Versiones
1,0 18 de octubre de 1999
2,3 del viernes 17 de marzo de 2000
2,4 domingo 14 de mayo de 2001
2,41 martes 25 de diciembre de 2001
Otra reflexión sobre el género gramatical: Automotriz: ¿adjetivo del primer tipo?
Con sus hijos Hannah y Herman en Coro,
Venezuela, agosto de 2000.
Este texto forma parte de la serie sobre lenguaje presentada en Gramática imaginaria
La función primordial del género gramatical en español no es indicar el sexo, en la medida en que, entre otras razones, el sexo es condición inexistente en la mayoría de los referentes de los sustantivos. Las funciones del género son más bien sintácticas y semánticas, de las cuales la indicación de sexo es una más. Este trabajo se propone describirlas detalladamente en su real jerarquía.
The primary function of grammatical gender in Spanish is not the indication of sex, as long as, among other reasons, sex does not exist in the majority of the substantives referents. The functions of gender are rather syntactic and semantic, among which the indication of sex is only one. The purpose of this paper is to minutely describe them in their real hierarchy.
La fonction primaire du genre grammatical en espagnol nest pas celle dindiquer le sexe, dans la mesure où, entre autres choses, le sexe est une condition qui nexiste pas dans la majorité des référents des noms. Les fonctions du genre sont plutôt syntaxiques et sémantiques, desquelles lindication du sexe nest quune entre plusieurs. Ce mémoire se propose les décrire en détail et dans leur vrai hiérarchie.
Género y sexo corresponden a layas empíricas y conceptuales distintas.
Ángeles aparte, las personas y los animales son los únicos seres conocidos del universo a los cuales es posible atribuir sexo ostensible el de los vegetales no es advertido de veras sino por botánicos y otros especialistas y es muy diverso al que les atribuimos los ignorantes en estas materias. Para la experiencia lega, el sexo es condición zoológica: para esa experiencia las plantas no lo tienen y cuando se lo atribuyen procede proyectándoles cierta idiosincrasia de aire zoológico: al menos en Venezuela, por ejemplo, se llaman «machos» aquellos ejemplares de plantas y árboles frutales que por alguna razón no son capaces fructificar y «hembras» los que sí, análogamente a las hembras animales, que se reproducen alumbrando u ovando, es decir, dando de su cuerpo un nuevo viviente.
Para la designación de personas y animales hay congruencia estadística entre sexo y género, pues el varón humano, los animales machos y las palabras que los designan suelen corresponder al sexo y género masculinos, respectivamente, y ocurre lo mismo con la mujer y los animales hembras a propósito de sexo y género femeninos. Esa congruencia cesa para la inmensa mayoría de las designaciones de animales, que suelen tener un solo género, masculino o femenino, arbitrariamente: la jirafa, el dromedario. Son femeninos y masculinos que Álvaro García Meseguer (1994) llama andróginos, pues no denotan el sexo del referente. Una jirafa, por tener nombre femenino, no excluye a las de sexo masculino. Lo mismo ocurre con el masculino dromedario, que no excluye a las hembras.
No se trata, sin embargo, de un mero caso de coincidencia estadística, sino de algo más estratégico y estructural, esto es,
el género es un desdoblamiento morfológico que se orienta semánticamente mediante una propiedad extralingüística: el sexo.
Esta relación, sin embargo, no siempre es consistente: las voces que designan seres humanos que presentan versiones en masculino y femenino, según corresponda al sexo del referente del tipo novio/novia, monje/monja , son escasísimas si las comparamos con la totalidad del léxico.
Similar procedimiento de orientación semántica ocurre con los sufijos y el número, así como, cual veremos más adelante, con la segunda persona y sus jerarquías y con los principios de bien y mal, escisiones en algunos casos morfológicas, que discurren sobre conceptos extralingüísticos: las cantidades, la relación jerárquica con el alocutario y la axiología, respectivamente. ¿No será que no son conceptos extralingüísticos y la lingüística tiene un campo de incumbencia que ha sido mal definido? Esta proyección en la morfología da una curiosa solidez transhistórica a estos conceptos que, por ser culturales, hubiéramos pensado, debieran ser diacrónicamente frágiles. ¿Estaríamos entonces ante una determinación del pensamiento que sería transhistórica y radical, estaríamos tal vez ante lo que Edgar Morin llama «el paradigma perdido: la naturaleza humana» (1973)? Roland Barthes (1978:12-14) presentó una respuesta radical en su lección inaugural en el Collège de France del 7 de enero de 1977:
Je suis obligé de toujours choisir entre le masculin et le féminin, le neutre ou le complexe me sont interdits ; de même encore, je suis obligé de marquer mon rapport à lautre en recourant soit au tu, soit au vous : le suspens affectif ou social mest refusé. Ainsi, par sa structure même, la langue implique une relation fatale daliénation. Parler, et à plus forte raison discourir, ce nest pas communiquer, comme on le répète trop souvent, cest assujetir : toute la langue est une rection généralisée.
[...]
Mais la langue, comme performance de tout langage, nest ni réactionnnaire, ni progressiste ; elle est tout simplement : fasciste ; car le fascisme, ce nest pas dempêcher de dire, cest dobliger à dire.
Estoy obligado siempre a escoger entre masculino y femenino; el neutro o lo complejo me están prohibidos; igualmente también, estoy obligado a marcar mi relación con el otro recurriendo sea al tú, o al usted: el suspenso afectivo o social me está negado. Así, por su estructura misma, la lengua implica una relación fatal de alienación. Hablar, y con más razón discurrir, no es comunicar, como se repite con demasiada frecuencia, es someter: toda lengua es una rección generalizada.
[...]
Pero la lengua, como ejecución de todo lenguaje, no es ni reaccionaria ni progresista; es simplemente: fascista; pues el fascismo no consiste en impedir decir, sino obligar a decir.
Esta cuestión del género y el sexo, especialmente sobre la total carencia del género neutro en francés, ocupó mucho la atención de Roland Barthes, quien le dedicó un libro clásico de análisis estructual (1970).
Esto, sin embargo, no parece tan alarmante como advertía el maestro de la rue Tournon, pues no afecta nuestro reino conceptual sino de un modo oblicuo. No nos compromete ideológicamente de un modo raigal, no nos impide profesar las ideologías, religiones y doctrinas más dispares en el seno de una misma lengua. De resto, es algo que se toma a chiste, como veremos al final.
En los cuatro casos citados, el género, el número, la segunda persona y el maniqueísmo axiológico, por ejemplo, estamos frente a una referenciación poco recomendable desde el punto de vista de la práctica científica vigente. Es decir, los compromisos conceptuales fundamentales implicados en ellos, no perturban de modo profundo nuestras convicciones científicas o cívicas:
los géneros masculino, femenino y neutro, sin ir más lejos, son una versión rudimentaria e incorrecta del sexo en tanto fenómeno biológico visto desde el punto de vista científico: ¿a qué sexo corresponde el género neutro? Ni uno ni otro, dice neuter,su étimo latino. Pero el hablante no sabe de etimologías y habla español y no latín. Además, tan implacable es la morfología que, contra lo que cabría razonablemente esperar si hubiera correspondiencia género-sexo, los hermafroditas son de género masculino. Lo que no es extraño porque el masculino es el género no marcado, que viene a sustituir al desasistido género neutro español, que se ha estrechado en la atribución del artículo lo a adjetivos, de paso concordados generalmente en masculino: Lo bueno, lo malo y lo feo. Pero esto también es inconsistente porque asimismo hallamos lo extraños que se ven, lo graciosas que son, y en frases preposicionales (lo de siempre)o de relativo (lo que dije).Igualmente hay neutro en los pronombres esto, eso y aquello. Este neutro es tan independiente de lo semántico que permite hablar en neutro de lo masculino y lo femenino.En francés esta operación se hace mediante el masculino, pues en esa lengua no queda ni siquiera el rastro de neutro que resta en español.
Desde la perspectiva matemática, la escisión en singular y pluraluno/múltiple, constituye un axioma binario válido, aunque pobre en la mayoría de las prácticas de cálculo, de las cantidades y sus relaciones lógicas, para no hablar de ese fenómeno curioso de usar un singular y un plural para nombrar el mismo referente singular: la matemática y las matemáticas, o un plural para mencionar un singular: las fauces.
La segunda persona y sus jerarquías, que son, como el sexo, un fenómeno existencial, social, antropológico, cultural, histórico, filosófico, sicológico, fenomenológico, poético, etc., y ciertamente bien poco lingüístico. O será, de nuevo, que estamos delimitando mal el campo de incumbencia de la lingüística (ver Tú eres él, nosotros y vosotros).
Bueno y malo: alto/bajo, cálido/frío, etc., que suelen implicar preferencias de aire ético (ver Maniqueísmo semántico).
Y esto sin considerar las inconsistencias, cuando el masculino nombra el femenino, y viceversa, el singular nombra el plural, y viceversa y usted, con conjugación de tercera persona,nombra a tú, como veremos luego.
Con instrumento al mismo tiempo tan complejo, sutil, formidable, incoherente y precario el lenguaje hablamos tú y yo.
Gente con género
Abajo presento una lista de palabras referidas a la humanidad con género diverso: masculino/femenino. Dado el carácter dinámico del léxico, no pretendo ser exhaustivo ni en esta ni en ninguna de las otras listas de casos que aparecen en este trabajo. Los he extraído de varios diccionarios: el de la Real Academia, porque, aunque no es universal como pretende, tiene poder suficiente para imponerse como norma artificial, de vigor político, en todo el mundo hispánico. También hemos consultado algunos lexicones venezolanos, porque hablan de palabras que me son cercanas. También hemos confrontado otros lexicones regionales. En ningún caso hemos pretendido alcanzar la exhaustividad. Aunque es inevitable que todo diccionario sea una selección arbitraria del léxico total de una lengua si es que tal cosa como un «léxico total de una lengua» puede enumerarse, me parece que estadísticamente esta lista es razonablemente representativa de este fenómeno de palabras que se desdoblan morfológicamente en géneros. No siempre estos diccionarios presentan los desdoblamientos por género de muchas palabras. Las he introducido, sin embargo, cuando he verificado su uso en la vida real. Cuando son pertinentes, estas observaciones son válidas para las demás listas que aparecen en este trabajo.
