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Hay que tomar medidas Caracas, domingo 4 de diciembre de 1994, p. A-5 Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros. [...] No sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido el número? [...] Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera. Ese número entero es inconcebible; ergo, Dios existe. Los venezolanos no conocemos la precisión. Nos citamos «tipo tres de la tarde», o «a nivel de una y seis». Y nadie sabe dónde paran los autobuses. Por eso han tenido tanta fortuna expresiones como «más o menos», «según y cómo», «ahí ahí» y «a nivel de», al parecer doctísimo y utilísimo para esta expresión tan chula: «Planteo esto a nivel de duda». Por eso fue tan raro el número de presos escapados de Tocuyito el martes pasado. Las autoridades confesaron que no llevan registro de reclusos, y no podían informar sobre la peligrosidad de los evadidos. Sin embargo declararon de lo más lozanas que fueron 102. No dijeron 100, para redondear, sino 102 exactamente. Y ¿cómo saben que La Guaira es lejos? Uno pregunta en un ministerio: «¿Dónde se entrega esta planilla?» La funcionaria balbuce, frunciendo así la boquita como una bocina: «Ahí». En la dirección indicada hay siete puertas. «¿Cuál?», insiste uno. «Ah, pues, en esa, mi amor, ¿no la ves?». Por eso hago esta modesta proposición a los organismos de metrología, pesas y medidas: abandonar el sistema métrico decimal, que nunca cumplimos, por unidades más realistas como las siguientes: Unidad de longitud: a tiro de piedra, que es expresión tan castiza. Depende del peso y tamaño de la piedra, de la fuerza y sobre todo de la pericia y el ímpetu del lanzador. Dadas las circunstancias presentes, el tiro de piedra es largor que cada día experimentan más ciudadanos, ora lancen, ora reciban el peñonazo. Unidades de peso: guaratara, piedra, peñón y ñasca. Los ingleses, también dados a su manera a idiosincrasias que solo entienden ellos, usan el stone piedra como unidad de peso. Y, por cierto, podríamos adoptar, como unidad de fuerza, la pedrada y el peñonazo, tan contundentes y que cualquier iletrado entiende. Los lingüistas hablan de sema como unidad mínima de significación. Pero como en Venezuela nadie quiere significar exactamente nada, no hay algo que pueda llamarse una unidad mínima de significación. Cuantimenos máxima. Un letrero ordena «no fumar» y uno halla veinte ceniceros atiborrados de colillas. Hay que buscar un signo redundante que verifique o desmienta el cartel. Por eso sugiero el sicomoniema, que vendría siendo una unidad mínima de sí cómo no o, más bien, unidad mínima de Basirruque monta en coche, lo que sería, si se me permite, más exacto. Podría llamarse el basirruquiema. Así, en la próxima fuga masiva, los funcionarios irresponsables del asunto no tendrían que comprometer su desprestigio con números precisos. Más bien podrían hablar de unidades difusas como chorrera, una mazanga u otras expresiones que mi refinada educación me prohíbe escribir.
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