa negligencia trivial desató la tragedia: Prometeo robó el fuego a los dioses, es decir, la inteligencia y la cultura, para suplir esas carencias. Los dioses lo condenaron a treinta mil años atado a una roca donde un águila le devoraba el hígado todos los días. A la mañana siguiente tenía uno nuevo.

Muchas tragedias comienzan por imprevisiones así. La vida real incluida. Sería bueno pensar en ello antes de emprender una Constituyente. El sitio Web de Hugo Chávez Frías, hoy desaparecido, nos cuenta qué es una constituyente según él, pero no cómo la piensa elegir.

En las computadoras hay una cosa que llaman sistema operativo, las instrucciones básicas que permiten que el ordenador funcione. Una experiencia aciaga se produce cuando se daña ese sistema, porque la máquina no arranca. Hay que hacerlo desde otro disco que contenga un sistema de emergencia para reponer el dañado. Análogamente, la Constitución es el conjunto de instrucciones básicas de un país. Cuando se daña hay que 1) hacerla cumplir mediante los medios «que ella misma dispone», ó 2) sustituirla cuando esos mecanismos no bastan. Mediante un acto cívico, como cuando destituyeron a Carlos Andrés Pérez, por las buenas. Pero si eso es imposible solo quedan las malas.

Vale la pena desmantelar el tinglado de sordiceces en que los políticos tradicionales en complicidad con empresarios aviesos han convertido la democracia. La oferta tienta. Se viene planteando desde hace años. Inútilmente. Su viabilidad requirió dos golpes de estado y varias revueltas. Pero ahora se nos plantean al menos dos problemas: 1) nombrar una Constituyente que no permita invocar el artículo 250, es decir, 2) que sea representativa de la voluntad nacional y no un nuevo tinglado nombrado «a dedo», con las tentaciones del poder absoluto, que, como decía Lord Acton, «corrompe absolutamente». ¿Por qué no conversamos serenamente sobre todo eso, digo, cuando todavía estamos a tiempo de «pensarlo antes» y evitar saltos en el vacío?


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