Palabras referidas a personas, con desinencias de masculino y femenino
abad/abadesa
abogado/abogada
abuelo/abuela
aficionado/aficionada
agricultor/agricultora
alcalde/alcaldesa
anciano/anciana
anestesiólogo/anestesióloga
animador/animadora
arpisto/arpista [uso venezolano]
artisto/artista [uso venezolano]
atorrante/atorranta [uso argentino]
autor/autora
babazorro/babazorra
babuchero/babuchera
bachiller/bachillera
bacinero/bacinera
bacteriólogo/bacterióloga
bailarín/bailarina
baladrero/baladrera
baladrón/baladrona
barajador/barajadora
barbián/barbiana
barbiblanco/barbiblanca
barbicano/barbicana
barbinegro/barbinegra
barbirrojo/barbirroja
barbirrubio/barbirrubia
barbirrucio/barbirrucia
barbudo/barbuda [no sé a qué mujeres barbiblancas, barbicanas, barbinegras, barbirrojas, barbirrubias, barbirrucias y barbudas se refiere el DRAE. Extrañamente el DRAE no registra barbirrala]
barón/baronesa
barquillero/barquillera
barragán/barragana
barrendero/barrendera
basurero/basurera
beato/beata
becario/becaria
beduino/beduina
begardo/begarda
berengario/berengaria
bígamo/bígama
bigardo/bigarda
billetero/billetera
bimano/bimana o bímano/bímana
bisabuelo/bisabuela
bisnieto/bisnieta
bisojo/bisoja
bizcochero/bizcochera
bocón/bocona
bodeguero/bodeguera
bolichero/bolichera
bolsiclón/bolsiclona
bonanzoso/bonanzosa
bonetero/bonetera
boquirrasgado/boquirrasgada
boquirroto/boquirrota
boquirrubio/boquirrubia
boquituerto/boquituerta
borceguinero/borceguinera
bordonero/bordonera
boruquiento/boruquienta
botinero/botinera
botocudo/botocuda
botonero/botonera
boyardo/boyarda
braquicéfalo/braquicéfala
brujo/bruja
buhonero/buhonera
buñolero/buñolera
burdelero/burdelera
burgués/burguesa
burlador/burladora [«Libertino habitual que hace gala de deshonrar a las mujeres, seduciéndolas y engañándolas» (DRAE). Dada esta definición inferimos que el DRAE presume el femenino para expresiones como «conducta burladora», etc.]
cabero/cabera
cabestrero/cabestrera
cabezón/cabezona
cabritero/cabritera
cachigordo/cachigorda
cacique/cacica
cacoquimio/cacoquimia
cajero/cajera
calcador/calcadora
calesero/calesera
calígrafo/calígrafa
camilucho/camilucha
camastrón/camastrona
camionero/camionera
campeón/campeona
campesino/campesina
canastillero/canastillera
candidato/candidata
cantaor/cantaora
cantor/cantora
capataz/capataza
capillero/capillera
capitán/capitana
carajo/caraja [uso venezolano para designar a alguien despreciable, aunque recientemente designa a cualquier persona. Se sigue considerando, como dice el DRAE, voz malsonante]
carantoñero/carantoñera
carcelero/carcelera
cartero/cartera
castañero/castañera
catecúmeno/catecúmena
cavador/cavadora
cavanillero/cavanillera
chico/chica
chofer/choferesa
cigarrero/cigarrera
cocinero/cocinera
cojo/coja
colaborador/colaboradora [en su acepción de columnista]
compadre/comadre
concubino/concubina
conde/condesa
cultor/cultora
cuñado/cuñada
demagogo/demagoga
diagramador/diagramadora
diputado/diputada
director/directora
diseñador/diseñadora
doctor/doctora
dolicocéfalo/dolicocéfala
doncel/doncella
duque/duquesa
editor/editora
empresario/empresaria
enfermero/enfermera
escritor/escritora
escultor/escultora
esposo/esposa
frutero/frutera
gafo/gafa [en Venezuela significa tonto]
gobernador/gobernadora
heredero/heredera
hermano/hermana
hijo/hija
histrión/histriona
hortero/hortera
huésped/huéspeda
infante/infanta
ingeniero/ingeniera
institutor/institutriz
interventor/interventora
inventor/inventora
investigador/investigadora
jefe/jefa
jinete/jineta
jockey/jocketa [venezolanismo por mujer que trabaja como jineta de carreras de caballos]
judío/judía
juez/jueza [jueza es uso venezolano popular frecuente]
juglar/juglaresa
ladrón/ladrona
librero/librera
licenciado/licenciada
locutor/locutora
maestro/maestra
majo/maja
malandro/malandra
mancebo/manceba
mantenido/mantenida
marico/marica [en Venezuela marico suele aludir al hombre homosexual y marica a la mujer homosexual. En otros países marica y maricona aluden a hombres homosexuales]
marinero/marinera
marqués/marquesa
menestral/menestrala
ministro/ministra
monje/monja
moro/mora
mozo/moza
mozuelo/mozuela
muchacho/muchacha
nieto/nieta
niño/niña
novicio/novicia
oficial/oficiala
operador/operadora
ordeñador/ordeñadora
padrastro/madrastra
pandillero/pandillera
papa/papisa
pastor/pastora
patrón/patrona
pavo/pava [joven adolescente, uso venezolano]
pintor/pintora
pistolo/pistola [tonto, uso venezolano]
poeta/poetisa
pordiosero/pordiosera
presidente/presidenta
primo/prima
príncipe/princesa
profesor/profesora
prójimo/prójima
puto/puta [puto es uso esporádico, con frecuencia jocoso]
religioso/religiosa
reportero/reportera
rey/reina
sacerdote/sacerdotisa
sarraceno/sarracena
secretario/secretaria
sedicioso/sediciosa
senador/senadora
suegro/suegra
tabernero/tabernera
tatarabuelo/tatarabuela
tataranieto/tataranieta
tendero/tendera
tío/tía
tipo/tipa
tirano/tirana
vaquero/vaquera
zagal/zagala
zángano/zángana
zapatero/zapatera
zar/zarina
Animales con género
La inmensa mayoría de los animales no distinguen género: avestruz, dromedario, jirafa. Solo unos pocos explicitan distinción de un género correspondiente a un sexo:
Palabras referidas a animales, con desinencias de masculino y femenino
abeja/abeja machiega o maesa
baifo/baifa
becerro/becerra
burro/burra
caballo/yegua
cachorro/cachorra
carnero/oveja
cerdo/cerda
chivo/chiva
cochino/cochina
gallo/gallina
gato/gata
león/leona
loro/lora/cotorra
macho cabrío/cabra
macho/hembra
macho/mula
machote/machota
maese/maesa
mono/mona
morrocoy/morrocoya [quelonio frecuente en Venezuela, país donde hay varias poblaciones llamadas La Morrocoya]
mulo/mula
novillo/novilla
pájaro/pájara
pato/pata
pavo/pava
perico/perica
perro/perra
pollo/polla
puerco/puerca
ratón/rata-ratona
ternero/ternera
tigre/tigra-tigresa
toro/vaca
Como se ve, son animales domésticos, domesticados o muy tenaces en la experiencia humana, entre ellas la simbólica: león/leona o tigre/tigra son mamíferos poco corrientes en la práctica humana en general, pero muy productivos a la hora de engendrar metáforas, ellas sí sólitas, pues casi no pasa día sin que hablemos de algún león o alguna tigra. Estas fieras son una referencia mítica, metafórica y literaria muy familiar. En Venezuela hay, por ejemplo, los Leones del Caracas y los Tigres de Aragua, sendos equipos de béisbol. En República Dominicana los Tigres del Licey. La lista es el planeta entero.
He puesto en lista aparte otros fenómenos de masculinización y feminización zoológicas porque son poco frecuentes y difícilmente previsibles en el habla general, pues se van armando al azar del habla informal y a veces tienen fines jocosos. Sin embargo puede ser frecuente este tipo de masculinización o feminización en función del sexo entre hablantes que tienen una práctica asidua con animales designados con un nombre de un solo género. Es una necesidad práctica y económica, permitida por el sistema gramatical español: es engorroso hablar constantemente del topo hembra o de la tortuga macho cuando hace falta aludir a ellos con frecuencia:
Palabras referidas a animales, con desinencias eventuales de masculino y femenino
culebro/culebra
elefante/elefanta
gorilo/gorila
ovejo/oveja
topo/topa
tortugo/tortuga, tortuguillo/tortuguilla [tortugo aparece en la canción Manuelita de la escritora argentina María Elena Walsh. Tortuguillo es uso venezolano escuchado entre biólogos encargados de «sembrar», como dicen ellos, «tortuguillos» recién nacidos en los ríos para intentar evitar la extinción de las tortugas del Orinoco. También usan los diminutivos tortuguillas y tortuguitas]
turpial/turpiala
Las máquinas excavadoras del Metro de Caracas reciben nombres propios zoologizantes y humanizantes por igual, como «la Topa Beatriz», etc. Es frecuente la feminización de algunas máquinas con el sufijo femenino -ora: aplanadora, computadora, engrapadora, fotocopiadora, impresora, troqueladora... (ver Máquinas femeninas).
