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El paleocolonialismo Caracas, jueves 8 de mayo de 2003
RHM, Latin America: An Impractical Handbook (in English) y Oh, the humanity! (en español) Los romanos debían negociar con sus conquistados. Te protejo de tus enemigos pero eres mi aliado. Conservas tus esclavos pero me pagas tributos. Respeto tus dioses pero en tu panteón figura mi Emperador. Tenían que negociar porque la diferencia en armamento no era radical entre vencedores y vencidos. Si no había acuerdo había rebelión, que podía ser casi mortal, como la de Cartago o la de esclavos dirigida por Espartaco. Los españoles no. Su poderío era incalculable contra la época: arcabuces contra macanas; galeones contra canoas; cañones contra flechas; petos de metal contra pieles desnudas; morriones contra penachos; botas y caballos contra pie descalzo; arte militar decantado desde Roma. Pero amén de arcabuces, los españoles contaban con dos recursos ideológicos formidables:
Pero esa ciencia estaba administrada por un segundo recurso formidable:
Con los africanos fue peor, porque solo tenían bellos sones y conjuros terribles pero inútiles contra aquella panoplia incalculable que los redujo a la esclavitud más cruel conocida por los siglos escritos. Tan feroz que aún hoy pende sobre nosotros el racismo como desperdicio formidable. ¿Para qué negociar? Bastaba leer a quienes resistían un requerimiento como este: [... que] reconozcáis a la Iglesia por señora y superiora del universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, en su nombre, y al Emperador y Reina doña Juana, nuestros señores, en su lugar, como a superiores y Reyes de esas islas y tierra firme, por virtud de la dicha donación y consintáis y deis lugar que estos padres religiosos os declaren y prediquen lo susodicho. Si así lo hicieseis, haréis bien, y aquello que sois tenidos y obligados, y sus Altezas y nos en su nombre, os recibiremos con todo amor y caridad [...]. Y si así no lo hicieseis o en ello maliciosamente pusieseis dilación, os certifico que con la ayuda de Dios, nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y de sus Majestades, y tomaremos vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos, y como tales los venderemos y dispondremos de ellos como sus Majestades mandaren, y os tomaremos vuestros bienes, y os haremos todos los males y daños que pudiéramos, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen; y protestamos que las muertes y daños que de ello se siguiesen sea vuestra culpa y no de sus Majestades, ni nuestra, ni de estos caballeros que con nosotros vienen; y de como lo decimos y requerimos pedimos al presente escribano que nos lo dé por testimonio signado, y a los presentes rogamos que de ello sean testigos [ver José Padrón, Falacia histórica]. Listo. Rendición incondicional. Y el que no cumplía se aperreaba, se quemaba en pira pública, en nombre de una religión de amor, que se arropaba con la idea de pureza para tener la conciencia inmaculada al achicharrar vivos a los considerados impuros. ¿Negociar el derecho que el Papa nos concedió sobre estas islas y tierra firme? ¿En nombre de ídolos falsos? ¿Qué os habéis creído, indios zafios? Los frailes les advertían los límites de lo pensable, escoltados por los de los arcabuces, por cualquier eventualidad. Pero sobre esas eventualidades se alzaba el templo irreductible del orden colonial, de una disciplina férrea y minuciosamente represiva solo superada por el stalinismo. Pero los imperios encandilan con sus pendones durante sus siglos triunfales y un buen día esas oriflamas se ajan, se destiñen, se deshilachan y los oprimidos bailan sobre ellas. Del imperio mismo salen ideas que van minando su poderío ideológico durante siglos: Bartolomé de Las Casas, Enciclopedismo. Entonces Simón Rodríguez lee el Emilio y lo experimenta en un chico oligarca con trastornos de conducta, de los Bolívar de San Jacinto. El que llamaban «niño de pólvora». Apenas sabemos lo que hizo el adulto de pólvora, de tanto ocultamiento, tal como escondieron en un baño su retrato para leer el Decreto Inmarcesible del tiranuelo brevísimo del 12 de abril de 2002. Mejor así que su efigie no presenció ese oprobio a su memoria. Otros sostienen que salió a las calles a buscar al pueblo para volver al palacio. La misma oligarquía amasó el pensamiento desapacible que llegaba en libros subversivos con portadas piadosas. Un catecismo recelaba El espíritu de las leyes. Un devocionario El contrato social. Así eran aquellos oligarcas. Antonio José de Sucre dormía en el suelo con sus tropas. Bolívar comía el tasajo de los soldados. ¿Cómo explicar eso a un oligarca de hoy? Y con esas ideas fueron conformando y confirmando los recursos intelectuales con que responder Bolívar a un cura carcunda que decía que el terremoto de 1812 era castigo de Dios por alzarse contra el Rey: «¡Si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y la haremos que nos obedezca!». Romanticismo en pleno vuelo, secularización de la vida y los amores libres de Bolívar con Manuela. Ya no temían Inquisición, porque la habían desbaratado a tiros, pero primero a ideas. El Imperio Norteamericano está dirigido por una camarilla fundamentalista, como los Reyes Católicos, supervisados por Torquemada en persona. En la Casa Blanca se lee la Biblia varias veces al día. La Palabra purifica el uranio empobrecido y bendice a los que mutilan niños: God bless America. Así como los conquistadores destruyeron a los sabios indígenas, sus templos y su cultura, el Imperio Norteamericano consiente el saqueo de los tesoros culturales de Bagdad, es decir, de la humanidad. Desacralizar los símbolos que sostienen el poder del enemigo, igual que Ben Laden desacralizó los rascacielos. Talión. No hay más legalidad que la nacida de sus armas. Lo decía Pascal: «La justicia está sujeta a disputa, la fuerza es bien reconocible y sin disputa» (Pensamientos, § 285-288). Por eso, dice Pascal, se confió la justicia a la fuerza y no la fuerza a la justicia. ¿Quién discute la decisión de invadir Irak? Nosotros en Question y en millones de manifestaciones similares, en multitudes por el mundo entero, en revistas, libros, discos, sitios Web, periódicos, emisoras alternativas o de viva voz en plazas y teatros. Como dijo Saramago, es la opinión pública el bastión de resistencia. Como los franquistas, vencerán, pero no convencerán, palabra de Unamuno. No podemos enfrentar los misiles inteligentes. Pero es posible desarmar con mejor inteligencia el marco ideológico neoliberal, esa religión sin poesía, esa imbecilidad de las eras, del Imperio paleocolonial. El neocolonialismo no se nos imponía con ejércitos invasores, sino con tecnologías, sistemas administrativos, meritocracias vandálicas perfumadas, encorbatadas y entaconadas. Pero ahora estamos de regreso en pleno colonialismo clásico, en los tiempos de Hernán Cortés, Malinches incluidas. Destrucción de culturas milenarias incluidas, donde se condensó un primer esbozo de sociedad compleja e inmensa en la que se enraíza la nuestra de hoy, incluso la que ahora destruye su propia raíz en Bagdad, enloquecida, estúpida y bárbara como su Presidente. No es precisamente sin política comunicacional como vamos a poner nuestras barbas en remojo, digo, por si se les ocurre la locura nada impensable de tenernos en lista de espera.
RHM, Latin America: An Impractical Handbook (in English) y Oh, the humanity! (en español) |
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