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Roberto Hernández Montoya

Últimas Noticias, sábado 26 de noviembre de 2005

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Roberto
El autor, con gorra roja, firmando uno del millón de ejemplares de Don Quijote que el Ministerio de Cultura comenzó a distribuir gratuitamente el domingo 23 de abril de 2005. En la Plaza Bolívar de Caracas,
Caracas, Venezuela (foto de Clara Díaz de San Martín).

Dos cosas me alarman especialmente: una firme convicción, pues me han asegurado que no soy infalible, y un acuerdo total con alguien.

Pero me ha venido pasando con Víctor García de la Concha, el actual director de la Real Academia Española, porque muestra una clara superación de lo que por años reprochamos a la Real: su rigidez. A mí me hubiera dado un ataque de mudez ante aquellos académicos de antes, a quienes casi todo parecía incorrecto, bárbaro, horroroso y otros calificativos inclementes. Aprendí de Ángel Rosenblat a entender en vez de ofender.

Me han tranquilizado, pues, algunas dudas que, precisamente, tengo sobre el Diccionario panhispánico de dudas, que acaban de publicar la Real y la Asociación de Academias de la Lengua Española y que presidió don Victor. En ese diccionario trabajaron muchos y eminentes profesionales. Por Venezuela, por ejemplo, participaron María Josefina Tejera y Clara Díaz de San Martín. Es el segundo diccionario de María Josefina, pues ya coordinó el monumental Diccionario de venezolanismos de 1993, lamentablemente abandonado por la UCV.

La Real ha avanzado. Lejos anda de aquellas admoniciones apocalípticas contra los que decían «hubieron lluvias», llamándolos bastardos, bárbaros, asesinos del lenguaje, etc. Ahora son solo «incultos».

Este nuevo diccionario no impone criterios despóticos sino que parte del «consenso» de la que llama gente «culta» y «desaconseja» los usos de la gente «inculta y vulgar». La gente «culta» es de clase alta, no por casualidad, pues estamos ante un concepto clasista de cultura. Por eso no coincido con este principio político. Sí: te participo que la gramática es un instrumento estratégico de la política. Como dice el sociolingüista Juan Manuel Sosa: en Venezuela dejamos pasar la pronunciación «maj o meno», pero menospreciamos «puelta» o «calne», porque el primer uso es corriente entre la gente llamada «culta», mientras confundir erre y ele es popular. «Inculto», diría la Real. En Puerto Rico, sin embargo, hasta los rectores confunden erre y ele y nadie anuncia fin de mundo.

Bienvenido sea este diccionario que, aparte de este detalle político, encuentro impecable y utilísimo, amén de asequible, considerando su vastedad y el enorme esfuerzo condensado en él.


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