Es decir, el género no tiene una congruencia estricta con el sexo a que supuestamente corresponde. Cuando hay duda entre el sexo del referente y una restricción morfológica, la lengua puede elegir esta sobre aquel: es el caso de avispón, hembrón y mujerón, por ejemplo, en que el sufijo -on rige género masculino. ¿Por qué no se elige mujerona como se elige casona a partir de un nombre también femenino como casa? ¿Por qué, que sepamos, nadie habla de casón aunque sí de caserón? ¿Por qué no se elige avispona? Tal vez porque no se ha hecho necesario. Este tipo de términos generados por sufijación u otras operaciones permanecen virtuales hasta que alguien necesita realizarlos: tal vez nadie ha dicho la palabra librón como aumentativo de libro, pero está allí disponible para cualquier eventualidad expresiva, así como los empleados bancarios y de servicios de Internet han dado con aperturar en lugar de abrir una cuenta. Aperturar es para ellos un término distinto a abrir, que, según perciben, se refiere a puertas, botellas, etc. Es cuestión de la función y de a qué término se oponga cada derivado. Mujerona, sin ir más lejos,designa a una mujer de dimensiones generosas, pero mujerón alude, además, a una condición estética, pues amén de grande es hermosa al menos en Venezuela. Pero, nos parece, hay algo más:
En esto la lengua se comporta como con los demás casos en que
el género cambia para satisfacer la necesidad morfológica del sufijo, ora rija femenino, ora masculino [ver lista].
Así ocurre con otras palabras, que conservan su género aunque designen personas del sexo que corresponde al género supuestamente contrario: «Anacleto es una bella persona», «Mariela es buen diente», «Rafucho es una buena ficha», «Petrucha es un buen partido», etc. Con frecuencia, sin embargo, se constata un proceso de asimilación. Por esta razón, especialmente en el habla popular, poco interferida por gramáticas de invernadero y, por tanto, más apegada a los procesos espontáneos y específicos del sistema mismo de la lengua, se dice entonces el modisto, el arpisto, el artisto, la jueza, la yerna, etc. Gramática de invernadero es concepto de Aníbal Nazoa, Obras incompletas, Caracas: Monte Ávila, p. 175: «Una gramática que no existe, que no tiene nada que ver con el lenguaje humano. Una gramática que a fuerza de ser precisa se vuelve nebulosa».
Centinela, guarda, etc., pasaron de femenino a masculino siguiendo el sexo del referente. Son casos en que los cambios tienen una vocación más permanente que la mera mutación oportunista. En el caso de avispón, hembrón, mujerón, etc., funciona un fenómeno más complejo, que expongo en otro lugar: el cambio de género no implica cambio de sexo sino de sentido (ver El sentido del sentido).
Comisión de enlace
Un sistema de terminaciones
Los sustantivos del español tienden, desde la lengua antigua hasta hoy, a agruparse en el masculino o el femenino según las terminaciones. Las terminaciones -o -a son claramente determinantes del género, pero también los sustantivos en -e o en consonante muestran una tendencia a agruparse en sistema, según ciertas terminaciones o sufijos (-aje, -ate, -or, -al, -ar, -umbre, -ambre, etc.) De esta tendencia escapan los monosílabos, porque en ellos no se siente la terminación. En general, conservan el género etimológico, pero muchos de ellos vacilan por causas diversas (Rosenblat, 1951:3).
En el género de los nombres influyen factores formales, semánticos, etimológicos y analógicos. La filiación del género exige a veces un estudio histórico pormenorizado de cada sustantivo (Real Academia, Esbozo, 2.2.7. (nota 18)).
El masculino posee un carácter general que está ausente del femenino, y este carácter es muy semejante al que hemos reconocido en el masculino, singular y plural, llamado genérico: los padres pueden significar padre y madre; hijo puede significar hijo o hija; hijos puede significar hijos o hijas. Nada de eso es posible con el femenino. El masculino desempeña mayor número de funciones, posee más extensión semántica y, por consiguiente, más indeterminación que el femenino. La Gramática moderna, en casos como este de concurrencia o competencia posible entre dos elementos que pertenecen a un mismo paradigma o a una misma categoría gramatical, llama negativo, extenso o no marcado al elemento o término de mayor indeterminación, en nuestro caso el masculino, y positivo, intenso o marcado al de mayor determinación, en nuestro caso el femenino (Real Academia, Esbozo, 2.2.7. (nota 21)).
En el caso de hijo/hija y niño/niña hay en Venezuela una manera de redundar el género mediante la expresión hijo varón/hija hembra y niño varón/niña hembra. No es estrictamente una redundancia sino un modo de vérselas con ese carácter negativo, extenso o no marcado del masculino. Una expresión como «tengo dos hijos» no especifica el sexo de los dos hijos, por eso el hablante suele decir entonces:
Tengo un hijo varón y con esa simetría frecuente en las lenguas, que genera expletivos, esos ripios gramaticales una hija hembra.
Sin embargo, en algunos casos, opera el que García Meseguer (1994:112-13) llama sexismo del oyente, cuando oímos decir:
Se sintió engañado y en consecuencia decidió tratarla con desprecio.
tenderá a ser interpretada como referida a «varón-mujer» y no será habitual que el oyente imagine, salvo reflexión, otros posibles pares de referentes: «pueblo-clase política»; «ejército-autoridad militar»; «equipo-directiva del club»; «sindicato-patronal»; «amigo-pareja»; a pesar de que la frase funciona bien con todos ellos.
Y sobre ambas comenta:
Quienes imaginen tan sólo varones detrás de las frases reseñadas incurrirán en sexismo del oyente, sin que la lengua como sistema tenga ninguna culpa de ello.No hay aquí sexismo de la lengua española.
El género masculino representa el neutro en expresiones como
un no sé qué
un toma y daca
Cuando uno cuantifica una unidad desprovista de género neuter ni uno ni otro género , adopta el significante masculino. Es la misma función que cumple el artículo neutro lo:
Aquí está el dónde y el cuándo
de cuando sueño contigo;
aquí esta donde te digo lo que te digo soñando (Andrés Eloy Blanco, dedicatoria de Giraluna).
En idiomas como el español el género sirve para enlazar las palabras. También cumplen esa función el número y la conjugación verbal, esto es, los accidentes gramaticales.
Para limitarme a las lenguas romances, en español como en italiano y portugués la concordancia de género sigue siendo tan fuerte como en latín. No así en francés, en que se ha ido debilitando considerablemente: género y número suelen pronunciarse escasa y débilmente y se han ido relegando prácticamente a la ortografía, que no es fenómeno primordial en la vida lingüística, aunque ciertamente no ajeno a ella, como se ha pensado. Por ello mismo el aprendizaje de la ortografía se vuelve arduo y a ratos hace envidiar a sus hablantes la «coherencia» del alemán, el español, el italiano o el portugués en la representación alfabética de sus fonemas. Se trata, claro, de una ilusión desde el punto de vista rigurosamente científico, pero que se sostiene para los efectos prácticos del hablante-escribiente (ver La Real Academia Española tiene mala ortografía).
Como ese enlace está marcado por las desinencias verbales, de género y de número, el vínculo posicional es menos rígido en español que en inglés o francés; de allí cierta variación topológica en español, de allí tanto hipérbaton, por eso son para nosotros comprensibles, aunque escarpadas y curiosas, frases como «en una de fregar cayó caldera» o «del monte en la ladera por mi mano plantado tengo un huerto» (Fray Luis de León). El latín, al tener, además, la concordancia de caso, presenta aún mayor variación posicional y mayor apego al hipérbaton, que suele ser incomprensible para los hispanohablantes aprendices del latín: «Aequam memento rebus in arduis servare mentem» (Alonso, 1953:16). Algo parecido ocurre a los angloparlantes y francófonos ante el hipérbaton español.
Así, pues, la función semántica del género en la explicitación de sexo es sumamente débil, pues
solo opera en algunos casos de personas (ver Gente con género) y
animales, que en su mayor parte tienen solo un género para expresar dos sexos (ver Animales con género).
Las cosas no tienen sexo y sin embargo tienen género y a veces dos, como las
que, por cierto, tienden en general a estrecharse en un solo género. Habitualmente el hablante da preferencia dialectalmente a un solo género. Así, por ejemplo, en el Oriente venezolano se tiende a decir la calor y la mar. No es uso exclusivo, naturalmente, pues se produce en otras regiones hispanohablantes, y en aquellas que prefieren el masculino (el calor y el mar), como en Caracas, se conoce asimismo el empleo femenino, que suele usarse lúdicamente. García Lorca juega con ambas versiones a un verso de distancia («Romance de la pena negra», Romancero gitano):
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las olas.
Pero, como se sabe, son palabras que tienden a sindicarse en el género masculino, que es el extenso, negativo o no marcado, como ocurrió con
Palabras ambiguas que evolucionaron hacia el género masculino exclusivo
análisis
anatema
fantasma
neuma
puente
reuma
tema
que alguna vez usaron los dos géneros y en otras lenguas romances terminaron siendo exclusivamente femeninas o masculinas, pero divergiendo del castellano: en francés analyse es femenino, como valse, en tanto que orchestre es masculino, por ejemplo. Mientras en Venezuela decimos el malandro (delincuente), en la Argentina dicen el malandra, con el mismo sentido y género, pero diferente final (Gobello, 1994:163). «La fantasma desapareció», dice Simón Bolívar en Mi delirio sobre el Chimborazo.
