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Sección: Bitblioteca
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El mutuo espectáculo Para la revista Date José Ortega y Gasset dijo que los humanos se organizaron en sociedad para serse mutuo espectáculo. Algunos son conscientes de ello, son los actores, los saltimbanquis, los profesionales del exhibicionismo. Pero igual cada vez que nos ponemos una ropa llamativa, cuando contamos un chiste, cuando requebramos a una dama y/o ella nos hace ojitos, cuando organizamos o asistimos a una fiesta, estamos viviendo, aun de modo inconsciente, el mutuo espectáculo. Son los modos corrientes. Hay otros más rebuscados. Como ciertas fachadas de Colinas de Bello Monte, una tipo Xanadú, sobre un promontorio, que finge lo que presumo fueron los Jardines Colgantes de Babilonia. O la que luce cual barco a punto de volar desde hace varias décadas, sostenida apenas por dos columnas deliberadamente tenues. Otro modo es aviar fiestas rumbosas y hasta insidiosas, como la Boda del Siglo, que se dice fue uno de los detonantes sociales de los saqueos del 27 de Febrero en Venezuela. En fin, unos lo hacen con arte y otros sin maña, pero todos instalan una fachada, una máscara, o, más exhibicionistas, brotan tal cual son, como los huelepegas, nuestros gamines de Caracas. Algunos nos dan con su tristeza en la cabeza, como decía Vallejo. Algunas ciudades tienen vocación predispuesta para el espectáculo, Venecia, París, Nueva York. Caracas por su parte tiene sutilezas como ser la única ciudad que conozco que inaugura ruinas. El Partenón tuvo una era de gloria y luego se arruinó. Lo mismo el Foro Romano o Pompeya. No así El Helicoide, el Terminal de La Bandera, la Zona Rental. Esos lugares caraqueños fueron construidos directamente como ruinas. Son el espectáculo de la improvisación, nuestro arte mayor. Los italianos tienen su Capilla Sixtina, nosotros la improvisación. Por eso Pablo Morillo, el jefe español de la guerra de Independencia, no solo perdió sino que nunca entendió nada. Siempre me lo he figurado en su lecho de muerte, delirante, diciendo: "No entiendo nada. ¡Nunca entendí nada!" Porque, vamos, el general Morillo venía de derrotar ejércitos napoleónicos, como quien derrotase hoy a los gringos en el Golfo Pérsico, para venir aquí a perder con un tío que le lanzaba cargas de caballos sin jinetes, con cueros amarrados de las colas para hacer polvaredas, parte del arte militar del vietcongo José Antonio Páez.
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