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El gobierno no entiende los viejos medios; los golpistas no entienden los nuevos Nuevos medios contra viejos golpes Question, lunes 12 de agosto de 2002 Este texto forma parte del libro Todo sugiere que el del 11 de abril de 2002 fue un golpe mediático. ¿Acaso las armas que decidieron los hechos no fueron los micrófonos y las cámaras? El único movimiento armado de militares fue el desplazamiento inútil de unos tanques desde Fuerte Tiuna hacia el palacio presidencial de Miraflores para protegerlo de los golpistas y unos cuantos militares que tomaron a Venezolana de Televisión, del Estado, lo que selló el tiroteo mediático. El gobierno no entiende los viejos medios; los golpistas no entienden los nuevos. Estos apuntes se proponen iniciar una reflexión sobre una situación inédita en el mundo: un gobierno derribado por medios tradicionales y repuesto mediante los nuevos.
Dominar la red de comunicaciones de un país es dominar su sistema nervioso central. Cuando los soviéticos invadieron la entonces Checoslovaquia la gente agolpó sus autos alrededor de la emisora estatal para que resistiera por unas horas más, hasta que los tanques invasores aplastaron los vehículos, porque un país sin medios no tiene modo de ejercer su autoconciencia y por tanto no tiene vigor existencial como nación. Lo supo Wojciech Jaruzelski, Primer Secretario del Partido Comunista de Polonia, quien en el autogolpe del 13 de diciembre de 1981 bloqueó los teléfonos durante varios días para que en vez de cerebro hubiera cerbero social. Solo funcionaban las comunicaciones de los altos funcionarios y de los militares. Sí, se llama totalitarismo: cuando un conjunto social es gobernado sin matices por una camarilla. Como en la Polonia comunista, como en la brevísima Venezuela neoliberal de abril. Por eso cada vez confundo más el comunismo con el neoliberalismo. La singularidad de la Venezuela de abril de 2002 es que lo esencial giró alrededor de los medios. Fueron el campo de batalla y las armas de la batalla al mismo tiempo. Los militares dieron el golpe a través de los medios desde el 7 de febrero, cuando el coronel Pedro Soto, antiguo edecán de Carlos Andrés Pérez, se alzó por televisión y luego vino el sucesivo «goteo» mediático de oficiales golpistas, para ir «calentando» el ambiente. La marcha de la oposición el 11 de abril fue convocada, guiada y resaltada por los medios. Los asesinatos de ese día fueron integrados a la horma mediática condenando a Hugo Chávez de un modo sospechosamente automático, sin pruebas ni análisis, como para que sirviera de cobertura a los pronunciamientos de los militares durante la noche del 11 de abril (ver RHM, «La Inquisición Mediática», Question Nº 1). Los golpistas no movilizaron tropas ni tanques ni aviones. Los civiles sí: el alcalde Leopoldo López Mendoza tomó, fuera de su jurisdicción, la entrada a Caracas por Tazón. Al día siguiente andaba de esbirro, cazando brujas que ni el Gran Inquisidor. Como decía José Ignacio Cabrujas: causa mala impresión... Fue una batalla de signos. El sueño de cualquier semiólogo. Asimismo ocurrió con la recuperación del poder por parte de Chávez. También mediática, pues se selló con el regreso al aire del canal estatal en manos leales a Chávez. Pero fue mucho más, porque ahí sí hubo desplazamientos no mediáticos; eso sí: mediante la participación de medios no tradicionales que los golpistas siguen sin entender, aunque los detentan en su mayoría. Son tan ricos que no saben lo que tienen. Lo audiovisual inaudible e invisibleEs ya manido cómo los medios se escondieron el 13 de abril, así que no voy a añadir comentarios a algo que ellos, ocurra lo que ocurra, se pasarán tratando de aclarar por el resto de la historia de Venezuela que les toque vivir. No intentaré conjeturar lo que sentenciarán los historiadores del futuro porque no cultivo el género patético y porque es algo que a esos medios viviendo siempre en un eterno presente, como los animales, les importa poco: la historia. Una explicación que ni siquiera han intentado, que yo sepa, es