En otros casos se mantiene la vacilación:
Palabras con doble género y doble desinencia
cenicero/cenicera
computador/computadora
corotero/corotera [cantidad heterogénea de bártulos sin importancia. Uso venezolano]
grabador/grabadora
mecedor/mecedora
peinador/peinadora
perol/perola
perolero/perolera
refrigerador/refrigeradora
reguero/reguera
servilletero/servilletera
El uso de computadora en femenino, al menos en Venezuela, tiende a generalizarse, a pesar de la inclinación general a normalizar en masculino los préstamos de otras lenguas. Computador/computadora proviene, como se sabe, del inglés computer. El término computer designaba a los miembros de un grupo de mujeres matemáticas encargadas durante la Segunda Guerra Mundial de calcular trayectorias parabólicas balísticas (James Burke, «The Silk Road,» Scientific American, noviembre de 1995, p. 95). Tal vez en este caso haya la atracción de un componente elidido, real o hipotético para el hablante, anteponiendo máquina como componente virtual o como eso que llaman hiperónimo, que es quisicosa de funcionamiento mucho más complejo que lo que la mayoría de los lingüistas que la emplean está en capacidad de entender. De hecho en 1950 Alberto Mateo Alonso publicó en la Revista Nacional de Cultura (Venezuela) un artículo titulado «El pensamiento y las máquinas computadoras. La vana ilusión de un superhombre sin afectos» (Nº 82-83, setiembre-octubre de 1950, p. 161). Allí Mateo Alonso usa dos veces más, aparte del título, la expresión «máquinas computadoras». También usa la expresión «aparatos computadores» (p. 163). En España, por influencia del francés ordinateur, se eligió ordenador en lugar de computador o computadora.Salvo otra indicación, en la lista de palabras con sufijo en -ora,que sigue a continuación debe suponerse el componente hipotético máquina antepuesto a cada término, especialmente cuando no se trata de máquinas, como [planta] trepadora. Algunos de estos casos pueden presentar oscilaciones dialectales en cuanto al género adoptado en cada región, a veces imprevisibles (omito los indicados arriba como los casos de vacilación, dialectal o no, entre masculino y femenino que he verificado):
Máquinas femeninas
Palabras femeninas en -ora
afeitadora
ametralladora
aplanadora
calculadora
centrifugadora
copiadora
encuadernadora
engrapadora
excavadora
exprimidora
fotocopiadora
fresadora
impresora
licuadora
niveladora
lavadora
mondadora
pulidora
[caja] registradora
secadora
segadora
sumadora
tejedora
[planta] trepadora
trituradora
troqueladora
tundidora
Aparatos masculinos
Sin embargo, hallamos asimismo, en el campo de experiencia ergonómico, otros adminículos que se arropan bajo el género masculino, tal vez por elisión hipotética del hiperónimo aparato, que damos por supuesto, salvo otra indicación:
Palabras masculinas en -or
acumulador
alternador
amolador
amortiguador
[mueble] aparador
ascensor
atomizador
calador
calentador
calibrador
carburador
carmenador
cebador
colador
congelador
consolador
contador
controlador
destructor
digitalizador
dispensador [anglicismo por dispenser. Aunque es difícil empecinarse en esto de los barbarismos, pues prácticamente toda «máquina del bienestar», como las llama García Márquez, sería anglicismo o galicismo, etc.]
distribuidor
divisor
elevador
encendedor
fonocaptor
fregador
generador
medidor
motor
[mueble] mostrador
multiplicador
ordenador [se usa en España por computadora, como ya dijimos]
procesador
radiador
regulador
rociador
rotor
sellador
soldador
tractor
No tenemos demasiada fe en esa supuesta elisión de máquina y aparato, y otras, que no vemos claro cómo verificar más allá de un simple parecer. La única posibilidad sería tal vez examinar textos de la época de aparición de las computadoras u ordenadoras, a fines de la década de 1940. Tampoco tiene mucha fe en esto Théophile Ambadiang (1999, § 74.2.2.2). Solo podemos tenerle la fe que consiente la relación poco confiable entre hipónimos e hipernónimos. En este caso la relación de hipónimos e hiperónimos está distinguida por una marca «dura» en superficie: la determinación de género. En su estudio Ambadiang refiere algunas clases léxicas que determinarían el género, como los masculinos
Aviones: el DC 9, el Boeing 437.
Barcos: el Príncipe de Asturias, el Titanic.
Días, meses, años, siglos: lunes, abril, el (siglo) XI.
Y los femeninos
Carreteras: la (Nacional) IV.
Letras del alfabeto: a, b, m, s, z.
Pero hay casos en que el hiperónimo no determina el género, como en
Metales: hierro, titanio, plomo, cinc (pero la blenda, la plata).
Montes y volcanes: el Himalaya, el Vesubio, el Virunga (pero la Maliciosa, la Muela).
A este paradigma de protuberancias geográficas podríamos añadir dos venezolanas: la Teta de Niquitao y las Tetas de María Guevara, accidentes geológicos cuya forma evoca un seno de mujer y hasta de cierta mujer de apellido Guevara. Su hiperónimo, pues, no parece ser geográfico sino anatómico, por metáfora. En las Montañas Rocayosas de los Estados Unidos hay una llamada Grand Teton... (ver foto a la izquierda). ¿Es una adaptación al inglés de un nombre español? He allí los límites del juego hipónimos/hiperónimos. Estos funcionan de un modo caótico, es decir, con un sistema no rígido, que se va modificando según los dispositivos semánticos regidos por la pragmática. Así, según Ambadiang (1999, § 74.2.2.2), ciertos nombres
tienden a agruparse ocasionalmente, cada uno con su referente específico, en clases léxicas más o menos extensas bajo lo que se podría considerar un genérico (avión, barco, café, día, hora, letra, motocicleta, etc.) [...]. El género de este último, que es el nombre «más general» dentro de su clase, se comunica o extiende a «estos nombres particulares» o específicos [...]. Así, por ejemplo, el género masculino de día se extiende a lunes, martes, domingo, etc., mientras que a, b, m, etc., reciben el género femenino de letra. Por el contrario, el género femenino de nota no se extiende a los masculinos do, re, mi, fa..., ni el femenino de prenda se extiende a los masculinos pantalón, jersey o chaleco.
Se trata en general de adjetivos lexicalizados como sustantivos. De allí esta flaca hipótesis de un sustantivo virtual, o hiperónimo, en que se apoyaba el adjetivo antes de lexicalizarse como sustantivo, como en máquina computadora o aparato ordenador. El asunto es que una vez sustantivados tenían que adoptar un género, que en español es obligatorio y eligieron el que eligieron, por azar tal vez, o por un sistema que habría que estudiar a la luz de casos como estos montes y montañas que son masculinos hasta que evocan una teta, que no un seno, pues en este caso se llamarían el Seno de Niquitao o los Senos de María Guevara. Pero da la impresión de que el comedimiento y el eufemismo no estaban en la intención expresiva de quien bautizó estas formaciones bajo el hiperónimo teta, o que tal vez teta no tenía la actual resonancia tabú cuando se bautizaron esas formaciones geológicas.Igual dejadez de recato tenemos forzosamente quienes usamos esas denominaciones no porque carezcamos necesariamente de pudor, sino porque no hay otras denominaciones.¿Cómo se produce este embrague semántico que va de monte a teta?
Por otra parte, la mayoría de los préstamos de otras lenguas, al adoptar la morfología española, se acogen al masculino, por ser el género no marcado:
Préstamos de género masculino
casete o cassette (aunque el francés cassette es femenino cosa extraña, por cierto, porque la palabra cassette no fue inventada en ningún país de habla francesa, sino en Holanda, por la empresa Philips)
Cocosette [galleta de venta comercial a base de coco, de mucha tradición en Venezuela]
debut
digitalizador (< scanner)
escáner (< scanner)
fax
güinche (< winch) [uso venezolano. Designa una polea de tracción usada por vehículos de uso rústico]
impasse [femenino en francés]
manejador (< driver [en computación, un programa que dirige el funcionamiento de un equipo periférico, como un disco duro, una impresora, un digitalizador o escáner, etc. Igualmente habla de dispositivos como las unidades de disco. También se usa, hablando español, directamente la palabra inglesa driver, que toma género masculino en español]
seibó (< safe board) [uso venezolano]
sócate (< socket)
suiche (< switch)
walkman [con varias pronunciaciones españolizadas]
yip (< jeep)
Y un incalculable etcétera, dado el carácter dinámico del sistema de préstamos, especialmente en el mundo intercomunicado de este siglo, en el que diariamente la transferencia tecnológica multiplica términos que se internacionalizan instantáneamente en el mundo entero, a una tasa de 10.000 neologismos por año. Asimismo desaparecen con la misma desenvoltura y con frecuencia sin dejar rastros en la memoria colectiva: ¿quién recuerda, por ejemplo, los cartuchos (< cartridges) de cinta magnetofónica que, apenas comercializados, fueron desplazados por los casetes?
A veces, sin embargo, se conserva el género femenino, cuando se conoce el que tiene la palabra prestada en la lengua de origen, como en la premier (de un espectáculo), del femenino francés première (uso venezolano. A pesar de ser palabra empleada por personas con humos de ilustración, se suele pronunciar como los franceses pronuncian premier, sin la r final). O cuando es traducido a una palabra española de género femenino: battery > batería o pila, font > fuente (tipográfica), port > puerto (de computadora). Esta tendencia ocurre no solo con los préstamos, sino con las palabras nuevas o desconocidas, salvo, a veces, cuando tiene una desinencia identificable con el género femenino: data, ingesta, etc., que en español no solo son femeninos, sino singulares, a pesar de que en latín eran los nominativos neutros y plurales de datum e ingestum. Ocurrió distinto con los curricula, los memoranda y los pensa (uso colombiano y venezolano, plan de estudios), que adoptaron el masculino plural, al menos en el habla culta. Los curricula han sido desplazados por los currículos, y los memoranda por los memorandos. Los pensa han dado paso a pensos y a planes de estudios. Referendum dio referenda y ha venido siendo sustituido por referendo, tal vez por atracción de reverendo. En el proceso constituyente en Venezuela de 1999 se escuchó el plural referenda en uso culto. Así se ha seguido usando hasta hoy. También se usa multimedia, así como mass media, híbrido de inglés y latín que se ha universalizado. No parece haber prosperado el plural multimedios.
En inglés, lengua en que las operaciones desinenciales tienden a debilitarse solo existen en plural y en algunas variantes verbales: I love/he loves , los préstamos latinos suelen conservar su ortografía y parte de su morfología original modificando solo su pronunciación, hecha, claro está, a la inglesa. Así hallamos en inglés, sin rectificación, muchos latinismos como curriculum/curricula, memorandum/memoranda (ver Rosenblat, ¿Memorandum?, datum/data, junto con nombres como Julius Cæsar o Spartacus. Curriculum, data, memorandum, etc., han cundido del inglés a casi toda lengua del planeta. Por otra parte, varias palabras inglesas de uso muy frecuente tienen plurales que implican cambio morfológico distinto a la mera adición de -s o -es:
por lo cual esos plurales construidos con -a en sustitución de -um, como curriculum/curricula,no son, me parece, una intromisión radical en el sistema inglés de formación de plurales. En inglés la terminación -a no es percibida como femenino, como ocurre en español con data e ingesta, sino como una desinencia más de plural, como pertenecientes a los anómalos señalados arriba. Prácticamente no hay género en inglés, salvo en los pronombres he y she y algunas palabras excepcionales, que lo tienen por razones retóricas, estéticas o por tradición literaria, solo semánticas, sin marcas morfológicas. Así, son masculinos [father] time y la mayoría de los animales cuando se humanizan; por su parte son femeninos angel y ship, por ejemplo. He y she corresponden no a género solamente sino a sexo, pues siempre son personales, lo que no ocurre con los pronombres españoles de tercera persona él/ella, que pueden aludir a significados sin sexo, v. gr.: el partido/la institución. Para esos significados no personales el inglés tiene it, que no tiene género.
Con cambio de desinencia
El cambio de género suele implicar cambio de significado, ora varíe, ora no varíe la desinencia.
En algunos casos el femenino desinencial funciona como heterónimo semántico del correspondiente morfológico masculino, pues tienen un empleo diferente, aunque dentro del mismo campo semántico lo que sea que quiera decir campo semántico (§ 2.2.5). La Academia lo llama «esfera de significación». Digamos, en términos retóricos, que tienen una elocuencia cómplice. Esto es, mantienen una vinculación paradigmática que no vale la pena discutir, a la que podemos aplicar con asepsia la navaja de Occam. En algunos casos el cambio de género implica
cambio de dimensión (mango/manga, pozo/poza) o de
género y especie (leño/leña, crío/cría, naranjo/naranja, pito/pita (rechifla).
La lengua castellana tiene la virtud de modificar el género de la palabra para distinguir variedades de un objeto [...] la forma femenina designa muchas veces una variedad más grande que la masculina, y la aparente aberración se explica porque el sistema se remonta al neutro del plural latino -a (Rosenblat, 1960:I, 120).
Aunque es frecuente el mayor tamaño de femenino, ningún género tiene el privilegio de ser más «grande»: ciertamente la manga en Venezuela es mayor que el mango (me refiero a la fruta), pero el lago suele ser más grande que la laguna.
En otros casos, y de modos muy diversos, el género modifica el sentido, sin implicar dimensión ni particularidad vs. generalidad: cuento/cuenta, huerto/huerta, río/ría, etc. Son, con frecuencia, categorizaciones discutibles: no es obvio que naranja pertenece a la «categoría» naranjo, pues también puede ser al revés. De nuevo el problema de hiperónimos e hipónimos. Pero es obvio que son palabras que se buscan mutuamente, que resuenan en espacios recíprocamente íntimos, aunque en algunos casos hayan emprendido un viaje de separación, si es que alguna vez estuvieron unidos, que ya ha recorrido largo trecho: acto/acta, bolo/bola, bombo/bomba,cuento/cuenta, modo/moda, rayo/raya, ruedo/rueda, salud/saludo, zapato/zapata. Con el perdón de los positivistas, no hay modo de medir algo así como la «distancia semántica», pero me parece obvio que el compromiso asociativo de estas palabras ha ido dispersándose después de que abandonaron ha mucho su (tal vez) idéntica cuna etimológica para hacer vidas aparte en el seno de la vida social. Las otras nutren una solidaridad semántica que no ha perdido su lozanía.
He aquí una lista de estos casos. Por cuanto pudiera tratarse de un fenómeno al menos parcialmente distinto, hemos puesto en otra lista los derivados por sufijo, del tipo libro/libreta, etc.
Palabras con desinencia masculina y femenina con cambio semántico
acto/acta
anillo/anilla
banco/banca
barco/barca
bolo/bola
botijo/botija
bombillo/bombilla
bombo/bomba
butaca/butaque [variante de butaca, cf. Rosenblat, Butacas y butaques. Hasta los años de la década de 1950 y tal vez 1960, hubo en Valencia, Venezuela, un pan llamado «de butaque», de consistencia dura y de forma parecida a la de un sillón mullido, con el que se solía acompañar el desayuno]
caldero/caldera
canto/canta
caño/caña
caracol/caracola
castaño/castaña
cerco/cerca
cerezo/cereza
cesto/cesta
charco/charca
cinto/cinta
ciruelo/ciruela
costurero/costurera
crío/cría
cuadro/cuadra
cuarteto/cuarteta
cubo/cuba
cuchillo/cuchilla
cuento/cuenta
dato/data
director/directora/directriz
dueño/dueña
editor/editora
fajo/faja
farol/farola
fruto/fruta
garbanzo/garbanza
giro/gira
gorro/gorra
guayabo/guayaba [guayabo, que es el árbol que da la guayaba, indica también en Venezuela el mal de amores que en portugués se llama saudade, y en inglés se apela lovesickness]
libreto/libreta [siendo derivados por sufijación debieran estar en la lista que sigue más abajo. Sin embargo quisimos ponerlo aquí porque la identidad de sufijos los iguala y porque además su carácter diminutivo se encuentra debilitado por cuanto ninguna de las dos palabras significa libro pequeño sino otras cosas. Para decir libro pequeño decimos librito, librillo, opúsculo, etc.]
pollino/pollina [en Venezuela pollina es flequillo, por el que suelen tener los pollinos en la frente]
poltrón/poltrona
pozo/poza
pueblo/puebla
rayo/raya
rejo/reja
río/ría
ruedo/rueda
salud/saludo
segador/segadora
soldado/soldada
tambor/tambora
técnico/técnica
televisor/televisora
toldo/tolda
tumbón/tumbona
túnico/túnica
ventano/ventana
zapato/zapata
Palabras con derivación por sufijo de género diferente y con cambio semántico
Como en los demás, en los casos en -on el cambio de género corresponde a un cambio de magnitud y no de sexo, que las cosas, obviamente, no tienen ni nadie puede juiciosamente atribuirles, a menos que las personalice, como la Patria, que para los franceses, por ejemplo, es una doncella llamada Marianne, y que Unamuno prefería llamar Matria. Como lo señalan Miguel de Unamuno y Edgar Morin, Patria comienza con masculino y termina en femenino, pues la Patria es las dos cosas: padre y madre, con todas sus connotaciones. También corresponde a la adopción del sufijo aumentativo masculino -on. Asimismo ocurre con otros derivados por sufijo que «rigen» sea masculino, sea femenino.
cucaracha/cucarachón [hombre enamoradizo. Uso venezolano hoy desusado. En la Autobiografía de Braulio Fernández se dice que cierto hombre estaba «cucaracheando unas mujeres». Caupolicán Ovalles, Antología de la literatura marginal, Caracas: Monte Ávila, p. 329]
El caso de la poliomielitis y el polio es producto de la terminación -o de polio. Hay, sin embargo, vacilación en los hablantes, muchos de los cuales dicen la polio.
Algún animal cambia de tamaño al cambiar de género:
Cambio de género implica cambio de tamaño
sapo/rana
Sapos y ranas, por ejemplo, son batracios tan anuros los unos como las otras, pero de distinto tamaño. Sin embargo suelen figurar como macho y hembra, aunque en algún poema popular cubano escuchamos:
...y las maracas tan sapas
se ríen a carcajá.
Es una feminización de sapo que no hemos verificado personalmente en otro lugar, aunque nos la han reportado en Barinas y Santa Bárbara del Zulia, en Venezuela. Pero estas singularidades son bien significativas. Añadamos a esta observación que mucha gente proyecta el género sobre el sexo y dice que la rana es la hembra
Sin cambio de desinencia
Algunas voces cambian de sentido según cambien de género, aunque conservan la desinencia y cierta analogía semántica similar a la de las que cambian de desinencia. Sabemos que cambian de género por el artículo: el/la canal, o por el adjetivo que las acompaña: arte poética/arte español.
Homónimos con etimología común
arte: arte poética/arte español/las artes
canal
capital
clave
cólera
cometa
doblez
editorial
final
frente
Génesis/génesis: el Génesis el libro del Génesis/la génesis origen
guardia
guía
lente
lis [para el género de lis y de otros monosílabos cf. Rosenblat, 1951, donde se muestra que las siguientes palabras han presentado o presentan vacilación de género: pro, prez, nuez, sen, ren, crin, fin, sal, cal, val valle, mar, par, hiel, miel, red, flor, cor, col, claz, haz, faz, coz, buz, lis, pus, grey, sey sede, boj, troj, res, vals, jazz y film. Algunas son voces hoy poco usadas o totalmente desusadas]
margen
moral
orden
parte
pez
policía
postre
prez
sal
vocal
Homónimos sin etimología común
coma: el coma (< griego kóma)/la coma (< griego kómma)
corte: el corte (< cortar)/la corte (< cohorte)
haz: el haz (< latín fascis; de ese objeto simbólico viene el término fascismo, que quería ser la unión) leña atada/la haz (< latín facies) tropa ordenada
pro: la pro (< latín prode)/el pro (< latín pro)
Cultura del género y el género de la cultura
A veces el género prevalece sobre el sexo y en otras ocurre lo contrario: una palabra cambia de género para concordar con el sexo.
Palabras que cambian de género según el sexo del referente
barba: el barba («por el actor que hace papeles de viejo», Bello, 1847:§ 168)
centinela: el/la centinela
consuela: el consuela («por el apuntador de teatro», Bello, 1847:§ 168)
La sinécdoque a veces tiene sexo; a veces no. A veces se trata de seguir una sinécdoque: el sustantivo que cumple la función de la sinécdoque cambia de género siguiendo el sexo del referente:
Sinécdoques que cambian de género
corneta: el corneta
espada: el espada torero
raqueta: el raqueta tenista
pluma: «el [boxeador peso] pluma»
trompeta: el trompeta
En otros casos lo conserva:
Sinécdoques que no cambian de género
pluma: «Gallegos es una pluma consagrada»
diente: «Jacinta es buen diente»
...ha habido en español antiguo y clásico, y hay todavía en la lengua literaria y en los dialectos, algunos nombres femeninos que designan varón, o que pueden designar mujer o varón indistintamente: la centinela, laguarda, lalengua intérprete, laguía, lavela, laimaginaria (Real Academia, 1973:§2.2.4).