por qué interrumpieron la transmisión de las declaraciones del fiscal Isaías Rodríguez el 12 de abril. Los dueños, tan magnánimos, han alegado que no querían que sus reporteros arriesgaran la vida, pero ¿qué vida estaban arriesgando el 12 si no estaba pasando aún lo que pasó el 13 con el pueblo en la calle? ¿Los iba a morder el Fiscal General de la República? ¿Los iba a mirar feo? El Fiscal tuvo que recurrir a una astucia: notificar que iba a renunciar en rueda de prensa y así lograr una tregua de unos minutos para denunciar el golpe, llamándolo por su nombre. Los tres canales que lo transmitían lo cortaron casi simultáneamente. Porque la nueva televisión invadió las pantallas de modos que los golpistas mediáticos no previeron. Alguien comentó en Miraflores, en plena acción golpista, que los medios locales estaban callados pero no así el satélite ni el cable. Uno de los golpistas (cuya inteligencia dejo a juicio del lector) respondió según la periodista golpista Patricia Poleo que el satélite y el cable solo los ve el 4% de la población. CNN, Caracol y Telemundo, difícilmente chavistas, siguieron transmitiendo lo que estaba pasando, lo que en aquel contexto era una delación. La información pasó de la televisión internacional al teléfono. El único medio tradicional que siguió transmitiendo información pertinente fue la valiente radio católica Fe y Alegría. De las emisoras comunitarias hablaré luego. Celulares omniscientesPero mientras las noticias de lo que ocurría llegaban, los celulares permitían reportar lo que los reporteros no reportaban. Los protagonistas eran cronistas de sí mismos. Los que estaban en Fuerte Tiuna y en Miraflores arriesgando la vida (no se asedia un cuartel alzado y un palacio presidencial en manos de golpistas sin estar dispuesto a morir) transmitían su propio heroísmo en vivo y en directo, sin mediación mediática (esta nueva redundancia es luminosa, como toda perogrullada). Algo similar ocurrió en Madrid otro sábado 13, pero de marzo de 2004, cuando la gente, como en Caracas, se convocó una a otra por los celulares y por Internet, tal como lo cuenta una manifestante madrileña anónima: Pásalo Así terminaba el mensaje que recibí en torno a las tres de la tarde anunciando una concentración silenciosa por la verdad frente a la sede del PP en la calle Génova. Así comenzaba algo que con el paso de las horas iba difundiéndose minuto a minuto. Por cada mensaje que la gente recibía, se enviaban diez, quince, veinte mensajes más. Hubo gente que recibió hasta diez mensajes de grupos de gente diferente: familia, trabajo, lugar de estudios, gente del colegio, del barrio, y esos mensajes se multiplicaron hasta el infinito, propagándose como las llamas de un incendio por efecto del viento («Por si alguno aún no sabe lo que fue Madrid el sábado»). Fue durante la víspera de las elecciones que perdió José María Aznar, luego del atentado del 11 de marzo, que dejó 200 muertos. La televisión española hizo lo mismo que la venezolana el 13 de abril de 2002, lo que el periodista Earle Herrera llama «periodismo avestruz»: un apagón mediático. Mientras cientos de miles de personas marchaban por Madrid, hasta la madrugada, la televisión pasaba fútbol. Ni en Madrid, ni en el resto de las ciudades, ni los pueblos necesitamos partidos políticos que organicen manifestaciones: ya sabemos que Internet y los móviles cuentan lo que no cuentan los medios oficiales, y ya sabemos que tenemos una herramienta de comunicación, la del boca a boca, para expresarnos (vale la pena leerlo completo). ¿Cómo callar los celulares? Se ha comentado que alguna empresa de celulares estaba comprometida con el golpe. No tengo evidencias de ello, salvo las sospechas insuficientes e imposibles de probar de algunos funcionarios chavistas que no pudieron usar sus celulares durante la noche del 11 de abril. Pudo ser congestión. Lo que prueba cómo estaba desguarnecido el gobierno para un golpe mediático. ¿Cómo tener un solo celular y quién sabe si hasta a nombre y apellido de cada ministro? Esas cosas no se hacen. Si alguna empresa hubiera estado involucrada