No son excepciones los sustantivos a los que su significado de varón hace masculinos, como atalaya y vigía (por las personas que atalayan), atleta, argonauta, barba (por el actor que hace papeles de viejo), consuela (por apuntador de teatro), cura (por el párroco), vista (por el de la aduana); pero sí debemos mirar como irregulares en esta parte a los ambiguos, que siguen ya el género del significado, ya el de la terminación, como espía (el que acecha), guía (el que muestra el camino), lengua (el que interpreta de viva voz), maula (el hombre artificioso o petardista); bien que indudablemente prevalece aun en estos el género que corresponde al sexo. La sota de los naipes es siempre femenino aunque tiene figura de hombre.
Son también masculinos: cólera (por cólera-morbo), contra (por la opinión contraria), día, hermafrodita, mapa (por carta geográfica), planeta y cometa (astros), y gran número de los acabados en ma, que son sustantivos de la misma terminación en griego, como emblema, epigrama, poema, síntoma. De manera que no debemos vacilar en hacer masculino todo nuevo sustantivo de esta terminación y origen, como empireuma, panorama, cosmorama, diorama.El uso, sin embargo, ha hecho ambiguos a anatema, neuma, reuma, yfemeninos a apostema, asma, broma, diadema, fantasma (cuando significa un espantajo artificial), flema, tema (por obstinación o porfía), y algunos otros. Llama, cuadrúpedo americano, es ambiguo, pero más frecuentemente masculino (Bello, 1981:§ 168).
Vemos cómo estos usos van cambiando de género con el tiempo. Anatema, neuma, reuma, ya no son ambiguos sino masculinos; asma, estratagema, fantasma y tema son masculinos y podemos decir que llama es exclusivamente femenino, signifique fuego o cuadrúpedo americano, como la define Bello (1981:§ 168).
Un pluriel bien singulier
En algunos casos el cambio de número implica cambio de género.
El cambio de número implica cambio de género
arte: el arte/las artes
azúcar: el azúcar/los azúcares
mar: la mar/los mares
No hemos verificado las mares.
El número, como accidente gramatical, tiene en español solo dos valores: singular uno y plural diferente de uno. Así como en el género nos hallamos ante un caso de oposición de sexos, de magnitudes y de jerarquías lógicas, el número corresponde también a otra condición que podríamos llamar universal: la oposición uno/no-uno.
Pero, así como los géneros no necesariamente implican sexo, este otro accidente gramatical, el número, no siempre implica la cantidad que cabría suponer le corresponde: el plural no siempre implica no-unicidad ni el singular unicidad, para no hablar de su incapacidad para expresar otras magnitudes. Los números superiores a 2 ó inferiores a 1 son nombrados con los números que les siguen en ambas direcciones, pero ellos mismos están congregados en el plural, que semánticamente es distinto de 1, pues cuando la cantidad es igual o menor que cero, se usa también el plural: «hay 0 naranjas» ó «7 grados centígrados», por 7 grados bajo cero. Las fracciones decimales también se dicen en plural: «la cotización subió 0,7 puntos». El plural no es, pues, igual o mayor a 2. El plural no tiene valor de cantidad en todos los casos, sino, como dijimos, de distinto de 1, pues puede incluir al
0, que es la no cantidad;
< 0, en el caso de las magnitudes negativas; y
las fracciones decimales. Las fracciones no decimales se expresan con palabras en singular: «Media taza de café», «un cuarto de litro», «una diez millonésima parte».
¿Cabría especular sobre el carácter divisible de algunos significados?
Pluralia tantum
Hay plurales los llamados pluralia tantum que significan singular. Algunos tienen una versión singular generalmente poco usada. Aunque morfológicamente funcionen como plural, semánticamente se comportan como singular.
Entre ellos los hay constituidos por componentes pares, como pantalones, tijeras, tenazas, etc., pero otros no obedecen a esa restricción simétrica y binaria. Estos «pares» tienen también versión singular: pantalón, tijera, tenaza. No son, pues, pluralia tamtum estrictamente hablando. Otros se refieren a materias no numerables al no ser divisibles discretamente: aguas, anchas, calostros...
Plurales que significan singular Los ejemplos marcados con asterisco (*) tienen solo plural.
aguas: «las aguas del mar Caribe»; «hacer aguas»
aires: «Buenos Aires»
aledaños *
alicates
anales *
anchas: «se siente a sus anchas cuando está con sus amigos»
andurriales *
barbas: «cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo»; «lo robaron en sus propias barbas»
bigotes
calostros
calzones/calzoncillos: «¡párate, calzones negros!» [expresión popular venezolana, hoy desusada], «se cambió los calzoncillos en un santiamén»
carnes: «se castigaba las carnes»
cartas credenciales: «el embajador presentó sus cartas credenciales»
cedras [DRAE: «Alforjas de pellejo en que los pastores llevan el avío»]
cielos: «subió a los cielos y está a la diestra de Dios Padre»; «si me llegara la hora definitiva bajo otros cielos...» [Ernesto Guevara, carta de despedida dirigida a Fidel Castro]
comestibles
cotonías: «tener ajumadas [ahumadas, quemadas] las cotonías» [en Venezuela, ser muy valiente y experimentado como varón]
creces: en la expresión «con creces» [¿cuál sería el singular de creces?] *
credenciales: «el embajador presentó sus credenciales»
crines: «se agarraba de las crines del caballo»
descubiertas: «los marineros hacen descubiertas» [DRAE: «3. Mar. Reconocimiento del horizonte, que, al salir y ponerse el Sol, se practica en una escuadra por medio de los buques ligeros, y en un buque de guerra solo se hace desde lo alto de los palos. || 4.Mar. Inspección del estado del aparejo del buque, que por mañana y tarde ejeutan los gavieros y juaneteros en sus palos respectivos. || 5.Mil. Reconocimiento que a ciertas horas hace la tropa para observar si en las inmediaciones hay enemigos y para inquirir su situación»]
deseos: «siento deseos de comer chocolate»
días: «buenos días»
dineros: «él cuida los dineros públicos»
disciplinas: «las religiosas se dan disciplinas»
enaguas/enagüetas/enagüillas: «se le ven las enaguas»
enseres *
entendederas *
escaleras
espaldas: «conspiraban contra él a sus espaldas»
esponsales *
esposas: las que usan los presos
exequias *
facciones * del rostro
faldas: «está apegado a las faldas de su mujer»
fauces *: «las fauces del león»
fondos: «le di un cheque sin fondos», «la joven andaba en fondos por toda la casa»
fustanes: «la mujer se alzó los fustanes»
gafas *: las de ver
ganas: «tengo ganas de comer» [hay ganas singulares, como cuando uno hace algo de buena gana. Pero fuera de este sintagma fijado, conocemos pocas ganas singulares, como aquella de Vallejo en Poemas humanos: «Me viene, hay días, una gana ubérrima, política»...]
gárgaras *
grillos: como los que usan los presos
hábitos: «de ahora en adelante andarás en hábitos de monja»
haberes
heces: «examen de heces»
hilas *
honorarios *
ingles: «llenas las ingles de espuma/y oscilaciones la barba» [Federico García Lorca, «Thamar y Amnón», Romancero gitano]
interiores prenda íntima masculina: «los interiores son lo primero que se pone un hombre» [publicidad de Wilson Athletics, ca. 1970]
intereses
intestinos
latines: «tendré que revisar mis latines»
macundales * [africanismo de uso venezolano, avíos]
matemáticas
meados: «se bebieron los meados del recién nacido» [en Venezuela, celebrar con licor el nacimiento de un niño]
modales *
mostachos
murallas
narices: «lo robaron en sus narices» [hay quienes llaman narices a las fosas nasales]
nupcias *
orines: «el pañal está mojado con los orines del bebé»
pantaletas: «se cambió las pantaletas en un santiamén»
pantalones: «él lleva los pantalones en su casa»
paces: «las paces son muy dudosas... sólo es segura la guerra» [Pedro León Zapata, caricatura, El Nacional 2 de octubre de 1995, p. A/4]
pinzas
plácemes *
postres conclusión de un proceso: «negro no llega a los postres» (Gallegos, Cantaclaro)
resultas *
sesos: «los sesos de esta res tienen una suave textura» [en inglés también es plural: the brains]
tenazas
tierras
tijeras: «David con unas tijeras/cortó las cuerdas del arpa» [García Lorca, «Thamar y Amnón», Romancero gitano]
tieneblas *
trizas *
verijas: «sintió un friíto en las verijas» [el DRAE solo registra verija, pero, al menos en Venezuela, es registrable el plural verijas con sentido de singular, pues, según me han asegurado, no hay sino una sola verija por persona...]
vituallas *
Algunos sustantivos se dicen siempre en plural y significan, en efecto, plural:
Se dicen en plural y solo significan plural
afueras
aledaños
anales
añales
enseres
modales
visos
vítores
vituallas
víveres
Hay locuciones adverbiales en que las preposiciones a, de, por y sin parecen «regir plural» y con frecuencia femenino:
Locuciones adverbiales en plural
a ciegas
a derechas
a escondidas
a gatas
a mares
a ojos vista
a oscuras
a pie juntillas
a solas
a tientas
a tontas y a locas
a trancas y barrancas
a tortazos
a trompicones
de bolas
de buenas a primeras
de perlas
de veras [de a de veras en México]
por las buenas/malas
por quítame allá estas pajas
sin tantas averiguatas [uso mexicano]
Estas preposiciones también parecen regir singular en otros casos:
Locuciones adverbiales en singular
a caballo
a coñazo limpio
a fondo
a juro [a la fuerza. Uso venezolano]
a la brava
a la loca
a lo macho
a ojos vista
a pie
a plazo fijo
a tenor
a término
a tiro limpio
al alimón
al buen tuntún
al cabo
al caletre [de memoria. Uso venezolano]
al calor
al corriente
al fin
al fin y al cabo
al horno
al mayoreo
al por mayor
al tamiz
al trasluz
al voleo
de bola(s)
de cajón
de cuajo
de golpe y porrazo
de golilla [de gorra. Uso venezolano]
de gorra
de plano
en burro
sin ton ni son
Al menos en Caracas, es verificable un uso de tono jocoso: pluralizar los nombres de los países, tal vez por analogía con expresiones como las Américas, todas las Rusias, etc.:
Estuvo de vacaciones en los Portugales
Se fue a trabajar a las Colombias
A caballo y en burro llaman la atención por el régimen de las preposiciones: ¿por qué no andamos a burro si andamos a caballo? ¿Por qué viajamos por avión o por barco pero andamos en automóvil, en moto o en bicicleta? ¿Por qué viajamos por tierra, mar y aire, pero andamos a pie? En Caracas se usa a piesmente a pie como fórmula jocosa. También se oye con frecuencia, y con la misma intención, a pata. ¿Por qué en esta expresión andamos en un solo pie? ¿Qué concordancia es esa de a pie juntillas o a ojos vista? Es asunto de idiotismos que no corresponden a este trabajo y lo dejamos hasta ahí. Lo que sí corresponde es ese singular pie (en a pie)para referirnos a miembros que, salvo excepciones, vienen en pares. Por otra parte todo un ejército puede atacar a caballo o viajar en burro y no a caballos o en burros como lo revela cualquier observación empírica. ¿Es un genérico? Me parece más bien que ello se debe a que son locuciones adverbiales, invariables como los adverbios mismos. Es el caso también de los singulares genéricos, como el hombre el género humano, el teléfono es un gran invento. Un par de poetas discutía alguna vez si las frases
todo ángel es terrible
y
todos los ángeles son terribles
decían lo mismo o no. Opino que no y me inclino por el singular, aunque todo ángel me hable de todos los ángeles. Es en todo caso elección inspirada por la retórica, la estética, una preferencia doctrinal, etc. Es, en fin, un recurso morfológico en el que es posible engastar una oposición semántica cualquiera. Puede que gramaticalmente sea indiferente decir esta casa y la casa esta; la gramática es imparcial, pero sus opciones suelen respaldar matices de sentido: énfasis en la especificación, etc.
Singularia tantum
Hay colectivos que morfosintácticamente se comportan como singulares, aunque significan plural.
Singulares que significan plural He suprimido los nombres de países, que son innumerables, pues aparecen y desaparecen todos los días, sin contar aquellos cuya definición política y territorial no es ni clara ni distinta.
agrupación
alcaldía
asociación
audiencia
avanzada/avanzadilla
banda
barrio
batallón
beaterio
burguesía
cáfila
cámara/camarilla
caravana
cardumen
cartel
casa [de comercio, etc.]
caterva
chamuchina
círculo
ciudad
clan
clase
clientela
club
coalición
cofradía
cola fila
colectividad
colectivo
colegio
columna
comandita
comando
combo
comisión
comité
comitiva
compañía
comparsa
comunidad
conciliábulo
concilio
confederación
conga
congregación
congreso
conjunto
consorcio
convento
coro
corporación
corro/corrillo
corrincho
corte
cortejo
cristiandad
cuadrilla
cuarteto
cuerda
cuerpo [organizativo y militar]
cumbe
curia
departamento
desfile
destacamento
división [organizativa y militar]
dúo
ejército
elenco
empresa
equipo
escolta
escuela
esfera
estado
estado mayor
facción
facultad
falange
familia
federación
feligresía
fila
firma
fracción
fraternidad/confraternidad
gabinete
gang
generación
gineceo
gremio
grupo
guardia
guerrilla
harén
hermandad
horda
hueste
iglesia
instituto
islam
judería
junta
jurado
juventud
kindergarten
liga
manada
manga
matrimonio
mesnada
milicia
monasterio
montonera
multitud
morería
noneto
novena equipo de beisbol
octeto
oficialidad
oncena equipo de fútbol
orden (profesional o religiosa)
orfeón
organismo
orquesta
país
pandilla
par
pareja
parlamento
parranda
partido/partida
parvulario
patota [pandilla juvenil. Uso venezolano de origen rioplatense. También se dice pata con el mismo sentido]
patrulla
pelotón
peña
piquete
pleno
poblada
policía
populacho
procesión
proletariado
público
quinteto
rebaño
sanedrín
secta
sector
septeto
séquito
serrallo
servidumbre
sexteto
sindicato
sociedad
soldadesca
trabuco [conjunto musical. Uso venezolano]
tribu
tribunal
trío
tropa
tropel
tumulto
turba
turbamulta
unión
universidad
urbanización
vanguardia
Asimismo hay singulares que se refieren a plurales por sufijación: gentío,hombrerío, mujerero, palamenta, palamentazón, etc. No los enumero aquí porque, siendo derivables, su cantidad resultaría variable e inútilmente abrumadora. Señalemos solo que estos sufijos enfatizan el carácter plural: palamenta implica muchos palos, y palamentazón muchos más todavía.
También hay términos los singularia tantum que solo se usan en singular:
Solo se usan en singular
caos
cariz
cenit
este
norte
oeste
salud [en Colombia se dice saludes como equivalente de saludos]
sed
sur
tez
Zodiaco o Zodíaco
Por último, hay singulares que designan la generalidad plural: «todo ángel es terrible», «el hombre apareció en el África».
Otros fenómenos no morfológicos
Hay algunos casos en que no siempre hay marcas morfológicas, pero en que el cambio semántico implica manifestaciones axiológicas «parásitas».
Maniqueísmo semántico
Ciertos pares, que parecen destinados «en primer grado» a designar cualidades opuestas de carácter práctico, algunas bien «claras y distintas», presentan, sin embargo, connotaciones valorativas, positivas o negativas.
Oposiciones axiológicas Pongo a la izquierda el término generalmente percibido como «positivo», aunque no sorprendería una valoración inversa.
activo/pasivo
agudo/obtuso
alma/cuerpo, espíritu/materia
alto/bajo, superior/inferior, elevado/bajo
amplio/estrecho
animado/inanimado
blanco/negro
cálido/frío
cielo/tierra
derecho/torcido
derecho/izquierdo
día/noche
diestro/siniestro
dulce/salado [en el contexto culinario occidental lo dulce cumple funciones de postre, algo así como el premio por comerse lo salado, que supuestamente es comparativamente menos placentero. En realidad el nivel de sacarosa tiene poca relación con esto. Algunas verduras ricas en azúcar se consideran saladas, tanto, que integran precisamente las ensaladas. En algunas regiones de Venezuela, sin ir más lejos, se pone azúcar a las caraotas negras (frijoles negros o porotos negros), práctica edulcorante que horroriza a algunos vecinos del Caribe hispanohablante para quienes este grano es dilecto, pero que no las desplaza a los postres porque permanecen dentro del paradigma de los sustentos salados, que se comen antes de los postres. En la comida europea, que es la que rige en general en América, hay, con variantes no radicales, los siguientes elementos, organizados sintácticamente así: primero la sopa, segundo el seco o lo demás y tercero los postres. Los dos primeros se consideran salados y los postres dulces, séanlo o no según el punto de vista de la «anatomía del gusto»]
Este sistema de segregaciones es una articulación entre gramática y sentido: un eje paradigmático que orienta los antagonismos de la significación:
Los altos ideales se oponen a las bajas pasiones.
Derecho es lo correcto y legal. Mientras lo torcido, y sobre todo lo retorcido, es lo torvo y maligno.
En la Argentina «jugársela zurda» a alguien es traicionarlo o poco menos. En todo el mundo hispánico y aun más allá siniestro no solo es adjetivo que significa maligno y tenebroso, sino sustantivo que significa desastre, usado por las empresas aseguradoras como término técnico, despreocupadas de su carácter tendencioso. Por esas connotaciones negativas se combatía la zurdera en los niños, porque se consideraba una «mala costumbre», de compromiso incluso luciferino. Por ello los católicos se persignan con la derecha, mientras los satánicos lo hacen con la izquierda y en la dirección contraria de aquellos. De allí que siniestro implique oscuridad o tiniebla y también desastre, avería.
El color verde significa vía libre y segura, mientras el rojo es peligro y detención.
Alto/bajo tienen correlación con cielo/tierra, y esto con el mito de la elevación, y el vuelo como purificación y trascendencia, en tanto que vinculada con lo superior, lo emancipado de lo inferior físico (que es la gravedad, lo perecible), los genios o dioses superiores y benignos, lo luminoso, etc. La tierra o lo terrestre es, pues, lo inferior, lo reptil, lo rastrero, lo subordinado a lo físico (que es la gravedad, lo perecible), los genios o dioses malos, lo oscuro, etc. Esta oposición es correlativa de la de alma/cuerpo, que está en la raíz de una vasta diálisis axiológica que comienza con los filósofos griegos y con las raíces judeocristianas de Occidente. Pero no siempre lo terrestre es nocivo, también suele ser fertilidad, maternidad, riqueza, etc., que son valoraciones positivas en general. Ni siempre es benéfico el cielo, de donde vienen los rayos, las tormentas, los rayos solares cancerígenos que no filtra el ozono o la ira divina, por ejemplo. Todo depende del pueblo, de la evolución cultural, del estrato mítico de que se trate. Pero lo importante es notar que en la raíz semántica del lenguaje hay una fuerte tendencia a este tipo de clasificaciones positivo/negativo. ¿Podemos considerar especulativamente que este tipo de oposiciones es capaz de desarrollarse, potencial y diacrónicamente, como clasificador morfológico comparable al género? Como ignoro cuán plausible es esta conjetura y sospechando que lo es poco, la dejo hasta ahí, en su carácter de especulación.