hubiera tenido que evidenciarlo interrumpiendo la transmisión para todo el mundo, con las consecuencias comerciales previsibles. El costo hubiera sido tan infinanciable que hubiera puesto en peligro la supervivencia misma de la empresa. ¿Quién querría tener un teléfono de una empresa que incomunica precisamente en momentos como ese? Hubiera sido tirar el agua del baño con el niño dentro. Es una hipótesis: si estaban comprometidas con el golpe solo cortaron y/o intervinieron algunos teléfonos, selectivamente. Pero como es una hipótesis demasiado achacosa la dejo hasta ahí. Salvo prueba en contrario, aceptaré que no estaban en el golpe. Lo que personalmente pude verificar con mi propio celular y el de muchas personas relacionadas, es que durante esos tres días las empresas de celulares continuaron funcionando, con interrupciones atribuibles al congestionamiento y a su habitual ineptitud técnica, que es cosa que ocurre aun sin golpes de Estado. A pesar de su deficiencia endémica, los celulares mantuvieron vivo el sistema nervioso del país. La gente reportaba directamente. Así se coordinó por cierto la resistencia entre civiles y militares. El contragolpe de la Red de redes
No sé de cifras de Internet porque no se ha resuelto el problema epistemológico del cálculo de sus números. Cuántos sitios Web hay se puede estimar, tal vez también cuántos proveedores de servicio (los que te conectan con Internet). Pero no es posible saber cuántos usuarios hay por proveedor, por ejemplo. Ni cuántas personas usan una sola cuenta. Las cifras oficiales de Venezuela hablan de 4% de la población, pero como ignoro de dónde sacaron ese guarismo, simplemente no cuento con él. El PNUD habla de 217 usuarios por cada 1.000 habitantes para Venezuela. ¿217? ¿21,7%? En todo caso la cifra de internautas tuvo masa crítica suficiente para romper el cerco mediático del 13 de abril y conformar un sistema nervioso descentralizado alternativo que permitió que la gente tuviera autonomía, que es precisamente lo que a los medios comerciales más poderosos les quita el sueño: que la gente autonomice su gestión de la información. La autonomía individual es el principal enemigo del totalitarismo y fue la que acabó con el de los golpistas de Abril. Los golpistas no combatirán los celulares porque pertenecen a empresas poderosas vinculadas con ellos mismos. Tampoco podrán atentar contra Internet porque están demasiado comprometidos con ella, amén del escándalo mayúsculo de aislar de Internet a un país entero, aunque sea por unos días, si acaso eso fuere técnicamente posible. Cuenta Freud que en un pueblo había dos sastres y un zapatero. Este cometió un crimen que merecía la pena capital. Pero la villa se encontró con que si ejecutaba al zapatero sus habitantes se quedarían descalzos. Colgaron entonces a uno de los sastres y todo el mundo contento, sobre todo el zapatero. Tengo noticia de que el sastre condenado no compartió el regocijo. Tampoco lo compartieron las emisoras comunitarias que fueron sistemáticamente agredidas durante el golpe. Como no pudieron atacar los celulares, el satélite e Internet, la pagaron con las emisoras comunitarias... Tengo noticia también de que el principal reclamo actual de los medios al gobierno son las emisoras comunitarias.
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| Han surgido numerosos sitios Web con posiciones políticas diversas en la coyuntura venezolana actual. |
El monótono manual de golpe practicado desde Cipriano Castro hasta Hugo Chávez, pasando por Rómulo Gallegos, Jacobo Árbenz, Mohamed Mossadegh, João Goulart y Salvador Allende, entre muchos otros, enfrenta nuevas variables y supongo que los afanosos funcionarios estarán reescribiéndolo. Tienen que considerar que ya la sociedad civil no puede ser paralizada, gracias a los nuevos medios creados por ellos mismos, como Internet, inventada por el Pentágono.
La dialéctica existe.
Continúa en
La responsabilidad social de los medios: del discurso de la ética a la ética del discurso [martes 17 de diciembre de 2002]
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