Una actitud viril es generalmente percibida, por el sexismo prevaleciente en nuestra cultura, como más correcta y vertical que una femenina. La palabra española virtud viene del latín vir varón. En esto una enumeración de las palabras que solo designan mujeres y solo designan hombres, nos da una relación tendenciosa para las menciones de mujeres hay más peyoraciones que para los hombres; hela aquí:
Tienen género solo femenino Las palabras de esta lista no se usan habitualmente con su desinencia masculina, si la tuvieren o fuere derivable. Incluyo todas las variantes de prostituta, que se supone profesión solo femenina, lo que, como se sabe, es falso. Es, obviamente, una restricción semántica, esto es, cultural. Esta observación es válida para los demás casos. Es notoria, por ejemplo, la alta incidencia de cargos religiosos atribuidos a hombres y la de actividades meretrices en las mujeres. En estas la desinencia femenina de los grados militares y hasta de algunas profesiones o títulos suelen usarse irónicamente y hasta despectivamente, como bachillera, capitana, etc. No pongo esas palabras en la lista porque ella se limita solo a las designaciones de personas solo femeninas.
bacante
bagasa
bastonera
bayadera
beldad
caminadora [uso venezolano: prostituta]
cariátide [es cosa, ciertamente, pero designa algo que representa persona. Por eso me parece, tímidamente, que cabe en esta lista]
celestina
coima
comadrona
contralto
corista
costurera
dama
doncellidueña
fémina
fichera [uso venezolano: prostituta]
fulana
furcia
hembra [aunque se usa de preferencia para animales, también suele abribuirse a humanas]
hetaira
hetera
jinetera [en Cuba, prostituta]
madre
marimacha [con desinencia femenina es uso venezolano] y marimacho
marisabidillas
meretriz
mujer
mujerzuela
nuera
odalisca
pelandusca
perendenga
pingo
prostituta
ramera
ricahembra
tártara [en su acepción de prostituta]
Tienen género solo masculino La exclusividad masculina de estas palabras está en el uso o, en todo caso, viene así atribuida por el DRAE.
adalid
albañil
alférez (en Venezuela han aparecido alferezas recientemente)
almirante
ayatola
bajá
bajamanero
bajamano
bajelero
bajo [«la más grave de las voces humanas» (DRAE)]
balanzario
balanzón
ballestero [ballestera solo aparece en su acepción de hierba ballestera]
banderillero
banquero
bañero
baptizador
barbirralo
barbo
barbón
bardo
barítono
barrabás
batanero
bejinero
belitrero
benimerín
beréber o bereber
bey
bigornio
bonzo
botarate
botellero
botillero
boxeador
braguetero
brahmán
bravonel
bravote
brechador
brigadero
brigadier
bufón
bulero
burgomaestre
burgrave
burrero
butronero
buzo
caballero
caballerote
cabo
cabrón
cachidiablo
caco
cadete (en Venezuela han aparecido cadetas recientemente)
cagatintas
caimacán
cajista
cajonero
calabacero
calador
calavera
calderero
calderetero
camellero
camilo
camillero
canciller
canónigo
cantarero
cantero
cantinero
capitoste
caporal
caravanero
caricato
carlán
carmenador
carnerero
caudillo o cabdillo
cenobita
chamán
chulo [uso venezolano: proxeneta]
clérigo
cochero [el femenino cochera no es mujer que conduce coches, sino el lugar donde estos se guardan. Por eso ponemos cochero en esta lista]
contratenor
coronel
cura
demiurgo
esbirro
gángster
gendarme
general
gigolo
herrero
hombre
imaginaria
imam, imán
macho [aunque se usa de preferencia para animales, también suele abribuirse a humanos]
marido
magnate
mariscal
matón
monaguillo
obispo
ordenanza
padre
perdonavidas
piache [uso venezolano: chamán]
piloto
pope
proxeneta
rabino
sacristán
sargento
sastre
soldado
taumaturgo
tenor
torero
varón
yerno
yoldan [es voz venezolana de finales de la década de 1990, referida a jóvenes de sectores populares, cuya característica más patente es la imitación vestimentaria del basquebolista estadounidense Michael Jordan. Siendo su modelo un hombre, sus correspondientes femeninas no tienen ni nombre ni notoriedad indumentaria particulares. Sin embargo, he escuchado, aunque esporádicamente y en tono que bordea lo jocoso, la denominación yoldanesa para las jóvenes que acompañan a los yoldan, palabra que por cierto no presenta desinencia de plural, número que se reconoce solo por el artículo: los yoldan]
Como se ve, nos deslizamos de lleno hacia el terreno de la antropología, la simbólica, la mitología, etc., en una palabra: la cultura; es decir, más allá de la lingüística, o tal vez dentro de ella, pues podrían constituir un mismo sistema, como se viene sospechando desde que Saussure fundó la semiología, como él la llamó, o semiótica, como se prefiere llamar hogaño. Él decía, además, que la lengua es «la más social de las instituciones». Lamentablemente esta afirmación no tuvo consecuencias teóricas en el resto del Cours saussuriano. No obstante, otras disciplinas subsidiarias o afines, como la sociolingüística y el análisis de discurso, han atendido este compromiso teórico. Todo análisis lingüístico es un análisis social.
No todo es inmotivado en la función semántica del signo lingüístico. Este sistema de oposiciones antagónicas nos revela una estructura fundamental, análoga a la sintaxis o la fonética, que puede por sí misma constituir su propio sistema de representaciones, organizando nuestra Weltanschauung en un sentido o en otro.
Esos sistemas comparten la misma estructura de oposiciones implicadas en número y género. Así, hay lenguas en que lo activo y lo pasivo, o lo animado y lo inanimado forman un sistema análogo a la oposición entre géneros masculino y femenino en español:
In the Algonkin languages all persons and things are conceived of as either animate and inanimate, just as in Latin or German they are conceived as masculine, feminine, or neuter (Sapir, 1921:71 (nota)).
En las lenguas de la familia Níger-Congo la frase se integra con voces generalmente monosilábicas o disilábicas, palabras que carecen de flexión para comunicar las categorías gramaticales de género, número, caso, persona, aspecto, modo, tiempo.
En lugar de la flexión que afecta a sustantivos y adjetivos, las hablas del Sudán occidental y del subgrupo bantú poseen un sistema de clases nominales (en grado de desarrollo o de desgaste que varía de lengua a lengua), organizado sobre la repartición de todos los seres y cosas, y por extensión, también las abstracciones, dentro de un número de categorías que responden a las particulares concepciones del negro africano respecto del mundo en el cual se mueve. Así, los seres humanos constituyen una de dichas categorías; otra, el agua, los líquidos y todos los cuerpos capaces de fundirse o liquidarse; otra, la madera y los vegetales leñosos; otra, la hierba y los vegetales herbáceos o fibrosos; otra, la tierra en todos sus diversos aspectos y todo lo que proviene de ella; otra, todo lo que se relaciona con tal o cual estación del año, etc. (Álvarez Nazario, 1974:99).
Tú eres él, nosotros y vosotros
En el español actual usamos tú cabe dos formas alternativas: usted en todas las regiones y vos en muchas. Empleamos usted con personas que por cualquier razón consideramos de diferente nivel jerárquico al nuestro: por su rango, por mayor edad, por trato reciente con ellas y con quienes no hay eso que la cultura llama «confianza» o «familiaridad». En realidad usted designa diferencia de jerarquía, por ser quienes tratamos de usted nuestros superiores o nuestros subalternos, etc. Tú y vos se suelen usar entre personas que se asignan mutuamente igual jerarquía. Evito aquí atribuir carácter natural a estas relaciones; por eso prescindo de descripciones como «segunda persona de respeto» o «de familiaridad», etc. Respeto y familiaridad son categorías culturales, es decir, arbitrarias y variables en el tiempo y en el espacio. Están sujetas, aparte de la diferencia o igualdad jerárquicas, entre muchas que por su dinámica suelen ser imprevisibles, a variaciones más o menos estables y frecuentes como las siguientes:
En Venezuela se suele incurrir en usted para dirigirse a personas habitualmente tuteadas, para subrayar paradójicamente una familiaridad aún más estrecha, más íntima, entre amigos muy entrañables,
Bueno, ahora si me quede sin nada que decir... Tu ves, tu ves lo que [es] esta vaina? Si me vieras la cara ahora te darias cuenta de que no pasa nada, que se me acabo la musa, eso es todo, pero como no me ves ni yo te veo, por ahi me da miedo que estes pensando que me pasa no se que, debido a los ultimos tetricos mensajes que te envie. Ande, escriba algo pues! [carta personal, 20 de octubre de 1995. Remite una venezolana a otra venezolana de mucha intimidad. La ortografía es la entonces permitida por el Lower ASCII de Internet, es decir, sin acentos, tilde ni signos de abrir interrogación y admiración]
entre enamorados:
Usted es la mujer de mi vida
dirigiéndose a un niño:
Usted es el bebé más querido del mundo
En los Andes venezolanos no existe este comportamiento de usted, pues su uso prevalece incluso en personas de trato íntimo, como los cónyuges.
Dios la persona que muchos consideran de máxima jerarquía no suele ser tratada de usted sino de tú. Lo mismo puede suceder con el rey.
En las comarcas americanas donde se emplea, vos expresa igualdad de rango no solo entre quienes se consideran iguales en estado, sino entre quienes se reconocen como pertenecientes a una misma región, mientras tú se reserva para el uso apegado a la norma general oficial; asimismo, los nativos de esas regiones que usan tú en lugar de vos son percibidos como forasteros o extranjerizantes. Como es un caso importante por su extensión y arraigo en varias comunidades hispanoamericanas, me detendré en él.
En otra época vos marcaba el rango superior del alocutario es una de las manifestaciones conservadoras del espa&ntil